Chitral: Fútbol contra las adversidades en Pakistán

Emaad Paracha  Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International https://commons.wikimedia.org/wiki/File:The_City_of_Chitral_and_Tirich_Mir.jpg

El críquet es el deporte más popular de Pakistán. Una herencia cultural común en varios de los países de la Commonwealth, resultado de décadas de colonialismo británico, que aún mueve masas en la actualidad. Incluso el primer ministro pakistaní, Imran Khan, fue un venerado jugador de críquet, capitán de la selección nacional durante los años 80.  El fútbol, otro producto de la cultura anglosajona, no corre la misma suerte. La caótica organización de las competiciones nunca ha contribuido a hacer despegar en este país al que es el deporte rey en gran parte del mundo. Si el fútbol masculino ya cuenta con severos palos en las ruedas, el femenino lo tiene realmente crudo. Pakistán es el tercer país más peligroso del mundo para las mujeres, según un estudio de la Fundación Thomson Reuters. El 90% de las mujeres sufre violencia machista, las niñas sufren matrimonios forzados, las mujeres ataques con ácido, y más de tres mil mujeres son asesinadas al año “por honor”. Una cultura marcada por roles de género ancestrales en el que las mujeres no cuentan con las mismas libertades que los hombres. Por todo esto no es de extrañar que, en 2016, en Chitral, una región en las montañas al noroeste Pakistán con más de 220.000 habitantes, sólo hubiera una jugadora de fútbol. Su nombre es Ali Karishma y su objetivo en estos cuatro años ha sido hacer que esa cifra crezca. Y ha dado un gran paso para conseguirlo.

 

En 2018, a sus 21 años de edad, Karishma fundó en su localidad natal el Chitral Women’s Sport Club (Club Deportivo Femenino de Chitral), buscando dar una alternativa deportiva a las mujeres de su región. Karishma saltó a la fama en 2016 tras formar parte del combinado que representó a Pakistán en los Jubilee Games, una competición para deportistas ismailíes (una sub-secta del islam chíi). Pero la fama puede no ser positiva para una mujer deportista: “Cuando me seleccionaron, vi una publicación de Facebook sobre mí como primera futbolista de Chitral. En los comentarios la gente pedía que me cortaran las piernas y que me mataran antes de que hiciese jugar a otras chicas al fútbol”, reconoció ante medios oficiales de la FIFA. Pero es justamente eso lo que está haciendo, animar a las chicas a jugar al fútbol.

Y no solamente al fútbol. En el Club, que cuenta ya con más de un centenar de integrantes de diferentes edades, se ofrecen diferentes deportes y actividades. “Vienen de familias desfavorecidas, por lo que se les subvencionan totalmente las actividades. Quiero demostrar que las chicas pueden lograr cualquier cosa con igualdad de oportunidades. Quiero que en 10 o 20 años más chicas como yo vuelvan a Chitral tras cumplir sus objetivos y trabajen para que otras chicas lleguen a cumplir los suyos”. Y es que Karishma creció en una familia que respetó sus deseos de jugar al fútbol y que le permitió trasladarse a Islamabad para realizarlo y seguir estudiando. Algo al alcance de pocas mujeres en Chitral.

Es en Islamabad donde se concentra el escaso fútbol femenino que existe en Pakistán. Fue allí donde se celebró en 2005 la Copa Nacional Femenina de Fútbol, el primer torneo oficial de fútbol femenino y el único que se disputa hoy día. Se trata de un torneo de eliminatorias en el que, en aquel primer año, los partidos duraban 60 minutos por las dudas sobre el nivel físico de las participantes. El torneo ha seguido disputándose anualmente, pero sigue sin haber un sistema de ligas regulado a nivel nacional. Apenas hay instalaciones en centros deportivos o colegios con equipos femeninos. El fútbol sigue siendo un deporte exclusivo de las mujeres de clases pudientes de Islamabad, algo alejado de la concepción que lo ha convertido en un fenómeno social en el resto del mundo.

El desarrollo del fútbol femenino ha estado en manos de una Federación Pakistaní de Fútbol (PFF) que ha tenido otros problemas entre manos, recientemente. En 2015, la tercera reelección del presidente de la PFF llegó envuelta de acusaciones de fraude, que provocaron una división en el seno de la institución y una investigación por parte de la FIFA. En 2017, Pakistán fue sancionada sin poder competir en competiciones FIFA hasta 2019 y se nombró un comité de normalización para recuperar la estabilidad. Como parte de ese comité ha llegado este verano a la PFF el español Daniel Limones.

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Limones llegó a Pakistán en 2018 para poner en marcha una academia de fútbol del Atlético de Madrid en la ciudad de Lahore, la primera vinculada a un club europeo en asentarse en el país. Entre los objetivos de Limones está revertebrar el descosido sistema competitivo del fútbol masculino y del femenino: “El ecosistema está menos estructurado y pautado que en otros sitios de Europa o Asia”, declaró a EFE, “Las jugadoras están deseando desarrollar su potencial”. La primera división masculina pakistaní dura solo cuatro meses y los jugadores no son profesionales, mientras que la copa femenina dura solo un mes.

De hecho, uno de los problemas que quiere atajar la nueva administración es común para hombres y mujeres, y es el de los llamados “clubes departamentales”. Son clubes que pertenecen a las divisiones deportivas de departamentos del gobierno o de empresas privadas: entre los equipos encontramos al Ejército Pakistaní, al Banco Nacional, la Autoridad Portuaria o al Laboratorio de Investigación Khan, que es el dominador de la competición masculina. Los jugadores, al no ser profesionales, suelen trabajar para el departamento o empresa que controla su club durante los meses de parón, algo que no siempre se da con las mujeres. El principal problema que se da con estos clubes es que apenas tienen tirón social en comparación con los equipos-ciudad, que si bien no tienen la misma sostenibilidad financiera, sí cuentan con más seguimiento y apoyo popular.

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Sea como sea, las competiciones masculinas y femeninas están ahora detenidas por el Covid-19, lo que ralentizará el proceso de reconstrucción. El parón ha obligado a Ali Kharisma a abandonar Islamabad y dedicarse a tiempo completo a su Club en Chitral. “En Chitral la mayoría de la gente trabaja en la construcción en otras ciudades, pero debido al confinamiento han perdido su empleo y han tenido que volver a casa. Algunos no tienen dinero suficiente para alimentar a sus familias, así que me puse a recaudar fondos para dar comidas a quienes necesitan ayuda y entregar material a los médicos y el personal sanitario”. Hasta ahora, a través del Club, Kharisma ha logrado proporcionar alimentos para 125 familias y facilitar a los médicos del hospital local mascarillas y trajes EPI para tratar con pacientes de coronavirus. El fútbol, hasta en los lugares más recónditos e impensados, sigue probándose como una herramienta social y un vínculo de unión entre los integrantes de una comunidad.

Foto de Portada: Emaad Paracha bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International 

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