Kuba al rescate del Wisla

Picture by Daniel Hambury/Focus Images Ltd +44 7813 022858
15/10/2013
Jakub Blaszczykowski of Poland during the 2014 FIFA World Cup Qualifying match at Wembley Stadium, London.

Jakub Blaszczykowski hizo una promesa el día que se marchó del Wisla Cracovia. El 26 de mayo de 2007, con 21 años, Kuba ya sabía que ficharía por el Borussia Dortmund. Su último partido, en casa contra el LKS Lodz, terminó con un empate a cero y una sustitución en el minuto 72. Kuba se quitó la camiseta y dedicó a la afición un mensaje, inscrito a su espalda debajo de una gran estrella blanca, símbolo del club de la ciudad de Cracovia, mientras abandonaba el césped. “Volveré”, prometía. Y cumplió, once años y medio después, tras convertirse en uno de los referentes del Borussia Dortmund, club con el que ganó la Bundesliga en dos ocasiones y acarició la gloria en una final de la Champions en la que fue titular. Se marchó siendo una joven promesa y volvió tras pasar por el Dortmund, la Fiorentina y el Wolfsburgo, con la condición de futbolista que más veces ha vestido la camiseta de la selección nacional polaca. Aunque en el mercado de invierno de 2019 Kuba Blaszczykowski no solo ha vuelto al Wisla Cracovia para jugar en su país con un club gigantesco pero huérfano de títulos desde 2011, sino que Kuba ha regresado al club que le convirtió en una estrella del fútbol polaco para apagar un incendio institucional y financiero de proporciones gigantescas que comprometió la viabilidad e incluso la existencia del Wisla.

La inestabilidad en el Wisla empezó a raíz de la marcha del presidente Boguslaw Cupial, propietario de la empresa de telecomunicaciones Tele-Fonika Kable. Cupial se convirtió en presidente y propietario del Wisla en 1997 y bajo su mandato el club de la segunda ciudad más poblada del país vivió una de las épocas más brillantes de su historia. Ganó la liga en ocho ocasiones y se convirtió en el gran dominador del fútbol polaco. Sin embargo, los resultados empeoraron en sus últimas temporadas hasta desembocar en su salida en 2016. El empresario Jakub Meresinski cogió las riendas del club, pero pronto protagonizó un escándalo que mermó su popularidad y cuestionó su integridad para dirigir el Wisla. Se supo que el nuevo propietario de la entidad pertenecía a una organización criminal que evadía impuestos. Por si no bastaba, cerca de medio millón de zlotys (algo menos de 115.000 euros) desaparecieron de las arcas del club sin justificación aparente. Así que una organización de hinchas, llamada TS Wisla, lo adquirió por una cantidad simbólica de 1 zloty (0,25 céntimos).

Con la entrada de la asociación de aficionados, el Wisla Cracovia quedó atrapado en una espiral de corrupción que explotó hace unos meses. Uno de los grupos ultra con mayor influencia, conocido como Sharks, pasó a controlar todo lo que sucedía en la Estrella Blanca. Personas afines al sector más radical de la hinchada pasaron a ocupar puestos de responsabilidad en el club y, posteriormente, el Wisla también contrató a nuevos trabajadores para realizar tareas de intendencia o de atención al público (como limpiar el estadio, vender entradas, etc.). Se creó una estructura al antojo de los Sharks y supuestamente dirigida por su jefe, Pawel M., conocido popularmente como Misiek. Entre otras cosas, Misiek arrojó un cuchillo a Dino Baggio en un partido de la Copa de la UEFA en 1998 y por ello se le condenó a seis años y medio de prisión. Uno de los casos más paradigmáticos de la cooperación entre club y radicales fue el alquiler por parte del Wisla de su gimnasio, donde se creó una sección de deportes de contacto (eufemismo de entrenamiento para el combate).

El Wisla de Cracovia no gana la liga desde 2011.
El Wisla de Cracovia no gana la liga desde 2011. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

Misiek se marchó a Italia pocos días antes de que una redada policial destapara las irregularidades cometidas en el seno del Wisla, pues el club se convirtió en una pantalla para blanquear dinero. Con la detención de la mayor parte de los Sharks -incluida, a posteriori, la de Misiek en suelo italiano mediante una euroorden-, el Wisla se quedó sin dinero líquido. En apenas dos años y medio, la deuda de la entidad pasó de los 12 millones de zlotys a los 40 millones (unos 10M de euros) y el Wisla sufrió para cumplir con todos sus pagos: los futbolistas estuvieron meses sin cobrar (desde julio hasta enero, ocho se marcharon en el mercado de invierno) e incluso el ayuntamiento dejó de recibir el montante correspondiente al alquiler del estadio, de propiedad municipal. Por este motivo, el Wisla ya no percibe el dinero de los derechos televisivos, pues la Ektrasklasa (liga) lo ingresa directamente en las arcas municipales para paliar la deuda que arrastra la entidad. Según explicó el periodista polaco Michal Trela, el cuatro de enero de 2019 el Wisla solo tenía 12.000 euros en la cuenta bancaria del club.

El colapso financiero del Wisla Cracovia terminó con la suspensión de la licencia para competir en la Ekstraklasa en enero. En poco más de un mes, el Wisla necesitaba una inversión potente que le permitiera restablecer la normalidad económica. Una de las personalidades que se interesó por el estado del club fue el empresario Vanna Ly, que aseguraba liderar una sociedad con sede en Luxemburgo. Vanna Ly decía ser miembro de la familia real de Camboya y llegó a visitar Cracovia para manifestar su voluntad de comprar el Wisla. Sin embargo, las promesas se rompieron muy pronto. Vanna Ly se desvaneció como un sueño cuando suena el despertador. Se reunió con los dirigentes, vio un partido del Wisla desde las gradas y luego desapareció escondido debajo de un paraguas negro para pasar desapercibido por la prensa de la ciudad polaca, que quería preguntarle por sus planes de futuro. Cuando supuestamente iba a Luxemburgo para transferir el dinero para comprar el Wisla, Vanna Ly alegó que perdió el teléfono móvil y que ya no pudo hacerlo. La excusa del teléfono quedó en una mera anécdota cuando, unos días más tarde, explicó que sufrió un infarto en un vuelo con su jet privado a falta de pocos minutos para aterrizar en Nueva York. En definitiva, Vanna Ly era una farsa y su aparición no solo no arregló nada, sino que consumió unas semanas del poco margen de maniobra del Wisla.

El Wisla de Cracovia entrena en Myslenice.
Los campos de entrenamiento de Myslenice, lugar donde se concentra normalmente el Wisla. Foto: MarcadorInt.

Ante tal necesidad, el Wisla siguió rastreando potenciales inversores tanto en Polonia como el extranjero e impulsó una campaña para recaudar los cerca de 800.000 euros que necesitaba a través de las aportaciones económicas de los propios aficionados. El Wisla debía recuperar la licencia en febrero, pues si encadenaba tres partidos sin comparecer los perdería por 0-3 y se despediría finalmente de la Ekstraklasa. En esta tesitura llegaron los salvadores del Wisla, con un nombre mediático bajo el brazo. Kuba Blaszczykowski rescindió su contrato con el Wolfsburgo y decidió apostar fuerte por el Wisla junto a otros dos inversores polacos. Entre estas tres personas se financió un tercio de la aportación necesaria, lo básico para pagar los sueldos pendientes del resto de futbolistas de la plantilla. En pocas horas se alcanzó el objetivo de los cuatro millones de zlotys gracias a la aportación de más de 9.000 hinchas.

Kuba no solo apareció para preservar la continuidad del Wisla con su aportación económica (el verano pasado ya puso unos 200.000 euros, a los que hay que sumar cerca de medio millón de enero de 2019), sino que también comunicó que volvería a vestir la camiseta del club cracoviano. De este modo cumplió la lejana promesa de mayo de 2007, aunque en esta ocasión lo hizo por amor al arte: Kuba renunció a su sueldo y decidió jugar gratis para el Wisla. Como la Federación obliga a los clubes a pagar un sueldo mínimo de 500 zlotys al mes (unos 115 euros) a cualquier futbolista, Kuba accedió a que su salario se destinara a la compra de entradas para los niños que viven en orfanatos. Formado en la cantera del Czestochowa, con el que debutó en la cuarta división polaca, Kuba dio el salto al estrellato en el Wisla, donde se asentó como un futbolista relevante poco antes de alcanzar los 20 años. Ahora, con 33 recién cumplidos, el futbolista con más internacionalidades con la selección polaca ha vuelto a su país para salvar a un gigante histórico e intentar mejorar los resultados de un club que actualmente ocupa la novena posición de la tabla. Kuba ayudó a salvar la entidad, aunque deportivamente la resurrección del Wisla no será fácil: desde que regresó la competición oficial, el Wisla ha perdido dos partidos y solo ha ganado uno. Lo hizo en casa, por 1-0, con un gol de penalty. Lo transformó Kuba, claro.

Picture by Ian Wadkins/Focus Images Ltd +44 7877 568959.25/05/2013.Jakub B?aszczykowski of Borrusia Dortmund and David Alaba of Bayern Munich during the UEFA Champions League match at Wembley Stadium, London.
Kuba jugó la final de la Champions de 2013 con el Borussia Dortmund. Foto: Focus Images Ltd.
Foto de portada: Focus Images Ltd.

Related posts

5 comments

Menuda historia. Muy bien documentada. Gracias por tu tiempo, Tomás. Menudo detallazo de Kuba, tanto en su promesa como en la forma de cumplirla. Un grande de verdad. Lo de los ultras del wisla…pffff

¡Muchas gracias! Es un tema en el que tenía un ojo puesto desde que me enteré de que les retiraron la licencia, pero cuando me puse rascar salió más suciedad de la que esperaba…

Grande el artículo. Grande Kuba. Lo de los ultras en Polonia en general es lamentable. Pero lo que aún me sorprende más es el tal “Vanna Ly”. Estoy ojeando un twitter (@VannaLy11) y es flipante pero entiendo que debe ser alguien haciendo cachondeo y no el Vanna Ly real…

Yo lo localicé e imaginé que era una especie de parodia, porque además se crea el perfil más o menos coincidiendo con las fechas de la negociación, pero con todo lo que he leído del personaje ya no descarto nada…

Deja un comentario

*