Partido Polish Boyfriend: Dos grandes nombres rumanos, rivales en la cuarta división

El Steaua de Bucarest es un club sumido en el caos. Foto: Focus images Ltd.

Llevamos años contado historias curiosas de un fútbol, el rumano, lleno de secretos. Hoy, el reto es convencer a la gente de que un grupo de la Cuarta división rumana es una de las mejores categorías del fútbol europeo esta temporada. A nivel de historias, que no de juego. En concreto, el grupo de Bucarest, un grupo con muertos vivientes y clubes desdoblados.

Vamos a analizar el grupo. Por ejemplo, tenemos el Carmen de Bucarest. Se trata de una historia curiosa. En 1937, el empresario Dumitru Mociorniță fundó este club y lo bautizó con el nombre de una de sus empresas. El equipo llegó a ser subcampeón de liga, aunque después de la Segunda Guerra Mundial desapareció porque Mociomita, metido en política, era enemigo de los comunistas. Pues bien, este año 2017 un conjunto de entusiastas han refundado el club. 70 años después, el Carmen renace y se encuentra en el mismo grupo que el Venus de Bucarest. No se pueden quejar, los nombres son preciosos, ¿verdad? El Venus y el Carmen. Venus era un viejo barrio de Bucarest, de callejuelas y edificios antiguos, con mucha presencia de la comunidad judía. Fundado en 1914 con un precioso escudo (una esfera negra con una cruz de ocho puntas blanca), el Venus ganó ocho ligas y una copa en los años 20, 30 y 40. Luego también desapareció con la llegada al poder del comunismo y fue refundado en 2014. Los dos clubes atraen a poca gente. Quedan pocos testigos vivos de sus años de gloria, aunque allí los tenemos, vivos otra vez.

En este grupo encontramos otros clubes que fueron grandes en su momento, como el AFC Progresul București, club vinculado a la Banca Nacional rumana y campeón de Copa en 1960. O el histórico Sportul Studentesc, uno de los equipos más antiguos del país, campeón de la Copa de los Balcanes en 1980 y subcampeón de Copa. Esta entidad fue entrenada por Dan Petrescu hace unos 15 años cuando jugó en Primera por última vez, acumulando deudas que mandaron al club a la cuarta categoría. Otro equipo destacado es el FC Trciolor, bautizado así en honor a la bandera rumana, fundado en 1926, con los colores de la bandera en su uniforme y campeón de liga en 1941. Quedó integrado en el sistema del Dinamo de Bucarest en los años 50, como filial, y recuperó su nombre en los años 90.

Dan Petrescu dirigió al mítico Sportul Studentesc. Foto: Focus Images Ltd.
Dan Petrescu dirigió al mítico Sportul Studentesc. Foto: Focus Images Ltd.

Con tanto club histórico el grupo ya es interesante, aunque el partido destacado de la fecha es otro. En un giro de guión teatral, en este grupo juegan dos equipos que representan el legado, de alguna forma, de dos de los entes más grandes del país: el Steaua y el Rapid de Bucarest. Dos clubes que fueron rivales en los cuartos de final de la UEFA en 2006. Y ahora se encuentran el la Cuarta división. El caso no es sencillo de contar, atentos a las curvas.

El 1 de septiembre de este 2017, más de 4.000 personas llegaron un campito sin gradas en sus fondos. En una grada lateral, detrás de una valla, de pie, los ultras más radicales del Steaua crearon animación con banderas y bengalas. En la pequeña tribuna, abuelos y curiosos. Ese día, el Steaua goleó por 6-0 al Venus en un derbi inédito de Bucarest, porque, cuando el Venus desapareció, en 1948, el Steaua apenás tenías un año de vida y no se cruzaron. Así pues, allí se encontraban cara a cara un club refundado y un Steaua, de alguna forma, también refundado. Vamos por partes.

El Steaua de Bucarest, el club más laureado del fútbol rumano, es un galimatías. El 3 de diciembre del año 2015, un juez decretó que el Steaua perdía los derechos de marca sobre su nombre en un caso que revolucionó el fútbol local. O sea, el Steaua ya no podía llamarse Steaua, usar su escudo y sus símbolos. Y por eso, en unos días muy locos, se improvisó una camiseta de entreno sin escudo con la que jugaron un partido. E inventaron un escudo muy feo, con un nuevo nombre: ‘FCSB’. Todo el mundo sabe que quiere decir “Futbol Club Steaua de Bucarest”, aunque la realidad es que el club que era el Steaua ya no puede jugar como Steaua. Y por eso en todos los partidos de UEFA, o de la liga, se usa el nombre oficial: FCSB.

El Steaua de Bucarest es un club sumido en el caos. Foto: Focus images Ltd.
El Steaua de Bucarest ya no puede lucir el escudo de toda la vida. Foto: Focus images Ltd.

El origen del caso nace en 1998. El Steaua, en tiempos de comunismo, era el equipo del ejército. El ejército rumano tenía su club polideportivo y el equipo de fútbol, campeón de Europa en 1986 contra el Barça, era la joya de la corona. Después, Ceaucesu acabó fusilado un 26 de diciembre de 1989 en Targoviște, y empezaron nuevos tiempos. Ese 1998, se decidió que la sección de fútbol del Steaua se desvincularía de la entidad polideportiva que seguía vinculada al Ministerio de Defensa para permitir competir mejor en el mercado futbolístico. Parecía lógico. Era lógico. Aunque esa separación dejó algunos flecos sin cerrar, como la propiedad de los símbolos, que permanecían en manos del Ministerio de Defensa. Como era una separación amistosa, el nuevo Steaua no debía pedir permiso. Todo empezó a cambiar en 2003, cuando el empresario Gigi Becali compró el club de fútbol. Becali, considerado uno de los presidentes de entidades deportivas más corrupto de Europa, se metió en política y se enemistó con todos. Capaz de insultar a sus jugadores, de agredir a uno, de perseguir a periodistas con matones, insultar a homosexuales y personas de otras razas y de intentar comprar rivales, Becali también llegó sentarse en el Parlamento Europeo entre 2009 y 2012. Aunque después pasó por prisión por corrupción y abuso de poder en un intercambio de tierras con el Ministerio de Defensa de Rumanía en 1999 que perjudicó las arcas del estado rumano. O sea, jugó con fuego. Y se quemó. Cuando se metió en política, algunos de sus enemigos encontraron una forma de atacar a Becali.

Una denuncia trasladada a la justicia rumana en 2011 por el Clubul Sportiv Armatei Steaua, el club polideportivo del ejército, reclamaba la patente y derechos de explotación del nombre de “Steaua”. La familia Becali logró que la justicia le diese la razón en primera instancia, pero el Tribunal Superior de Justicia de Rumanía aceptó la apelación del otro Steaua. Al darle la razón el Tribunal Superior de Justicia de Rumanía al blub del ejército, el Steaua pasó a competir como FCSB. Becali no quería arrodillarse y negociar un acuerdo con el CSA. Y estos dejaron claro que no tampoco querían tener nada en común con Becali y subieron su apuesta anunciando que recuperarían su sección de fútbol. Y como los símbolos son suyos, el Steaua vuelve a competir dos años después. En cuarta, con el escudo de siempre, el nombre de siempre y el apoyo de muchos hinchas de siempre, como buena parte de los ultras, cansados de Becali y sus tropelías.

El nuevo Steaua lidera su grupo y ha elegido como entrenador a un viejo símbolo del Steaua: Marius Lacatus, el exjugador del Oviedo, entrenador de este equipo que aspira al ascenso. En liga andan líderes y en Copa golearon por 28-0 a un club de quinta llamado, de forma sorprendente, Benfica de Bucarest. Este nuevo y viejo a la vez Steaua juega en un pequeño campo del complejo deportivo del ejército, y no es el equipo del grupo con la mejor media de espectadores. Ese honor, de momento, lo tiene su rival este fin de semana, el Academia Rapid.

El Academia Rapid es el equipo que mantiene vivo el espíritu del Rapid de Bucarest. Uno de los grandes del fútbol rumano, el Rapid, sufrió una bancarrota en 2016 que dejó a los pasionales hinchas del club huérfanos. Fue un mazazo para este equipo, campeón de liga en tres ocasiones -la última vez en 2003- y campeón de Copa 13 veces. El Rapid fue fundado en 1923 en el barrio de Gravita por trabajadores de los ferrocarriles. Por eso, durante los tiempos comunistas, el club fue vinculado a los Ferrocarriles estatales. Grivita es un barrio popular, famoso porque en 1933 el gobierno de derechas reprimió con dureza una revuelta obrera que dejó tantos muertos que en 1946 el barrio se rebautizó Grivita rosie. O sea, Grivita la roja. Los hinchas del Rapid provienen de esta zona, aunque su masa social se extendió a otros barrios populares. Y también entre muchas familias gitanas. El Rapid ha sido tradicionalmente el club más amado por la numerosa comunidad gitana rumana, provocando muchos ataques racistas contra el club, especialmente de hinchas del Steaua o el Dinamo.

La bancarrota de 2016 dejó un agujero que se llenó meses después, cuando un empresario, George Copos, creó el AFC Rapid en la quinta división. En medio de esa temporada, otro empresario, Horia Manoliu, compró el club, que ascendió de Quinta a Cuarta sin perder ni un partido gracias a la buena gestión del entrenador Mihai Iosif. El problema fue que durante esta temporada 2016/17, el distrito número 1 de Bucarest, donde el club tiene su sede y sus hinchas, lideró de forma conjunta con asociaciones de aficionados una campaña para crear otro Rapid, pues consideraron que este AFC Rapid no representaba los valores históricos del club. Diferentes empresarios se sumaron al proyecto con la complicidad de antiguos jugadores muy amados, y nació el Academia Rapid. El nuevo club fue inscrito en Cuarta y, de momento, es capaz de atraer más de 9.000 personas. Además, intentó fichar al entrenador del AFC Rapid. Y su presidente, Manoliu, cargó duramente contra el Ayuntamiento. O sea, donde hace poco había un Steaua, ahora tenemos dos, el Steaua y el FCSB. Y donde antes teníamos un Rapid, ahora tenemos dos, el AFC Rapid y el Academia Rapid. ¿De locos, verdad?

Sábado 14 de octubre, 20:15h, Academia Rapid-CSA Steaua

Pues la cosa no acaba aquí. En este mismo grupo juega el CS FC Dinamo Bucarest. Donde antes había un Dinamo de Bucarest, tenemos dos. Estos últimos meses, el otro grande del país, con 18 ligas y 13 copas, casi se quedó sin licencia en Primera por deudas. En esos meses en los que parecía que el Dinamo se podía hundir, el empresario Nicolae Badea creó este segundo club en Cuarta, usando una argucia legal que le permitía usar parte de las instalaciones de la ciudad deportiva del equipo, en un caso similar a ese del Steaua. Ya que existía el Dinamo como sociedad polideportiva, y el Dinamo de fútbol separado. Asociado con el Dinamo polideportivo, este nuevo Dinamo, de momento, no atrae a mucha gente porque el equipo de siempre se salvó en el último momento. Y compite en Primera.

En resumen, en este grupo de Cuarta, tenemos el equipo que da vida a los viejos símbolos del Steaua, dos equipos que reclaman ser el Rapid, uno que reclama ser el Dinamo mientras en Primera otro club usa el mismo nombre y dos clubes de los años 40 refundados. Y algunos históricos que han sobrevivido en medio de un fútbol lleno de sorpresas.

Foto de portada:

Related posts

3 comments

Vaya locura el panorama en el fútbol rumano. Clubes duplicados, peleas entre un club histórico y el ejército, presidentes como Becali…

Gracias por traernos cada semana una historia apasionante, Toni.

Solo puedo decirte, Gracias. Tus artículos me encantan. Esto sí que es periodismo deportivo. Ya me gustó la pieza sobre los dos Hapoel, pero esta es mejor aún. Felicidades

Responder a Ignacio Cancelar respuesta

*