Partido Polish Boyfriend: Un nuevo derbi para el club que quiso ser rico en el lejano Daguestán

Picture by Alan Stanford/Focus Images Ltd +44 7915 056117
12/12/2013
Ewerton of Anzhi Makhachkala celebrates after scoring with his team mates during the UEFA Europa League match at White Hart Lane, London.

Algunos equipos nacen, crecen y se hunden en pocos años. Estrellas fugaces, conjuntos que durante algunas temporadas compiten con actitud de gigantes, aunque tienen pies de barro. Cuando se hunden en divisiones inferiores, los olvidamos hasta que alguien los cita y nos hace gracia recordar que seguimos sus partidos. Como si fueran un grupo de música de los años 90 que solamente sacó una canción buena. Un recuerdo, nada más.

Sería el caso del Anzhi de Makhachkalá. Para nosotros, un recuerdo ya lejano. Para sus hinchas, un club que sufre en Tercera cuando hace menos de 10 años jugó en Europa. El Anzhi disputó finales de copa rusa y se metió en Europa fichando jugadores como Eto’o, Willian, Diego Tardelli, Moubarak Boussoufa, Mehdi Carcela-González o Roberto Carlos. Ahora le toca jugar un derbi local contra el FC Makhachkalá.

Esta ciudad con un nombre de sonoridad exótica, Makhachkalá, es la capital del Daguestán, una región que se ha convertido en una de las zonas más peligrosas de Rusia. El Daguestán es igualmente una zona fascinante. El Daguestán, pese a tener mar, es una tierra de montaña, de frontera, conquistada por los rusos a partir del siglo XVIII. Se trata de la zona de Rusia con más diversidad de etnias y lenguas. Un mosaico fascinante donde el grupo nacional más numeroso, los ávaros, no llega ni al 30% de la población. Aquí conviven ávaros, dargines, cumucos, lezguinos, laks, azeríes, chechenos, agules, rutules y un 3% de rusos. Y otros grupos minoritarios como los judíos de las montañas (sí, existe este grupo nacional) o los Hunzib, con solamente 700 personas con su propia lengua. La mayor parte de estos grupos se convirtieron al islam, aunque también tenemos mezcla religiosa.

Sábado 12 de octubre, 13:30h, Makhachkala-Anzhi

El Daguestán, pues, es un polvorín. Con intentos de grupos islamistas de entrar en Rusia por el sur, grupos rivales enfrentados y una relación de amor-odio con Moscú. Además, no ayudó tener al lado Chechenia, donde se vivió una guerra cruel. Rica en recursos naturales, en Daguestán el gobierno de Moscú intenta controlar la situación y el fútbol fue usado como arma propagandística. En su momento, el empresario local Suleyman Kerimov, hombre de Putin, compró el Anzhi, un club creado en 1991. El fundador fue Aleksandr Markarov, un exjugador de un club llamado Dinamo de Makhachkalá, ahora ya desaparecido. Markarov pensó en crear un nuevo club privado con la caída de la URSS, y consiguió que esta entidad llegara a Tercera División rusa. El Anzhi, que quiere decir “perla” en una de las lenguas locales, el cumuco, no era mal equipo. Con el apoyo de empresarios locales, el club ascendió a Primera y llegó a una final de copa. Incluso debutó en la UEFA contra el Glasgow Rangers, aunque entonces, en 2001, se decretó que se jugaría un partido en terreno neutral, en Varsovia, por la violencia en Chechenia, que afectaba al Daguestán. En esos años, el Anzhi empezó a residir en Moscú. O sea, los jugadores vivían y entrenaban en Moscú, y solamente iban a Makhachkalá para jugar los partidos. Fue así hasta hace cinco años.

Picture by Paul Gaythorpe/Focus Images Ltd +447771 871632.14/03/2013.Mbark Boussoufa of Anzhi Makhachkala takes a free-kick during the UEFA Europa League match at St. James's Park, Newcastle.
En 2011 llegó Kerimov y con el nuevo propietario el Anzhi se convirtió en un nuevo rico del fútbol mundial. Foto: Focus Images Ltd.

En 2011, llegó Kerimov. Y con él, el Anzhi dejó de ser otro club de provincias para convertirse en el nuevo rico del fútbol mundial. Kerimov, un modesto economista que trabajó en plantas eléctricas soviéticas, aprovechó la caída de la URSS para invertir y en menos de 15 años ya era uno de los 10 rusos más ricos gracias a sus acciones compradas en el gigante del gas Gazprom. Aunque luego se centró en las minas y el oro, Kerimov no dejó de ganar dinero, entrando en política en el partido de Putin. La idea era clara, él podía sacar sus negocios del Daguestán si era un hombre de Moscú en su tierra. Kerimov entró fuerte en el fútbol. Fichó a Guus Hiddink como entrenador y jugadores famosos en todo el mundo, como un Roberto Carlos ya veterano.

La idea era demostrar que trabajando unidos con Moscú todo funcionaría en Daguestán. El club jugó una final de Copa y en 2011 acabó tercero en Primera, su mayor éxito. Por la ciudad pasaron especialmente clubes británicos en partidos oficiales europeos, como el Liverpool, el Tottenham o el Newcastle. Rasul Khabullayev, portavoz del club, admitió en 2011 que “el fútbol juega un papel muy positivo en nuestra sociedad. Permite potenciar la economía y ayuda a estabilizar nuestra región. Necesitamos modelos positivos y el Anzhi quiere ser uno”. Kerimov se llegó a gastar en una temporada 250 millones de euros, aunque en 2014 anunció que el presupuesto se reducía y muchas estrellas marcharon. La fuga de Kerimov fue precipitada, provocando que algunos jugadores fichados, como Kokorin, no llegasen a debutar porque fueron vendidos pocas semanas después de ser presentados. Finalmente, en 2016 lo vendió al empresario Osman Kadiyev.

¿Qué sucedió? No existe una explicación clara. Parece que Kadiyev perdió interés. Oficialmente se habló de problemas de salud de este empresario, que suele pasar temporadas largas en la costa azul, cerca de Niza. Y también que perdió dinero en alguna operación internacional, lo que provocó que llegara a ser detenido en el aeropuerto de Niza por evasión fiscal, aunque pudo salir airoso de este incidente. Más peso tuvo que la situación en Daguestán empeoró. Milicias islamistas, enfrentamientos entre comunidades, represión policial… Moscú decidió que más que facilitar inversiones como hacía en Chechenia, era mejor la mano dura y que se hablara poco de una región que sigue siendo un sitio muy peligroso. Con Kadiyev, el Anzhi dejó de tener potencial económico y se convirtió en un club ascensor, con descensos y ascensos. Y sin estrellas. En 2018, el Anzi bajó a Segunda. Y en 2019, anunció que no disponía del dinero para jugar en Segunda, así que ahora juega en el grupo sur de Tercera. Aunque con tantas deudas no ha podido fichar y juega con jugadores sub-20 y muchos juveniles. El resultado ha sido que ocupa zona de descenso a cuarta.

Hiddink dirigió al Anzhi. Foto: Focus Images Ltd.
Hiddink fue el primer entrenador mediático del Anzhi. Foto: Focus Images Ltd.

En esta nueva realidad el club se ha encontrado jugando un derbi de Makhachkalá. Un derbi nuevo, pues el rival, el FC Makhachkalá, tiene meses de vida. Lo crearon este mismo verano un grupo de antiguos jugadores del Anzhi, liderados por Gadzhi Gadzhiyev, un hombre muy respetado en la ciudad porque su trayectoria como entrenador es brillante. En 1988, la selección soviética ganó un Oro olímpico con Gadzhiyev en el banquillo.

Gadzhiyev, entrenador del Anzhi en tres ocasiones, quiso liderar el nacimiento de un nuevo club porque creía que el Anzhi desaparecería. Acompañado del empresario Zaydin Dzhambulatov y un antiguo directivo del Anzhi, Said Abdulaev, crearon este club con la idea que se llamara Anzhi, pero descubrieron que los propietarios del viejo Anzhi lo apuntaron en Tercera pese a las deudas. La ciudad ahora tiene un derbi, con viejas leyendas del Anzhi fuera del club. Y juveniles en un Anzhi que puede desaparecer si baja a la cuarta división rusa. Aunque los jóvenes han ganado algún partido, últimamente, reforzados por algún veterano que no tenía ficha.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

Related posts

2 comments

Deja un comentario

*