Partido Polish Boyfriend: Dos clubes divididos en dos por la historia

El Metalist jugó Europa League justo antes de derrumbarse. Foto: Paul Gaythorpe/Focus Images Ltd

La temporada 2012 el Metalist de Járkov alcanzó los cuartos de final de la Europa League. Y en la liga ucraniana fue subcampeón en 2013, por delante del Dinamo de Kiev. Ese año, el Tavriya Simferopol acabó en la mitad de la tabla, aunque en 2010 había ganado la Copa y en 2012 fue sexto en la liga. Campeón de la primera edición de la liga ucraniana, el Tavriya nunca había sufrido un descenso desde el nacimiento de la nueva competición en 1992. Eran, pues, dos equipos de peso. Este fin de semana, ambos se enfrentan… en la cuarta división. Y por el medio, les ha sucedido de todo. Han sido años tan duros que las dos entidades se han dividido a su vez en otros tantos clubes: ahora existen dos Metalist y dos Tavriya. Una locura.

El conflicto político y armado que ha sacudido Ucrania ha afectado especialmente a estos equipos. Cierto es que los clubes de la zona del Donbass, donde el gobierno de Kiev no tiene control y mandan los grupos pro rusos, juegan exiliados lejos de sus ciudades, como el Shakhtar o el Zorya, como contamos en su momento, pero el caso de Metalist y Tavriya es incluso más complejo.

Su vida era feliz cuando en Ucrania mandaba el Partido de las Regiones, partido muy fuerte en el este y el sur, zonas donde parte de la población se considera rusa. Era una formación política que trazaba alianzas con Moscú. El antiguo presidente, Víktor Yanukóvich, era acusado de garantizar la impunidad de muchos oligarcas, mientras prefería mirar hacia Rusia antes que negociar la entrada a la Unión Europea. Yanukóvich no ganaba las elecciones en la capital, Kiev, ni en el oeste del país, donde casi no hay rusos. Hartos de corrupción y de alejarse de Europa, los activistas ocuparon la plaza Maidan y después de días de violencia consiguieron deponer al presidente. El papel de los grupos de extrema derecha en estas manifestaciones añadió tensión al proceso que acabó con el gobierno de Yanukóvich. Éste se escapó, como muchos de sus socios y aliados.

Después del cambio de gobierno, la región de Crimea vivió una revuelta con activistas pro rusos pidiendo dejar de ser ucranianos y unirse con Rusia. Si en algunas zonas Yanukóvich no ganaba, en Crimea, región históricamente llena de ciudadanos que se sienten más rusos que ucranianos, su partido sí se imponía. Con el apoyo de Moscú, Crimea decretó que dejaba de ser parte de Ucrania. Aunque nadie lo reconoce, ahora de facto Crimea pertenece a Rusia. Después sucedió los mismo en el Donbass, en el este, con una guerra cruel. En esta zona existían sentimientos cruzados. En ambos bandos, radicales de derechas ganaron peso. En ambos bandos, muchos moderados se sienten incómodos con ciertos aliados. En ambos bandos se han producido asesinatos en purgas internas. La situación es muy compleja. Sea como sea, Kiev no controla el este del país ni Crimea.

¿Y cómo afecta esto al Metalist? Járkov, su ciudad, no se encuentra en ninguna de estas zonas. Y aunque parte de la población tiene como lengua materna el ruso, la mayoría de los ciudadanos apostaron por seguir fieles a Kiev y expulsar a Yanukóvich. Entonces… ¿cuál es la razón de ver al club hundido por este conflicto? La razón tiene nombre y apellidos: el millonario Sergey Kurchenko, propietario del club. Kurchenko era un empresario capaz de comprar la entidad antes de cumplir los 30 años, gracias a sus negocios oscuros, con ayudas del gobierno de Yanukóvich. Gracias a un ascenso meteórico, pudo comprar el Metalist a Oleksandr Yaroslavsky, un empresario vinculado a la institución desde su juventud. Kurchenko, con 26 años, ya controlaba una de las compañías de gas más importante del país. Y para no generar dudas entre los hinchas, se gastó mucho dinero en argentinos y brasileños cuando compró el Metalist en 2012. Así pudo mantener el buen rumbo e incluso lo mejoró. Los periodistas locales publicaron que el gobierno de Yanukóvich prefería apostar por un joven agresivo dispuesto a todo, y dejaron caer a Yaroslavsky, amenazando con dejar al Metalist sin estadio si no vendía el club. Así que lo vendió.

En 2012 el Metalist jugó los cuartos de final de la Europa League. Foto: Focus Images Ltd.
En 2012 el Metalist jugó los cuartos de final de la Europa League. Foto: Focus Images Ltd.

Pero en 2014 llegó la revolución y Yanukóvich se escapó como pudo. Y las nuevas autoridades pusieron bajo orden de búsqueda y captura a Kurchenko: congelaron sus cuentas bancarias, embargaron sus bienes y lo buscaron en todos sitios. La Interpol también lo busca, acusado de corrupción, y ahora Kurchenko se esconde en algún sitio de Rusia. O sea, el presidente del club se dio a la fuga… y nadie pagó las facturas. El Metalist se quedó sin rumbo. Los trabajadores empezaron a desertar. Los jugadores, también. Y un club con aspiraciones pasó a ser una caricatura. A finales de la temporada 2015-16, el primer equipo entero se largó. Y acabó la temporada el juvenil, entrenado por un cuerpo técnico que aceptó no cobrar, solamente con el sueño de defender un escudo. Un esfuerzo bonito, aunque en un estado marcado por la corrupción y la inestabilidad, tener jugadores que no cobran significaba abrir la puerta a los apostadores. El Metalist fue denunciado por pactar resultados, una fuente de ingresos para los futbolistas: cobrar dinero y aceptar perder o encajar goles.

Cómo no, un club así no tenía futuro. Y esta temporada la Federación negó al Metalist su plaza en la Primera División por deudas. En concreto, se denegaba al equipo jugar en categorías profesionales, decretando así su defunción: tocaba fundar una nueva institución en una categoría amateur. La pregunta era… ¿quién crearía este club? Los hinchas se manifestaron, confiando en que sería el momento del retorno de Oleksandr Yaroslavsky. El problema era que Kurchenko seguía siendo el propietario de los símbolos del difunto Metalist. Y los dos magnates, uno fugado y otro en la ciudad, intercambiaron insultos y acusaciones a través de la prensa.

Al final, se crearon dos clubes. Como si siempre se tomara la peor decisión, se optó por dividir fuerzas sin acuerdo. Kurchenko, a través de empresarios amigos, fundó el nuevo Metalist, ahora mismo en la liga regional. Y un grupo de empresarios locales, con el apoyo de Yaroslavksy y empresarios afines al nuevo gobierno, crearon el “Metalist 1925”, inscrito una categoría por encima, en la cuarta división. El club se creó sobre la base del Avanhard, una entidad amateur que actuaba como filial del Metalist en su momento. Este Avanhard, sin hinchada, se ha transformado en el nuevo equipo y por eso ocupa una plaza en cuarta división y no en quinta, por donde anda el otro Metalist. Como detrás se encuentran figuras destacadas de los nuevos movimientos políticos, como Oleksandr Davtyan, este club se ha llevado a más hinchas que el otro. En el primero quedan ancianos nostálgicos, poco más.

Curiosamente, en la segunda división juega el Helios, creado por el empresario Oleksandr Hellstein en 2002. Un club que siempre andaba por Tercera y Segunda, y ahora aspira al ascenso a Primera, convertido en el mejor equipo de una de las principales ciudades del país. El Helios, igualmente, tiene poca hinchada. Más o menos como el nuevo Metalist, que juega en un estadio vacío en Quinta. El Metalist 1925, pues, jugando en cuarta división, mueve a bastante más gente en espera de poder llegar a Primera como sea.

Y es este Metalist 1925 el equipo que se enfrenta en Cuarta al Tavriya. El Tavriya, como el Metalist, ha visto cómo el conflicto político ha provocado una bicefalia: ahora existen dos Metalist y dos Tavriya. El equipo de Simferopol vivió días complicados cuando estalló la revolución ya que parte de sus hinchas radicales eran partidarios de seguir dentro de Ucrania. Pero la mayor parte de la ciudad prefería ser rusa. Los terceros en discordia, la minoría tártara (musulmanes asentados aquí desde tiempos inmemoriales y perseguidos por Stalin, que los deportó), no suelen identificarse demasiado con los equipos de fútbol. Los grupos nacionalistas ucranianos habían conseguido controlar buena parte de las gradas de los estadios, incluso en ciudades de mayoría rusófona como Donetsk o Járkov. Casi la única afición que mostraba banderas rusas sin complejos hasta ahora era la de Sebastopol, una ciudad con autonomía propia dentro de una península con autonomía propia. Si Crimea tiene su relato, Sebastopol también. Aunque ese es otro tema.

A nivel deportivo, una vez Crimea dejó de ser ucraniana (no legalmente), los directivos locales, con el apoyo de los rusos, apostaron por ir rápido e intentar integrar el fútbol de Crimea en el sistema ruso. Así, cinco clubes de Crimea debutaron en la copa de Rusia en 2013. En el momento de la secesión de Crimea, dos equipos de la región jugaban en la primera división ucraniana: el Tavriya Simferópol y el FC Sebastopol, institución de una ciudad portuaria clave por su salida al Mar Negro. Entidades que quedaron en un limbo legal, pues el gobierno de Kiev no acepta perder este territorio y pocos estados han apoyado a Moscú en el proceso de controlar una zona históricamente ligada al sentimiento nacional ruso, aunque oficialmente ucraniana durante las últimas décadas. Por tanto, la Federación de fútbol de Ucrania sigue considerando que los equipos de Crimea deberían jugar en su liga, aunque los clubes de Crimea pidieron jugar en Rusia. Después del debut en la copa, la Federación rusa aceptó integrar en su tercera división a tres clubes de Crimea después de buscar una trampa legal: fundar unas nuevas entidades sobre la base de las anteriores, para poder afirmar que se trata de equipos nuevos fundados una vez Crimea ha dejado de ser ucraniana.

El gobierno de Kiev y la Federación de fútbol de Ucrania presentaron una protesta a la FIFA y a la UEFA contra los rusos, pidiendo incluso que no se permitiera que Rusia organizar el Mundial del 2018 por romper las reglas del fútbol internacional. Los nuevos equipos eran el TSK Simferópol (viejo Tavriya), el SKCHF Sebastopol y el Zhemchuzhina de Yalta. Jugaron en la copa, debutaron en la liga rusa y, después, en Moscú ordenaron parar máquinas para evitar conflictos y se buscó otra solución: en marzo de 2014, se decretó que Crimea tendría su propia liga de fútbol, con ocho equipos profesionales. Una liga no reconocida por la UEFA y, por tanto, incapaz de abrir las puertas de las competiciones europeas a sus clubes. Una manera de mantener vivo el fútbol sin dar una victoria entera a nadie: no compiten como rusos ni como ucranianos, en espera de ver qué sucede con Crimea.

La creación de esta liga no gusta en Kiev, aunque peor sería ver a los clubes de Crimea en la liga rusa. Y no gusta entre los hinchas del club partidarios de considerar Crimea parte del estado ucraniano, esa minoría formada sobre todo por grupos ultras. Muchos de estos hinchas se escaparon de su ciudad, como les tocó a los hinchas radicales del Shakhtar escapando de sus rivales pro rusos, y se han encargado de crear el club tal y como lo sueñan. Ya en 2015, cuando el Tavriya jugó la copa rusa, la Federación de Ucrania propuso como solución crear un equipo llamado Tavriya, con sede en una ciudad ucraniana. O sea, la misma trampa legal usada por los rusos antes. Legalmente diferente del original, y refugio de los hinchas que no se sienten identificados con la realidad de Crimea. La ciudad elegida ha sido Barislav, en la región de Kherson. En resumen: el viejo Tavriya juega la liga de Crimea, se fundó un segundo club que duró poco en Rusia y ahora nace un tercero en Ucrania. De los tres, dos siguen vivos.

Detrás del nuevo club encontramos al político Serhiy Kunitsyn, exiliado como muchos hinchas y figura clave de una Federación de fútbol de Crimea exiliada. Sí, también existen dos Federaciones de Crimea. Kunitsyn defiende que Crimea es ucraniana y mantiene buena relación con el presidente Petro Poroshenko. “Nuestra idea es que el Tavriya sea importante en el fútbol de su estado, Ucrania, cosa que no podemos hacer en nuestra tierra por la anexión rusa”, dijo. El primer entrenador es un jugador de la plantilla campeona de liga en 1992, Serhiy Shevchenko.

De momento, pocos hinchas acompañan al club. Viajar de Simferopol a la región de Kherson para ver los partidos es casi imposible por el papeleo entre dos estados enfrentados. Y los ciudadanos de Crimea exiliados viven en otras zonas. Según muchos, se trata solamente de un gesto político para reforzar la posición de Kunitsyn, quien ha incorporado a la directiva a algunos de los viejos ultras del club, exiliados con él.

La historia, pues, ha provocado que dos clubes acaben divididos y multiplicados. Ahora existen dos Metalist y dos Tavriya. Y cada uno explica una visión diferente del mismo conflicto.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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2 comments

Hola:

Este artículo es, en efecto, una joya: da una cantidad (y calidad) de información apabullante, pero creo que precisa algún pequeño matiz que modestamente me permito hacer:

>… de *Járkov > Járkiv (Járkov es el nombre del antiguo ocupante imperialista)

>Kiev: Ídem, aunque se admite Kiev, pero se intenta extender su verdadero nombre, Kiyv.

>donde el gobierno de Kiev no tiene control y mandan los grupos pro rusos
Bueno, es largo de explicar y quizá no sea relevante en un texto en el que el fondo es el fútbol, pero ni lo controlan, ni mandan «prorrusos», sino el Kremlin directamente (lo más probable, a través de Surkin o acaso Medvedchuk, pero el caso es que allí no hay apenas ingresos y todo funciona desde Moscú, básicamente, porque es quien paga los sueldos públicos pero, sobre todo, porque al haber invadido Ucrania es quien, a sangre y fuego, y manu militari, impide que Ucrania los controle… -ídem en Transnistria, Abjasia, Osetia del Sur…-)

>El papel de los grupos de extrema derecha en estas manifestaciones añadió tensión al proceso
Bueno, no es que no sea del todo cierto, pero lo que verdaderamente añadió tensión al proceso (al menos, al inicio, o como factor primero en el tiempo) fue la sanguinaria y brutal represión del régimen cuando lo que había era solo estudiantes, y los primeros secuestros y asesinatos de manifestantes, aun en 2014…
Lo otro llegó después, pero, preponderantes o no, allí había manifestantes de toda ideología, no en vano Kolchenko, o Sentsov, dos de los ucranianos secuestrados por Moscú, no tienen absolutamente nada que ver con la extrema derecha… (y había armenios, incluso uno de los primeros convocantes es un refugiado afgano, hay tártaros crimeos, hay judíos…)

>, la región de Crimea vivió una revuelta con activistas pro rusos pidiendo dejar de ser ucranianos y unirse con Rusia… Crimea decretó que dejaba de ser parte de Ucrania.
Pues no, o sí, pero no.
Un mafioso local, de nombre Aksiónov, se prestó para el paripé de semejante «petición» que, en realidad, fue una ocupación militar, pero «Crimea» no pidió nada, ni siquiera era Aksiónov representante electo…
Creo que es imprescindible que lea el informe de Némtsov (al que asesinaron para que no lo publicara) «Putin es la guerra».

>En ambos bandos, radicales de derechas ganaron peso.
Lo siento, pero esto sí es radicalmente falso.
Del «bando» al que oficialmente se denomina «rebeldes prorrusos» (y en cuyas «filas» apenas hay ya elementos de nacionalidad-ciudadanía ucraniana) destaca que son, fundamentalmente, nostálgicos de la URSS y de Stalin (hay material gráfico abundante), con lo cual me temo que no es cierta la afirmación.
Lo que sí es cierto es que elementos de ultraextrema derecha, pero de Rusia, se han alistado en masa para lucha allí (y de otros sitios: Francia… que parecen haber convivido más o menos con sus compañeros de armas «antifascistas» -incluido un grupúsculo de españoles sedicentes «internacionalistas», por cierto, más bien de extrema izquierda…)

>a la región de Kherson
Jerson (prefiero óblast a región, pero si se entiende que se refiere a una división administrativa…).

En fin, gracias por permitir interactuar y gracias por el texto, muy interesante, muchas cosas no las sabía

Un saludo,

Fe de erratas:
No es Surkin, es Surkov (en realidad tampoco se llama Surkov, pero, desde luego, no Surkin, error mío)

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