Bagsy

Bagsy en la FA Cup. Foto: Graham Currey.

Cogerle cariño a un futbolista es arriesgado. Es sufrir de más sin necesidad de hacerlo. Porque sus fallos duelen un punto más, como su suplencia. Su marcha es devastadora, casi tanto como la de un familiar o una amistad. Especialmente si al principio de temporada decidiste estamparte su nombre y su dorsal en tu camiseta. Porque la camiseta se queda, pero el jugador se va. Si hay suerte, se marchará a otra liga u otra división, por lo que futuros encuentros, si los hay, podrían ser emotivos e incluso especiales. Si hay suerte. Porque si no la hay quizá vaya a parar al otro equipo de la ciudad o a un rival directo, y la relación puede volverse tensa o terminar estallando. Y qué mal trago, qué lástima más grande la de discutir con alguien a quien aprecias, aunque solo sea porque se le da bien darle patadas a la pelota. Pero es que lo hace vistiendo los colores de tu equipo y luciendo su escudo en el pecho. Es de los tuyos. Identificarse más por cualquier detalle insignificante, no vamos a descubrir la irracionalidad de seguir a un equipo de fútbol. Cualquier motivo es válido.

Míchel Herrero fue uno de estos futbolistas en mi caso. Delgado, que no destacaba por su fuerza ni su velocidad, pero sí por su visión y su técnica. Mediapunta o mediocentro distribuidor. Así era Míchel, así era yo… en mi cabeza. Ya ven que cosa tan tonta, y tan común. No era un favorito de la grada, pero a mí me ganó. Ver a alguien jugar a la pelota e imaginarse a uno mismo gozando de ese privilegio. Qué haría si recibiese la pelota en esa misma situación, cómo lo haría. Pues peor, obviamente. Celebramos ocho goles suyos en una temporada. Porque solo jugó una, y se marchó. Regresó, pero para cuando lo hizo jugaba con los otros. Con varios otros además.

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Qué emoción tan boba en el inicio de la temporada pasada. El tipo más desaliñado y flaco del West Didsbury & Chorlton era el que más la pisaba. Y pisarla en el barro no es fácil. Si la pisas no la sacas. Bien porque se ha hundido en el fango, bien porque viene alguien dispuesto a dar una patada, ya sea pelota, ya sea pierna. Creedme. Pero Bagsy lo hacía. Vaya que sí.

Un tipo que el día de su cumpleaños dijo tener 26 años, aparentar 36 y sentirse como si tuviera 46. No es un futbolista común, ni siquiera para la décima división del fútbol inglés. El infrafútbol del infrafútbol. Me recordaba a Míchel, pero a mí ya no tanto. Este era más joven que yo, y mis esperanzas de jugar a fútbol a un nivel más o menos serio ya se habían esfumado. Tampoco me había puesto a ello en la vida, la verdad. Solo me quedaba disfrutar, y esta vez, no fui el único. Se sucedieron los goles y las filigranas al mismo ritmo que surgieron cánticos en Brookburn Road y pegatinas por el barrio de Chorlton. Sweet Bagsy Dee.

Si Míchel era delgado, Bagsy lo era más. Si Míchel no era rápido de piernas, y Bagsy lo era menos aún. Decisivo colgando balones parados al área o dirigiendo libres directos a la meta rival. Un seguro desde los once metros. Número 10 a la espalda, botas completamente negras. Nuestro Juan Román Riquelme. Llevaba 5 años sin jugar a fútbol pero decidió ponerse más o menos en forma y darle le nuevo. Y le dio… hasta que se truncó la temporada. Primero con la marcha del entrenador y la llegada de su sucesor, con los consiguientes cambios de esquema y de futbolistas. Son habituales las idas y venidas de jugadores en el balompié de aficionados, pero parecía que empezaba un curso nuevo cuando lo cierto es que el que vivíamos estaba a punto de terminar drásticamente con la llegada del Coronavirus.

Una de las pegatinas de homenaje a Bagsy. Foto: Xavi Heras.
Una de las pegatinas de homenaje a Bagsy. Foto: Xavi Heras.

Dejó el equipo antes de que se desplomara el telón, y en verano tuiteó que tenía ganas de seguir dándole a la pelota. Así es el mercado de la North West Counties League, amigos y amigas. Nos emocionamos pero jamás vimos al equipo del barrio anunciar su fichaje. Vimos llegar otros jugadores, vimos cómo se completaba la plantilla y no parecía que Bagsy fuese a vestir de blanco y negro nuevamente. Y finalmente no ocurrió. Se marchó al Wythenshawe Amateurs para marcar el gol decisivo en la tanda de penaltis en la primera eliminatoria en la historia del club en la FA Cup. Semanas más tarde, días antes del inicio de la campaña, anunció su fichaje por el Stockport Town, el rival en la primera jornada liguera del West Didsbury & Chorlton. “Seré el jugador más feo y más bueno de la liga este año”. Bagsy regresaría a Brookburn Road, como visitante. Con los otros.

Entró desde el banquillo a falta de un cuarto de hora para tratar de dar la vuelta al marcador. Su acción más destacada llegó en el descuento cuando en un minuto realizó dos entradas con los pies por delante ganándose la expulsión. Le molestó al bueno de Bagsy volver y marcharse así de la que fue su casa. Con abucheos, con sorna.

Foto de portada: Graham Currey.

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