Crónica de un cronista

***NETHERLANDS OUT***
Lucas Moura scores 2-3 Ajax Amsterdam and Tottenham Hotspur during the UEFA Champions League Semi-Final match at Amsterdam Arena, Amsterdam
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08/05/2019

Robert Moreno me cae bien. En la rueda de prensa posterior al partido frente a Suecia, dijo con timidez que lo sentía porque el gol de Rodrigo había fastidiado muchas crónicas. De entrada demostró, como viene haciendo desde que es seleccionador, que no le importa no parecer un buen entrenador. Le basta con serlo. A veces cometemos el error de que creer que alguien no tiene virtudes porque no presume de ellas. Pensamos que los más débiles son los que lo parecen, pero no hay nadie más fuerte que quien conoce sus debilidades. Además de evidenciar empatía con los periodistas, Robert Moreno dejó claro que conoce el peor enemigo del cronista: un gol en el último minuto.

Sin ser yo un apocalíptico del mundo ni de la profesión, me temo que la crónica en su pura esencia está disminuyendo en los medios de comunicación. La crónica, me refiero, entendida como estar presente en el lugar y captar las sensaciones del momento para volver a contar lo que todos sabemos. Esta semana ha dado una masterclass de crónica social Manuel Jabois en El País. Nada nuevo. La crónica deportiva tiene un problema añadido: muchos han visto el partido y prácticamente todos se han enterado de lo que ha sucedido.

Dice Juan Villoro que la crónica es un reto porque hay que volver a narrar lo sucedido. “El lunes, los periódicos amanecen dichosamente abultados por noticias que todo el mundo conoce pero que emocionan tanto o más que el partido”, argumenta el escritor mexicano. Por suerte para los que nos dedicamos a esto, lo que no se comunica no existe. Todavía nos gusta que nos cuenten las cosas que ya sabemos, como cuando de pequeños les pedíamos a nuestros padre o madre que nos leyeran siempre el mismo cuento. La crónica es un triunfo del cómo sobre el qué.

La crónica deportiva tiene un problema añadido: muchos han visto el partido y prácticamente todos se han enterado de lo que ha sucedido. Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 01/06/2019
La crónica deportiva tiene un problema añadido: muchos han visto el partido y prácticamente todos se han enterado de lo que ha sucedido. Foto: Focus Images Ltd.

Escribir una crónica es como la bajada de una montaña rusa: en el momento no se disfruta mucho pero luego queda un buen recuerdo. Es adrenalina pura, una lucha contra el tiempo, una casa en llamas de la que solo puedes coger lo esencial antes de salir. Francisco Cabezas me contó en una entrevista que era, obviamente en sentido figurado, como tener una soga al cuello. El cronista de El Mundo en los partidos del Barça sabe bien de lo que habla porque es uno de los mejores en lo suyo. Recuerdo que para describir aquel Barça de Luis Enrique, un equipo bipolar que remontó ante el PSG y salió de nuevo vapuleado contra la Juventus, Cabezas tiró de Lovecraft: “Lo que ha emergido puede hundirse y lo que se ha hundido puede emerger”. En el Camp Nou se sienta muy cerca de Ramon Besa, quien dice que una crónica es como un polvo: “No hay marcha atrás, o sale bien o sale mal”. Hubo una tarde-noche que estuve sentado entre ellos mientras hacían sus crónicas. No tomé una nota pero aprendí más que en muchas clases.

Me gusta la prensa escrita porque solo usa la palabra. No se puede despistar con una música bonita o de tensión; con una imagen a cámara lenta o un llanto desesperado. Hay que hacerlo todo con las palabras, que estos días se han demostrado lo importante que son cuando se llama defensores de la unidad de España a los que solo tienen un nombre: fascistas.

Jugar con las palabras es tremendamente complicado. Yo por ejemplo cuando quiero decir túnel, digo puente, y al revés. Escribir es empezar el partido con un gol en contra. Wittgenstein decía que no todo lo que se puede pensar se puede decir y Beckett lamentaba que hasta las palabras nos abandonan. Siempre que pienso en este tema me viene a la mente la explicación de Roberto Bolaño: “La literatura se parece mucho a las peleas de los samuráis, pero un samurái no pelea contra un samurái: pelea contra un monstruo. Generalmente sabe, además, que va a ser derrotado. Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotar, y salir a pelear: eso es la literatura”.

Lo bueno de saber que vas a perder es que a veces ganas y es la hostia. Ganó José Sámano, cronista del Real Madrid en El País, cuando se sacó de la manga el mejor título para el equipo de las tres Champions consecutivas: “El Madrid gana porque sí”. Ganó también Jordi Puntí en su Tot Messi. Ante el peligro de decretar que un futoblista como él nos dejaba sin palabras, el escritor catalán animaba a retarse y ser más inteligente para no repetirse. En el genial libro recuerda que el escritor Màrius Serra facilitó en La Vanguardia una lista alfabética de 584 adjetivos. Me pasa con los adjetivos al contrario que con el paraguas: los uso aunque no lo necesite.

Una cosa es ser cronista y otra escribir crónicas. Pasa en los mejores oficios. La crónica enseña que hay que anticiparse por si acaso. La vida se decide igual en el primer minuto que en el último. Hay que ir tirando por si no pasa nada más, pero todo puede cambiar en el último minuto. Muchos intentamos aprender de los cronistas de boxeo, como Joyce Carol Oates. La novelista estadounidense escribió una frase que le sirve al boxeo, al deporte, a las crónicas y a la vida: “Si no se puede golpear, por lo menos se puede ser golpeado, y saber que todavía se está vivo”.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

4 comments

Hola Sergio.
Me parece muy buen artículo. Consigues concentrar al lector desde el principio hasta el final del artículo. Expresas las sensaciones que experimenta el lector, desde el punto de vista del escritor, que no es fácil. No obstante, permíteme una pequeña opinión en uno de tus párrafos.
Como bien sabes, la perfección en el periodismo se basa en la máxima objetividad posible en cada escenario que se quiere plasmar con tinta una vez imaginados y/o analizados diferentes aspectos a transmitir. Has conseguido en media frase desconcentrar totalmente al lector penetrando en sentimientos y opiniones enclaustradas que mucha gente ni se da cuenta que tiene. Cuando has usado el término “defensores” has abierto totalmente ese foco que siempre tiene que proyectar el escritor hacia dónde quiere llevar al lector, pero a continuación lo has vuelto a cerrar con la palabra “fascismo”. Es ahí donde quiero llegar. Hablas de defensores, pero defensores hay de mucho tipo, y concluyes con “fascismo”, y fascismo sólo tiene una definición. Quiero resaltar y dejar claro que con este comentario no soy de esta última ideología y tampoco de la contraria. Es ´más, no suelo hablar ni opinar mucho de política. No es mi intención posicionarme en este tema, y mucho menos con lo que está sucediendo últimamente. Incluso creo mucha gente incluso puede llegar a verse ofendida.
Para mí es un muy buen artículo. A la altura de otros que has escrito. Pero esos detalles pueden ser captados y encajados por el lector de la manera no deseada por parte del autor y eso únicamente por abrir y cerrar ese foco con las palabras “defensores” y “fascismo”.
Salu2 de un lector que siempre os ha seguido desde que nacieron todos vuestros proyectos.

Hola, David. En primer lugar, gracias por tomarte tanto tiempo para leerlo, analizarlo y comentarlo. Seguramente sea un error mío de expresión. No quería decir que una cosa (defensores) y la otra (fascistas), fuera lo mismo. De hecho, todo lo contrario, ahí va implícita una crítica a los medios de comunicación que llamaban a los fascistas defensores de la unidad de España. Trataré de ser más preciso. Gracias de nuevo.

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