Doce deseos

Islandia fue una de las revelaciones de la Eurocopa. Foto: Focus Images Ltd.

Los deseos se piden a Dios pero los carga el diablo. En los cumpleaños te agobian muchísimo. Que si venga pide algo, con todo el mundo ahí mirándote. No sé vosotros, pero yo con esa presión no puedo. Me quedo en blanco. Mi único instante de lucidez cuando sacan una tarta es intentar diferenciar los que dicen “te deseamos todos” o “te deseamos NOMBRE”. Normalmente ganan los primeros, pero alguno de la antigua escuela queda por ahí. Luego está el típico que te dice que no digas el deseo que has pedido. Es que si no se puede presumir de deseo, de ilusión, de castillo en el aire, qué nos queda.

Y en Nochevieja vienen los deseos de las uvas. Doce, nada menos. No sé si el año pasado los pedimos todos borrachos o alguien se hizo el gracioso, pero para pedir algo y acabar así, mejor quedarse como estamos. O pedir el mismo doce veces, por qué no. El 31 no se nos ocurre nada, y mira que está lo de salud, dinero y amor y esas cosas, pero yo me imagino al que está recibiendo deseos pensando lo mismo que cuando un jugador dice “el fútbol es así”. Otro topicazo.

Como suele pasar, se me ocurrió después lo que podría haber pedido. Ojalá hubiera siempre una segunda primera  vez. Pero bueno, para el año que viene: podemos alinear  las uvas en un 4-3-3 y dejar la última apartada, como si fuera el entrenador. Hay un deseo para cada posición aplicable la vida. El portero pide que se valoren más sus aciertos que sus fallos; el lateral derecho, que aunque haya bajones también haya subidas; el central diestro, llegar a tiempo; el central zurdo, tener más mano izquierdo; el lateral zurdo, no cagarla ni llamar la atención en exceso; el mediocentro, tapar agujeros; el interior, poner pausa cuando todos están nerviosos; el mediapuntita, no esforzarse demasiado; el extremo izquierdo, que no le pillen en fuera de juego; el extremo derecho, no pasarse de rosca; el delantero, aprovechar las que tenga; el entrenador, formar una piña. Yo con esos doce deseos voy que tiro.

También pasa que deseamos algo muy fuerte, lo tenemos y después no cambia mucho la película. Hasta lo que queremos se nos vuelve en contra a veces, señal de que no hay que fiarse mucho de la vida. Entre una cosa y otra, si hay que pedir algo, quedarnos como estamos no es poca cosa. Empatar cada día, vamos. Mirad este 2020. Nos han pitado dos penaltis en contra. Hemos acabado con nueve. Se ha lesionado el capitán. Pero hemos plantado el autobús, hemos hecho faltas y hemos perdido tiempo. Y se acabó el partido. Hemos rascado un 0-0 en casa del líder y, lo más importante, hemos mantenido la categoría.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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A mi me pasa lo mismo, con la presión del deseo, no consigo formularlo. Luego me vienen a la mente cientos de buenas intenciones. Igual lo mejor es no pedir nada o, más bien, no necesitar pedir nada porque luego todo sabe a poco con eso de las expectativas.
Me encanta el tono de este texto. Feliz año Nuevo Sergio. Un abrazo!

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