El otro maracanazo (parte 1)

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1989 no es un año cualquiera en Chile. Tras la victoria del ‘No’ en el plebiscito que consulta sobre la continuidad de Augusto Pinochet en el poder un año antes, en julio de 1989 el pueblo chileno aprueba la reforma constitucional que permite las primeras elecciones democráticas tras 16 años de dictadura. Los comicios se celebran el 14 diciembre y la victoria del democratacristiano Patricio Aylwin significa el inicio de la transición hacia la democracia.

Mientras tanto, entre agosto y septiembre de ese año, la selección chilena se juega el acceso al Mundial de Italia 90. Chile, Brasil y Venezuela, encuadradas en el grupo tres, se disputan una plaza en la Copa del Mundo. En la primera jornada tanto la ‘canarinha’ como ‘la roja’ superan cómodamente a Venezuela, la cenicienta del grupo. Pese a que todavía quedan cuatro partidos por disputarse todo hace presagiar que los duelos directos entre Chile y Brasil serán determinantes. Brasil nunca se ha perdido una cita mundialista y Chile disfruta de una de sus mejores generaciones. Solo dos años antes, en la Copa América de 1987, el equipo ya entonces entrenado por Orlando Aravena había goleado 4-0 a la ‘verdeamarelha’.

Romario sería protagonista en el encuentro de ida. Foto: Ricardo Stuckert/PR para Agência Brasil, bajo licencia Creative Commons Attribution 3.0. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Dunga,_Lula_%26_Rom%C3%A1rio_at_announcement_of_Brazil_as_2014_FIFA_World_Cup_host_2007-10-30.jpg
Romario sería protagonista en el encuentro de ida. Foto: Ricardo Stuckert/PR para Agência Brasil, bajo licencia Creative Commons Attribution 3.0.

La ida entre ambos equipos se disputa en el Estadio Nacional de Santiago el 13 de agosto, pero empieza a jugarse días antes. La semana previa al partido, Orlando Aravena, seleccionador chileno, y Romario, delantero brasileño, entablan un cruce de declaraciones que calienta el ambiente. “En el último entrenamiento antes del partido, Orlando Aravena montó un partidillo titulares contra suplentes, e hizo que los suplentes jugaran con la camiseta de Brasil”. La anécdota la cuenta Sergio Gilbert, el único periodista que pudo acceder a aquel entrenamiento a puerta cerrada. El mismo Gilbert remarca la excepcionalidad de aquellos días: “El contexto político es clave para entender lo que pasó. Había una efervescencia social muy grande. Nos habíamos liberado, nos habíamos desembarazado de todas nuestras frustraciones y queríamos demostrar que éramos un país distinto. Que incluso podíamos dejar a Brasil fuera de un Mundial”.

En aquel partido pasa de todo. “De entrada, Chile no quiso cumplir con la orden de FIFA de salir los dos equipos juntos. Salieron antes para que el público descargara toda su artillería contra Brasil. Y así sucedió. Además del abucheo, le tiraron botellas, piedras, frutas, etcétera”, confesará tiempo después Jesús Díaz, el árbitro colombiano que dirigió aquel partido, en una entrevista a ‘El Universo’. Antes del pitido inicial, Romario ve tarjeta amarilla por un encontronazo con el central chileno Fernando Astengo. A los tres minutos, y tras una entrada criminal de Ormeño sobre Branco que solo se salda con tarjeta amarilla, Romario es expulsado por golpear a un rival. Varios minutos más tarde, Ormeño ve tarjeta roja por una agresión. Durante el descanso, el seleccionador chileno, Orlando Aravena, es expulsado por protestar. Ya en la segunda mitad, un gol en propia puerta de González pone a Brasil con ventaja. A los 83 minutos, Jorge Aravena se aviva y saca rápidamente un libre indirecto dentro del área pequeña que Basay aprovecha para marcar el empate, ante el desconcierto y las protestas de los brasileños. “El gol era claramente ilegal, pero Díaz no se atrevió a anularlo. La última vez que había pitado en Chile, un año antes, le habían abierto la cabeza de una pedrada. Estaba condicionado. Sabía que si lo anulaba, esta vez salía muerto”, recuerda Gilbert. En la entrevista con ‘El Universo’, Díaz descarta esa versión y matiza: “En la eliminatoria anterior me abrieron la cabeza con un hielo, pero seguí arbitrando. Esa vez no tuve miedo porque no era contra mí, sino contra Brasil”.

La ida se disputó en el Estadio Nacional de Chile. Foto: Daniblue21 bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:El_Estadio_Nacional_de_Chile_durante_la_final_de_la_Copa_Am%C3%A9rica_2015.JPG
La ida se disputó en el Estadio Nacional de Chile. Foto: Daniblue21 bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International.

Tras el gol, Sebastiao Lazzaroni, seleccionador brasileño, monta en cólera e intenta ingresar al terreno de juego, pero es reducido por una docena de Carabineros, la policía militar chilena. Finalizado el partido, la delegación brasileña denuncia agresiones de los uniformados chilenos contra su seleccionador. Ese día se enciende la bengala que 21 días después caerá sobre el césped de Maracaná.

La violencia no va más allá aquella tarde, pero el ambiente hostil se cobra una víctima. Y no es una víctima cualquiera. Expedito Teixeira, padre del entonces presidente de la Federación Brasileña de Fútbol, Ricardo Teixeira, y consuegro de Joao Havelange, presidente de la FIFA – Ricardo Teixeira estaba casado con la hija de Havelange-, presencia el partido como aficionado cuando sufre un infarto por el que fallecerá 13 días después en una clínica de Santiago. Según explicó tiempo después Jorge Barraza, periodista de ‘El Gráfico’, nadie de la delegación chilena fue a visitarlo durante aquellos días. “Havelange tomó nota”, apunta Barraza. Gilbert concuerda: “Teixeira hijo nunca se olvidó de aquello”.

Como consecuencia de todo lo sucedido, Chile es sancionado sin poder disputar el siguiente partido, frente a Venezuela, en territorio nacional. Tiene que jugar en Mendoza, Argentina. “Ahí empezó el sentimiento de que la FIFA nos estaba quitando un Mundial para favorecer a Brasil”, asegura Gilbert. Clasificar al Mundial de Italia 90 se ha convertido en una cuestión de Estado.

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Augusto Pinochet cede el avión de las fuerzas armadas para el viaje a Mendoza. Es 27 de agosto, y además de jugadores, cuerpo técnico y periodistas, en aquel vuelo viaja también Hernan Büchi, candidato afín a la dictadura en las elecciones que se celebrarán tres meses después. “Era un ambiente de exacerbación nacionalista. Muy tóxico” apunta Gilbert.

Chile golea 5-0 a Venezuela. Una semana antes Brasil lo había hecho por 6-0. Todo se decidirá en la última jornada. Brasil y Chile se enfrentarán en Maracaná.  A Brasil le vale el empate. A Chile solo la victoria. Hay que lograrla a cualquier precio.

“Antes del partido estaba instalada la idea de que iba a pasar algo y había que saber reaccionar. Se decía que Brasil tenía miedo de perder y que la FIFA, dirigida por un brasileño, iba a hacer algo para evitar que se quedarán fuera del Mundial”, recuerda Gilbert. Pero nada más lejos de la realidad. Jorge Barraza, enviado especial de ‘El Gráfico’ a ese partido, narró así el ambiente previo al encuentro en la crónica que publicaría al día siguiente: “La CBF, temiendo que las hostilidades recibidas por los brasileños en Santiago pudieran despertar represalias, lanzó una campaña para promover una fiesta deportiva. (…) Incluso el directivo chileno Alfredo Asfura, antes de comenzar el juego, agradeció por televisión la hospitalidad, la colaboración y las muestras de respeto recibidas por todos los chilenos presentes en Río. (…) Todo fue en vano.

Lee la segunda parte de esta historia aquí

Foto de Portada: Focus Images Ltd

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