El fútbol y Black Mirror

Una imagen para la historia: por primera vez en una final de un Mundial, el VAR corrige una decisión previa e indica un penalti.

Las excusas son como los goles en propia: nadie presume de ellas pero siempre vienen bien. Al acabar el Villarreal-Betis, Joaquín dijo que el VAR les había perjudicado. Ya es oficialmente el chiste de Joaquín que más gracia me ha hecho. Aunque el fútbol sea más justo, al final tenía que pasar. Necesitamos tener excusas para cuando todo se viene abajo. El escritor Juan Rulfo, del que hay mucho que aprender porque publicó dos novelas sublimes y dejó de escribir, dio la mejor excusa para abandonar la literatura: “Es que se murió el tío Celerino”. De los fumadores envidio sus excusas para no dejarlo. Argumentan que cada uno tiene sus vicios, que son fumadores sociales o que empezarán el próximo año. Kipling dijo que una persona es una persona, pero “un cigarro es fumar”.

A mí de los árbitros me gustan sus dos apellidos. Sin ellos no serían nada. Hay uno en Primera que se apellida Hernández Hernández, el árbitro que es tan bueno que le llamaron dos veces. Reconozco que le tengo aprecio al colectivo porque formé parte de él. Incluso hubo un tiempo en que lo compaginé con el periodismo. Como no era suficiente con aguantar que se cagaran en ellos en cada partido, mis padres pasaron también a responder con una sonrisa si yo era un periodista como los de Sálvame o si quería trabajar en El Chiringuito. Lo peor de colgar el silbato fue que ya no me podía pasar como a aquel conocido de Juan Tallón que arbitró un partido del que tenía que escribir la crónica. Después de una mala tarde sobre el césped, lo arregló con el titular: “Desastroso arbitraje”.

El árbitro siempre es el perro que se come los deberes, el frío para salir a correr, el “contra Franco vivíamos mejor de Montalbán”. Lo de culpar a otros de nuestros errores es tan antiguo como la Odisea de Homero, donde los Dioses no entendían por qué los humanos siempre les responsabilizaban: “¡Dicen que de nosotros proceden las desgracias cuando ellos mismos por sus propias locuras tienen desastres más allá de su destino!”. Quizás alguno se pensó que con el VAR se iba a acabar la polémica, seguramente alguien poco consciente de lo que nos gustan las excusas y de la cantidad de horas que hay que llenar en televisión.

Árbitro.
“El árbitro siempre es el perro que se come los deberes”. Foto: MarcadorInt.

A mí, vaya por delante, lo de cortar la pasión me parece antinatural. El VAR puede frustrar 15 segundos de alegría inmensa, lo cual es una desgracia, pero también puede interrumpir la tristeza, lo cual es todavía peor. Claro que es mi opinión, sobre la que por cierto espero no tener razón. Prefiero saber que me equivoco. Supongo que va con el gen catastrofista que me acompaña siempre: todo lo que hago, incluido esto que escribo por aquí, me parece una aberración y temo que un día venga un señor trajeado a mi casa, como el Agente Smith de Matrix, y me diga que ya vale de escribir. Lo bueno de pensar que todo va a ir mal es que al final siempre va un poco mejor. Me pasa también en el fútbol. Después de cada gol miro a los árbitros para ver si lo anulan o no. Mi espera ahora se alarga y cuando ya puedo celebrar un gol se me han pasado un poco las ganas, como cuando te compraban en enero una mochila que querías en septiembre.

También hay entrenadores a los que no les gusta el VAR. Sobre uno de ellos Lucía Taboada escribió la mejor frase de la semana: “Mendilibar mira a la caja negra del VAR como Greta Thunberg a Donald Trump”. Es verdad que ahora el fútbol es más justo. Pasó en el Real Madrid-Brujas, donde nos extrañamos de que un tipo que se apellida Bonaventure marcase goles sin querer. En ese partido hubo una nueva modalidad de gol: se dio por válido cuando el equipo que marcó ya tenía claro que era fuera de juego, como cuando en el colegio aprobaban por campana de Gauss. A mí me gusta pensar que lo dieron por válido solo para que se cumpliera una de las leyes no escritas del fútbol: el defensa que reclama fuera de juego siempre es el que lo rompe.

Los goles ahora son como los libros de Agatha Christe: siempre tienen suspense. Villoro dice que algunas celebraciones saben a platillo recocido. Tote King cantaba en 2013 que “el mundo ya es clavao a un episodio de Black Mirror” y Edwarrd Norton clama en Birdman que “la vida ya sólo se ve a través de una pantalla”. El fútbol no se ha quedado al margen de este mundo que cada vez parece más perfecto pero que por suerte no lo es. Hace unos meses en Portugal pidieron el VAR para confirmar un gol pero no lo pudieron comprobar porque una enorme bandera tapaba la cámara. En tiempos de hiperrealismo, nada como una buena dosis de surrealismo.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

9 comments

100% recomendado! Los periodistas de MarcadorInt nunca dejan de sorprenderme. Gran reflexión, Sergio. A seguir!

De la alegria del hincha cuando marcaba su equipo y celebraba, al alivio por ver que no lo anulan.

Es como una metafora futbolera de hacerse mayor

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