Galder Reguera: “El fútbol no tiene la culpa de que la gente no lea”

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Si el fútbol y la cultura jugaran un partido, habría muchos ultras en las gradas. Habría gente deseando que uno pasara por encima del otro. Pero también habría personas esperando un empate, que se dieran la mano y se fueran como amigos. Uno de ellos es Galder Reguera (Bilbao, 1975). Filósofo y escritor, desde hace algunos años es el responsable de Actividades de la Fundación del Athletic Club. Organiza, por ejemplo, el festival que arranca el próximo día 9. Un evento que, como ya pasó en 2020 por la pandemia, en realidad son dos: un festival de cine y otro de literatura, siempre en relación con la pelota. En el Thinking, Letras y Fútbol se juntan durante una semana futbolistas retirados y en activo, como Iribar, Mikel Balenciaga, Ainhoa Tirapu y Juan Pablo Sorín, con referentes en el mundo de las letras, como Juan Villoro. Sobre el evento, los prejuicios bidireccionales entre cultura y fútbol y sus libros contesta al otro lado del teléfono Galder Reguera.

Pregunta: Letras y fútbol, unidos por una conjunción. ¿Tan corta es la separación?

Respuesta: Creo que la distancia entre cultura y fútbol es muy corta, pero existen muchos prejuicios desde ambos ámbitos en su vertiente profesional. El futbolista profesional siempre ha sospechado del entorno de las letras y la ‘alta cultura’ siempre ha sospechado del fútbol. En parte por envidia. Algunos dicen: “Si la gente tuviera la misma pasión por la literatura que por el fútbol, el mundo sería mejor”. Yo lo dudo. Sería mejor el mundo de la literatura.

P: Los prejuicios son bidireccionales. ¿Es cierto que un jugador rechazó participar en un club de lectura para que no le encasillaran en la imagen de intelectual?

R: No fue del todo así. Yo propuse a un jugador que lee que viniera a las primeras charlas y me dijo que no. Porque él sabía, y es verdad, que si estaba jugando bien la gente iba a alabar su vertiente intelectual, pero como encadenara cinco partidos sin dar pie con bola, la gente se lo iba a recriminar. Y esto es un prejuicio superinjusto. Cuando un futbolista emite una opinión política, hasta los de su equipo le dicen que se calle. Eso es algo que no ocurre en ningún otro gremio. Si se queja un médico, nadie le dice que se calle y se dedique a curar a gente. Con la literatura pasa igual. Cuando un futbolista muestra inquietudes intelectuales, se le juzga. Cuando Ramos se sacó el Graduado Escolar hubo una mofa general que me pareció repugnante. Eso es clasismo. Hay que ser imbéciles para meterse con un tío porque decida completar sus estudios básicos. A mí no me cae especialmente simpático y pensé que era muy valiente. Si miras los índices de lectores en las edades que tienen los futbolistas profesionales, entre veinte y treinta años, no difieren mucho de los generales. La juventud no lee. El fútbol no tiene la culpa de que la gente no lea.

P: ¿Cada vez se sienten más a gusto?

R: Hemos tenido muchos clubes de lectura en últimos diez en los que los futbolistas han estado presentes a título activo. Una de las virtudes es haber creado un contexto en el que ellos se sientan a gusto porque se les trata como lectores y como personas. En un club de lectura nadie te pregunta cuánto lees. ¿Por qué se lo preguntamos al futbolista? Ahí son uno más.

Galder Reguera, Óscar de Marcos y Lou Engelfield en el festival de cine de 2019 / ©Fundación Athletic Club
Galder Reguera, Óscar de Marcos y Lou Engelfield en el festival de cine de 2019 / ©Fundación Athletic Club

P: “No te pega que te guste el fútbol”. ¿Se lo han dicho alguna vez?

R: Me lo han dicho en innumerables ocasiones. Tuve una época cuando estudiaba la carrera en la que me costaba más reconocerlo. En mi caso se juntó que mi abuelo falleció y se me hacía difícil tener relación con el fútbol porque la tenía con él. Es como si vas al cine con un amigo y ese amigo se muere. Entre los quince y los veinte años me pasó eso. Sí es cierto que era un tema que no sacaba porque existen unos prejuicios enormes de la cultura hacia el mundo del fútbol. Hice un trabajo de investigación sobre deporte e identidades, cogí una serie de libros de deporte y una persona me dijo: “¿No te da vergüenza?”.

P: No quería poner la palabra fútbol en el título de su libro.

R: Al final se lo puse, bueno, se lo puso Sergio Cortina, que es el que titula mis libros [ríe]. Mi idea era evitarlo porque es un libro sobre la paternidad. El fútbol es contexto. Es una especie de Cinema Paradiso del fútbol. Los libros de fútbol siguen sin encontrar su mercado porque la gente de la cultura se niega. Y es una absudridad. Otra anécdota. Estaba en una boda y había varios escritores. Hablando entre nosotros, uno me preguntó de qué iba mi libro. Le dije el título y en cuanto escuchó la palabra “fútbol” me dio la espalda. No le pegué una colleja porque estábamos en la boda. Es un gesto muy típico. Ahora en la primera mitad del 2022, Seix Barral va a recuperar Hijos del fútbol. Mi editora, Elena Ramírez, me decía que era un libro sobre la paternidad. El fútbol está porque tiene que estar.

P: ¿Su libro lo colocan en deportes o en narrativa?

R: En alguna librería ha estado en deportes. Yo creo que eso pasa por los prejuicios. Algunos de mis libros favoritos de deportes son de Ander Izagirre, que tiene un libro maravilloso (Mi abuela y diez más) sobre la Real Sociedad, a la que no le tengo cariño especial, pero no me importa porque está contando una pasión que compartimos. Los libros buenos hablan de ti y no sabes cuál es su tema. También es cierto que hay mucho libro malo y oportunista. Eso es un error. Ese tipo de libro que dice “contiene póster”.

P: ¿Cómo responde el Athletic ante cada festival?

R: Cuando empiezan los festivales, ya pensamos en contenido que nos ayude a reflexionar cómo estamos nosotros como club. El gran valor del Athletic respecto a los proyectos de Fundación es que no hay censura ni se alinean a la agenda política del club. Por ejemplo, nosotros empezamos el festival con Let’s fucking go, una película sobre el equal pay, la campaña de las jugadoras de Estados Unidos en la que se ponen en contra de su pagador para cobrar lo mismo que los hombres. Nadie me ha dicho nada de que sea un tema en el que nosotros igual no podamos posicionarnos porque el Athletic no ha establecido una igualdad efectiva o porque a la Federación le siente mal. Si hiciéramos eso, el festival no tendría valor. La gran diferencia con respecto a otros clubes es que pueda haber voces discordantes. No necesitamos decir lo muy grande que es el Athletic, porque ya lo sabemos. Lo que decimos es lo muy grande que es el Athletic porque hace un festival de cine y pone películas que plantean temas como la homofobia, la igualdad o la corrupción en el fútbol. A pesar de que luego nosotros no seamos santos, cometamos errores y tengamos nuestras condiciones. Y lo grande del Athletic es que acoge estas contradicciones. El hincha del Athletic de por sí es un filósofo porque siempre está pensando de dónde venimos, quiénes somos y adónde vamos por la tensión entre las raíces y la globalización. Es un club vivo y por eso podemos hacer esto. Yo no tengo presiones ni tengo que validar el programa. Eso es impensable en otros clubes porque lo he hablado con ellos. Hay que tener mucha cultura democrática y aquí la tenemos. Eso me enorgullece.

P: Al final, como soñaba de niño, está en el Athletic.

R: En el campo no tenía la habilidad, la constancia ni la pasión. No sé si sería capaz de mantener la presión. Pero en mi posición me enorgullezco del tipo de jugador que tenemos en el Athletic. Se suele hablar mal de los jugadores, pero mi experiencia con los futbolistas y las futbolistas del Athletic es de un compromiso enorme con el trabajo de Fundación. Se genera un vínculo. De hecho, sufro más ahora porque ahora los considero compañeros. Y eso me hace ser feliz. No soy futbolista, pero soy su compañero. Y es un valor suyo con su presencia y su apoyo en los proyectos de Fundación. Eso me hace darme cuenta de que somos más que un equipo. Es sentimiento de club.

P: ¿Ya no sueña con ser jugador del Athletic?

R: Antes soñaba mucho que estaba jugando en San Mamés, intentaba ir a por un balón pero nunca llegaba. Es un símbolo de impotencia, de cómo te ven… El fútbol tiene un papel muy fuerte de tú frente la sociedad y al contexto. Ahora lo pienso más hacia mis hijos y no sé hasta qué punto quiero que mis hijos sean futbolistas, a cualquier nivel. El fútbol es como la fuerza en Star Wars: depende de quién la maneja es buena o es mala. Y hay un lado oscuro enorme. Lo tengo más claro ahora que cuando escribí Hijos del fútbol. Mi hijo ha ido creciendo y se ha encontrado con mucho tarado.

Imagen de portada: ©Elena Blanco

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