Haters gonna hate

El Arsenal de Mikel Arteta atraviesa por un momento muy frágil. Foto: Jeremy Landey/Focus Images Ltd

Los futbolistas son como los actores: hay una persona detrás del personaje. Lena Headey, la actriz que encarna a Cersei Lannister en Juego de tronos, comentó que los fans de la serie no se acercaban para pedirle autógrafo, sino para criticarla. Incluso habían llegado a gritarle cuando paseaba por la calle. Algo parecido le sucedía a Anna Gunn, la intérprete de Skyler en Breaking Bad. “Un usuario en Internet pedía mi dirección para buscarme y matarme”, explicó hace años.

Mikel Arteta denunció hace unos días que había recibido amenazas no solo él, sino también toda su familia. Además, los jugadores del Arsenal llevaban varios meses siendo insultados en redes sociales por su bajo rendimiento en el equipo. Una de las muchísimas causas por las que sucede esto es que no sabemos diferenciar al futbolista o entrenador de la persona.  La peor consecuencia, haber normalizado el insulto. Lo explicaba hace unas semanas Axel Torres en el diario AS tras la destitución de Gaizka Garitano: “Convendría empezar a difundir la idea de que faltar al respeto a alguien que no te lo ha faltado a ti, igual en la vida que en Internet, está mal y no es apropiado”.

El fútbol es cada vez más perfecto y se está convirtiendo en un deporte de errores más que de aciertos, de culpables más que de héroes. El que falla, lo paga. En uno de sus artículos en El Periódico, Enrique Ballester reflexionaba sobre una idea que a menudo olvidamos: el jugador nunca quiere fallar. El fútbol solo es una prolongación de lo que pasa en la vida. En un mundo ultracompetitivo en el que hablamos de másters e idiomas como medallas de oro en los Juegos Olímpicos, no nos podemos permitir fallar. Hasta criminalizamos a los que tienen faltas de ortografía, obviando que seguramente detrás esté el (poco) dinero. Detrás de todo siempre está el dinero.

Los errores son como el brócoli: los necesitamos aunque no nos gusten. El fallo nos hace acertar. Soñamos con la perfección, pero la vida está llena de peros y aunques. Si hay un camino hacia el éxito, hay que hacer transbordo en el fracaso. “El arte tiene que estar cerca de la vida y la vida es error, una sucesión de luces y sombras”, decía el pintor Joaquín Pacheco.

Esta necesidad de perfección se cría en una escalada constante del odio. Va más allá de ser hater, ofendido o intensito. Hablamos de la frustración como preludio de la rabia. Lo vemos en política, lo vemos en la sociedad, lo vemos en el fútbol. Lo explicó hace un tiempo a la perfección Albert Blaya en un artículo en la web de Revista Panenka sobre Neymar: “Odiar es alejarse de uno mismo para concentrar toda la energía en otro y esto es mucho más sencillo”. A veces nos preguntamos por qué en el fútbol se dan tantas manifestaciones machistas, homófobas o racistas: porque son los ingredientes de la dieta del odio.

Imagen de portada: Jeremy Landey/Focus Images Ltd

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8 comments

Qué gran Reflexión, siempre para realizarlo mejor hay que fallar, pero siempre nos quedamos antes cob el error que con el acierto.
Seguramente y no solamente por el ritmo y la forma de vida.
Sino porque seguramente es mas fácil fijarnos en lo malo que realiza otra persona (seguramente para tapar nuestros problemas o a saber cualquier cosa) nos sirve para escudarnos y decir: ¡mira no ves que malo es! ¡mira también tienen fallos!
Creo que hay una cultura muy grande a quedarnos con lo que se realiza mal y desechar lo que se realiza bien.
Muchas gracias por las grandes reflexiones de cada domingo.

Totalmente de acuerdo. El artículo de Albert Blaya citado por Sergio es muy elocuente y estimulante, al igual que el aquí comentado. Caer en el odio o en la crítica destructiva antes que en el elogio o en la crítica constructiva (muchas veces usada como tapadera para una crítica malintencionada) es lo “fácil”. Todos fallamos y todos nos equivocamos, creo que lo que refuerza la mentalidad de la crítica negativa es la falta de empatía, característica echada en falta en la sociedad que nos envuelve.

Toda la razón con la falta de empatía. Es la palabra clave. Un saludo.

Totalmente de acuerdo, Arthur. Es que al final acertamos porque hemos fallado mucho antes. Gracias a ti por el comentario.

Que uno se siente ante la tele a relajarse y a olvidarse del mundo con un partido de fútbol o una serie y saque su ira con un personaje o el fallo de un futbolista puede llegar a ser hasta entendíble, que no digo justificable ni se pueda defender. Pero una cosa es eso y otra saltar a las redes o la vida real a insultar a las personas. ¿ Cómo nos sentiríamos si alguien nos parase por la calle o se dirigiese a nosotros por las redes para recordarnos un fallo en nuestro trabajo? Que si, que los futbolistas cobran más pero eso no legítima el acto. Bastante tiene uno con fallar. Para mí, esto es el reflejo de los problemas emocionales y racionales de nuestra sociedad en la que el odio es otra enfermedad más a veces. Es cierto que también se está extendiendo un victimismo exacerbado, pero ese es otro tema.
Tengamos más empatía que, como bien dice Sergio, el fallo es parte de la vida.
Necesaria crítica Sergio. Gracias, abrazo!

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