Imagina que ganamos

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Una de las cosas que más ilusión nos hacía los días previos al pasado 24 de agosto era el Buffet Bar de Stalybridge. Este pub lleva dando de beber y de comer a los pasajeros de la estación de tren desde 1885. Muchos son los que empiezan aquí el Transpennine Real Ale Trail, una conocida ruta en tren con ocho paradas en ocho pubs a un lado y otro de los Peninos (y la consiguiente vuelta si aún sobra sobriedad).

Se sucedieron los besos y los abrazos en la terraza. También las sonrisas eran contagiosas. Cerveza por aquí, plato por allá. Solazo. Bufandas, banderas, asfalto y protector solar. Chapas, pegatinas. También una sensación de llegar con los deberes hechos. Cinco victorias y un empate en los seis primeros partidos de la temporada. Una de ellas frente al Squires Gate, de la novena categoría, en la ronda preliminar extra de la FA Cup. Y en su casa. Así es que en Stalybridge celebrábamos, simple y llanamente, ser del West Didsbury & Chorlton. Del equipo de nuestro barrio.

Las expectativas eran altas, pero ya se estaban cumpliendo. Pocas estaban relacionadas con el balón en realidad. Había que disfrutar el momento, cualquier cosa que no fuese una goleada del Stalybridge Celtic nos dejaría un buen sabor de boca. Ellos juegan en séptima, nosotros en décima. No hay presión.

Llegó el momento de empezar la marcha hacia el estadio. Con el paseo empezaron los cánticos, y durante la excursión nos sorprendió el Bower Fold. Acostumbrados a campos con una única grada, este mostraba cuatro. Una pequeña dosis de realidad. Allí trasladamos nuestra fiesta, con 150 personas venidas desde el sur de Manchester. En medio de todo aquello echó a rodar el balón, con algo más de 350 espectadores. Dos ocasiones para los locales que Andrew Jones salvó sin muchos problemas. Dominó el Celtic, aunque livianamente. Sin problemas para el West. No ocurrió mucho más durante la primera mitad. Un partido aburrido, con toda la acción concentrada en uno de los fondos. Con cada minuto que pasaba sin encajar gol se intensificaba la fiesta.

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El Shed End de Brookburn Road.

Está manidísimo el concepto de que en Inglaterra los saques de esquina se celebraban como si fuese medio gol, pero en esta ocasión fue así. Principalmente porque los visitantes cruzaron poco el centro del campo. A cuentagotas. Luego fue gotera. Se abrió la grieta y los atacantes del West encontraron huecos para protagonizar varias fugas en los últimos minutos del partido. Sin mucho que hacer en defensa, el Celtic había sido incapaz de poner en grandes aprietos a su rival y ahora se veían superados por los chicos de Brad Cooke. El optimismo se propagó de la grada al césped.

Había quien quería cerrar la eliminatoria ya y olvidarse de historias, y también quien miraba con buenos ojos repetir experiencia en el replay, en casa. A dos minutos del final, Neil Kengni escapó amenazando con romper nuestras esperanzas. Ahora que las teníamos, qué típico. Tiró raso, cruzado, pero no lo suficiente como para evitar los dedos de Andrew Jones. Festejamos la parada como un gol y el empate final como una victoria. Un cero a cero.

Aquello había que resolverlo, y diez días más tarde, West Didsbury & Chorlton y Stalybridge Celtic se citaban en Brookburn Road. El ganador, ahora sí, pasaría a la primera ronda clasificatoria de la FA Cup, donde jamás había llegado el West en 111 años. No le habíamos dado importancia porque no lo veíamos viable de cara al primer encuentro, pero el replay, nos queríamos dar cuenta ahora, era el partido más importante en la historia del club.

You’re sweet like Chorlton

Una temporada yendo intermitentemente bastó para engancharme. A la segunda estrené abono de temporada. Fue una decisión fácil de tomar después de empezar a seguir al equipo cuando me mudé al sur de Manchester después de varios tumbos por la ciudad. En Brookburn Road conocí a la gente que luego reconocí en las tiendas y en los bares del barrio. Mis vecinos y vecinas pasaron a ser amigos y amigas, y el equipo del barrio en el que vivo pasó a ser el equipo de mi barrio. Estaba implicado emocionalmente, y aquel martes 3 de septiembre desperté nervioso como hacía tiempo que no lo estaba antes de un partido de fútbol. Pedí el día libre en el trabajo para evitar tener nada más en mente. Si no iba a poder pensar en otra cosa, lo mejor sería disfrutarlo. No fui el único. Thom, por ejemplo, vio una bola de espejos, de las de discoteca, mientras hacía la compra en el supermercado por la mañana. Y la colgamos en el Shed End, la chapa metálica que hay detrás de una de las porterías y junto a una pequeña cabaña de madera que gastamos para vender y comprar cerveza cuando hay fútbol.

Los diez días que pasaron entre el partido en Stalybridge y el que se disputó en Chorlton fue tiempo suficiente para pasar de verano a invierno, de llevar manga corta a llevar parka. Llovió como si al cielo le pareciese mal que fuese a jugarse el partido. Y saben qué, el West empezó mandando ante 553 personas, la mayor asistencia de la temporada. 1-0 a los diez minutos de juego. Matty Boland adelantó a los de blanco y negro, y mientras todo el mundo a mi alrededor saltaba, gritaba, y empujaba, yo abría hueco porque tanto entusiasmo había hecho que mis gafas terminasen por el suelo. Conseguí volver a colocar los cristales como buenamente pude, pero obviamente, había cosas más importantes de las que preocuparse: nos íbamos a Wembley, ya estaba claro. Increíble. Levitábamos sobre el suelo. Fuimos indestructibles durante nueve minutos. En el 19, Craig Hobson empató el partido, y en el 26 le dio la vuelta. 1-2. El central James Forbes tuvo que retirarse lesionado pasada la media hora.

Es curioso esto de las interpretaciones. Porque cualquier aficionado neutral se habría marchado al descanso en el choque anterior, en el Bower Fold. Pese a que su equipo no disparó ni una sola vez entre los tres palos, la afición del West disfrutó de uno de los mejores días de su historia. En Brookburn Road, en cambio, dolía hasta la lluvia. Vivíamos una eliminatoria dramática, con tres goles en menos de media hora, pero yo solo quería llegar pronto a casa e ir a trabajar al día siguiente. Especialmente durante los veinte minutos que transcurrieron entre el segundo gol visitante y el descanso. Que pasase aquello rápido. Se hizo largo.

Como la falta lateral que lanzó Bolland en los últimos instantes del primer tiempo. La pelota voló, voló, voló… hasta llegar al área. Aquí, delante nuestro. Donde Lee Grimshaw saltó más que nadie y cabeceó abajo. El portero no llegó. YEEEESSSSSSSSSSSS!!!!!!!! WE’RE THE FAMOUS WEST DIDSBURY AND WE’RE GOING TO WEMBELY!

Wembely, Wembely. ¿Imaginas ir con tus amigos al templo del fútbol inglés a ver al equipo del barrio? Volvimos a creer. Volvimos también a la clubhouse al descanso, había que secarse por fuera y regarse por dentro. Listas para ganar y listas para perder, con entusiasmo y precaución, gargantas, bufandas y algún que otro paraguas se situaron nuevamente tras la portería en la que atacaría el equipo local. Desde allí empujaron bajo la lluvia a los suyos.

Desde allí vieron cómo Hobson remató un centro que superó a Andrew Jones. Para jolgorio de la afición visitante y derrumbe de la local. Aunque las sensaciones se intercambiaron cuando el linier levantó su bandera. Fuera de juego. Decisión que el árbitro desechó porque el esférico lo había tocado un defensor local. 2-3 a falta de media hora. Lo intentó el West con más convicción que clarividencia. Echaron el resto los que iban de corto y quienes enarbolaban bufandas.

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Todos los integrantes del West Didsbury&Chorlton son voluntarios. Aquí Rob, manejando las redes sociales.

A los 89 minutos volvió a atacar el Celtic, pero Matt Eckersley evitó que Hobson anotase el cuarto gol en su cuenta. Lo hizo a cambio de ser expulsado. Pero aún hubo un último giro final. O casi más bien. Porque el Callum Jones estuvo a punto de añadir treinta minutos más de juego a los 180 ya disputados. Muy cerca. A un par de dedos. Los que sacó el portero Alex Fojticek, cedido por el Manchester United, para sacar el balón por encima del larguero.

Qué gozada y qué satisfacción. Tanta que las celebraciones se trasladaron a uno de los pubs cercanos a Brookburn Road. Allí vinieron los futbolistas tras una merecida ducha, los nuestros. Se armó gorda en la terraza. Salió el dueño del pub a recordarnos que, pese a que no había vecinos cerca, quizá no era necesario tanto alboroto un martes por la noche. “Me alegro de que hayáis ganado”, dijo. Imagina si hubiésemos ganado, amigo.

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Foto de portada: Pie de campo en uno de los fondos de Broobkburn Road. Imágenes de Xavi Heras.

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2 comments

Puro aroma de fútbol amateur inglés 🙂 ¿Tiene algún significado lo de “Wembely” o es sólo para hacer la rima en la canción?

Se basan en la antigua pronunciación de Wembley, “Wemba-lea”, más por el número de sílabas que por la rima.

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