La ciencia y la poesía

Cristiano Ronaldo of Portugal shake hands with Lionel Messi of Argentina before the International Friendly match at Old Trafford, Manchester
Picture by Richard Calver/Focus Images Ltd +447792 981244
18/11/2014

Oliver Atom y Mark Lenders; Son Goku y Vegeta; la pizza y la piña. Estamos rodeados de rivalidades. Son especialmente frecuentes en la literatura y en el deporte, también en la fantasía, si es que no es lo mismo que las dos primeras. Incluso se han mezclado las letras y los golpes, como en el famoso puñetazo de Vargas Llosa a García Márquez. En los libros tuvimos a Hemingway y Faulkner, a Quévedo y Góngora, a Capote y a Gore Vidal, que, cuando falleció el autor de A sangre fría, dijo que era una “buena decisión profesional”. En el deporte, la lista es infinita. Mi favorita es la que han formado Nadal y Federer, no solo por ellos, sino por Foster Wallace. “Dionisos contra Apolo, cuchillo carnicero contra escalpelo”, escribió en el maravilloso El tenis como una experiencia religiosa.

Que las rivalidades se ciernan al mundo del deporte y de la literatura nos da para pensar que quizás las construimos nosotros. Necesitamos la disputa, lo opuesto. La foto y su negativo. En nuestro día a día no existe esa rivalidad concreta contra alguien –por suerte–. Existe, si acaso, contra todos, o mejor dicho, contra uno mismo. Nos caen mal los demás porque caernos mal a nosotros mismos es incómodo. Somos nuestro peor enemigo. Cuando no nos aguantamos a nosotros, es cuando menos aguantamos a los demás. El odio hacia uno mismo encuentra consuelo en el odio a los demás.

En el fútbol, sería raro que nuestros ojos volvieran a ver una rivalidad como la de Cristiano Ronaldo y Messi. No solo por su rendimiento, sino por lo diferentes que son. Les distingue lo mismo que Cortázar decía que diferenciaba a la novela y al cuento: “Una te gana a los puntos; el otro, por KO”. Entre ellos ha existido, existe y existirá una rivalidad cinematográfica: dos delanteros con una voracidad inagotable, favorecidos por un enfrentamiento legendario entre clubes y por un cara a cara constante patrocinado por los medios. El gol es rutina para ambos, pero son totalmente opuestos. Messi es escurridizo, nómada, casi autónomo. CR7 es un oficinista del gol: entra al área para fichar. Si el fútbol es ciencia, ahí está Ronaldo. Si el fútbol es poesía, ahí está Messi.

El argentino es el poeta en el que creía Bolaño: “Busco lo extraordinario para decirlo con palabras mundanas”. Mete goles que parece que podríamos meter todos, pero no. Cristiano Ronaldo es un científico con método de investigación: selecciona el tema, plantea el problema, escribe el marco teórico, plantea la hipótesis y saca siempre al misma conclusión: el gol.

El portugués, al que uno se imagina levantándose cada día con Eye of the tiger sin posponer nunca el despertador, ha aceptado el papel de ese villano honrado en quien creer, que cantaba Vetusta Morla. Lo escribió a la perfección hace un tiempo Rafa Cabeleira: “Es la verdadera dimensión de este supervillano de leyenda: olvidarse del disfraz de Batman para convertirse en el mejor Joker de siempre”:

En su reciente y quién sabe si último enfrentamiento, comprobamos que el éxtasis, los nervios y la ilusión que sentíamos antaño, ahora han quedado subordinados a la melancolía. El pasado siempre es nostálgico, especialmente cuando han pasado los mejores años. Nadie resiste al tiempo, ni siquiera los que parecían eternos. Las películas que más aterran no son las que dan sustos o las que aparecen monstruos, son aquellas en las que queda palpable el paso del tiempo. Verles en un campo es como abrir un álbum de fotos del verano de 2005 en Benicàssim. Éramos felices. Ahora también, pero de otra manera. Y todo eso pasó y no volverá.

Foto de portada: Richard Calver/Focus Images Ltd.

Related posts

3 comments

Este texto, Sergio, es maravilloso. Muchas gracias por hacernos reflexionar siempre de la manera más poética posible.

Responder a Sergio Vázquez Cancelar respuesta

*