El otro maracanazo (parte 2)

General view of the Maracana Stadium, Rio de Janeiro
Picture by Andrew Tobin/Focus Images Ltd +44 7710 761829
27/06/2014

Lee la primera parte de esta historia aquí

Es domingo 3 de septiembre y el partido empieza con total normalidad. Brasil domina cómodamente la primera parte, y solo las paradas del portero y capitán chileno, Roberto ‘El Cóndor’ Rojas, evitan el gol. Tras la reanudación, Brasil sigue creando peligro, y sólo tarda cuatro minutos en adelantarse. Bebeto filtra un pase para Careca, el atacante del Nápoles se deshace de dos rivales, entra en el área y culmina la jugada con un zurdazo que dobla las manos de Rojas. Gol. Maracaná estalla. Es el primer error de ‘El Cóndor’ en todo el partido. No será el último.

El gol espolea a Chile. ‘La Roja’ necesita dos tantos para clasificar, pero apenas consigue llegar varias veces al área contraria en acciones que no inquietan a Taffarel. Brasil contemporiza y busca el contraataque. Maracaná es una fiesta. Las más de 140.000 personas que abarrotan el estadio emiten un zumbido incesante.

El partido supera ya el minuto 68. Taffarel saca en largo, Careca no puede ganar el duelo aéreo y el balón queda en los pies del central chileno Fernando Astengo, a diez metros de la frontal del área. Astengo, que está orientado hacia su portería, controla y se dispone a salir jugando, cuando de repente el zumbido de Maracaná se convierte en un grito unánime. Astengo alza la vista, levanta el brazo y señala hacia el área. La señal televisiva muestra un plano corto en el que se ve al portero chileno, Roberto Rojas, tumbado en el suelo, cubriéndose la frente con el brazo izquierdo. A menos de un metro de su posición sale un humo intenso de lo que parece una bengala. Es el mismo humo que emborrona y difumina el relato de todo lo que pasa a continuación.

La grada de Maracaná apretaba y desencadenó los hechos de aquella noche. Foto: Andrew Tobin/Focus Images Ltd
La grada de Maracaná apretaba y desencadenó los hechos de aquella noche. Foto: Andrew Tobin/Focus Images Ltd

Varios jugadores chilenos acuden a asistir a Rojas y reclaman con urgencia la asistencia médica. Son momentos de desconcierto. La señal televisiva no ofrece ninguna imagen del instante preciso del impacto. En todas las repeticiones se ve a Rojas ya en el suelo, con la bengala humeando a escasos centímetros. Los médicos chilenos socorren a Rojas. Los jugadores, por su parte, rodean al árbitro, el argentino Juan Carlos Loustau, y le piden que vaya a ver la gravedad de las lesiones. Los jugadores brasileños se acercan a ver qué sucede, e incluso Careca pide calma al público.

Galvao Bueno, narrador de la televisión brasileña, se lamenta “Podía pasar cualquier cosa menos esto. Todo estaba yendo bien, pero siempre tiene que haber un infeliz que haga una estupidez. Era todo lo que Chile quería. Y le cede la palabra a Pelé, comentarista del partido: “Es evidente que Chile se va a aprovechar de esto”. Simultáneamente, en la televisión pública chilena, el narrador Pedro Carcuro, apunta: “A ver qué dirá el señor Joao Havelange ahora. ¿Qué dirá la señora FIFA?”. Y lanza al aire la pregunta que sobrevuela todo Maracaná: “Se dijo que al primer incidente se suspendería el partido. ¿Qué pasaría si se suspende el partido con este marcador?”.

Ante la demora de la camilla, varios jugadores chilenos deciden llevarse a Rojas en volandas. Galvao Bueno insiste: “Chile se retira. Es lo que querían. Es lo que necesitaban”. La televisión sigue emitiendo repeticiones, pero en ninguna de ellas se ve el momento del impacto de la bengala. Mientras los jugadores chilenos se llevan a Rojas rodeados de decenas de fotógrafos, la realización muestra un primer plano del portero, que sangra profusamente de la cabeza. El trío arbitral y los jugadores brasileños esperan en el centro del campo. A Chile se lo traga la tierra, casi literalmente. Todos los jugadores descienden por una boca de acceso, situada a escasos metros de la línea de banda, que lleva hacia los vestuarios.

La FIFA, dirigida por el brasileño Joao Havelange, tenía una decisión caliente en sus manos. Foto: Nationaal Archief y Spaarnestad Photo bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Netherlands https://www.nationaalarchief.nl/onderzoeken/open-data https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Jo%C3%A3o_Havelange_(1982).jpg
La FIFA, dirigida por el brasileño Joao Havelange, tenía una decisión caliente en sus manos. Foto: Nationaal Archief y Spaarnestad Photo bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Netherlands

Con Roberto Rojas fuera de escena, Fernando Astengo, segundo capitán de la selección, asume la responsabilidad: “En el túnel paré a todo el equipo, les dije que lo que hacíamos era complicado y que cada uno me repitiera su posición. Solo uno, Jaime Pizarro, quería seguir jugando”, explicará tiempo después. Esa decisión le perseguirá durante años.

Arriba, en el césped, dos delegados de la FIFA -Agustín Domínguez, español y Eduardo Rocca Couture, uruguayo- se reúnen con el trío arbitral. Hablan durante escasos segundos. Loustau, el colegiado principal, se gira y da por terminado el partido. Maracaná silva y los jugadores brasileños se retiran. El estadio comienza a vaciarse. Mientras tanto, el partido se sigue jugando en los vestuarios.

Milton Millas es un testimonio privilegiado de todo lo que sucede a continuación. “Yo narré el partido para el ‘Canal 13’. Como el seleccionador Orlando Aravena estaba expulsado le dije que subiera a ver el partido a nuestra cabina, donde estaría más seguro que en la grada. Le presté un walkie y mientras se comunicaba con el banquillo comentaba el partido para nosotros. Cuando pasó todo, bajamos al vestuario. Lo primero que noté fue un tremendo olor a sangre. Después me acerqué y vi a Rojas tendido en la camilla sangrando y con un parche en la cabeza”. A Rojas le aplican cuatro puntos sutura sobre la ceja izquierda. En el vestuario se agolpan jugadores, dirigentes y médicos de ambos países. Fernando Astengo, segundo capitán de la selección chilena, contará tiempo después que “en el vestuario le sacaron algo de pelo para curarlo y vi que no sólo estaba cortado en la ceja, sino que además tenía más heridas en la cabeza. Me quedé mudo”.

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Mientras tanto, los dirigentes dudan. Sergio Stoppel, presidente de la Federación de Fútbol Chilena, decide apoyar la decisión de los jugadores. Milton Millas, el único periodista presente en todo lo que sucede, es advertido: “Hablé con Miguel Nasur, ex presidente de la Federación de Fútbol de Chile y enemigo de Sergio Stoppel, y con Ricardo Teixeira, presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol. Ambos me dijeron que todo aquello era un embuste muy grave y que si los dirigentes no lo evitaban iban a sancionar a la selección de por vida”.

A casi 3000 kilómetros de distancia, en Santiago, no hay dudas. “Se interpretó como un agravio al país. Los pobres chilenos éramos maltratados por una multinacional dirigida por un brasileño corrupto que quería favorecer al gigante”, recuerda el periodista Sergio Gilbert. En Santiago el ambiente está cada vez más encendido. Nicanor Molinari, uno de los periodistas más reconocidos del momento, anima a la población a ir a protestar ante la embajada brasileña de la capital. Una hora después, la embajada está rodeada de una turba furiosa que lanza piedras contra el edificio. Incluso Willie Whittemberg, jugador estadounidense de baloncesto que pasea por la zona, es agredido al ser confundido con un ciudadano brasileño.

Ya de madrugada, la expedición chilena aterriza en el aeropuerto de Santiago, donde le esperan miles de personas. Sergio Gilbert cubrió la llegada para el diario ‘La Época’: “Se los recibió como a unos héroes que venían de defender a la patria”. Al día siguiente los titulares de los periódicos chilenos explotan. ‘La Tercera’ titula: “Brasileños salvajes”. El sentimiento de agravio es tal que dos días después del partido el Almirante Toribio Merino, miembro de la Junta de Gobierno de la dictadura, tilda a Brasil de “pueblo primitivo”, lo que casi origina un conflicto diplomático entre ambos países.

Mientras tanto en Brasil se identifica y detiene a la autora del lanzamiento de la bengala. Es Rosenery Mello, una jóven de 24 años. Es liberada a las pocas horas. Aquel incidente significa su salto a la fama. Se la bautiza como ‘A fogueteira do Maracana’ y, en el enésimo giro inesperado de esta historia, unos meses después llega a ser portada de la revista ‘Playboy’.

En Chile nadie duda de la veracidad de los hechos, pero poco a poco comienzan a aparecer los primeros interrogantes.

Lee aquí la tercera y última parte de la historia, en Marcadorint.com

Foto de Portada: Andrew Tobin/Focus Images Ltd

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1 comments

Ese partido es uno de mis primeros recuerdos de fútbol. Me acuerdo perfectamente de Chile dejando el campo y esas palabras del narrador.
Durante el confinamiento volví a ver el partido, y la verdad es que es malísimo: miles de interrupciones, pelotazos, césped a la altura de los tobillos.Pero el ambiente en Maracanã, como en todo los 70 y 80, es brutal!

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