Mikel Alonso: “La retirada siempre tiene algo de traumático para el futbolista”

img_3717 Mikel Alonso Cedida por Mikel Alonso

Dice que es un afortunado porque el fútbol le dejó tiempo para leer y para formarse. Mientras veíamos a Mikel Alonso (39 años, Tolosa) jugar en la Real Sociedad, el Numancia, el Bolton, el Tenerife y el Real Unión de Irún, él tenía los pies en el suelo, mantenía sus amistades de la infancia y estudiaba una carrera y un máster. Hijo y hermano de futbolista, ahora ha cambiado el césped por el banquillo. Con él se puede hablar de fútbol, de cultura, de la retirada y de su pasado.

¿Está leyendo algún libro sobre fútbol?

No, pero hace poco me enganché y acabé una serie llamada Home Ground. Se trata de un club de la primera división noruega que ficha a una entrenadora. El hecho de que sea mujer genera conflictos con el presidente, la afición y sus jugadores. El exjugador Jon Carew interpreta a un veterano que regresa a su país creyendo que todavía es una superestrella. Ella supera todas las críticas en base a un método basado en el conocimiento del juego. Es una muy buena serie, la mejor ficción sobre fútbol que he visto. Tiene de todo. Muy recomendable.

¿Qué libro hay en su mesita de noche?

He comenzado una novela llamada El ingenuo salvaje, de David Storey. Hay una película de 1963 basada en el libro que debe ser bastante buena. No es de fútbol, sino de rugby, pero lo que he leído hasta este momento me ha encantado: las escenas de juego, las relaciones con la directiva… describe las vivencias de un jugador de rugby de un pueblo minero del norte de Inglaterra. No he llegado a la parte que saborea el éxito.

La fama.

Creo que hay gente que la utiliza y la disfruta mejor que otros. Creo que se te puede subir a la cabeza y puedes perder la perspectiva de ser uno más. Si no tienes un buen grupo de amigos y familia, puedes acostumbrarte a que todo parezca demasiado fácil, y vivir en una burbuja en que te crees algo que no eres. Por otro lado, me parece un fenómeno interesante observar cómo la gente joven la encaja de modos diferentes. Si no tienes buena autoestima, te puedes perder un poco. Pero no creo que sea mala.

Sus amistades.

Mis amigos son los mismos que cuando tenía ocho años. Fui haciendo nuevos, pero el núcleo duro está formado por aquellos con los que crecí. Cuando le contaba esto a cierta gente del fútbol durante mi carrera, les parecía extraño, me miraban incrédulos. “¿Tus amigos de ahora son los mismos que cuando eras pequeño?” Les resultaba extraño. Supongo que soy un privilegiado por eso.

La retirada.

Siempre tiene algo de traumático para el futbolista. No sólo por el vacío que provoca dejar una rutina a la que has entregado tu vida. También está la cuestión de reinventarte, de iniciar una nueva profesión cuando apenas tienes experiencias laborales lejos del fútbol. Tengo un amigo que solía decirme que el caso del fin de la carrera de los futbolistas es un problema de reinserción social. A unos les ha costado más que a otros.

¿A usted?

Afortunadamente, mis últimos cuatro años de futbolista fueron en casa, en el Real Unión, y tuvieron un punto de transición. He sido padre hace un año y me saqué el título de entrenador. Ahora ejerzo. Entre una cosa y otra, creo que lo llevo bastante bien. Aparte de eso, siempre he estado formándome fuera del fútbol. Un colega periodista de Londres solía decirme que me sería fácil dejar el fútbol porque nunca había abandonado mi estado civil, a pesar de ser jugador. Él pensaba que el futbolista, cuando dejaba de ser jugador, recuperaba su estado civil. Según su opinión, yo no lo había abandonado y eso haría para mí más fácil volver a la vida “normal”. No sé si es un poco exagerado, pero siempre me hizo gracia la forma en que me lo dijo.

Tiene una carrera.

Sí, soy licenciado en Ciencias Empresariales.

Y un máster en filosofía.

La etapa que estuve en Tenerife me matriculé en la Universidad de la Laguna. Siempre me ha interesado mucho la filosofía y lo vi como una oportunidad para ordenar algunas de mis lecturas caóticas. Las asignaturas eran muy interesantes. Aparte de eso me servía para desconectar del fútbol. En ese sentido, el fútbol siempre me ha dado tiempo para leer y formarme. He sido afortunado en poder aprovecharlo.

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Mikel Alonso, en su etapa como futbolista en la Real Sociedad. Foto cedida por Mikel Alonso.

Ahora es entrenador.

Estoy en el Antiguoko, que es el club del barrio donde crecí. Es muy famoso por todos los jugadores profesionales que han llegado al fútbol profesional. Creo que no hace falta que haga la lista, muchos la conocerán. Entreno al Juvenil Vasca, es el tercer equipo juvenil. Están los jugadores de primer año, que la temporada pasada eran cadetes. Es una etapa bonita, pero existe una transición que debido a jugar contra gente más formada físicamente, hace que a los chavales les cueste un poco más. Es exigente y motivador. Están haciendo un gran esfuerzo y no paran de crecer. Disfruto con su entusiasmo.

¿Cómo se siente en el banquillo?

Es mi primera experiencia y junto a mis cuerpo técnico, Alex Larrea de segundo e Iñigo Sasiain de preparador físico, voy tratando de encontrar un equilibrio. Está siendo un proceso de aprendizaje intenso. Hasta que no te pones de entrenador no sabes lo que significa. Cuando era jugador, pensaba que sí, pero ahora entiendo mejor el papel de los entrenadores que tuve. El día a día y la competición está siendo difícil, pero también muy estimulante. Y luego que tratas con chavales jóvenes, en pleno proceso de formación. Me gustaría tener todas las respuestas, pero yo también a veces me siento inseguro. Trato de hacerlo lo mejor posible para, entre todos, formar un buen equipo. En cuanto a la forma de trabajar, y mis ideas para jugar, tengo mis gustos. Tu pasado como jugador te influye, el tipo de jugador que has sido. Uno comienza a quitarse las botas, a pensar menos como jugador y más como entrenador, lo cual es necesario, aunque convenga no olvidar del todo lo que se siente como jugador. Y luego es una mezcla muy grande de sentimientos y emociones, que desconoces. Tienes que aprender a conocerte y ser capaz de tomar decisiones también.  

Dicen que los jóvenes son ahora diferentes.

No lo sé. Es una reflexión muy habitual, siempre teñida de cierta nostalgia. Los griegos también se quejaban de los jóvenes, y esto ha pasado siempre a lo largo de toda la historia. Se habla mucho de la relación que tienen con la tecnología y las redes. Pero les veo bien, no tan diferentes a nosotros. Eso sí, nosotros jugábamos en gravilla. Mi padre nos decía: “Yo tenía botas en las que clavaba clavos en la suela”. Recuerdo que con su edad yo también acudía al mismo sitio que entrenamos ahora, con dieciséis años. A veces lo recuerdo y es como si el tiempo no hubiese pasado. Me pongo a jugar con ellos y ¡pum! Qué más puedo pedir. Fueron años maravillosos. Éramos unos locos del fútbol. En nuestro equipo los jugadores aman el juego también. Esa es la base. A veces me pregunto si no nos complicamos demasiado. La enseñanza del fútbol hoy en día es distinta, eso sí. Es una edad especial e importante. Eres adolescente y descubres el mundo. El fútbol en juveniles comienza a tener más ritmo, juegas menos como un niño y empiezas a competir contra hombres. Hay que ponerse las pilas y sobrevivir.  No creo que eso haya cambiado tanto.

La adolescencia.

No diré yo lo que es ser adolescente. Recuerdo cuando tenía su edad, y no me gustaba que me dijesen cómo se hacían las cosas. Pero cada uno es un mundo, vive su proceso y hay que respetarlo. Deben relacionarse entre ellos, aprender las normas de formar parte de un equipo. Pero eso surge de manera natural, tampoco puede forzarse. Uno intenta observar y los va conociendo, aunque no para de llevarse sorpresas. Pero cada equipo tiene su proceso de maduración y sus puntos. Y hay que mantenerse fuerte si los resultados no llegan. A unos les gusta más el fútbol que a otros. Es una edad en la que algunos seguirán jugando, quizá llegarán más arriba, y otros inevitablemente irán eligiendo otros caminos, aunque es posible que todos recuerden estos años de futbolista. No conozco a nadie que deje el fútbol en juveniles y no recuerde esa época luego, a lo largo de toda su vida, con una mezcla de nostalgia y gran placer. El fútbol siempre deja mucha huella en las personas.

¿Qué tiene el Antiguoko?

Cuando yo llegué junto a mi hermano Xabi, allá por los 90… [risas] entrenábamos en un colegio, en campos de fútbol sala. Los entrenadores eran hombres apasionados que, acabada su jornada laboral, nos transmitían su entusiasmo por el juego. Aprendimos mucho y nos juntamos hornadas de jugadores en las que primaban los jugadores talentosos, que supiesen asociarse, antes que los físicos. Disfrutábamos mucho. Por aquella época, vivíamos pegados al balón las 24 horas del día. El club no ha dejado de dar jugadores que han llegado a ser profesionales. Ahora el Antiguoko está creciendo, se está modernizando para adaptarse a los tiempos y sentar las bases para un crecimiento sostenido. Me siento muy feliz de haber regresado a la que fue mi casa y tratar de sumar con mi experiencia, a la vez que puedo aprender de otros técnicos de la casa con más experiencia que yo. Por otro lado, me encuentro con algunos que fueron entrenadores en mi adolescencia como Txurun, Santin, Roberto, Kepa, Oscar, etc..( aunque algunos ya no estén en el club) y me tiran de la oreja o me siguen regañanado como cuando era un chaval. 

¿Ha cambiado el fútbol?

Sí, mucho. La figura del entrenador ha cambiado, los equipos se preparan más y hay un componente táctico mucho mayor. Antes era todo más intuitivo. Hoy en día, por ejemplo, es habitual el uso del vídeo. Los propios jugadores lo demandan. El aprendizaje de la táctica, para que vayan interiorizando conceptos, es clave. Las nuevas tecnologías permiten trabajar de otro modo, y eso también afecta a los métodos de entrenamiento, mucho más enfocados a situaciones específicas. A veces es inevitable pensar si uno se está complicando un poco demasiado… la sociedad también está cambiando. Quizá los jóvenes a veces tienen más expectativas que antes, cogen representante pronto, están más influenciados por las redes, tanto por lo que ven en ellas, como por cómo se ven en ellas. Quizá estamos más sumergidos en la cultura de la imagen, aunque antes lo estábamos también.

Fútbol sin improvisación.

A mí me da la sensación de que, debido a las nuevas tecnologías, el entrenador intenta controlar absolutamente todos los detalles del juego, siente tenerlos al alcance de la mano. La enorme masa de datos disponible y las posibilidades de las nuevas tecnologías aumentan también el trabajo y por eso, ser hoy entrenador significa tener grandes equipos de expertos en los que confiar. La idea es que para cuando llegues al partido, estés más preparado para afrontar los escenarios. Los rivales se conocen tanto que la igualdad es máxima. Eso hace que en general haya mucha menos improvisación y espontaneidad en el fútbol. Sin embargo, el fútbol sigue siendo inexplicable. Lo juegan seres humanos, grupos llenos de emociones y estados de ánimo. Y eso todavía las máquinas no saben descifrarlo. La esperanza, la promesa de poder ganar durante 90 minutos, siempre espoleará al equipo ‘teóricamente inferior’, y esa necesidad, esa ambición, ese deseo, está más allá de cualquier medición. Es lo que mueve el fútbol. 

Su hermano también entrena.

Con Xabi está siendo un proceso paralelo. Al dejar de jugar, inicié junto a él el curso de entrenador para el UEFA Pro en las Rozas. Compartimos análisis, hablamos de fútbol. Vemos partidos el uno del otro. Está trabajando duro y haciendo muy buen fútbol con el Sanse. Ha tenido a grandes maestros y es muy inteligente. Dentro del campo siempre sabía lo que estaba sucediendo. Creo que ahora desde el banquillo es también capaz de captar y entender como pocos el juego.

El hermano de Mikel Alonso, Xabi Alonso, también ha dado el salto a los banquillos. Foto: Focus Images Ltd. Picture by Ian Wadkins/Focus Images Ltd +44 7877 568959 24/11/2014
El hermano de Mikel Alonso, Xabi Alonso, también ha dado el salto a los banquillos. Foto: Focus Images Ltd.

Su padre.

El aita es una referencia. Él también fue entrenador. Lo recuerdo perfectamente en la cocina haciendo las alineaciones en folios en blanco. Y cómo vivía tanto los partidos desde la banda que se arrancaba los pelos del pecho. Siempre ha sido muy pasional con el juego. Y nos ha transmitido como nadie esa pasión. Pero sobre todo, más allá de los aspectos técnicos o tácticos, que también, lo que me ha transmitido ha sido una ética del juego, del trabajo diario, de los valores y no buscar excusas, cuidar los detalles, ser respetuoso.

¿Iba a verles jugar?

Él siempre ha vivido el fútbol con gran intensidad, la misma que transmitía cuando era jugador. Nosotros éramos niños y venía a ver nuestros partidos y siempre era importante su opinión, aunque no era de corregirnos demasiado. Durante el partido, solía emitir un silbido característico que mi hermano y yo reconocíamos inmediatamente como suyo. Aunque fuésemos incapaces de verlo en la grada, sabíamos que procedía de mi padre. Y sabíamos que era un silbido que significaba: “¡Espabila!”.

¿De qué hablan ahora?

Sobre cómo está jugando la Real u otros equipos que seguimos por la tele. Siempre hemos visto el fútbol con mi padre, desde que éramos niños, y se acaba desarrollando un lenguaje común en el que ciertas palabras y silencios significan lo mismo. Se crea un pequeño diccionario futbolístico sin que uno se dé cuenta. Luego cada uno lo va enriqueciendo, y va creando el suyo propio. Ninguno de nosotros somos iguales y tenemos ideas y experiencias diferentes; pero se ve dónde crecimos y aprendimos a ver fútbol. Y eso fue junto a nuestro padre.

Foto de portada: Cedida por Mikel Alonso.

4 comments

Me encanta este tipo de contenidos. Por mi concepción actual del fútbol, en la mayoría de los casos me parece mucho más interesante lo que pueda decir un jugador ya retirado sobre lo que vivió, lo que le supone este hecho y su nueva vida, que las típicas simplezas y los típicos tópicos que uno que está todavía en activo. ¡Gracias por la entrevista, Sergio!

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