Ni optimistas ni pesimistas

Gradas 1.

Arrancó enero y nos ha pillado con las dudas de siempre. Hasta cuándo se felicita el nuevo año (pregunta seria, se nos puede ir de las manos este tema) y cómo afrontar el 2021: con optimismo o con pesimismo. Es como al arrancar una temporada: ¿soñamos con el título, con el ascenso, con la permanencia, o nos hacemos la idea de que será un desastre? Al final el resultado será el mismo, pero muchas veces importa más la expectativa. Eso explicaría que el último día de colegio sea el mejor del verano y que el último día de vacaciones sea el peor del curso. Vivimos encerrados en la ilusión.

Consejos doy que para mí no tengo. A los optimistas os diría que fuerais con cuidado. Ojo con tener esperanzas en 2021, que de momento ha arrancado con un intento de golpe de Estado. Tampoco confiaría mucho en la teoría de que si algo va mal, después tiene que ir obligatoriamente bien. En el edificio del fracaso siempre hay un piso más abajo. El 2021 es un fichaje por estrenar. A ver si le va a poder la presión, a ver si se va a empezar a lesionar, a ver si no se va a poder aclimatar. Que el 2021 sea Pedri y no Coutinho.

A los pesimistas os diría que ojo con engancharse. Esperar poco de las cosas es un vicio. No tener esperanzas en algo es empezar ganando 1-0. Parecen todo ventajas: si crees que va a ir mal y va bien, te llevas una alegría. Si crees que va a ir mal y va mal, la hostia duele menos. Claro que esto tiene una parte mala: da vértigo to lo que pueda venir. En el último Informe Robinson —sublime—, Michael dice que él era de los jugadores que, en día de partido, no decía: “bien, hoy juego”. Él pensaba: “Mierda, hoy juego”. Nos puede pasar a nosotros también. Hay personas que se alegran más al levantarse y otras que se alegran más al acostarse. Algunos viajarían al futuro y otros, al pasado. A veces solo queremos volver: al viernes, al verano, a la infancia. Volver, volver y volver. La nostalgia hace trampas.

Como parece que hay consenso entre optimistas y pesimistas en no queremos volver al 2021, solo nos queda seguir. Y como siempre, con un poco de todo. Ni hay que sonreír todos los días ni tuitear “a comerse el lunes”, pero tampoco hay que ir por la vida sin esperanza. Todos, hasta los más pesimistas, necesitamos unos gramos de ilusión al año, aunque en Navidad nos empeñemos en ser el Grinch mal. “La vida te concede pocas oportunidades para la magia, y que esa magia comparta intereses con el consumismo no significa algo reprobable. Los humanos necesitamos un espacio para la ilusión, si no, la vida sería insoportable”, escribe David Trueba en Ganarse la vida. Por muy mal que vaya el partido, la esperanza del gol de córner  en el 93 siempre está ahí.

Lo peor de 2020 fue que nos preocupamos de cosas importante. Normalmente, son las pequeñas derrotas las que no nos dejan avanzar. Un pequeño dolor de brazo, una pequeña alergia, un metro que se escapa, unas tostadas que se queman. La vida la perdemos más de penalti que no era que por goleada. Difícilmente salimos apalizados. Lo mejor que nos puede pasar es preocuparnos por tonterías. Los del fútbol, al fin y al cabo, vivimos de eso.

Foto de portada: Marcadorint

5 comments

Yo soy de los pesimistas, pero de los que disfruta de las pequeñas cosas. Extraña mezcla. Este texto es una de esas pequeñas cosas, genial como siempre Sergio. Abrazo!

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