No es fútbol, es LaLiga

A general view of the stadium before the UEFA Champions League match at Ramon Sanchez Pizjuan Stadium, Seville
Picture by Russell Hart/Focus Images Ltd 07791 688 420
22/02/2017

“Volver a empezar, otra vez. Volver a estrenar zapatos y libros. Volver a encontrar a tus viejos amigos y juntos volver a empezar”, decía la canción más terrorífica de la historia. El regreso de LaLiga se ha parecido mucho a la vuelta al cole. Han pasado casi tres meses y además el primer partido sólo fue de media parte, como cuando íbamos sólo por la mañana el primer día. Servía para saber nuestro sitio en clase y si manteníamos a los mismos amigos. Este parón recuerda al último verano de la infancia. No avisaba, pero después de él ya muchas cosas no iban a ser como antes. De repente, Juan Carlos era Juankar, a otro le habían salido cuatro pelos en el bigote y el más avanzado empezaba a hablar de pajas en el recreo cuando nosotros sólo queríamos sacar los tazos. Después de ese verano todo va cuesta abajo. El primer trago de cerveza nos da una pista: se lo hemos visto a hacer a los mayores, nos damos cuenta de que está asquerosa, pero tenemos que disimular que nos gusta. Puede parecer una excepción, pero luego se va cumpliendo. Aunque esperábamos otra cosa de la vida adulta, tenemos que disimular porque siempre habíamos querido ser mayores.

Es curioso que el fútbol se parezca una vuelta al cole cuando muchos niños ya están casi de vacaciones. Este verano los estudiantes se tienen que sentir como el PSG con su título: el resultado es muy bueno, pero están vacíos porque no se ha disfrutado. El día más feliz del año era el último día de colegio, cuando el contador de las vacaciones todavía no había arrancado.

El segundo día de clase tuvimos un Sevilla-Betis, que es como si el segundo día nos hicieran saltar el potro o un examen de derivadas. Fue un partido clandestino. Jugar al fútbol sin público es como comerse una pizza sin tomate ni queso: se puede, pero a lo mejor no es una pizza. El partido al menos nos sirvió para comprobar que no hay manera de librarse del himno de El arrebato, que hace falta el VAR en alguna celebración, que Emerson Royal se apellida así porque sube como la levadura y que definitivamente en este 2020 nos ha mirado un tuerto: el primer gol del regreso fue de penalti. Al menos nos podían haber avisado de que ahora se pitan penaltis por no respetar los dos metros de distancia. Lo bueno de todo esto es que siempre hay personas que se esfuerzan en recordarnos que todo es igual que antes: ahí está Mateu, el árbitro que no pitaba faltas, señalando penalti a la mínima.

En definitiva, el fútbol nos sirve para comprobar que la nueva normalidad no es más que la antigua anormalidad, por mucho que se esfuercen con un público impresionista. También nos lo recordó la ausencia de Michael Robinson. Antes cuando veíamos a Carlos Martínez eran siempre los segundos previos de escucharle a él. Eran como Batman y Robin, cuando nombrabas a uno te salía el otro del tirón.

Supongo que lo mejor es que ya estamos aquí otra vez hablando de fútbol. Lo dijo Segurola en su artículo de El País esta semana: “Cuando el fútbol se mueve parece que nos movemos todos”. Aunque a veces quieran hacernos pensar lo contrario las casas de apuestas, los mandamases o la industria en general, el fútbol es, ante todo, felicidad. Es verdad que lo de este fin de semana no es fútbol, es LaLiga. Es increíble que la clavaran tanto con el lema antes de que pasara todo esto. Nos acostumbramos a estar sin fútbol y nos acostumbraremos a este no-fútbol. Que nos habituamos rápidamente a la nueva vida nos lo enseñan los objetos. Hay días que parece imposible que podamos vivir sin esa chaqueta de cuero o esos pantalones rotos, pero de repente un día los tiramos, nos compramos otro y a esos objetos los conjugamos en pasado. Es como el último día de vacaciones: parece que todo se venga abajo, que nunca vayamos a adaptarnos otra vez al ritmo. Pero en la primera mañana de colegio parece que el curso lleve meses empezado.

Foto de portada: Russell Hart/Focus Images Ltd

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12 comments

Levantarse y estrenar el domingo con un texto de esos que te hacen reflexionar y te emocionan se ha convertido en uno de mis pequeños grandes placeres.
Me encanta la comparación que estableces entre la vuelta al cole cuando éramos pequeños y el fútbol, este nuevo. Es, otra vez, uno de esos textos que me tocan el alma. Gracias de veras. Un abrazo amigo.

Gracias, Juanan. Viajar al pasado es como ir al dentista: en teoría es bueno para nosotros pero podemos salir muy trastocados de la consulta. Un abrazo.

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