Nobita estaba soñando

General view of Camp Nou, home of FC Barcelona.
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11/03/2014

Tanto se empeñó Bartomeu en huir de un personaje de dibujos animados que se ha convertido en un personaje literario. Las mejores historias de ficción son las que cuentan en los informativos. En la detención de Bartomeu está el inicio de novela. Llaman a la puerta. Espera a los agentes en el baño. El rostro en el espejo, el pelo deshecho. Hoy dormiré fuera, cariño. El primer capítulo de la novela sería el triplete de 2015. Bartomeu, buscando billetes entre los balones, buscando balones entre los billetes. El segundo, Bartomeu ante el burofax. Rotas las uñas, mordidas; rotas las gafas, partidas; rotas las ilusiones, hechas añicos.

Cuanto más se empeñan en separar política y fútbol, más se parece. Hay campañas, elecciones, debates que no sirven para nada, lemas que se te van de las manos. Los presidentes son cada vez más políticos. Por algo ‘Salvaje Oeste’, una novela de Juan Tallón sobre corrupción política, empieza en el palco de Bernabeu. Algunos presidentes se meten tanto en el papel de político que acaban en la cárcel. A unos y a otros, por suerte, el periodismo les enseña la puerta de salida. También la política se contagia de la espectacularización del fútbol. Uno ve el programa de la noche electoral y no sabe si se está decidiendo la presidencia del gobierno o el campeonato de liga. El día después de la entrevista de comedia de Aznar, fue detenido Bartomeu, que dijo que era solo una crisis deportiva. Los hilillos de plastilina.

Ojalá todas las decisiones se tomaran por dinero, porque si no es que se toman por poder. El dinero es un billete que se ve, el poder no se puede tocar. Poder es que te aplaudan, que te abracen, que te quieran. Tan bonito, tan adictivo, tan falso. Los followers son la metadona de la fama. El poder es querer ser dios. En el Barça ya había un dios y ya se sabe que lo más parecido a él es Satán. Lo detectó Neymar que se fue a París a ser rey, druida, chamán. Bartomeu creyó que podía ser dios y a la vez rezarle a dios. Se equivocó.

Si Bartomeu es Nobita, Doraemon es Messi. Gato cósmico, barrilete cósmico, pulga cósmica. Messi sacaba todo lo que quería del bolsillo, hasta le ganaba elecciones a Bartomeu. Un día, harto de que Bartomeu no aprendiera, le dijo mira chaval, ahora te espabilas. Lo que no sabíamos es que el bolsillo mágico, como dijeron en Polònia, lo tenía Bartomeu. Dicen por ahí que al final de la serie, Nobita estaba en coma y en realidad todo fue un sueño. Nolan, Nobita y Resines. Ojalá, pensará Bartomeu, yo también este soñando. Pero no. Le ponen las esposas. Clac. Tiene derecho a guardar silencio. Game over.

Imagen de portada: Richard Calver/Focus Images Ltd

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2 comments

Cuanta razón tienes Sergio cuando dices que cuanto más se empeñan en separar política y fútbol más se parecen. Como yo lo veo, triste pero cierto, ya todo ha de ser político.
Me encanta el tono de esta artículo. Abrazo!

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