Os Belenenses, una familia que no se rompe

Pedro Figueiredo / Os Belenenses

“Eso pasa en las mejores familias”, dice el refranero español. Las mejores familias pierden seres queridos y también asisten al nacimiento de nuevos miembros, que tienen que volver a empezar con su vida. Las mejores familias pasan etapas con menos dinero y, por lo tanto, menos alegría. “El dinero no da la felicidad, pero ayuda”. Que se lo digan a Os Belenenses, que en 2012, debido a problemas económicos, dejó entrar a un grupo inversor que le ha traído más disgustos que sonrisas. Al final, optaron por ser fieles a los suyos. Empezaron de nuevo en el infierno del fútbol portugués, con su estadio y sus seguidores. Porque las mejores familias, pase lo que pase, siguen unidas.

Os Belenenses cuenta con una desventaja sólo por ser un club de Lisboa, donde Sporting y Benfica arrastran a la mayoría de seguidores de la capital portuguesa. Aún no se ha descubierto -por suerte- por qué somos de un equipo y no de otro. No creo que se elija, porque poca gente recordará el momento en el que decidió ser de un equipo. Seguramente por eso, porque no se decide. A lo mejor apoyamos a un equipo al que vemos ganar desde pequeños. Eso tendría sentido para todos los aficionados de Os Belenenses desde los años veinte a los sesenta. En esas décadas, el club pastel consiguió seis de los siete títulos que adornan sus cuidadas vitrinas. Dos Taças, a la que hay que añadirle la conseguida en 1989, tres Campeonatos de Portugal y una Liga en 1946 que les dio el prestigio de ser el cuarto club con más títulos del país vecino. Junto a Boavista, es el único equipo que ha levantado una Liga, a excepción de los tres grandes. El prestigio de sus mejores años le sirvió también para ser el equipo que inauguró el Santiago Bernabéu.

Pero el argumento de escoger a un equipo ganador se viene abajo en el caso de Os Belenenses a partir de la década de los ochenta, donde el equipo lisboeta sólo alzó un título, perdió a sus mejores jugadores para construir el estadio de Restelo en el que juega ahora, e incluso descendió a Segunda División. También puede ser que elijamos a un equipo cuando lloramos por él. Antonio Encarnação recuerda, con lágrimas en los ojos, que vio llorar a su padre por Os Belenenses. “Aquí hay un sentimiento que no tiene nada que ver con los títulos. Es mucho sufrimiento. Ya vi a mi padre llorar aquí, él me trajo en brazos al estadio la primera vez”. La pasión, como los ojos azules o ser zurdo, también se hereda.

Antonio es ahora la primera generación de una familia que sólo se viste con el color azul. “Todos mis parientes de sangre son de Os Belenenses. Mujer, hijas, nietos…”, lo dice señalándolos a todos porque los tiene cerca en la grada. Una de sus hijas conoció a su marido, Luis Silva, en el estadio de Restelo, que continuó con la herencia de una pasión: “Cuando ella estaba embarazada, veníamos a los partidos y nuestros hijos escuchaban los tambores constantemente. Era difícil que no salieran de Os Belenenses. Yo vine de niño, con cinco o seis años, con mi padre y con mi abuelo. Uno años después hice lo mismo: a mi hijo lo traje al campo con tres semanas y a mi hija, con once días”.

Los jugadores saludan a la afición al terminar todos los partidos. Pedro Figueiredo / Os Belenenses.
Los jugadores saludan a la afición al terminar todos los partidos. Pedro Figueiredo / Os Belenenses.

“Me cuentan que estaba dormida, pero siempre que veía movimiento abría los ojos.  Yo digo que lo hacía porque era una ilusión que sentía desde que estaba en la barriga de mi madre”, dice Raquel Silva, la tercera generación de esta familia que antes de la pandemia acudía junta a los partidos de Os Belenenses. Ella es la que más lejos está de ese equipo triunfador, por eso le podemos preguntar por qué ese Os Belenenses y no otro equipo. “Mi padre y mi abuelo siempre nos transmitieron que no es necesario ser de un equipo que tiene mucho dinero o muchos títulos. Soy de Os Belenenses porque me identifico con él”, explica con más aplomo del que diría su edad.

“Es más fácil ser de otro club, por eso somos diferentes. No es de Os Belenenses quien quiere, es de Os Belenenses quien puede”, reconoce con una sonrisa Luis, que además de fotógrafo y fundador del principal grupo de animación del club también es el dueño del bar del estadio de Restelo. El hogar de Os Belenenses está algo alejado del centro de Lisboa, en el barrio de Belém. Suele ser uno de los destinos turísticos cuando se visita la ciudad porque allí se esconden la Torre de Belém y el Monasterio de los Jerónimos. El estadio, que está a unos minutos del Monasterio, está situado en una óptica privilegiada: tiene unas vistas inmejorables al imponente Puente 25 de abril, de dos kilómetros, y a la desembocadura del río Tajo en el Atlántico.

Pero la casa del club pastel, polideportivo y ganador en muchas otras disciplinas, sufrió un terremoto emocional que a punto estuvo de resquebrajar a la familia. En Portugal existe una ley que determina que todos los clubes que compiten en divisiones profesionales están obligados a constituir una sociedad que personalice su primer equipo. En 2012, el club pasó por graves problemas económicos que provocaron la entrada de capital ajeno al club. Codecity se hizo con el 51% de la sociedad de Os Belenenses, lo que en fútbol se conoce como una SAD. En teoría, era la forma de solucionar una deuda altísima de un histórico de Portugal. Pero la relación se deterioró cada vez más entre el club y la SAD, y en 2018 se separaron. “Dimos un golpe sobre la mesa y les dijimos que se podían llevar todo menos nuestro honor y nuestra dignidad. En un acto romántico y de coraje decidimos refundar el club”, cuenta Patrick Morais, actual presidente de Os Belenenses. Con la separación, a la SAD le pertenecían los jugadores y los derechos de competición, por lo que se quedó en primera división. El club, refundado en el último escalón del fútbol portugués, mantuvo el estadio y su patrimonio histórico.  También se quedó con la afición.

El club repescó a jugadores que habían pasado por la cantera. Pedro Figueiredo / Os Belenenses.
El club repescó a jugadores que habían pasado por la cantera. Pedro Figueiredo / Os Belenenses.

“Fue fácil elegir porque escogimos donde estaba el corazón. La razón podía estar dividida, pero el corazón siempre está con el club. Cuando alguien lo transforma en un fútbol negocio, es sencillo decidir”, explica Luis. Ellos perdieron, pero ganó el fútbol.

Un Os Belenenses empezaba desde la sexta división y el otro permanecía en primera, pero desde Belém se apresuran a aclarar que son cosas distintas. “Sólo hay un Clube Futebol Os Belenenses. Cuando dicen que hay dos, yo digo que no, porque el otro no se llama como nosotros, no tiene historia, no tiene títulos y no tienen la pasión de los aficionados”, asegura Raquel, que lo tiene tan claro como su abuelo: “El club es el club, y la SAD es la SAD”. Esto que dicen de forma tan rotunda lo apoya una decisión judicial. La SAD, que sufre cada año para mantenerse en primera división, no puede utilizar nada que tenga que ver con la marca del club, ni la Cruz de Cristo en su escudo ni el nombre. De hecho, se llama Belenenses, sin el artículo delante.

Fue fácil elegir, pero difícil de digerir. “Es un shock muy grande ver que ya no jugamos contra el Porto, el Benfica o el Sporting, pero preferimos ver que el fútbol no es lo que tiene el dinero por detrás”, sostiene Raquel. Con mucho menos dinero, y también con poco tiempo, aquel verano de 2018 se tuvo que construir un equipo de forma rápida para conseguir ascender de categorías lo antes posible. “Conseguimos que volvieran muchos jugadores que habían pasado por aquí y que están orgullosos de representar a Os Belenenses. Quieren devolverlo al lugar que le corresponde”.

Aunque corre el peligro de confundirse con una frase motivacional, en este caso es cierto que Os Belenenses sacó una buena noticia de todo este drama. Regresó mucha gente que se había desencantado con la gestión de la SAD en los años anteriores. Ahora, el estadio de Restelo se ha vuelto a llenar de abuelos y abuelas, padres y madres, hijos e hijas. A la presentación del nuevo equipo acudieron 4.500 socios, y se organizan desplazamientos que superan las 3.000 personas para los partidos que el equipo juega de visitante. Unos números que superan con creces a los del Belenenses, que juega en Jamor, el estadio nacional de Portugal.

La refundación del club movilizó a familias enteras. Pedro Figueiredo / Os Belenenses.
La refundación del club movilizó a familias enteras. Pedro Figueiredo / Os Belenenses.

“Tengo mucha esperanza en que dentro de un tiempo volvamos a primera”, cuenta ilusionada Raquel. No debe de haber nadie en el estadio que no lo piense. Luis también lo ve claro:

– Os Belenenses, el único, llegará a primera, tardemos más o tardemos menos.

– Y ganarle al otro.

– Sí… aunque es posible que no exista. Yo espero que no.

De momento ya están cerca de cumplir su sueño. En dos temporadas, han conseguido dos ascensos. Esta campaña ha sido sufrida, no tanto por el transcurso -lideraban holgadamente la tabla con sólo dos derrotas en 20 partidos- sino por la incertidumbre fruto del coronavirus y la posibilidad de que se frustrara el ascenso en los despachos. Pero finalmente consiguió subir a cuarta división y ya sólo le quedan tres peldaños para volver a la élite. Mientras llega el día, a Benfica y Sporting les queda la élite. A la familia de Os Belenenses le queda todo lo demás.

Foto de portada: Pedro Figueiredo / Os Belenenses

2 comments

He tenido el placer de visitar Lisboa más de 10 veces en los últimos 5 años y cada vez enamora más la ciudad. Casi siempre me hospedaba en el barrio de Belem y ese estadio pequeño siempre me ha transmitido cierto encanto y algo mágico, seguramente tiene algo que ver con la gente. Es un equipo diferente.
Excelente artículo Sergio!

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