De ouijas y cartas del tarot

Santiago Bernabéu - Álvaro Campo Photography

El fútbol tiene más preguntas que respuestas. Es más sencillo cuestionarse cómo pudo remontar el Madrid que asentar que fue por esto o aquello otro. El ecosistema que genera el club blanco en la Champions casi se responde solo, como si el Madrid ganara porque sí o incluso, al decir Madrid, ya todo tuviera una razón. Pero aunque sea en el Bernabéu donde más pases tiene la misma película, los fenómenos paranormales suceden en más estadios. El fútbol y la vida, que deberían ser realistas, a veces solo se explican desde la ficción.

Como en las películas de terror, la ambientación juega a favor. La noche o la lluvia, por ejemplo, le dan al fútbol una épica que no siempre tiene. El lugar es clave. Las casas de las películas de miedo ya provocan pavor: una puerta que chirría, una luz que titila, unas escaleras que crujen y un sótano al que los protagonistas de esas películas siempre, a saber por qué, quieren bajar. Pasa lo mismo con los estadios. En la pandemia comprobamos que un estadio vació es como una casa sin muebles: es fácil volverse loco ahí dentro. Más que de pintura, las paredes de los campos se alimentan de leyendas que se forjan en su interior.

Cuando no hay respuestas, recurrimos a lo extraño. A lo inexplicable. Lo irracional sin razón se entiende. Las cartas del tarot podrían explicar la remontada del Real Madrid. No solo importó el significado, sino el orden en el que fueron apareciendo. Al-Khelaifi llevaba en el bolsillo del traje El Emperador, la carta que refleja el poder. El Enamorado, no hay mucha historia, fue Mbappé. Pero salió la rueda de la fortuna y poco después, a la vez, cayeron dos cartas boca arriba: La Estrella, representada en la lozanía y la belleza del juego de Modric, y El Mago Benzema. El poder absoluto.

Qué mejor que explicar algo que nadie puede creer con trucos en los que muy poca gente cree. La magia. Las dos velas negras. Las líneas de la mano. La ouija, que en todos los sitios parece que alguien mueve el vaso y alguien se lo cree. Menos en el fútbol que, cuando no se explica, cuando no hay mapa de calor que nos dé la solución, remite a lo sobrenatural. La suma de la pelota casi nunca da exacto y es ahí cuando hay que recurrir a lo esotérico. Es lo único que nos queda para no volvernos locos.

Imagen de portada: Álvaro Campo

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