Pedri, Alguacil y la vidita

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Pedri y Alguacil se encontraron en el Camp Nou como se hubieran podido encontrar en el supermercado. Por el carro de los supermercados se puede conocer a la gente. Ellos hubieran comprado lo justo, lo necesario pero sin excesos. Algo de fruta, un cuarto de pollo para hacer cocido, fideos para sopa, chorizo para lentejas. “Pasa tú, que llevas menos cosas”, le habría dicho uno al otro con la vergüenza de hacer un favor. “Vale, gracias”, habría contestado el otro, con la vergüenza de recibirlo. Traerían bolsa de casa, se hubieran comido la punta del pan de camino a casa y habrían sacado las llaves mucho antes de llegar. Si Pedri y Alguacil escribieran un libro sería El Lazarillo de Tormes porque es anónimo.

La sencillez es una cualidad en peligro de extinción. Es muy difícil de encontrar, no hablemos ya de conseguir. Los que no la tienen asocian la sencillez a la simpleza o a la vulgaridad. Ya lo advirtió Guardiola cuando habló de Iniesta: “Andrés come aparte. No lleva pendientes, no se pinta el pelo, juega 20 minutos y no se queja… Es el ejemplo. Así se lo digo a los chicos: ‘Fijaos en Iniesta'”. Han pasado más de diez años de eso y el mundo se mira todavía más en el espejo. Importa más peinarse para celebrar los goles que marcarlos. Todo es cada vez más rococó. En una sociedad de flashes y fuegos artificiales, exagerado en un deporte que demanda foco constante, tranquiliza que emerjan figuras que brillen con luz propia. Pedri y Alguacil no piden casito. Entre sus 50 palabras más usadas seguro que no están yo, mí, me ni conmigo.

Hacer fácil lo difícil es lo más complicado. Lo sabemos los aficionados al fútbol y a la literatura, que y tal como explicó el escritor portugués Gonçalo M. Tavares, “no necesita nada más que una frase y justo después de una frase, otra frase, y que cada frase sea autónoma e independiente”. Es más fácil narrar una escena bélica que un desayuno de un domingo a las nueve de la mañana. La vida es elegir adjetivo. Normalmente no lo encontramos, por eso queremos complicarlo. Decimos indómito, iracundo y esas palabras raras que nos gustan tanto al empezar a escribir. “La puerta es verde” dijo Pla que fue su mejor frase. La simplicidad es como un camión que cae desde el décimo piso. Aplasta.

En los nombres de Pedri y Alguacil estaba la clave. En el colegio ya sospechamos que los nombres nos dan pistas. En un público, no se tiene apellido. En un privado se conocen por el nombre y apellido. Si venían unidos con guion es que había pasta detrás. Si venía algún Amaya era mejor no mirarle a los ojos. Lo escribe Miqui Otero en ‘Simón’: “En los apellidos se ve el futuro, porque este suele depender del pasado”. Con Alguacil sospechábamos que iba a ser un funcionario entregado a la causa y de Pedro González López, como ya nos pasó con Pedro Rodríguez, podíamos adivinar que era una persona normal.

“Me viene grande la Primera División”, dijo Alguacil cuando fue nombrado entrenador de la Real Sociedad. Es como aquella esquela por la que se hizo famoso Emilio Miró: “Hijo de Pilar y Emilio. Deja este mundo sin haber aportado nada de interés”. Queremos vivir como un sábado por la noche, pero todavía nos gustan las personas que se parecen a los días laborables. Que lo hacen todo fácil, que relativizan, que comulgan con la mejor frase que escribió Pedro Mairal en La uruguaya: “Si no podés con la vida, probá con la vidita”.

Foto de portada: MarcadorInt/T.Martínez

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1 comments

“La vida es elegir adjetivo. Normalmente no lo encontramos, por eso queremos complicarlo.”
Tal que así Sergio, así de simple y complejo. Gracias por escribir este tipo de cosas. Maravilloso todo el texto. Enhorabuena, de veras.
Un abrazo, y felices fiestas!

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