Pena máxima

Panenka Brahim España sub17 / Edu Ferrer Alcover

Una tanda de penaltis nunca sobra. A veces llega una noche de enero cualquiera, en la que ni parecía que iba a haber fútbol. De repente acaba el partido en su tiempo reglamentario y empieza ese territorio desconocido: la prórroga. Dice Juan Tallón que la prórroga se juega con la corbata en la cabeza y como si la casa estuviera en llamas. Los penaltis son lo que viene después: la vida tras el incendio, la supervivencia del apocalipsis y las caras lánguidas en un after cuando a alguien se le ocurre decir “qué hacemos aquí”.

Nadie sabe qué hacer en los penaltis. El mejor momento es cuando el lanzador recorre el centro del campo hasta el punto de penalti, como si fuera a un pelotón de fusilamiento inverso: el que dispara puede acabar muerto. Nadie disimuló la ansiedad como Lucas Vázquez, que se puso a jugar con el balón antes de convertirse en su peor enemigo. La pena máxima, que ya como nombre tiene gancho, guarda todos los ingredientes épicos que tanto nos gustan del fútbol: la soledad del héroe en el momento determinado, el azar que camina en la línea de gol y la cercanía entre el fracaso y el éxito.

A veces un penalti es tan fácil que se vuelve difícil. Contaba Di Stéfano que no celebraba en exceso los goles de penalti. Alzaba el puño porque tampoco iba a lamentar un gol a favor, pero no había una alegría desmedida por respeto al rival. Explica Cappa en una entrevista en Jot Down que un compañero, Angelito Strano, lanzó un penalti muy suavemente a las manos del portero. Cuando todos le increparon, respondió con tartamudez: “Co, co, co, con penales no se ga-ganan, los par-partidos”. El propio Cappa cuenta la historia de Galluci, que tiraba los penaltis de rabona. Tiempos después le preguntaron el motivo, y respondió: “Qué querés, de penalti…”.

Adrián Gómez se dispone a ejecutar uno de los lanzamientos desde los once metros.
La soledad del héroe en el momento determinado es una de las señas de identidad de la tanda de penaltis. Foto: MarcadorInt/T.Martínez (Todos los derechos reservados).

Elegir en un penalti es como tener manías. Algunos prefieren tirar a su derecha como prefieren la carne menos hecha. Cuando Baggio fichó por la Juventus y disputó su primer partido contra la Fiorentina, se negó a lanzar el penalti porque el portero le conocía mucho: “Me he entrenado mucho con Mareggini y sabe muy bien cómo tiro los penaltis”. El guardameta, excompañero, sabía si a Baggio le gustaba el café largo y sin azúcar, el pan muy tostado y con poca mermelada. La coleta de Baggio quedó marcada por un lanzamiento desde los 11 metros, pero poca gente recuerda que también fallaron Baresi y Massaro. “Todavía sueño con él, fue duro salir de aquella pesadilla”, explica Baggio, que durante toda su carrera sólo falló ocho penaltis de los 79 que lanzó.

Los penaltis son el equilibrio que necesitan los porteros. Siempre acostumbrados a tenerlo todo que perder, en los lanzamientos no están obligados a nada. Son los lanzadores los que tienen la responsabilidad. Lo cuenta a la perfección Iribar en otra entrevista en Jot Down. El momento más triste de su carrera fue, paradójicamente, cuando él erró un lanzamiento en la tanda de la final de Copa contra el Betis. “Cuando te pones al otro lado del balón te das cuenta de que es más complicado de lo que parece”, explicó el mítico portero, que tuvo en Puskas a su primer verdugo desde el otro lado. Antes del lanzamiento del húngaro, la grada de San Mamés empezó a lanzar objetos al campo. “Tíralo fuera, que mira la que se va a liar”, le dijo Iribar a Puskas. “Sí, lo voy a tirar fuera ahora, hijo de puta”, contestó el del Madrid.

El fútbol se parece mucho a la vida pero, por suerte, en nuestro día a día apenas hay épica. No podemos introducir un cambio en el minuto 80 para intentar ganar el partido, nunca llega ese cabezazo en el 93 que nos da la victoria ni tenemos que enfrentarnos a una tanda de penaltis para levantar el título. Sería un buen ejercicio saber dónde tiraríamos un lanzamiento en el que nos jugáramos mucho en la vida. Yo lo haría igual que todo: al medio y sin arriesgar.

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Jed Wallace of Millwall puts the ball past George Long goalkeeper of Hull City to score from the penalty spot during the Sky Bet Championship match at The Den, London Picture by Alan Stanford/Focus Images Ltd +44 7915 056117 31/08/2019
Sería un buen ejercicio saber dónde tiraríamos un lanzamiento en el que nos jugáramos mucho en la vida. Foto: Focus Images Ltd.
Foto de portada: Edu Ferrer Alcover (Todos los derechos reservados).

6 comments

Lo dije en su momento, pero creo que es necesario voler a hacerlo. Tu columna, junto con el fútbol, creo que es lo mejor de ese día que nos devuelve a la dura realidad como es el domingo.

El domingo, el peor-mejor día de la semana. Por la mañana eres invencible y por la tarde, un pelele en manos del destino.

Toda la razón Edu, nos acostumbramos a lo bueno y no lo agradecemos como deberíamos. El fútbol es maravilloso y Sergio no lo es menos. Un saludo a ambos.
Gracias Sergio por otro gran texto.

Muchas gracias a ti, Juanan. Al final también me acostumbraré a estos comentarios, que ya se están convirtiendo más en una conversación. Un abrazo.

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