Preferiría no hacerlo

Gareth Bale of Real Madrid in action during the UEFA Champions League Final at the Olympic Stadium, Kiev
Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267
26/05/2018

Se sentaban en la última fila, faltaban a menudo, nunca traían los deberes hechos y ni siquiera copiaban en los exámenes: los dejaban en blanco. Eran los vagos de clase. Aunque compartían algún rasgo con los malotes, no hay que confundirlos. Estos hablaban poco, nunca se enfadaban y normalmente tenían capacidades. Los profesores siempre decían “si hubiera querido…”. Eran los mediapuntas pechofríos de clase.

No cuesta imaginarse a Bale en la última fila de la clase de Zidane, masticando chicle de forma exagerada y balanceándose en su silla, ajeno a todo lo que explica el profesor en la pizarra. El galés está crucificado hace tiempo porque la vagancia tiene mala prensa. Viene de la época escolar, donde asociamos ser buen estudiante a ser buena persona. Y ya se queda para siempre: está mejor visto un cabrón con carrera que un honesto en el McDonald’s. Tenemos el chip de querer ser alguien, como si de entrada no fuéramos nadie. Entrar a una carrera, estudiar un máster, tener un buen sueldo y un coche. Pero la meritocracia, y de esto te das cuenta en la primera hostia, la carga el diablo. Lo explicaba esta semana en El País Michael J. Sandel, filósofo y profesor de Harvard: “El énfasis constante en el ascenso individual a través de la educación superior tenía un insulto implícito: si no has logrado un grado universitario y si no has prosperado en la nueva economía, tu fracaso es tu culpa”.

No trato de defender a Bale -bastante hay con defenderse a uno mismo, además para defender a Bale hay que ser más rápido de lo que yo soy- pero conviene dudar de los mensajes tipo “si quieres, puedes”, “el que la sigue la consigue” o “cada uno tiene lo que se merece”. Pues no, hay muchas veces que quieres y no puedes. Incluso a veces puede y no quieres, simplemente porque no te da la gana. Tenemos derecho a la apatía, a romper los sobres de azúcar con mensajes motivacionales y a huir de los coaches de medio pelo. Hay días que ser un loser es una bendición.

Cada vez que a Bale le pedían que jugara, él decía lo mismo que Bartleby el escribiente, el mítico personaje de Herman Melville: “Preferiría no hacerlo”. Vila-Matas, que escribió un libro sobre los escritores que decidieron callarse para siempre, dice que hay tres formas de abandonar la literatura: tener talento pero no escribir, publicar mucho pero de repente quedarse en blanco o escribir poco y dejarlo. En este último grupo entraría de lleno Juan Rulfo, que con poquísimas páginas entró en la historia de la literatura. Si algún día le da por coger papel y lápiz, Bale también entraría aquí. Si Rulfo solo escribió El llano en llamas, Pedro Páramo y El gallo de oro, los tres libros de Bale serían Justo a tiempo en Lisboa, Descarrilando a Bartra y Una chilena en Kiev.

Bale nos ha enseñado que la felicidad solo se disfruta a sorbos muy pequeños. Ahora lo cambian de clase como se hacía con los vagos, del profe enrollao Zidane al profe malo Mourinho, que los lleva a todos rectos aunque no consigan muy buenos resultados. Eso sí, con custodia compartida.

Foto de portada: Paul Chesterton/Focus Images Ltd

Related posts

11 comments

Poder y no querer. Maravilloso. Cuantos jugadores vimos que lo tenían todo y no quisieron. Una pena para el espectadorr, pero una decisión tan respetable como cualquier otra.
Buen domingo Sergio!

Después de verlo en estos dos últimos años, cuesta mucho ver a Bale triunfando en el norte de Londres. Más si cabe teniendo en cuenta que tendrá que luchar contra si mismo, contra lo que hizo años atrás. Me acuerdo la frase de un dirigente del Milán cuando Kaká volvió a ese equipo: “Si queremos volver a disfrutar con Kaká, lo primero que tenemos que hacer es olvidar lo que hizo aquí”.

Tengo la duda si el físico de Bale aguantará su vagueza durante los últimos años. Su potencia hará sufrir a músculos y tendones que ya no son tan elásticos a partir de los 30. Si lo respetan las lesiones puede volver a ser el jugador determinante que fichó el Madrid.
Gran artículo.

Qué lástima de jugador. En mi opinión, tuvo -tiene- las condiciones para haber sido el mejor jugador del mundo durante un par de temporadas al menos… pero prefirió no hacerlo.

Perfecta esa comparación con el protagonista del cuento de Herman Melville, capta con precisión el espíritu de Bale.
Es muy cierto que todos tenemos derecho a la apatía, me encanta esa frase, pero da pena haberse perdido tanto de Bale.
Genial Sergio. Saludos!

Deja un comentario

*