Tofik Bakhramov: el árbitro querido por dos países

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Si uno pudiera observar el estadio en el que la selección nacional de Azerbaiyán juega sus partidos como local vería que las gradas del recinto forman una C en honor a Cтaлин, es decir, a Stalin. Sin embargo, Joseph Stalin ya no da su nombre a este campo construido en 1951 con el sudor de centenares de prisioneros de guerra alemanes. Desde 1993, Azerbaiyán juega en el Estadio Republicano Tofik Bakhramov. ¿Quién fue este hombre y, sobre todo, qué hizo para ser recordado? Tomar una decisión que aún hoy genera controversia. En esta República ex soviética sucede algo inaudito y es que su principal referente deportivo no es ni futbolista, ni jugador de baloncesto, ni tampoco tenista. Azerbaiyán le rinde tributo y memoria a un árbitro.

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El estadio Tofik Bakhramov a vista de satélite; se observa claramente la forma de C en honor a la primera letra del apellido Stalin en alfabeto cilírico. Imagen: Google Earth a través de Wikimedia Commons.

La historia de Bakhramov es la de tantos otros futbolistas frustrados. Nacido en Bakú en 1926, Tofik jugó a fútbol hasta que una grave lesión le obligó a enfundarse el silbato. El azerí se labró una carrera como árbitro en el fútbol soviético hasta llegar a la internacionalidad en 1964. Su gran hito fue participar como representante del colegio arbitral de la URSS en el Mundial de Inglaterra 1966 en el que se estrenó dirigiendo un España-Suiza (2-1) con goles de Manuel Sanchís padre y Amancio. Pero el partido que haría entrar a Tofik Bakhramov en la historia del fútbol fue la final entre Inglaterra y Alemania Federal. En aquella ocasión el árbitro principal fue el suizo Gottfried Dienst, acompañado en las bandas por nuestro hombre y el checoslovaco Karol Galba. El choque se fue a la prórroga con 2-2 en el marcador, en el minuto 111 llegó la acción que marcaría la vida de este hombre y la de un país entero: Alan Ball puso un centro raso desde la derecha, Geoff Hurst lo recogió dentro del área, se dio media vuelta y empaló un disparo que dio en la parte inferior del travesaño. ¿Dentro, fuera? Tofik Bakhramov no lo dudó y sin cesar de afirmar con la cabeza le indicó a Dienst que aquel balón había entrado. El gesto del colegiado haciendo bailar su testa arriba y abajo con el rostro serio de quien sabe que tiene la razón marcó un antes y un después en la vida de los Mundiales. La decisión del azerí le daba a Inglaterra, la autoproclamada cuna del fútbol, su único Mundial y ponía el broche a la fiesta del fútbol que había organizado en su país. Por su parte, como es lógico, los jugadores de Alemania Occidental intentaron rodear al azerí, llenos de decepción e indignación y pese a contar con nueve minutos para intentar lograr la machada, el propio Hurst puso la puntilla con el 4-2 en el 120. Se ha especulado durante décadas sobre el asunto del gol-no gol concedido por Bakhramov: desde acusaciones de amaño para que Inglaterra ganara su Mundial hasta quien afirma que en las gradas de Wembley hubo quien le recordó al linier la batalla de Stalingrado. Incluso se dice que la propia reina Elizabeth le regaló al árbitro azerí un silbato bañado en oro.

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Como toda personalidad histórica, Tofik Bahramov tiene su sello postal. Imagen: Servicio postal de Azerbaiyán a través de Wikimedia Commons.

Más allá de las habladurías, Tofik Bakhramov pasó ya a ser conocido por todos como el Russian Linesman, un apodo bastante impreciso ya que no era ni juez de línea, ni ruso. En cualquier caso, su figura fue objeto de eterna simpatía por parte de los ingleses, quienes alabaron su valentía, con el pequeño precio de tener a unos cuantos millones de alemanes enfurecidos. Ante la eterna polémica, a finales de los 90 la Universidad de Oxford determinó en base a un exhaustivo estudio de todas las tomas televisivas que el balón había botado 6 centímetros fuera de la línea de gol. Se agradece la precisión, aunque viendo la repetición creo que la mayoría coincidiríamos en decir que ese balón no botó dentro. En sus memorias, el azerí argumentó que él vio cómo el esférico había pegado en la barra que sostenía la red y no en el travesaño, por lo que el bote era irrelevante ya que al pegar en el larguero por dentro ya implicaba que había entrado. Por cierto, una marca de snacks de chocolate hizo un anuncio bastante divertido sobre el gol fantasma.

Este episodio, lejos de sepultar la carrera de Bakhramov la catapultó. El azerí arbitró, por ejemplo, la ida de las semifinales de la Copa de Europa de 1968 entre el Manchester United y el Real Madrid, la final de la Copa de la UEFA de 1972 entre Tottenham y Wolverhampton o la ida de la final de la Copa Intecontinental del mismo año entre Club Atlético Independiente y Ajax. Este último encuentro no exento de polémica ya que, según cuentan las crónicas, los jugadores del Ajax amenazaron con no salir a jugar tras el descanso debido a las patadas que habían recibido, especialmente su estrella Johan Cruyff. Sea como fuere, el extenso currículum internacional le valió al árbitro el reconocimiento en su Bakú natal, hasta convertirse en toda una estrella en Azerbaiyán. Nadie antes había puesto el nombre de la capital azerí a oídos del mundo. Puede ser el único caso en el que un árbitro fuera idolatrado, no ya por un país entero sino por dos. Y todo ello gracias a un error, algo inaudito.

Tofik Bakhramov es desde entonces un puente entre las naciones de Azerbaiyán e Inglaterra. De hecho, estas dos selecciones quedaron emparejadas en el grupo de clasificación para el Mundial de Alemania 2006 y el partido en Bakú se convirtió en una fiesta de hermandad entre hinchas de ambos combinados. En toda esta historia sin duda los más perjudicados fueron los aficionados de Alemania Federal y aunque ya era tarde para ofrecer una compensación, el ex presidente de la FIFA Joseph Blatter buscó zanjar esta riña histórica reuniendo al autor del gol fantasma, Geoff Hurst, y al portero de Alemania Federal, Hans Tilkowski. Juntos destaparon una estatua del juez de línea que decidió un Mundial. Desde entonces, una escultura enorme de Tofik Bakhramov con su silbato y su característico bigote preside el estadio que lleva el nombre del árbitro más famoso de Azerbaiyán e Inglaterra.

Imagen de Portada: Propiedad de Evers, Joost / Anefo bajo licencia Wikimedia Commons.

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