El inesperado huésped del Olympiastadion de Múnich

Foto: Arad Mojtahedi, liberada al dominio público. Link Foto: https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Olympiastadion_Muenchen.jpg
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Durante 33 años, el Estadio Olímpico de Múnich fue el centro futbolístico de la capital de Baviera. Construido para los Juegos Olímpicos de 1972, este histórico recinto atrajo todas las miradas del deporte mundial durante ese verano. También en el de 1974, puesto que ahí la República Federal de Alemania se consagró como campeona del mundo ante Países Bajos en el papel de anfitriona, gracias a los Gerd Müller, Beckenbauer, Breitner o Sepp Maier. Desde el año de su inauguración hasta 2005, fue la casa del Bayern y del Múnich 1860, si bien durante algún tiempo Die Löwen jugaron en el Grünwalder Stadion, que recientemente ha vuelto a convertirse en su hogar tras dejar definitivamente el Allianz-Arena. Su historia, su arquitectura y el hecho de ser el estadio del Bayern convirtió al Olímpico de Múnich en uno de los campos más reconocibles para cualquier aficionado al fútbol. En 2006, Alemania volvió a acoger una Copa del Mundo, así que se aprovechó la situación para construir estadios más modernos. El flamante Allianz Arena se convertiría en el nuevo estadio del Bayern y del 1860, lo que llevó al Olympiastadion a acoger conciertos o competiciones de otros deportes y dejar de ser sede partidos de fútbol, con la única excepción de la final de la Champions femenina de 2012. Pero en la temporada 2020-21 y contra todo pronóstico, el Olympiastadion volverá a ver rodar el balón.

¿Por qué el Olympiastadion regresa a nuestras vidas? Por el ascenso a la 3. Liga del Türkgücü München que, como su nombre indica, es un club fundado en la capital bávara por la comunidad turca. ¿Cómo el Türkgücü va a parar al Olímpico de Múnich? Vamos por partes: la tercera división alemana es una categoría 100% profesional y, en consecuencia, hay que cumplir unos requisitos para poder jugar en ella. Una de las exigencias es que todos los clubes deben jugar en estadios de 10.000 o más espectadores. Como cada año, cuatro clubes suben desde la Regionalliga -cuarta división alemana-, y uno de los que se ganó el ascenso tras la paralización de la temporada por el coronavirus fue el Türkgücü. Los muniqueses acababan de llegar a la categoría desde la quinta división y eran líderes del grupo bávaro de la Regionalliga con 9 puntos de ventaja sobre el Schweinfurt, que partía como uno de los grandes favoritos al ascenso. El Türkgücü jugaba sus partidos de Regionalliga en el modesto Sportpark-Heimstetten, un pequeño campo al este de Múnich. Con su capacidad para 3.100 espectadores, se quedaba muy lejos de cumplir las exigencias de la DFB y, a la vez, se le hacía grande al Türkgücü, dada la asistencia media de 461 espectadores que se registró el pasado curso. 

El moderno Allianz Arena relegó al Olympiastadion a un segundo plano Yannis Halas/Focus Images Ltd
El moderno Allianz Arena relegó al Olympiastadion a un segundo plano. Foto: Yannis Halas/Focus Images Ltd

Sin estadio propio, el club debía buscar soluciones. La más obvia era intentar jugar en el Grünwalder Stadion (15.000 espectadores). Mítico estadio muniqués inaugurado en 1911, fue casa del Bayern hasta 1972 y es el estadio que a día de hoy ocupan el Múnich 1860 y el filial del propio Bayern, conocido entre otros motivos por ser donde se rodó el partido de fútbol de filósofos de Monty Python -a pesar de que en la introducción diga que es en el Olympiastadion-. El Türkgücü, efectivamente, jugará buena parte de sus encuentros allí, pero no podrán ser todos, puesto que la DFB sólo permite que se celebren 50 partidos en una misma temporada en cada estadio, y los compromisos de 1860 y Bayern II suman un total de 38, lo que obligó al Türkgücü a buscar algún estadio más. Y el club, liderado por el empresario Hasan Kivran, consiguió que el Olympiastadion fuera uno de los hogares del Türkgücü tras llegar a un acuerdo con el ayuntamiento de Múnich. Por tanto, en la temporada 2020-21 volverá a haber fútbol en un escenario de leyenda. Las previsiones del Türkgücü apuntan a que el ascenso al fútbol profesional podría suponer la asistencia de 5.500 personas a sus partidos como local, doce veces más público del que atraían la pasada temporada, y que contar con un estadio tan grande como el Olímpico de Munich les puede jugar a favor según las exigencias que deban seguirse para el regreso de los aficionados a los estadios en la actual situación de pandemia. 

El acuerdo entre el club y el ayuntamiento de Múnich es para la disputa de un máximo de 8 partidos. En principio, los otros 11 deberían ser en el Grünwalder Stadion, pero si no es posible jugar todos los encuentros restantes allí, el Türkgücü tiene otras dos sedes en la recámara, que fueron incluidas en los documentos de inscripción del club en la 3. Liga: el FlyerAlarm Arena de Würzburg (a 250 km de Munich y con 13.000 butacas) y el Wacker-Arena de Burghausen (a 111 km y con 10.000 asientos justos). Si la cuestión de la sede en el fútbol profesional no se hubiera resuelto, habría podido ascender el Schweinfurt: su campo sí cumple con el aforo establecido y el club se quejó a la DFB por aprobar el ascenso de un equipo que no tenía ningún estadio de “disponibilidad ilimitada”, exigencia recogida en el reglamento. Pero sobre todo, si el Türkgücü no tuviese un estadio en Baviera para jugar en el fútbol profesional, ahora podríamos estar hablando de la disolución del club o de que se habría instalado en Renania del Norte-Westfalia, idea lógica teniendo en cuenta la cantidad de turcos que allí residen. Mover al equipo de sede habría sido más consecuente con las ambiciones del presidente Hasan Kivran que disolverlo, dado que el plan es alcanzar la 2. Bundesliga en 2023 y convertirse en el primer club fundado por inmigrantes que llegue tan arriba en la pirámide del fútbol alemán. Para la próxima temporada, el objetivo del club es la permanencia en 3. Liga. A largo plazo, además del ascenso a segunda división, el deseo es tener un estadio propio, si bien se apunta la falta de espacio edificable en Munich como la principal traba para una iniciativa que ni siquiera ha podido llevar a cabo el Múnich 1860, un club bastante más poderoso. 

Grünwalder Stadion Munich 1860. Foto: ObschtTea bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Innenansicht_des_Gr%C3%BCnwalder_Stadion.jpg
El Grünwalder Stadion de Munich es el otro escenario que acogerá partidos del Türkgücu. Foto: ObschtTea bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International.

Hay que aclarar que este Türkgücü no es exactamente el mismo que el Türk Gücü original, fundado en 1975 y que en los 80 y 90 ya peleó por llegar a 2. Bundesliga. El equipo perdió gran parte de su masa social, entre otros motivos, por la presencia cada vez menor de jugadores turcos y por la irrupción de la TV por satélite, que permitía a los turcos residentes en Alemania seguir a los equipos de su país. El declive del club llevó a que en 2001 el Türk Gücü desapareciese y sus miembros fundasen el Türkischer SV, que en 2009 se fusionaría con el ATA Spor, otro club de la comunidad turca, para dar lugar al Türkgücü-Ataspor, que homenajeaba con su nombre al viejo club, la entidad fundada por inmigrantes que más cerca estuvo de alcanzar los escalones más altos del fútbol alemán. En 2016 llegó el actual presidente Hasan Kivran y, tras el ascenso a Regionalliga en 2019, el nombre se acortó a Türkgücü. Kivran siempre había sido un gran aficionado de Besiktas y desde su llegada el club ha confirmado la línea ascendente de la última década, completando dos ascensos en los últimos dos años. Los contactos de Kivran, empresario inmobiliario, han permitido atraer a patrocinadores importantes, como la aseguradora AON -patrocinador principal del Manchester United de 2010 a 2014- o la cadena de supermercados Gazi, que comercializa principalmente productos fabricados en Turquía y fue durante tres años sponsor principal del Stuttgart. 

El crecimiento del Türkgücü no se entiende sin la presencia del jovencísimo director general Max Kothny, de 23 años. Es uno de los ejecutivos más precoces del fútbol profesional alemán y, entre las múltiples funciones que ha ejercido durante sus años en el club, están la de diseñar la página web, gestionar las redes sociales, ocuparse de la venta de entradas y el merchandising o implicarse en la política deportiva del club. A pesar de que el nombre y el escudo del club hacen honor a su origen turco, sólo siete jugadores nacidos u originarios de Turquía forman parte de la plantilla. Kothny deja claro que el Türkgücü no tiene como objetivo formar una plantilla repleta de turcos y que sólo se prioriza la contratación de un jugador turco en un caso: si hay dos futbolistas de un perfil muy similar que al club le puedan interesar y uno de ellos es turco. El club pretende ofrecer una imagen de club bávaro-turco, dados sus orígenes y el cambio de escudo ideado por el presidente: una mitad la ocupa la bandera turca y la otra la bandera bávara. La política de comunicación del club es reflejo de ello, pues en redes sociales todas las publicaciones son escritas en alemán y en turco. De la actual plantilla, Sercan Sararer -fichado en invierno- es el turco más relevante, toda vez que jugó tres temporadas en la Bundesliga con el Greuther Fürth y el Stuttgart. Emre Güral, experimentado delantero que jugó en Süper Lig hasta 2018 -pasó por Trabzonspor o Antalyaspor- también juega en el Türkgücü. El club pagaba muy buenos salarios en Regionalliga y parece que en 3. Liga tampoco va corto de presupuesto, a la vista de incorporaciones como estas. 

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Todas estas son las credenciales del Türkgücü München, que debutará en septiembre en el fútbol profesional alemán. Habrá que ver si el 11 de septiembre, en DFB-Pokal, o el 18 en 3. Liga. El club, dadas sus ambiciones y sus ganas de darse a conocer, desearía jugar la copa, puesto que siguiendo las reglas de temporadas anteriores le tocaría jugar en primera ronda ante el Schalke 04, pero este año en principio no podría jugar, porque la temporada 2019-20 de la Regionalliga no se ha finalizado, sino que simplemente se ha detenido por el coronavirus hasta septiembre y se terminará en 2021. Ello implica que el representante amateur de Baviera no pueda ser el Türkgücü -eliminado de la ecuación por haber ascendido a 3. Liga-, sino el primer clasificado de la Regionalliga bávara a 22 de agosto, fecha límite para inscripciones en la DFB-Pokal. Obviamente, el Türkgücü no se ha quedado de brazos cruzados y está luchando por poder jugar la copa. Quien creyese que los líos de despachos durante este verano sólo los iban a protagonizar LaLiga, el Deportivo y el Fuenlabrada estaba muy equivocado.

Foto de portadaArad Mojtahedi, liberada al dominio público.

3 comments

Gracias Jaume. Me ha parecido interesantísimo y lo has contado muy bien. Adoro estas historias de clubes de comunidades locales. Y muchísimo mérito este Türgücü. Con lo complicado que es salir de Oberliga, más complicado es salir de Regionalliga. Les seguiremos 🙂

Especialmente meritorio lo de la Oberliga, donde si no eres campeón tienes un camino más largo para conseguir el ascenso. A ver si continúan su progresión y les vemos llegar a 2. Bundesliga pronto. Gracias a ti por leer el artículo!

Felicidades y gracias por el artículo Jaume!! interesante historia, desconocia que no se podia jugar la Copa por haber asendido a 3. Liga o eso he entendido. Un saludo figura!!

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