Vivir sin Mundial

Locatelli Italia sub19 MarcadorInt

Vivir sin Mundial es vivir sin recuerdos. Cierra los ojos y piensa en el gol de Iniesta. ¿A que te acuerdas perfectamente de dónde estabas? En cambio, sin ese gol, sin ese partido, sin ese Mundial, hubiera sido una noche más que hubiera caído al pozo sin fondo de tu cerebro. Ves cualquier camiseta de tu equipo y sabes en qué año la vistió. El fútbol es una brújula que te guía, una agenda que ordena tus memorias. Si Google te recuerdas con fotografías dónde estabas hace uno, dos o tres años, los Mundiales tienen el poder de hacerte viajar en el tiempo. La pelota es un huerto de vivencias. Sin Italia en los Mundiales no existiría el fallo de Baggio. Ni el partido contra Brasil en el 82. Ni el codazo de Tassotti. Ni el penalti de Grosso. Como si entraran en tu cabeza y te arrancaran el pasado.

Vivir sin Mundial es crecer sin saberlo. Había campeonatos que los empezabas de la mano de tus padres y los terminabas con hilillos en el bigote. Otros veías Digimon antes del partido inaugural y después de la final dabas el primer beso. No cumplimos años, cumplimos Mundiales. Cada Mundial de tu selección es un buen momento para hacer balance. Piensa en cómo era tu vida en el Mundial de 2018. O en el de 2014. O cómo puede ser en el de 2026. No es que hayas cambiado. Es que eres otra persona.

Vivir sin Mundial es sin ilusión. Los partidos están muy bien, pero lo mejor del fútbol es el día previo al silbato inicial y la noche posterior a una gran victoria. El fútbol es, sobre todo, lo de antes y lo de después. Y el Mundial lo confirma. Todo empieza a hervir con un mes de antelación. Ojeas las plantillas. Rellenas la porra. Estudias el calendario. Organizas el mes. Que tu selección no esté en el Mundial es como cuando los amigos hablan de un plan al que no puedes ir o una noche que te perdiste. Una mierda, vamos.

Vivir sin Mundial es vivir peor. Imagina un chaval italiano que nació en 2010. Para el Mundial de 2014 era demasiado pequeño, apenas tenía cuatro años. El primer Mundial que hubiera disfrutado de verdad hubiera sido el de 2018. Y para el de 2022 hubiera tenido doce años, una edad perfecta para vivir en el sofá durante treinta días. Pero su selección no va a estar. En el mejor de los casos, va a vivir su primer Mundial con dieciséis años, que es como probar la pizza a los cuarenta. Lo más parecido que me hubiera pasado a mí es haberme perdido el Mundial de Corea y Japón. Sin España, a saber si lo hubiera visto. No hubiera sucedido el gran atraco. No hubiera visto el error de Kahn, algo que sucedía menos que un eclipse. No me hubiera enamorado del triángulo de Ronaldo.

Vivir sin Mundial es vivir infeliz. Por no hablar de los jugadores italianos. Van a dar vueltas por el fútbol pero no van a llegar a la estación final. Ganaron la Eurocopa, sí; han jugado la Champions, perfecto; ganan títulos cada temporada, lo que quieras. Pero van a vivir sin Mundial.

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