Volver a empezar

El Barcelona volverá a agarrarse nuevamente a Leo Messi. Foto: Ryan Dinham/Focus Images Ltd.

Por fin todos somos Messi. Acabó agosto diciendo a ver si me voy, hasta aquí he llegado, rompo con todo, qué diferente va a ser mi vida y al final se ha quedado exactamente igual: en el mismo trabajo, un poco más asqueado, y con otra promesa del futuro, el año que viene ya si eso. Con lo de Messi también confirmamos algo que se aprende en las reuniones familiares y que podría ser la trama de una película de Nolan: entre que te dices que te vas y sales por la puerta pasa un mundo.

Messi también se iba a ir de la selección argentina, de hecho lo hizo, pero al final volvió. Al final el cambio más drástico en  su vida se parece mucho al nuestro: teñirse el pelo. Puede parecer un reset banal, pero a mí me parece más difícil que dejar el equipo de tu vida. Cuántas veces hemos ido al peluquero con la idea de hacernos mechas, una cresta, con una foto en el móvil de nuestro peinado soñado, y al final hemos salido igual, desencantados y entonando un falsísimo: “Perfecto”.

Después de las vacaciones solo hay dos certezas: que siempre hay alguien que las empieza cuando nosotros las acabamos y que nuestros propósitos no se cumplirán. Parece que al fin hemos aprendido que lo mejor de los planes es pensarlos, pocas veces cumplirlos. Cuando todo está en nuestra cabeza, siempre suena mejor. Nunca nada es más bonito que cuando lo imaginamos.

Todo lo que empieza por “a ver si” no se cumple, especialmente el “a ver si nos vemos”. Y los primeros días de septiembre es el inicio de todo lo que dejaremos a medias: las dos primeras piezas de los fascículos de la torre Eiffel, el grupo de WhatsApp de la quiniela, los 20 millones de comunio, las cuatro lecciones de inglés hasta que llegamos a los verbos que tienen una cosa en común con nosotros: un pasado irregular.

No hay días más tristes que los últimos de agosto. Cada septiembre, por más que nos aferremos a lo contrario, se confirma que todo empieza y acaba. No sería de extrañar que acabar y empezar fueran incluso la misma cosa. Volvemos a empezar a creer que volvemos a empezar, pero en realidad son muy pocas las veces que reiniciamos: después de una relación, en un nuevo trabajo, tras una muerte. Cuando se va un ser querido nos vamos también un poco nosotros, de ahí que no volvamos a ser los mismos.

Cada verano nos parece distinto, cada septiembre creemos que por estrenar nueva equipación somos diferentes, pero sólo es otra vez el mismo mes de propósitos que no se cumplirán. Y está bien que así sea. Espero que no hagamos todo lo que nos proponemos, que no seamos todo lo productivos que estamos empeñados en ser. Como dijo Sánchez Ferlosio, “era al afán, al trabajo al quebranto, a la fatiga; no al sosiego, ni a la holganza, ni al goce, ni a la hartura, a quienes teníais que haberles preguntado: “¿Para qué servís?”. A veces confundimos ser feliz con estar ocupado, aunque eso conlleve a vivir a velocidad 1.5x. Cuando a Sorrentino le preguntaron si su cine era lento, dio una respuesta que podríamos repetirnos cada mañana. “Sois vosotros los que vais demasiado deprisa”.

Foto de portada: Ryan Dinham/Focus Images Ltd

6 comments

Que auténtico placer volver a leerte por aquí Sergio.Tan genial y real como siempre, y eso es un halago, de veras.
Espero que hayas disfrutado este tiempo (aunque todo siga igual)
Muchas gracias y un fuerte abrazo.

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