Tigres-Bayern: historia hasta el final

Robert Lewandowski está a tan solo dos goles del récord de Cristiano Ronaldo (2013/14). Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.

Incluso en su ocaso, el Mundial de Clubes con el formato que se inauguró en 2005 sigue proporcionando páginas para la historia del fútbol. Ya ni la FIFA se lo cree, consciente como es el máximo organismo internacional de que no ha logrado atraer el interés de un público europeo que lo desprecia y lo ridiculiza en su denominación. Sólo la pandemia ha conseguido prorrogar un par de ediciones más un torneo que ya tiene diseñada su ampliación. Nos vamos a ir a los 24 participantes, con un mínimo de ocho del viejo continente -probablemente doce- y sus fases finales, viendo la dirección que está tomando este juego, se asemejarán a las de la Champions League. Vivimos los últimos tiempos del reparto simétrico, de esta interesante experiencia que ha consistido en dar a todas las confederaciones el mismo número de cupos -con la excepción de la organizadora-. Es indiscutible que el certamen no ha arrasado en cuanto a audiencias, pero sí ha servido para observar una transformación en los viejos equilibrios del fútbol planetario: Europa aumenta su distancia con Sudamérica y ésta ve cómo se le acercan los continentes modestos. Por quinta vez, este jueves el Mundial de Clubes presentará una final que rompe el clásico esquema UEFA-CONMEBOL con el que se articuló la Copa Intercontinental durante toda su existencia. Tras los cuatro precedentes anteriores (Inter-TP Mazembe, Bayern-Raja Casablanca, Real Madrid-Kashima Antlers y Real Madrid-Al Ain), llega el estreno de un finalista de la CONCACAF: el conjunto mexicano de Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Son carteles de finales que añoraremos y observaremos con una mirada de nostálgico exotismo cuando el nuevo formato esté plenamente consolidado, un poco como ahora recordamos que el Partizán de Belgrado o el Malmö jugaron finales de la Copa de Europa.

El bajo rendimiento de los cuadros de América del Norte y Central en las ediciones anteriores había constituido un recurrente tema de conversación. Que África y Asia alcanzaran -dos veces cada una- la final del Mundial antes que ellos echaba por tierra toda la retórica que situaba a los conjuntos de aquella zona del planeta en una posición casi equivalente a la de los de la CONMEBOL. El potencial económico de la liga mexicana y el crecimiento indiscutible de la MLS hacían pensar que este momento llegaría mucho antes, y finalmente se ha producido en el penúltimo intento, cuando el formato ya agoniza y pocas semanas después de que la UEFA apoyara por primera vez en un comunicado de enorme trascendencia la ampliación del Mundial de Clubes a cambio del rechazo de la FIFA a la Superliga. La merecida victoria de Tigres por 1-0 ante Palmeiras lo ha hecho posible, y ahora los mexicanos se plantean llegar un paso más allá. Lograr lo que nadie ha conseguido. Que el campeón del mundo, por primera vez, no sea ni europeo ni sudamericano.

Fácil no va a ser. De hecho, el favoritismo del Bayern de Múnich es indiscutible, por mucho que los de Flick parezcan varios puntos por debajo de su versión del pasado verano, algo que se evidenció de nuevo en su discreto triunfo en semifinales ante un Al Ahly egipcio que aguantó la desventaja mínima hasta el minuto 86. Que los alemanes no estén tan inspirados, que no vuelen a la velocidad de la luz, no significa que no ganen casi siempre. Lideran la Bundesliga con la misma autoridad con la que vencieron su grupo de la Champions League dejando muy lejos al Atlético de Madrid. Y Lewandowski no ha frenado: lleva ya 29 tantos en lo que va de curso cuando queda prácticamente toda la segunda mitad de la temporada. De hecho, el partido para los bávaros posee también una trascendencia histórica. Aunque ya se hayan proclamado campeones del mundo otras tres veces (quizá habrían sido más si no hubieran renunciado en dos ocasiones a jugar la Intercontinental en los años setenta), ahora tienen la oportunidad de igualar al Barcelona de Guardiola y convertirse en el segundo conjunto de todos los tiempos que levanta los seis títulos a los que opta en un mismo año (este, aunque se juegue en 2021, es el Mundial de Clubes de 2020, ya que tuvo que demorarse debido a la pandemia). Y ese objetivo alimenta el hambre del cuadro de Flick, deseoso de convertirse en leyenda.

Contenido relacionado: Así son los seis participantes del Mundial de Clubes 2020 – La previa de MarcadorInt

El Bayern se ha encontrado con un grave contratiempo de última hora. Jerome Boateng ha tenido que abandonar la concentración en Catar y regresar a Alemania tras conocerse el fallecimiento de la que fuera su pareja hasta principios de este mes, una noticia que ha sacudido a todo el vestuario del conjunto alemán. Niklas Süle debería entrar en el eje de la zaga y se convertiría en la única novedad con respecto al equipo de la semifinal. Marc Roca, con Goretzka y Javi Martínez descartados por sus positivos en coronavirus, tiene todas las papeletas de repetir en el once. Tigres, en cambio, hizo público que todos sus futbolistas habían dado negativo en los últimos controles, por lo que el Tuca Ferretti, el preparador de origen brasileño del cuadro de Monterrey, podrá alinear al mismo equipo que venció a Palmeiras: un bloque ordenado con dos puñales en los costados (Quiñones y Aquino) y un goleador en punta que parece vivir permanentemente enrachado (Gignac). El veterano técnico de Río de Janeiro buscará su duodécimo título en este ciclo que inició dirigiendo a Tigres en el ya lejano 2010, lo que constituye un ejemplo de estabilidad nada común en los banquillos de hoy en día en cualquier parte del mundo.

Jérôme Boateng of Bayern Munich in possession of the ball during the UEFA Champions League match at Allianz Arena, Munich Picture by Tom Smith/Focus Images Ltd 07545141164 17/09/2014
Jérôme Boateng va a causar baja de última hora en el Bayern. (Foto: Tom Smith/Focus Images Ltd)

Tigres – Bayern Múnich, jueves 11 de febrero (19:00, CET):

Tigres vs Bayern - Football tactics and formations

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Foto de portada: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.

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9 comments

Me gustaría que fuera muy reñida la final. Que sea como los anteriores partidos y que en el 3er y 4to puesto gane Palmeiras. Realizó una gran final de Libertadores y se merece quedar en tercer lugar. En su otro chance puedo ganar cualquier y gano tigres. También disfrute em partido. Gracias por la previa. Un saludo Izmir

Te lo digo con todo el respeto. Pero yo debí ver otra final de Libertadores. Porque en la que yo vi, Palmeiras y Santos “nos deleitaron” con una final que inducía al suicidio. El plan era balones a Rony y que haga algo. Desde la semifinal del mundial Holanda-Argentina no había visto un partido de tanto miedo y taaaan aburrido.
Para mí, de largo, el peor ganador de la Libertadores en los últimos años.

Completamente de acuerdo contigo R. Comendador. Y lo terminamos de confirmar tras ver el partido contra Al Ahly. Que equipo más rácano Palmeiras, que pilló a River en su día tonto y las que tuvo las enchufó en la ida de las semis de Libertadores.

Es una pena que este formato llegue a su fin, el unico cambio que yp haria seria invitar al campeon anterior para que fueran 8 equipos, asi cualquier equipo tendria que ganar 3 partidos para ser campeon.

Una lástima que este formato llegue a su fin. Como viene siendo habitual, las élites queriendo acapararlo todo. Aunque no tenga una audiencia abrumadora (como bien dices en el texto, Axel) siempre he pensado y pensaré que este título está infravalorado. En mi opinión, pese a las distancias entre confederaciones que pueda haber (aspecto que es obvio), ganar este título implica ser el mejor del mundo porque has sido el mejor equipo entre todos los campeones continentales. Pero claro está, que para las élites esto no es suficiente. Como discutía hace poco con un buen amigo, si amas este deporte ves igualmente un hipotético Manchester City – Bayern de un futuro Mundial de Clubes que un Palmeiras – Al Ahly.
¡Un saludo desde Vallecas!

Entre la pandemia y poner una final un jueves a las 19.00, digamos que la FIFA parece mas estar pendiente de dar carpetazo que mantener el nivel de la competicion

En mi opinión, con el cambio de formato no le van a dar más “prestigio” al título, simplemente habrá más partidos, más vendibles, ergo más dinero para los de siempre. Que nos lo venden de otra manera? Pues tampoco es una novedad.

Y en cuanto a la final, me recordó a aquellos partidos en los 80 entre equipos españoles y alemanes (y contra europeos en general) en los que técnicamente los españoles no eran inferiores pero físicamente había tales diferencias que hacían muy difícil competir.

Un saludo y enhorabuena por el artículo

El primer recuerdo que tengo de la Copa Intercontinental es la final Oporto – Peñarol del 87. Descubrir ese partido, casi clandestino, todo nevado, un domingo por la mañana, fue toda una experiencia. Desde ese momento siempre me impresionó ese trofeo, con el Sao Paulo de Tele Santana como culminación del talento brasileño frente a los “trasatlánticos” europeos del Barcelona y el Milan. El día que FIFA decidió cambiarlo por el “Mudial de Clubes” pensé: “Ya está aquí el Mundialito”.

A FIFA nunca le interesó el fútbol de clubes. Siempre fiel a su Mundial de selecciones, dejó a las confederaciones el desarrollo de las competiciones interclubes dentro de sus zonas continentales y después con las confrontaciones entre los campeones de las distintas confederaciones. La Copa Libertadores fue el resultado del deseo de la Confederación Sudamericana de Fútbol de coronar a un campeón al que poder enfrentar con el campeón de la recientemente creada “Copa de Clubes Campeones Europeos”.

Pero la Intercontinental no debió quedarse ahí. Debió ser sensible a competiciones análogas como la Copa Afroasiática y la propia Copa Interamericana e integrarlas en su estructura. En algún momento también teniendo en cuenta a Oceanía de algún modo. Pero no. Nos quedamos en el lucrativo circo montado entorno a los campeones europeo y sudamericano y vino FIFA a plantar su “Mundialito”, diseñado desde las estructuras tradicionales de los torneos de selecciones, donde la fase final se disputa en terreno neutral, obviando que las competiciones de clubes más exitosas tienen formato de liga y se desarrollan durante una temporada.
La Copa Intercontinental o el Mundial de Clubes podrían haber abierto el camino de esa gran “Superliga” que ansían los clubes más poderosos, pero manteniéndolos dentro de la pirámide del fútbol global. Sin embargo se ha convertido en un torneo residual en el que ya no cree ni la propia FIFA.

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