Partido Polish Boyfriend: Una final de copa entre los dos clubes más antiguos de Polonia… o no

Interior del estadio del Cracovia.

El Cracovia lleva 72 años esperando. En 1948 ganó una de las primeras ligas polacas después de la guerra, cuando Polonia era un país en reconstrucción. Polonia era un estado aún en ruinas y con refugiados por todas partes, pues, en 1945, los ganadores de la guerra decidieron modificar de forma drástica las fronteras polacas. Casi el 30% del país fue anexionado por la URSS en el este. Como compensación, Polonia ganó casi la misma proporción de tierras en el oeste. Millones de polacos fueron expulsados de las casas donde habían vivido durante siglos, enviados a ciudades que, hasta entonces, habían sido alemanas. Aún hoy, Polonia esta marcada por estas cicatrices.

Y todo, bajo un gobierno comunista controlado por la URSS. En ese contexto, el Cracovia ganó su última liga y, poco a poco, perdió peso. Las nuevas autoridades marginaron este club histórico, el más antiguo de Polonia, fundado en 1906. Aunque no el primero en nacer, pues en la ciudad de Lvov se fundaron los clubes de fútbol polacos más antiguos en 1903. Aunque desaparecieron cuando, en 1945, esta ciudad pasó a ser soviética. Hoy, por cierto, es ucraniana. La historia, de nuevo, altera realidades y el Cracovia es el club decano del fútbol polaco, aunque no fue el primero. Y ahora, 72 años después de esa última liga, se ha metido por primera vez en una final de Copa. Era su competición maldita, hasta el momento. El Cracovia, uno de los clubes con más historia, tenía cinco ligas, aunque jamás se había metido en una final de Copa. Lo ha conseguido, por fin, en pleno coronavirus. Y esta semana juega la final contra el vigente campeón, el Lechia de Gdansk.

El Cracovia es el club polaco más longevo. Foto: Marcadorint (todos los derechos reservados).
El Cracovia es el club polaco más longevo. Foto: Marcadorint (todos los derechos reservados).

La historia del Cracovia es una historia de fe. Uno de los hinchas del club era Karol Wojtyła, el Papa Juan Pablo II. Estos días que ha fallecido Jack Charlton, seleccionador irlandés en el Mundial de 1990, los irlandeses recordaron como el Papa recibió al equipo antes de los cuartos de final del Mundial y preguntó por el portero. Era Pat Bonner. “Yo era portero de joven” le explicó, recordando que era hincha del Cracovia y había jugado en sus categorías inferiores. Bonner por cierto, falló 24 horas después en el partido contra Italia y Charlton, medio en broma, le dijo “ese disparo lo habría parado el jodido Papa”.

Cracovia es la única ciudad polaca con derbi en Primera. Y por primera vez en 70 años, el Cracovia se siente más fuerte que el Wisla. En polaco, la ciudad se conoce como “Kraków”, pero el otro equipo de la ciudad se llama así, “Cracovia“, igual que en castellano porque se bautizó la entidad con la forma latina de la localidad. Optar por el latín era una declaración de intenciones, pues es el idioma de la liturgia católica y Cracovia muchas veces ha sido controlada por Rusia, tierra ortodoxa. Cuando se fundó este club, el Imperio ruso, el germánico y el austrohúngaro controlaban Polonia. Se dividían la tierra como un pastel. Así que bautizar un equipo podía ser un acto reivindicativo. Creabas el “Cracovia” con un nombre latín y te reafirmabas como católico y polaco contra los imperios que controlaban tu tierra. Bautizabas otro como “Wisla” y decías lo mismo, pues este río, el Vístula, cruza la tierra polaca y la une. Las heridas del pasado siempre están vivas en Polonia. El estadio del Cracovia, por ejemplo, se bautizó con el nombre del gran héroe militar polaco contra los rusos, el mariscal Pilsudski, de quien se dice que era hincha del Cracovia.

Los dos equipos fueron entidades de éxito ya desde los primeros años de la liga polaca, en la década de los años 20. Con una Polonia ya independiente después de la Primera Guerra Mundial, el Wisla y el Cracovia ganaron ligas, dieron jugadores a la selección e iniciaron una rivalidad terrible. Si los polacos han vivido luchando contra vecinos grandes, también se pelean entre ellos. El fútbol polaco tiene un grave problema con sus ultras, con la violencia en los estadios. Aunque estos hooligans tienen pactos de honor según los cuales se pelean sin armas blancas. Excepto en Cracovia. Se odian tanto que se apuñalan. Ya hablamos del derbi esta temporada, en este texto.

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Los hinchas del Cracovia llaman “perros” a los aficionados del Wisla, pues así se conocía a la policía secreta comunista durante los años del Telón de Acero. Y el Wisla, el club fundado con ideas nacionalistas, fue controlado por la policía durante los años del comunismo, con los privilegios que eso suponía. Los años del comunismo fueron duros para la hinchada del Cracovia, con descensos y años sin alegrías. Los hinchas del Cracovia se llaman a sí mismos los “Pasy” (rayados) en honor a su camiseta, con los colores de la bandera polaca. Los del Wisla los llaman “judíos” porque se suele considerar que la comunidad judía apoyaba en parte al Cracovia. Cracovia fue una de las capitales culturales de la comunidad judía del este de Europa, pero en el Holocausto la mayor parte de ellos fueron asesinados en la vecina Auschwitz. En los 20 y 30 era muy normal que las estrellas deportivas del Cracovia fueran judíos, como Leon Sperling. Y aunque existían clubes ya desaparecidos fundados por judíos como el Makabbi y el Jutrzenka, muchos miembros de la comunidad seguían al Cracovia, un equipo más grande entonces. La comunidad judía de Cracovia, ahora pequeña, publicó en los años 90 un informe en que alertaba del antisemitismo de la sociedad polaca, recordando como algunos supervivientes de Auschwitz fueron luego asesinados por polacos que no querían que volvieran a sus casas. En el informe se citaban los cánticos de la hinchada del Wisla contra los judíos, imitando el sonido de las cámaras de gas. Cuando los ultras del Wisla llaman “judíos” a los del Cracovia, lo hacen como insulto. Los mayor parte de hinchas del Cracovia recuerdan que muchos socios del club protegieron a vecinos judios en los años 40. Por eso existe una relación de amistad con la hinchada del Ajax de Amsterdam, club con una historia similar.

El Cracovia, con su nuevo estado inaugurado en 2012 diseñado por el estudio Lamela de España, bajó a Segunda en 2012, aunque, gracias al dinero de diferentes patrocinadores, poco a poco ha vuelto y esta temporada lucha por ganar la que sería su primera copa. Y el primer título en más de 70 años.

Los derbis en Cracovia son partidos de alta intensidad. Foto: Marcadorint (todos los derechos reservados).
Los derbis en Cracovia son partidos de alta intensidad. Foto: Marcadorint (todos los derechos reservados).

Su rival será el Lechia de Gdansk. Ya hablamos de este club, esta temporada. Y de su ciudad, conocida como Dánzig en alemán o Gdansk en polaco. Gdansk es uno de los puertos más importantes de Europa, la salida natural al mar de Polonia. Un puerto bien protegido y conectado que controló durante siglos las rutas comerciales en el Báltico. La zona de Gdansk siempre fue la frontera natural donde alemanes y polacos se encontraban. Durante algunos siglos, la ciudad fue polaca. Después, alemana. Ya en 1793 se incorporó al Reino de Prúsia. Exceptuando algunos años de cierta autonomía, Dánzig sería alemana hasta 1919 cuando, con el final de la Primera Guerra Mundial, los grandes imperios desaparecieron y nacieron nuevos estados. En los acuerdos posteriores a la Guerra, se decretaba el nacimiento de una República Polaca con acceso al mar. Y, cómo no, los polacos esperaban que su puerto fuese Gdansk.

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Pero existía un problema. Según los censos de la época, el 85% de la población era alemana. Las potencias europeas entendieron que si entregaban la ciudad a Polonia, estallaría la violencia. Así que improvisaron y crearon la Ciudad Libre de Dánzig, un Estado semiautónomo con su propia Constitución, himno, Parlamento, moneda y unos sellos que se han convertido en el gran deseo de los coleccionistas. Las potencias internacionales controlaban las relaciones internacionales de la Ciudad Libre de Dánzig, mientras que Polonia tenía derecho a abrir una delegación y usar el puerto. El gobierno alemán reclamó que Dánzig siguiera en sus manos, así como abrir una carretera para conectar este puerto por tierra con resto de Alemania. Por eso Hitler, en 1939, invadió la ciudad. Los alemanes la sentían suya. Y buena parte de la población de la ciudad pensaba lo mismo, por eso el Partido Nazi se hizo fuerte en los años 30 en este puerto clave. La guerra destrozó el 90% de la ciudad. En 1944, los soviéticos expulsaron a casi todos los alemanes y su lugar fue ocupado por refugiados polacos que, a la vez, se habían quedado sin casa, pues sus ciudades habían pasado a ser parte de la URSS. Así Gdansk renació de sus cenizas con la reconstrucción del centro de la ciudad, de los astilleros y con el polaco ya como lengua principal.

Antes de 1945, los clubes de fútbol de la ciudad eran alemanes. Clubes que desaparecieron. No podemos entender el fútbol local sin entender la historia. En 1945, el Comité de reconstrucción del puerto de la ciudad creó un equipo llamado Baltika (por el mar, como no), para que jugaran los obreros que se encargaban de la reconstrucción de las instalaciones. Aunque pocos meses después, los jugadores propusieron que el club fuera bautizado como Lechia de Gdansk, en homenaje al equipo de fútbol más antiguo de Polonia, el Lechia Lwów, una entidad fundada en 1903. O sea, el club polaco más antiguo, equipo que desapareció con la modificación de las fronteras. Lwów quedó en manos soviéticas, quienes expulsaron a los polacos de la zona, que fueron asentados en Gdansk ocupando las casas de los alemanes, expulsados a la vez. Y esos refugiados se llevaron con ellos los recuerdos de sus clubes de fútbol, como este Lechia. El nombre Lechia, por cierto, es una forma de referirse al Reino Polaco medieval, un nombre nacionalista que no se debe confundir con Legia, el club de Varsovia, que toma su nombre de terminología militar. El Lechia fue potente a mediados de la década de 1950, con una tercera posición en 1956, aunque solamente tenía una copa ganada en los años 80. Unos años en que la mayor parte de hinchas del club era miembros de Solidarność, el sindicato católico que desafió a las autoridades liderado por gente como Lech Walesa, socio del club.

Viernes 24 de julio, 20:00, Cracovia – Lechia Gdansk

Y es por eso que, de alguna forma, la final enfrenta los dos clubes más antiguos de Polonia, aunque el Lechia de Gdansk, no sea exactamente el viejo Lechia Lwów. Un club que esta última década no ha dejado de mejorar. En 2019 ganó su segunda copa y ahora busca la tercera. Y en parte, gracias a Adam Mandziara, un empresario que, curiosamente, tiene pasaporte alemán. Mandziara nació en Alemania pues, su padre, un entrenador polaco, trabajaba en el Darmstadt y por eso tiene las dos nacionalidades. Mandziara fue elegido por los propietarios del club para dirigir la entidad. Unos propietarios que forman parte de la consultoría alemana ETL-Gruppe, presidida por Franz Josef Wernze. Este grupo, uno de los mayores de Alemania en operaciones de bolsa, compró el Lechia en 2014 provocando manifestaciones de los hinchas, indignados. La historia siempre vuelve.

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Foto de Portada [Interior del estadio del Cracovia]: Marcadorint (todos los derechos reservados)

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