Partido Polish Boyfriend: El hombre detrás del fútbol estonio

Tallinn

Cuatro de los diez equipos de la Primera División estonia son de Tallinn, la capital. Y los cuatro ocupan las cuatro primeras posiciones, con el FC Infonet en el liderato cuando falta la última jornada. La liga, pues, se decide en dos derbis: uno entre el Levadia y el Flora, otro entre el Nomme Kalju y el Infonet. El Infonet, en su cuarta temporada en Primera, suma 77 puntos, dos más que el Levadia y el Nomme Kalju. El Flora suma 73 y lucha por la tercera plaza, con su correspondiente pasaporte europeo.

Nomme Kalju-Infonet, sábado 5 de noviembre a las 12:05h

Se trata de una liga controlada por una ciudad, la capital. El Flora suma 10 ligas, el Levadia 9 y el Nomme Kalju, una. Tres clubes ya desaparecidos pero también procedentes de la capital (el Norma, el Lantana y el TVMK) ganaron los otros cinco títulos. O sea, siempre ha ganado la liga un equipo de la capital, con el asterisco de la segunda liga ganada por el difunto Lantana, pues ese año jugó en una población justo al lado de Tallinn, Haabneeme.

Esta temporada puede llegar la primera liga del FC Infonet. Sería el séptimo equipo campeón, el séptimo capitalino. Hablamos de una liga nacida en 1992 con muchos equipos que nacen, ganan y desaparecen. Un proceso normal en una competición que lucha por mejorar, evolucionar y ser estable. El fútbol de Estonia se moderniza poco a poco, la selección ha pasado de goleadas humillantes a derrotas dignas y la Supercopa de Europa del año 2018 se jugará en el coqueto Lilleküla Arena. Aunque el fútbol sigue siendo un segundo plato, sin demasiados hinchas. Por cada estonio que visita un estadio, cinco van a un pabellón de baloncesto. Por cada espectador en el fútbol, dos personas visitan partidos de hockey sobre hielo. Incluso las carreras de esquí de fondo, deporte nacional, tienen más seguimiento. Y eso, a pesar de que durante los años 20 y 30, cuando Estonia fue un estado independiente, la selección jugó las eliminatorias de clasificación del Mundial del 1934, los Juegos Olímpicos en 1924 (derrota 1-0 contra Estados Unidos) y ganó el torneo báltico jugando por las tres repúblicas entre 1928 y 1938, en tres ocasiones, en 1929, 1931 y 1938.

La Supercopa de Europa de 2018 se disputará en Tallin. Foto: MarcadorInt.
La Supercopa de Europa de 2018 se disputará en Tallin. Foto: MarcadorInt.

¿Qué sucedió? La historia pasó por encima de Estonia. Los estados que tuvieron la desgracia de encontrarse en el mapa justo entre la Unión Soviética de Stalin y la Alemania de Hitler lo tenían crudo. Los dos estados se comieron a los países situados entre ellos poco a poco. Estonia, Lituania y Letonia ya fueron estados entre las dos guerras mundiales. Pero en 1939, los soviéticos y los nazis se repartieron Polonia como un pastel. Y Hitler vio con buenos ojos que Stalin se lanzara sobre las tres Repúblicas Bálticas. Después de muchas presiones, en 1940 los soviéticos ocuparon el estado estonio. El 6 de agosto Estonia fue anexada a la Unión Soviética bajo el nombre de República Socialista Soviética de Estonia. Poco después, Hitler atacó a los soviéticos y ocupó Estonia. Muchos estonios colaboraron con Hitler. Muchos, con Stalin. Muchos otros no se casaron con ninguno de los dos y sufrieron. Sea como sea, al final de la guerra Estonia quedó como una de las 15 repúblicas soviéticas. Fueron años que marcaron el carácter de la población.

Estonia tenía una rica tradición deportiva. Y antes de la guerra el fútbol era amado. Curiosamente, una consecuencia de los años soviéticos fue la identificación del fútbol con el poder de Moscú, por lo que muchos estonios lo miraron con malos ojos. Ese deporte gustaba a las autoridades soviéticas, que jugaban entre ellas para reforzar a los clubes del ejército, los ministerios o los servicios secretos. La revuelta de los estonios que soñaban con ser un estado otra vez fue no amar el fútbol. Y preferir deportes como el baloncesto o el esquí de fondo. Deportes, como todos en la URSS, politizados, aunque no tanto como el fútbol. Los clubes locales fueron controlados por dirigentes rusos, llegados para controlar una región pequeña que vivió hasta finales de los años 50 la existencia de grupos armados nacionalistas estonios, escondidos en bosques y granjas. Detrás del rechazo se encontraba la sensación de considerar el fútbol un deporte de los rusos, ya que la mayor parte de las autoridades, militares y muchos funcionarios llegaron a Estonia desde Rusia. Actualmente, el 25% de la población estonia es rusa y el 70%, estonia, con ciudades como Narva con el 37% de la población con pasaporte ruso. Antes de 1939, los rusos eran solamente el 9%.

Durante los años soviéticos, pues, el fútbol estonio nunca destacó. De las 15 Repúblicas soviéticas, solamente dos, Turkmenistan y Kirguistán, nunca pudieron ver a uno de sus clubes en la Primera soviética. Los estonios solamente vieron un club suyo, el Kalev, en Primera durante dos años, peores resultados incluso que Tayikistan, pues los tayikos gozaron de un equipo de los suyos en Primera a lo largo de tres temporadas. Una más que las dos del Kalev de Tallinn, equipo actualmente en segunda.

Durante los años soviéticos, la represión sobre las organizaciones estonias fue muy dura. El libro “Purga” de Sofi Oksanen es una buena aproximación al tema. Como reacción, cuando Estonia se independizó, promulgó una ley de ciudadanía que garantizaba la ciudadanía estonia a todos los que ya la tenían hasta el 16 de junio de 1940 y a sus descendientes. O sea, miles de personas de origen ruso nacidas en Estonia quedaron marginadas y acabaron con pasaporte ruso después de unos meses de vacío legal, facilitando que se sintieran poco estonios. Uno de esos casos fue Valery Karpin, nacido en Narva. Estonio de nacimiento, ruso de corazón. La división entre estonios y rusos era total.

La Federación de fútbol de Estonia, pues, ha trabajado con la idea de que la gente no asocie más el fútbol con los rusos. Desde la famosa ‘Vía Báltica’ de 1989, cuando dos millones de estonios, letones y lituanos unieron las tres capitales en una gran cadena humana, las tres Repúblicas Bálticas empezaron a construir sus estados independientes. En Lituania, el baloncesto fue un pilar. En Estonia, los deportes de invierno. En Letonia, de las tres repúblicas aquella con más ciudadanos rusos, el fútbol sigue siendo asociado con los rusos. Cuando Letonia jugó la fase final de la Eurocopa, muchos letones no lo valoraron demasiado porque lo consideraron cosa de la parte de la población rusa.

El reto del fútbol estonio era grande. De las tres repúblicas bálticas, quizás esta era esa con más animadversión a los rusos. El club que ganó casi todos los torneos estonios fue el Norma, fundado en 1959. En 1991, cuando nació la nueva liga estonia, el Norma ganó las dos primeras ediciones. En las gradas se encontraban ciudadanos estonios de lengua rusa o viejos funcionarios soviéticos recordando los viejos tiempos. La juventud no iba a las gradas. Hasta que Aivar Pohlak, un empresario particular con pasado como delantero en un club llamado FC Kuressaare, fundó el FC Flora, con el nombre tomado de un patrocinador especializado en productos químicos. El éxito de la liga estonia es el éxito de este tipo.

La idea era atraer jóvenes estonios. Inicialmente el mismo Pohlak fue el entrenador, aunque luego pasó al palco y en 1994 el club ganó su primera liga, en un desempate contra el Norma. La victoria, por 5-2, llegó con el Norma negándose a jugar con su equipo titular como denuncia a una acusación de soborno. El siguiente año, el Norma bajó. Y el Flora empezó a reinar. El viejo club asociado con los rusos se esfumó y desapareció. Y en su lugar, aparecieron otros clubes fundados por estonios. Símbolo de los nuevos tiempos.

Con 10 ligas, el Flora se ha convertido en el mejor club. Y Pohlak, famoso por ir siempre con abrigos y chalecos de pieles, se ha convertido en el presidente de la Federación. Se ha alejado formalmente del Flora en su intento de mejorar el fútbol de su patria. En 25 años, han nacido más de 150 clubes. Pohlak ha conseguido mejorar las asistencias, el nivel de juego, los estadios con dinero de la FIFA y la UEFA, y la cobertura de televisión. Aunque es un tipo de carácter y por tanto, muchos critican sus ideas, como el día que decidió arbitrar un partido de copa, con su hija de juez de línea en una banda, y el futuro marido de su hija con el otro banderín. Partido de copa del club donde él mismo había sido delantero y del que es máximo accionista, el Kuressaare. Delantero, entrenador, propietario, presidente, árbitro y presentador de las galas de entregas de premios o de sorteo de copa. Pohlak ha creado una liga.

Esta semana se juega el derbi con más tradición dentro de una liga joven. El Levadia, con 9 ligas, ha plantado cara al Norma gracias al dinero del empresario Viktor Levada. Los otros clubes son el Nömme Kalju, propiedad de Kuno Tehva, un propietario de discotecas, y el FC Infonet, el más joven, propiedad de un empresario del sector informático llamado Andrei Leshkin. Con menos de 15 años de vida, e FC Infonet busca su primera liga, liderando la tabla. Leshkin ha apostado por Aleksandr Pushtov como entrenador. Ambos, ciudadanos estonios con pasaporte ruso. El FC Infonet, con poca hinchada, se ha convertido en el club de Tallinn de la comunidad rusa, gracias a su propietario. Igualmente, no es una asociación muy fuerte de ideas: el FC Infonet tiene pocos hinchas y muchos de los presentes en sus gradas son los familiares de los niños del fútbol base. En la ciudad aún suele suceder que mucha gente visita diferentes gradas, sin entregar del todo el corazón a un club. Sea como sea, en las gradas del FC Infonet se escucha el ruso mucho más que en las gradas del Norma o el Levadia, feudos estonios. Un club que se encuentra a las puertas de su primera liga. Depende de sí mismo.

Foto de portada: MarcadorInt.

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3 comments

Hola, interesantísimo artículo!! También una errata: “la represión sobre las organizaciones estonias fue muy ‘duras’ “

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