Partido Polish Boyfriend: Cuando las ciudades más pobladas juegan en Segunda División

Foto: Dmitry Sleduk,  Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported, Link: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:LopanStrelkaKharkov.jpg

Una de las ligas más caóticas estas últimas temporadas es la ucraniana. La crisis económica, sumada a la presencia de empresarios desalmados, ha convertido algunos clubes en juguetes. Entidades históricas se han desplomado con una facilidad pasmosa. Por eso, esta semana los equipos de la segunda y la tercera ciudad más poblada se cruzan…en Segunda.

¿Se acuerdan del Metalist? La temporada 2012 alcanzó los cuartos de final de la Europa League. Esos años el club aspiró a ganar la liga con jugadores como el Papu Gómez. El club gastaba dinero en buenos jugadores, aunque, detrás de las crónicas de los partidos, llegaban informes sobre el oscuro dinero de su propietario. Con la caída de la URSS, muchos empresarios que se habían labrado una carrera con métodos dudosos, o directamente criminales, compraron clubes de fútbol para ganar fama, apoyo de la gente y saciar su ego. O tener contactos políticos. Uno de ellos era Sergey Kurchenko, presidente del Metalist. Kurchenko había comprado el club con 28 años en 2012, gracias en parte a sus contactos con el entonces presidente de Ucrania, Viktor Yanukóvich. Gracias a un ascenso meteórico, pudo comprar el Metalist a Oleksandr Yaroslavsky, un empresario vinculado a la institución desde su juventud. Kurchenko, con 26 años, ya controlaba una de las compañías de gas más importante del país. Y para no generar dudas entre los hinchas, se gastó mucho dinero en argentinos y brasileños. Así pudo mantener el buen rumbo e incluso lo mejoró.

El Papu Gómez jugó en el Metalist antes de que el club colapsara. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd
El Papu Gómez jugó en el Metalist antes de que el club colapsara. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd

Kurchenko era feliz hasta que llegó la revolución. En 2012, en Ucrania mandaba el Partido de las Regiones, partido muy fuerte en el este y el sur, zonas donde parte de la población se considera rusa. Era una formación política que trazaba alianzas con Moscú. El presidente Víktor Yanukóvich, era acusado de garantizar la impunidad de muchos oligarcas como el presidente del Shakhtar Donetsk o el mismo Kurchenko, mientras prefería mirar hacia Rusia antes que negociar la entrada a la Unión Europea. Cansados de corrupción y de alejarse de Europa, los activistas ocuparon la plaza Maidan de Kíev y después de días de violencia consiguieron deponer al presidente. Éste se escapó, como muchos de sus socios y aliados.

Las nuevas autoridades, nacionalistas ucranianas, vieron como zonas del territorio quedaban en manos de milicias favorables a Rusia, como Crimea o el Donbass, como contamos en su momento hablando del Shakhtar. Las nuevas autoridades pusieron bajo orden de búsqueda y captura a Kurchenko: congelaron sus cuentas bancarias, embargaron sus bienes y lo buscaron en todos sitios. La Interpol también lo buscó y Kurchenko se escondió en algún sitio de Rusia. O sea, el presidente del club se dio a la fuga… y nadie pagó las facturas. El Metalist se quedó sin rumbo. Los trabajadores empezaron a desertar. Los jugadores, también. Y un club con aspiraciones pasó a ser una caricatura. A finales de la temporada 2015-16, el primer equipo entero se largó. Y acabó la temporada el juvenil, entrenado por un cuerpo técnico que aceptó no cobrar, solamente con el sueño de defender un escudo. Un esfuerzo bonito, aunque en un estado marcado por la corrupción y la inestabilidad, tener jugadores que no cobran significaba abrir la puerta a los apostadores. El Metalist fue denunciado por pactar resultados, una fuente de ingresos para los futbolistas: cobrar dinero y aceptar perder o encajar goles.

El Metalist jugó Europa League justo antes de derrumbarse. Foto: Paul Gaythorpe/Focus Images Ltd
El Metalist jugó Europa League justo antes de derrumbarse. Foto: Paul Gaythorpe/Focus Images Ltd

Cómo no, un club así no tenía futuro. Y esta temporada la Federación negó al Metalist su plaza en la Primera División por deudas. En concreto, se denegaba al equipo jugar en categorías profesionales, decretando así su defunción: tocaba fundar una nueva institución en una categoría amateur. La pregunta era… ¿quién crearía este club? Los hinchas se manifestaron, confiando en que sería el momento del retorno de Oleksandr Yaroslavsky. El problema era que Kurchenko seguía siendo el propietario de los símbolos del difunto Metalist. Y los dos magnates, uno fugado y otro en la ciudad, intercambiaron insultos y acusaciones a través de la prensa.

Al final, se crearon dos clubes. Como si siempre se tomara la peor decisión, se optó por dividir fuerzas sin acuerdo. Kurchenko, a través de empresarios amigos, fundó el nuevo Metalist, ahora mismo en la liga regional. Y un grupo de empresarios locales, con el apoyo de Yaroslavksy y empresarios afines al nuevo gobierno, crearon el “Metalist 1925”, inscrito una categoría por encima, en la cuarta división. El club se creó sobre la base del Avanhard, una entidad amateur que actuaba como filial del Metalist en su momento. Este Avanhard, sin hinchada, se ha transformado en el nuevo equipo. Como detrás se encuentran figuras destacadas de los nuevos movimientos políticos, como Oleksandr Davtyan, este club se ha llevado a más hinchas que el otro. En el primero quedan ancianos nostálgicos, poco más.

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El Metalist 1925, pues, debutó en cuarta división y de momento, ha llegado hasta segunda, donde anda en la actualidad, aunque sin aspiraciones de ascenso. Járkov, una de las ciudades más grandes de Ucrania, sigue sin equipo en Primera. Y su estadio lo suele utilizar el Shakhtar para jugar partidos europeos.

En esta jornada, el Metalist 1925 juega contra el Chornomorets de Odesa, una ciudad maravillosa. La perla del Mar Negro. Durante años fue uno de los puertos más importantes del Imperio Ruso y la URSS. Un puerto cerca de Rumanía, en las puertas de Europa. A pocas horas de navegación de Turquía. Un puerto donde vivían juntos ucranianos, rusos, judíos, griegos, rumanos o italianos. Con una arquitectura preciosa y las famosas escalinatas donde en 1925 el director soviético Serguéi Eisenstein rodó una de las escenas más famosas del cine, en El acorazado Potemkin. Ciudad orgullosa, Odesa sufre por el futuro de su amado club, el Chornomorets. Un club que solía jugar en la Primera División soviética, y ahora suma dos años en la Segunda División ucraniana, afectado también por la revolución política que lo alteró todo, en este país. Odesa, puerto ucraniano, también tiene una importante parte de la población que se siente rusa. El poeta Aleksandr Pushkin la llamó «la más europea de las ciudades rusas», por ejemplo, pues pese a que toda la población en la zona era ucraniana, el puerto se convirtió en un imán para funcionarios y militares rusos.

Estatua en tributo a Caterina en Odesa. Foto: Haidamac Link: https://commons.wikimedia.org/wiki/User:Haidamac Bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported Link: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Odesa_Katerynynska_2_bud_Sturdzy_DSC_3491_51-101-0414.JPG
Estatua en tributo a Caterina en Odesa. Foto: Haidamac bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported

Odesa fue fundada en 1794 por un decreto de Catalina la Grande como la principal puerta marítima del sur del Imperio ruso, en esos años en que Rusia soñaba con seguir creciendo y conquistar Estambul. Y el responsable de la construcción de la ciudad fue José de Ribas, un militar nacido en una familia española en Nápoles que trabajaba para la Emperatriz. Fue una forma de anunciar que la ciudad sería cosmopolita. Era una urbe moderna, llena de inventores y soñadores. Una de las primeras ciudades con electricidad o alcantarillas de Europa. Una de las joyas del Imperio, que la llenó de teatros y edificios modernos mientras en sus calles se hablaban decenas de lenguas. Aunque la común era el ruso. Y aún lo sigue siendo, aunque no guste al gobierno de Kíev, que intenta dar un toque ucraniano a una ciudad que era la más cosmopolita de Ucrania. Algunos habitantes incluso bromean, diciendo que Odesa es un mundo aparte, con su cultura, como si no fuera ni Ucrania, ni Rusia. Solo Odesa. Eso no gusta a los nacionalistas ucranianos más radicales, que suelen recibir al club de fútbol local con banderas antisemitas, pues consideran que Odesa tiene muchos judíos, aunque queden pocos.

El presidente del club es Leonid Klimov, un hombre que fue bombero y conductor de camiones en su juventud, que consiguió abrirse camino en la política en el partido de Yanukóvich. Aunque supo salir airoso de la revolución y siguió en el parlamento como político independiente hasta 2019, cuando perdió su escaño. Los hinchas no lo soportan, pues mandó al club a segunda. Fundado en los años 30 con el nombre de Dynamo, el club fue rebautizado como Chornomorets, una palabra que quiere decir “gente del mar Negro”. En tiempos soviéticos el club dependía de la marina mercante. Y así llegó a ser tercero en la liga soviética en 1974.

Lunes 3 de agosto, 17:00, Metalist 1925 – Chornomorets

Con la independencia de la URSS, el Chornomorets por fin ganó títulos. Dos Copas. La hinchada pensó que siendo de una ciudad con tanto peso, el club sería una potencia, aunque no fue así. En 1998 ya bajó afectado por una crisis económica. Y en 2018, otro descenso. Parte de la nueva crisis vino provocada por la inversión realizada por el club, con el apoyo del banco local IMEX, para construir un nuevo estadio que no fue elegido como sede de la Euro del 2012. Eso provocó que no llegaran ayudas económicas, entre acusaciones de que se castigaba políticamente a la ciudad. Al final, el estadio acabó siendo propiedad del banco IMEX, aunque este también sufrió una bancarrota y el club ha llegado a jugar en un estadio modesto, mientras el grande esta vacío. El estadio esperando un comprador y el club, un salvador. La Perla del Mar Negro, a nivel futbolístico, sufre. Como sufren en Járkov.

Y con este partido, llegamos al final de temporada. Nos gustaría estar en Odesa, aunque por culpa del covid-19, nos toca viajar encerrados en casa. ¡Hasta la próxima temporada!

Foto de Portada (Járkov): Dmitry Sleduk bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported

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1 comments

Espectacular texto Toni, uno más. Aquí siempre seguimos tus artículos, una sección donde se puede aprender una barbaridad sobre cultura y política, cosas que están muy relacionadas con el fútbol.

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