Partido Polish Boyfriend: El campeón resucitado después de décadas muerto

timisoara - Gratziela Ciortuz bajo licencia Creative Commons

En otras ocasiones he explicado una de mis pasiones: coleccionar mapas antiguos. Y si no los puedo pagar, los observo. Los mapas del este de Europa son preciosos, en este sentido. Aparecen nombres de regiones que en su momento fueron importantes y ahora casi no existen. O puedes ver cómo una ciudad ha cambiado de nombre en función de quién mandaba en los palacios o las calles. En su momento hablamos del caso de la ciudad rumana de Cluj, conocida en tiempos de dominio húngaro como Kolozsvár. Hoy toca hablar de Timisoara, esa ciudad que en mapas viejos aparece como Temeschburg o Temesvár. Y toca hablar de cómo también pueden volver viejos nombres de equipos de fútbol. En ocasiones, un pasado que parecía muerto puede renacer. En Rumanía, una liga donde siempre encontramos historias fascinantes, estos últimos años clubes que han pasado décadas muertos están volviendo a la vida.

Timisoara es la principal ciudad del Banato, una región que durante siglos gozaba de una mezcla cultural espectacular. En la actualidad, el Banato se divide especialmente entre Rumanía y Serbia, aunque una pequeña parte quedó dentro de Hungría. Antes, en esta región vivían rumanos, serbios, húngaros, gitanos, alemanes, ucranianos, eslovacos, búlgaros, griegos, checos, croatas o judíos, mezclados a la sombra de una autoridad, la del Imperio austrohúngaro, que controló durante siglos la región. En la actualidad, esta parte del Banato es rumana.

Hace unos 100 años, los rumanos eran minoría en esta urbe. Hoy, se calcula que el 90% de la población es rumana, cuando en los censos de la década de los años 10, durante el Imperio austrohúngaro, no era más que el 10%. Entonces, las dos grandes comunidades eran la alemana, que llamaba la ciudad con el nombre de Temeswar, o la húngara, que la llaman Temesvár. Sí, el alemán era el idioma de esta zona gracias a los suabos del Danubio. Sobre el siglo XII o XIII, comerciantes y mineros alemanes empezaron a llegar al Banato invitados por los monarcas húngaros, creando una comunidad que se asentó y creó su propio dialecto del alemán después de siglos lejos de Alemania. En la actual Rumanía existen diferentes grupos de alemanes, como esos que viven en Transilvania y los suabos del Banato, aunque quedan pocos, ya que en 1990, cuando la Rumanía comunista se desplomó, Alemania aceptó que los alemanes de Rumanía pudieran ir a su país y conseguir la nacionalidad. Un ejemplo gráfico: alemanes de Timisoara pudieron optar a la nacionalidad alemana gracias a que, 800 años antes, sus antepasados habían salido de Alemania. Los giros de la historia.

Sábado 18 de noviembre, 10:00h, Ripensia Timisoara-ASU Poli Timisoara

Esta fue una de las razones por las que Timisoara, poco a poco, dejó de hablar alemán. Aunque la principal fueron las guerras. Si después de la Primera esta zona pasó a formar parte del nuevo estado rumano, provocando un éxodo de los húngaros, en la Segunda muchos alemanes locales apoyaron a Hitler. Y en 1944 fueron represaliados si no escaparon a tiempo. Si en 1939 se calcula que vivían unas 700.000 personas que hablaban alemán en Rumanía, hoy la cifra es de unos 36.000. Las guerras y las nuevas fronteras provocaron, pues, que Timisoara pasara a ser una urbe casi toda rumana, cuando, antes, los rumanos eran considerados en la región como la gente del campo, donde sí eran mayoría. Y no como gente de ciudad.

Sea como sea, poca gente recuerda lo grande que fue Timisoara. Cuando el Imperio austrohúngaro la conquistó después que pasara años en manos del Imperio Otomano, esta ciudad se convirtió en una de las urbes más importantes del este de Europa. Floreció, a nivel cultural y empresarial. Esta localidad fue la primera en el Imperio austrohúngaro y la segunda del mundo, después de Nueva York, en contar con alumbrado público eléctrico, y la primera en tener una estación de ambulancias o tranvías del este de Europa. Cuando empezó la Primera Guerra Mundial, era una ciudad moderna. Al final del conflicto, pasó a manos rumanas y estos encontraron una ciudad destrozada por el conflicto, aunque aún con vitalidad.

Pero vamos al fútbol. Timisoara era una urbe comercial, situada en un cruce de caminos. El fútbol, pues, llegó rápidamente con comerciantes ingleses y alemanes. Por eso, cuando en 1921 nació la primera liga rumana unificada, Timisoara se convirtió en una plaza fuerte y en 10 de las primeras 17 ediciones de la liga ganaron equipos de esta ciudad. Aún hoy, Timisoara es la segunda ciudad con más ligas ganadas después de Bucarest, aunque, curiosamente, la última que ganaron fue en 1937.

En la ciudad existía un equipo que se convirtió en el gran dominador del fútbol rumano, el Chinezul de Timisoara. Aunque el club tenía un problema: lo habían fundado húngaros con un nombre húngaro. El club había nacido en 1910, fundado por trabajadores de los ferrocarriles locales, con el nombre de Temesvári Kinizsi SE. El nombre se inspiró en Pablo Kinizki, legendario general magiar del siglo XV. O sea, tenía un nombre nacionalista húngaro en unos años en que Rumanía intentaba dejar claro que esa ciudad era suya. Y eso en un contexto en que los húngaros decían que no, que la ciudad era suya y el tratado internacional los había perjudicado. El Temesvári Kinizsi jugó sus primeros años en la liga húngara, ganando el grupo del sur, hasta que le tocó pasar a jugar como club rumano. Entonces modificó su nombre a Chinezul (la versión en rumano del apellido Kinizki) y ganó las seis primeras ligas rumanas. Las seis, de forma consecutiva, un récord que solamente igualó décadas después el Steaua. Era un equipazo.

El Chinezul, con banderas húngaras en 1914
El Chinezul, con banderas húngaras en 1914. Imagen de dominio público.

Los problemas llegaron en 1927, cuando al club le empezaron a faltar recursos económicos y el presidente, Cornel Lazar, decidió dejar un club en que él no se sentía del todo amado. Lazar era rumano y muchos hinchas del club, húngaros. En una ciudad en que los rumanos cada día eran más, Lazar decidió crear un club nuevo y fundó el Ripensa de Timisoara. Ese movimiento, bautizando el nuevo club con el nombre de una empresa suya, fue un golpe muy duro para el Chinezul, obligado a fusionarse con otro club de la ciudad, el ILSA Timisoara, en 1939. Después llegó otra fusión con otro club, el CAM. Y después, la desaparición.

Entonces la ciudad quedó en manos del Ripensa. Y con el dinero de Lazar, las gradas se llenaron. Era un club rumano donde se sentían más cómodas las autoridades y muchos hinchas. Y rápidamente llegaron los éxitos, con cuatro ligas entre 1933 y 1938. En el club jugaron jugadores famosos, como Nicolae Simatoc, quien jugaría en el Oviedo y el Barça, o jugadores de la minoría alemana local, como Mihai Tänzer, Alexandru Schwartz o Rudolg Bürger, capitán de la selección rumana en el primer Mundial de la historia, en 1930. Fue un club famoso, amado u odiado, ya que Lazar apostó en 1933 por una operación polémica: convertir el Ripensa en el primer club profesional rumano, decisión que provocó que sus jugadores no pudieran ser internacionales en una época amateur. Aunque se llenaban los bolsillos. El Ripensa se convirtió en el gran dominador del fútbol rumano luchando contra el Venus de Bucarest. Incluso llegó a eliminar al Milan en la Copa Mitropa. Hasta que llegó la Segunda Guerra Mundial.

Nicolae Simatoc llegó a jugar en el Barcelona. Foto de dominio público.
Nicolae Simatoc llegó a jugar en el Barcelona. Foto de dominio público.

En 1945, Rumanía empezó una nueva época con los comunistas en el poder. El nuevo gobierno usó el deporte, creando nuevos clubes vinculados a organismos como el ejército o la policía. Y persiguió a los clubes considerados muy capitalistas, como el Ripensa o el Venus. Poco a poco, perdieron categorías. Después fallecieron. El Ripensa deja de existir en 1948, cuando fue fusionado con un club de la compañía eléctrica. El Ripi, como era conocido, falleció. Era el club con más títulos de Rumanía aún en ese momento.

Timisoara nunca más fue la misma. Nunca más un club de la ciudad ha ganado la liga, aunque el equipo que ocupo el vacío llegó a ser subcampeón en dos ocasiones. En 1921, estudiantes de la Escuela Politécnica de la ciudad habían fundado la Politehnica de Timisoara, conocida por todos como la Poli de Timisoara. Fue un club modesto de estudiantes rumanos hasta la guerra, cuando con la desaparición de otros equipos mucha gente llegó a sus gradas. No estaba politizado, los comunistas tampoco lo veían como un enemigo y subió a Primera en 1948. En esos años existían otros clubes locales, como el CFR o el UM Timisoara, aunque poco a poco la Poli se convirtió en el gigante local, ganando la Copa en 1958 y en 1980. Pese a sufrir algunos descensos, también llegó a Europa. Como en la ciudad no tenía rival, los duelos fueron con el UTA Arad, de una ciudad vecina. Hasta 1989.

Ese año, en diciembre, comenzó en Timisoara un levantamiento popular contra el régimen de Nicolae Ceaușescu. Los ciudadanos decidieron apoyar al pastor protestante László Tőkés, miembro de la minoría húngara, quien se atrincheró y se negó a entregarse a la Securitate, la policía secreta. Ese fue el comienzo de la revolución rumana de 1989, que acabó con el gobierno una semana después y con Ceaucescu fusilado. Timisoara nunca había sido una ciudad cuidada por el régimen, por su fama empresarial, por sus minorías, y allí el régimen empezó a caer. Fueron años de euforia. El estadio de la Poli se llenó y en 1991 incluso eliminaron de la UEFA al Atlético de Madrid. Un año después, empataron contra el Real Madrid, aunque fueron goleados en España.

Pero ya sabemos que en Rumanía los clubes sufren destinos complejos. Y la Poli de Timosara también desapareció hundida por las deudas, en 2012, justo cuando habían conseguido ser subcampeones de liga. Se clasificaron para la previa de la Champions y no la jugaron, ya que desaparecieron. Fue un golpe duro que provocó un fenómeno 100% rumano: el nacimiento de dos clubes. Desde entonces existe el ACS Poli Timisoara, fundado en 2012 por el ayuntamiento con la ayuda de empresarios locales, cuando compraron la plaza de un club llamado ACS Recaş. Este club juega en Primera, aunque con el estadio medio vacío, ya que la mayor parte de los hinchas decidieron crear otro club, el SS Politehnica Timișoara. Fundado con la ayuda de la Escuela Politécnica, vuelve a los orígenes ya que se trata de un club propiedad de los aficionados. Lo crearon en 2012 y ya juegan en Segunda, ocupando una plaza en la mitad de la tabla. Además, suelen llevar más gente que el otro Poli de Timisoara, el de Primera. Lo curioso es que este octubre, en la copa, se enfrentaron el ACS Poli Timisoara contra el SS Poli Timisoara. Ganó 0-1 el equipo de Primera al club fundado por los hinchas.

Y esta jornada la Poli de Timisoara propiedad de los hinchas juega derbi contra…el Ripensia. Sí, el club desaparecido en 1948 ha vuelto a la vida. En 2012, el empresario Radu Ienovan, decidió que era el momento para recuperar este club. Ienovan contó en una entrevista que se crió en una aldea llamada Valcani, lugar de nacimiento de Gratian Sepi, uno de los mejores jugadores del Ripensa. Ienovan se interesó en la historia del club y contactó con otros nostálgicos. Inicialmente se dedicaban a comprar objetos, fotos, cromos viejos. Hasta que en 2002 registraron la marca. Luegon empezaron a buscar apoyos y finalmente en 2012 crearon el club. Ienovan fue elegido presidente, aunque no se trata de uno de esos empresarios ricos alocados: tiene un hotel (solamente uno) y una empresa agrícola. Él fue elegido por el grupo de socios que crearon el equipo y juntos buscaron patrocinadores. Ahora el club tiene unos 350 socios y un presupuesto pequeño de 50.000 euros, con jugadores que cobran el sueldo más bajo de la categoría. “Pero cobran. Y tal como anda el fútbol, es mucho. Algunos han entendido que es mejor jugar con nosotros y cobrar poco, que ir donde te prometen mucho y no cobras”, defiende Ienovan, la cara visible de un club que, como en el caso de su rival de los años 30, el Venus de Bucarest, ha vuelto a la vida.

Timisoara se ilusiona con dos clubes históricos fundados otra vez por hinchas. Uno fundado pocas semanas después de desaparecer. Otro esperó más de 70 años.

Foto de portada: Gratziela Ciortuz, bajo licencia Creative Commons 4.0.

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4 comments

Estas historias de clubes rumanos me hacen pensar en el conde Pátula, jejeje! esperemos que la última reencarnación les resulte.

Me encantan estos artículos, Toni. Complementas de maravilla la historia con el hermoso fútbol. ¿No interesa en MI un mexicano loco por el fútbol de todo el mundo desde que tiene conciencia?… ¡Saludos!

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