Partido Polish Boyfriend: Un club histórico ruso hundido y otro renacido

El Kuban

Alexander Tkachov es el Ministro de Agricultura ruso. Hace unos meses, se publicó una charla de Tkachov con Vladimir Putin. Tkachov le propuso a Putin exportar carne de cerdo a Indonesia. Putin le recordó que Indonesia es el país del mundo con más habitantes musulmanes y por tanto, poco cerdo se consumiría. “Ya se acostumbrarán”, soltó Tkachov. Putin se puso a reír y le espetó: “No, no van a comer cerdo”. Y la charla acabó así.

Antes de ser Ministro, Tkachov fue el gobernador del Krai de Krasnodar. Y como tal, presidente del histórico Kuban de Krasnodar, pues el 51% de las acciones de este club de fútbol son propiedad del gobierno regional. En su momento, el Kuban fue el orgullo de la ciudad de Krasnodar. Ahora, el orgullo es su moderno estadio y el otro club de la ciudad, el FC Krasnodar, fundado en 2008. En menos de 10 años, una ciudad ha visto cómo su club histórico se hunde y nace otro capaz de llegar a Europa en un santiamén. Lo curioso del caso, cómo no, es ver cómo ha sido el club que goza del apoyo de los políticos el que se hunde.

Krasnodar es la capital de esta región conocida como Krasnodar Krai, región que abarca casi toda la costa rusa en el Mar Negro hasta la frontera con Georgia. Muchos rusos no suelen hablar de esta región como “Krasnodar Krai”. La conocen como el “Kuban”, en honor al río de la zona. Es una región muy famosa en Rusia, con fama de gente dura y relacionada de forma casi mitificada con los cosacos. Krasnodar la fundaron cosacos con el nombre de Yekaterinodar (regalo de Catalina, la emperatriz), en esos años en los que Rusia se extendía hacia el sur, ganando tierras a las poblaciones musulmanas, a las que empujaba hacia más al sur. Fue tierra de fronteras, de llanuras, de tipos violentos. El “Wild West” ruso en los siglos XVIII y XIX. Aún hoy la región presume de su ADN cosaco, con unos 18.000 cosacos del Kuban organizados internamente, manteniendo viva su identidad, su cultura. Sus tradiciones. Ni el comunismo pudo modificar algunas de estas cosas, aunque si modificó el nombre de la ciudad: Krasnodar. O sea, “regalo de los rojos”.

El Kuban de Krasnodar durante un encuentro del año pasado ante el Red Bull Salzburg. Foto: Focus Images Ltd
El Kuban de Krasnodar durante un encuentro del año pasado ante el Red Bull Salzburg. Foto: Focus Images Ltd

El Kuban fue el equipo de la ciudad durante muchos años, jugando en la Primera División soviética en estadios llenos. Sufría descensos, también ascensos. En los últimos años, igual. Alternaba temporadas positivas con otras negativas. Fue en los años 90 cuando la gobernación de la región paso a ser propietaria del 51% de las acciones del club. Era una jugada que pretendía garantizar el futuro del club, unir empresarios y destacar el compromiso con la ciudad. Así pues, cuando Tkachov fue elegido gobernador, pasó a gobernar el club. Y llegaron los problemas, como cuando su delantero Nikola Nikezic se negó a firmar su baja. La manera que se utilizó para convencer a Nikezic fue una monumental paliza que le propinaron unos tipos que, según la prensa montenegrina, eran sicarios de la mafia rusa. Al final, Nikezic firmó, denunció el caso y cobró una compensación del Kuban. Además, el club empezó a acumular deudas, persiguiendo éxitos como jugar en Europa, gracias a la quinta posición de la temporada 2013, o una final de Copa. Se ficharon jugadores famosos, como Arshavin o Roman Pavlyuchenko, quien anda ahora en otro proyecto polémico, el Ararat de Moscú, y el resultado fue una crisis económica que casi acaba con la entidad. En 2015, Tkachov dejó de ser gobernador pues pasó a ser Ministro y el nuevo gobernador, Veniamin Kondratyev, intentó poner orden. Primero, anunció que el gobierno regional ayudaría en la búsqueda de patrocinadores, pero dejaría de poner dinero estatal. Puso como responsable del club a Gennady Krapivka y este intentó conseguir más dinero del empresario de origen armenio Oleg Mkrtchyan, un tipo que ha invertido dinero en clubes rusos, ucranianos y armenios en las últimas décadas. En el Kuban, su hijo Suren Mkrtchyan llegó a ser vicepresidente, aunque finalmente el empresario entendió que era poner dinero en un saco roto. Y el Kuban bajó a segunda, entre deudas, luchando en la parte baja y con unas 4.000 personas en el campo. Actualmente la deuda supera los 35 millones de dólares.

Para entender el descenso a los infiernos, toca entender la historia del FC Krasnodar, el equipo que ha llegado a Europa. Llena uno de los estadios más modernos, con su pantalla gigante circular y ha conseguido crear una masa social de la nada. El club fue creado por el empresario Sergey Galitsky. Galitsky es uno de los tipos más ricos del país, propietario de una red de supermercados. Nacido cerca de Sochi, Galitsky es armenio, aunque adoptó el apellido ruso de su esposa cuando inició su aventura profesional. Sí, otro armenio. Ya tratamos el caso de los armenios en el fútbol ruso en su momento. Pues bien, este hombre, en 2008, apostó por el fútbol y fundó el FC Krasnodar, “los toros”, equipo que en tres años se plantó en Primera: un ascenso deportivo y otro en los despachos cuando el Saturn desapareció y la Federación le invitó. En 2011 pues, el derbi se jugó por primera vez en Primera. Cada equipo ganó uno de ellos, siempre como visitante. Con entrenadores como Leonid Kuchuk, Viktor Goncharenko, o Oleg Kononov, el Krasnodar no dejó de mejorar sobre una línea de trabajo clara: armar un fútbol base muy cuidado, apostar por una imagen moderna y juego ofensivo. La receta ha sido un éxito. El FC Krasnodar tiene una imagen fresca que gusta a los jóvenes. El Kuban parece un juguete roto en manos de políticos y esta temporada se llegó a especular con enviar el club a la ciudad de Sochi, la ciudad balneario sede de un Gran Premio de F1, de unos Juegos Olímpicos y con un estadio sede del Mundial, pues no tienen equipo en las primeras categorías. Los pocos fieles del Kuban se quejaron ante la posibilidad de ese movimiento patrocinado por la gobernación, pues Sochi pertenece al Krai de Krasnodar. Aunque, finalmente, la operación se abortó y el Kuban sigue buscando dinero jugando en su viejo estadio. Mientras el nuevo club brilla en un recinto moderno.

Krasnodar se ha quedado sin derbi en Primera. Y precisamente esta jornada, el Kuban juega contra un club que pretende recuperar un derbi perdido. El Dinamo de San Petersburgo lucha por el ascenso a Primera, renacido después de años de ostracismo, deudas y gradas vacías. El Zenit manda en la ciudad de los zares, con comodidad, aunque los más veteranos recuerdan esos años en que existía un derbi parejo, en las gradas y el terreno de juego. El llamado derbi de Leningrado. Y así se llama aún, pese a que la ciudad se llama otra vez San Petersburgo. Pues bien, este 2017, el Dinamo ganó su primer derbi de Leningrado en más de 55 años, cuando eliminó al todopoderoso Zenit de Roberto Mancini en la copa, por 2-3.

El Dinamo ganó el primer Derbi de Leningrado en 55 años. Foto: Focus Images Ltd
El Dinamo ganó el primer Derbi de Leningrado en 55 años. Foto: Focus Images Ltd

El Dinamo fue fundado en 1922, formando parte de la Sociedad deportiva Dinamo, esa que agrupaba diversos clubes deportivos controlados por la policía secreta. Nunca llegó a ser tan importante como otros Dinamo, como esos de Kíev, Moscú o Tbilisi, aunque fue uno de los fundadores de la Primera División soviética en 1936. Después de la Segunda Guerra Mundial, las autoridades, poco satisfechas con el rendimiento del club, decretaron que desapareciera y en su lugar se creara otro club, el Trudovyye rezervy, que bajó a Segunda. Las autoridades del KGB, la policía secreta que controlaba los Dinamo, no querían que sus equipos fueran derrotados, y prefirieron eliminar su club de Leningrado para potenciar otros. Aunque en los años 60, con Stalin ya muerto y cierta apertura, el Dinamo volvió a la vida. Pero nunca volverían los años de felicidad, con el club perdido en Segunda o Tercera. Con el fin de la URSS, el club modificó su nombre, jugando hasta 1995 bajó la denominación de Prometey-Dinamo.

Con el fin de la URSS, el Zenit pasó de ser un equipo sin demasiado éxitos a convertirse en un auténtico gigante. Y el Dinamo llegó a desaparecer por deudas el año 2000, provocando que se creara rápidamente otro Dinamo sobre la base del FC Petrotrest San Petersburgo, un club creado por un empresario. Nadie parecía amar al Dinamo. Algunos ancianos lo recordaban, algunos chicos, poca gente. Hasta el año 2015, cuando con el club en categorías amateurs, llegó el multimillonario Boris Rotenberg. Con su dinero, el club ascendió a Segunda y ahora sueña con jugar por primera vez en la Primera División rusa.

¿Y quién es Rotenberg? Un tipo famoso en el deporte ruso. Boris y su hermano Arkady son propietarios de la empresa encargada de la construcción de gasoductos más grande de Europa, la SGM (StroyGazMontazh). Considerado uno de los 100 rusos más ricos, Boris ha conseguido poner sus gasoductos en las grandes operaciones de la Gazprom, la empresa de gas ruso que patrocina la Champions y esta detrás del Zenit. O sea, la empresa de gas manda en el Zenit. Y la empresa que crea instalaciones para transportar el gas controla el Dinamo. El derbi de Leningrado es el derbi del gas.

Gazprom es el patrocinador del Zenit. Foto: Focus Images Ltd
Gazprom es el patrocinador del Zenit. Foto: Focus Images Ltd

Rotenberg es un enfermo de los deportes y en los años 70 fue campeón regional de judo, un deporte en que brilló. Y fue como luchador de judo cuando conoció a un miembro de los servicios secretos soviéticos que con el tiempo llegaría lejos: Vladimir Putin. Los dos aún mantienen una buena amistad y entrenan juntos, elegantes, vestidos de blanco, con cinturón negro, en un gimnasio de judo. Con la caída de la URSS, Rotenberg escapó a Helsinki, donde ejercía de entrenador de la disciplina. Luego volvió y fundó la empresa SGM. Los negocios prosperaron y más tarde crearía un banco, el SMP, y una empresa de construcción que ganó el concurso que los permitió construir buena parte de las instalaciones olímpicas de los Juegos de Sochi. Además, fue elegido presidente de la Federación rusa de judo.

En 2013, los Rotenberg desembarcaron en el Dinamo de Moscú. Un banco compró el club y ellos se convirtieron en sus socios estratégicos. Así, Arkady ocupó el palco en el equipo de hockey sobre hielo. Boris, en el de fútbol. Aunque las cosas no funcionaron. El equipo bajó por primera vez a Segunda y los Rotenberg se largaron. Pero esa experiencia gustó a Boris: así que decidió comprar el Dinamo de San Petersburgo en 2015.

Lo curioso del caso es que fue muy común ver a Rotenberg animando al Zenit, hace años. Dos de sus hijos se han dedicado al deporte y uno, Roman, trabaja en los despachos del SKA San Petersburgo de hockey sobre hielo. El otro, Boris, es futbolista. Boris empezó a jugar en Finlandia, pues allí se había criado cuando la familia vivía en Helsinki, aunque luego fue fichado por el Zenit. Boris jugó amistosos y en el segundo equipo, con el padre en la grada, aunque fue cedido una y otra vez. Hasta que lo fichó el Dinamo de Moscú. No piensen mal, fue fichado cuando su padre aún no era presidente. Aunque cuando llegó el padre su suerte sí cambió. Si primero el Dinamo lo cedía, con la llegada del padre se quedó en el primer equipo. Ahora es suplente en el Lokomotiv de Moscú y ha sido internacional… con Finlandia. Jugó una vez, pues tiene los dos pasaportes.

Con el dinero familiar, el Dinamo de San Petersburgo se ilusiona con un posible ascenso. De momento otros equipos andan más fuertes y las opciones pasarían por jugar la promoción. Un paso clave sería ganar el Kuban. Si una ciudad ha perdido su derbi, otra lo puede recuperar.

Foto de portada: Focus Images Ltd

Related posts

4 comments

Qué preciosidad el estadio antiguo del Zenit que se ve en el vídeo, la toma aérea de todo el recinto es maravillosa.

Fun fact: el estadio se llamaba Kirov, en homenaje al bolchevique, como la ciudad del futbolista anónimo de esta semana.

Toni Padilla e historias rusas. Combinación perfecta para un artículo brillante. Muchas gracias. Es un lujazo seguir aprendiendo contigo. Enhorabuena

Deja un comentario

*