Partido Polish Boyfriend: El derbi del petróleo entre dos ciudades fundadas por los rusos

Gilad Rom, bajo licencia Creative Commons 2.0.

Vuelve la Bundesliga y todas las miradas futboleras poco a poco viran hacia Occidente. No hace tanto el fútbol tayiko fue protagonista, cuando era uno de los pocos lugares con la pelota rodando. Después, la COVID-19 paró este campeonato. Y nos quedamos con la liga bielorrusa, donde este fin de semana dos partidos ya se han suspendido por el mismo motivo. Aunque en el este, sigue firme la liga de Turkmenistán.

Normal que el campeonato no se pare, pues en este país el Coronavirus no existe. Así lo decretó su presidente. Si nombras la enfermedad, puedes acabar en la cárcel. En los estados poco democráticos estas cosas pasan. Por ejemplo, en Tayikistán negaron tener el virus, hasta que no pudieron ocultarlo más. Pese a ello, sigue siendo peligroso saber la verdad y esa semana han dado una paliza a un periodista que sacaba informaciones sobre la realidad de la COVID-19 en la zona. Peor aún andan las cosas en uno de los países menos democráticos del mundo, Turkmenistán.

Ya hablamos de ellos hace poco, cuando volvió la liga. Este país desértico es liderado por dictadores que tienen buenos padrinos. Si eres presidente de un país con petróleo y gas, puedes hacer lo que quieras siempre que tengas un padrino que te proteja. Así es la vida. Gobiernos que se llenan la boca de valores toleran a dictadores si les venden gas a buen precio. Y Turkmenistán tienen mucho gas y mucho petróleo. Por eso esta semana se juega el derbi del petróleo en su liga de fútbol. El derbi entre los dos equipos de la Provincia de Balkan, la más rica pese a ser la más árida. No tienen agua, pero sí tesoros bajo la arena.

Lunes 18 de mayo a las 15:00h, Sagadam-Nebitçi

Este país posee la cuarta reserva de recursos de gas natural del mundo. Y en petróleo, forma parte del club de 30 países con más reservas. Y eso es clave. Sin gas ni petróleo, este sería un rincón del mundo muy diferente. Aquí, el 70% del territorio es el desierto del Karakum. Una zona de pueblos independientes, nómadas, que tardó en ser sometida por los rusos. Los rusos ni siquiera tenían mucha intención en controlar esta zona. Les interesaba lo que estaba detrás, las grandes ciudades de la ruta de la seda, cerca de la frontera con Afganistán. Controlaron y sometieron esta zona de paso. Hasta que descubrieron que debajo de la arena del desierto había un tesoro en forma de reservas de gas. Por eso una de las grandes atracciones turísticas del país es la llamada puerta del infierno, un agujero en medio del desierto que arde desde 1970, cuando un error humano en unas investigaciones incendió un pozo de gas. Aún arde. Más de 50 años ardiendo, pues el gas no se acaba. Y de petróleo andan igualmente bien. El petróleo modificó la geografía y la historia de la zona. Y de paso, al fútbol.

El gas y el petróleo han dado poder al gobierno turkmeno. En ocasiones vemos en televisión a su presidente, Gurbanguly Berdimuhamedov, haciendo cosas raras como montar a caballo vestido de forma extravagante. El mismo tipo que ha prohibido hablar de Coronavirus o que emite en directo programas donde aparece disparando con metralletas o mandando a la cárcel a un ministro. Y cuentan que Berdimuhamedov es mejor que su predecesor, el primer presidente del Turkemistán independiente, Saparmyrat Nyýazow. Fue él quien creó un estado donde su figura era idolatrada. Su sucesor ha seguido por el mismo camino. Por eso casi todas las ciudades, clubes de fútbol o instituciones han sido rebautizadas en los últimos años. La idea era alejarse del pasado ruso y crear un nuevo relato para el nacionalismo turkmeno. Aunque siguen dependiendo de los rusos, claro.

Una de las ciudades afectadas fue Turkmenbashi, una ciudad llamada Krasnovodsk hasta 1993. Este puerto fue fundado por los rusos en 1869 en el Mar Caspio. Al otro lado del mar, está la costa rusa. El puerto, pues, se convirtió en la puerta de entrada de los rusos hacia el interior de Turkmenistán y se convirtió en la ciudad más cosmopolita de la zona, con millares de rusos, aunque también armenios, griegos o ucranianos. Población que se largó cuando Turkmenistán se independizó. Ahora la ciudad se llama Türkmenbaşy, en honor de Nyýazow. Él mismo bautizó esa ciudad con esta palabra que quiere decir “líder de los turkmenos”. O sea, él mismo. Este puerto sigue siendo la principal conexión marítima de Asia Central con Europa. Aquí acaba el ferrocarril transcaspiano, cargado de mercancías destinadas al otro lado del Mar Caspio. Aquí llega el gas y el petróleo que saldrá del país. Y por eso aquí existe la refinería más grande de Turkmenistán. Y pegada, un club.

En tiempos soviéticos, ya se sabe, los clubes de fútbol dependían del estado. Los clubes vinculados a plantas de petróleo se llamaban Neftchi. Era el caso del club de Krasnovodsk, uno de los mejores en esa época, porque esta ciudad, dinámica, tenía muchos ciudadanos rusos, más interesados por el deporte que no los turkmenos. El club llegó a la tercera división soviética y compitió bien hasta la independencia, cuando se convirtió en un clásico en Primera, ganando una liga ya bajo el nombre actual, Sagadam, una abreviación del nombre oficial de la entidad: “Club de fútbol de la refinería de petróleo de Türkmenbaşy. Gracias al apoyo de la refinería, el club se convirtió en el primero capaz de ganar la liga sin tener sede en la capital del país, Asjabad.

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Aunque poco después le salió un vecino ruidoso, el Nebitçi Balkanabat. En 1933, en una zona de desierto no muy lejos de Krasnovodsk, ingenieros soviéticos descubrieron un yacimiento de petróleo. En medio de la nada, nació en poco tiempo una ciudad que fue bautizada como Neftedag, un nombre que toma la palabra rusa para el petróleo (neft) y la turkmena para una montaña (dag). La ciudad no dejó de crecer. Por aquí pasa el tren y se crearon todo tipo de instalaciones. En 1960, se fundó el primer club de fútbol, llamado, cómo no, Nebitçi, el club de los trabajadores del petróleo. Era un club menor, hasta que la independencia de Turkmenistán permitió al club dar el salto a Primera.

Y poco a poco creció, con nuevos nombres. El gobierno bautizó la ciudad como Balkanabad (ciudad de los Balkan, una zona montañoso cercana) y el club pasó a competir como Balkan Balkanabad, pese a que en los últimos años ha recuperado el nombre de Nebitçi porque así no compite con el nombre de toda la región, cosa que no gustaba en Krasnovodsk, pues sentían que era un club ayudado por las altas esferas. Y lo cierto es que ha ganado cuatro ligas, tres de ellas en las últimas cinco temporadas, aprovechando que el gobierno ha invertido mucho dinero en la región para asegurarse que no tiene problemas en esta zona que asegura la mayor parte de la riqueza del país. La Provincia de Balkan es la región del gas y del petróleo. De las refinerías y el gran puerto de un país, Turkmenistán, sin salida al mar aunque tenga un lago con nombre de mar, el Caspio.

Las dos urbes, fundadas por los rusos y con nuevos nombres, han visto cómo se crean nuevos barrios, monumentos al presidente y se remodelan los estadios para dar estabilidad a la zona que tenía un tesoro bajo esa arena que había sido cruzada durante siglos por tribus nómadas. Ahora, ya asentadas en estas ciudades, gozan gracias a dos clubes de fútbol propiedad de refinerías. Dos clubes que pugnan por ser el mejor de la Provincia de Balkan, que asegura el 90% del gas local y el 30% del petróleo. Sin petróleo ni gas, estas ciudades serían muy diferentes. Y quizás, estos clubes ni existirían.

Foto de portada: Gilad Rom, bajo licencia Creative Commons 2.0.

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1 comments

Espectacular Toni. Trabajazo. Mil gracias 🙂 Es un placer poder leerte cada viernes, y más con estas incursiones en la geopolítica del fútbol más allá de Europa.

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