Partido Polish Boyfriend: Las heridas del pasado en el derbi de la Baja Sajonia

Aficionados del Eintracht  Braunschweig. Foto: Chivista bajo licencia Creative Commons 3.0

Algunas ciudades son orgullosas. Braunschweig, en español Brunswick, fue durante siglos la capital de un Ducado independiente. No entraremos a fondo en la historia alemana, pues durante mucho tiempo esas tierras fueron un conglomerado de estados independientes con fronteras aparentemente sin sentido. El mapa de la actual Alemania parecía una obra de arte moderna, como si un artista hubiera lanzado un tarro de pintura para conformar fronteras complejas. Uno de esos estados era el Ducado de Brunswick, que controlaba ciudades dispersas, en ocasiones separadas unas de otras por tierras de otros Duques, otros Reyezuelos, otros Monarcas.

El Ducado de Brunswick consiguió mantener muchos de sus derechos incluso una vez pasó a formar parte del Imperio Alemán. Incluso después de la Segunda Guerra Mundial algunos intentaron recuperar cierta independencia proclamando una República Socialista. Los ciudadanos de la región se podían matar entre ellos apostando por banderas rojas, viejos duques o acercándose al incipiente nazismo, aunque siempre defendían su identidad local. No sería hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando la zona pasaría a formar parte de la Baja Sajonia. Sí, tenía sentido organizar Alemania en grandes regiones y la Sajonia, dividida legalmente en tres departamentos, tenía una cierta identidad en común, con su dialecto sajón. Aunque esa unificación no podía ocultar las rivalidades locales. La gente de Brunswick sufría viendo cómo ellos, antes capital de un Ducado con sus embajadores y banderas, ahora formaban parte de una región con capital en Hannover. No, estas dos ciudades no se llevan bien. Sus equipos de fútbol, aún menos.

La ciudad de Hannover, en Alemania. Foto: H. Helmlechner bajo licencia Creative Commons 4.0
La ciudad de Hannover, en Alemania. Foto: H. Helmlechner bajo licencia Creative Commons 4.0

Hannover y Brunswick, muy cercanas, no siempre han caminado en la misma dirección. Durante años, Hannover fue controlada por la casa real de Brunswick, aunque con el paso del tiempo los habitantes de Hannover eligieron otras rutas allá por el siglo XVI. En 1813, se creó el Reino Independiente de Hannover, con una casa real que por cierto, ya mandaba en medio mundo gracias a las bodas que permitieron a sus miembros gobernar en el Reino Unido a partir de 1714. Hannover se convirtió en una ciudad grande, aunque en 1866 su independencia finalizó cuando Prusia los invadió por ser aliados de Austria. Pese a ello, no dejó de crecer como ciudad, siendo más grande que la vecina Brunswich. Por eso Hannover fue elegida capital de la nueva Baja Sajonia en 1946. Un elemento más en una rivalidad especialmente viva en el fútbol.

El Eintracht de Brunswick (o de Braunschweig), fue fundado en 1895 por estudiantes que habían visitado Inglaterra. Primero, jugaron tanto a fútbol como a cricket. Este segundo deporte lo abandonaron y se centraron en la pelota grande, con cierto éxito. Y cómo no, eligieron los colores amarillo y azul, esos del Ducado de Brunswick, derivados del escudo de armas de Enrique el León, un gran Duque medieval de Sajonia. Ya en sus primeros años ganó torneos regionales, con sus jugadores participando en las primeras convocatorias de una selección alemana. El Hannover había nacido más o menos en las mismas fechas, con una historia similar. En este caso, los fundadores practicaban atletismo y fútbol. Tardaron unos años en centrarse en el deporte con balón, así que cuando se pusieron las pilas, el Eintracht era superior. Los primeros años de rivalidad, mandó el club de Brunswick.

El autobús oficial del Eintracht Braunschweig. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd
El autobús oficial del Eintracht Braunschweig. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd

Después de la Segunda Guerra Mundial, el Eintracht se convirtió en uno de los símbolos de la ciudad. Orgullosa capital, centro comercial medieval, Brunswick intentaba encontrar su lugar en una nueva Alemania. Y el estadio se llenaba de hinchas, que se podían sentir orgullosos de su ciudad gracias a los goles de sus delanteros. Millares de personas asistirían al funeral del portero Gustav Fähland, cuando falleció después de recibir un golpe en la cabeza en un partido contra el Werder Bremen en 1949. Además, el Hannover había crecido hasta ganar dos títulos de campeón de Alemania, en 1938 y en 1954. El equipo de Hannover había conseguido dominar el derbi en años de revoluciones. También el club era un símbolo de una nueva era para una ciudad que andaba con la cabeza alta después de haber dado monarcas a medio planeta.

Sábado 6 de febrero, 13:00h, Eintracht Braunschweig-Hannover

La nueva Alemania afrontó nuevos retos, intentando olvidar su vergonzoso pasado nazi y mirando hacía un futuro esperanzador donde se dibujaron nuevas fronteras regionales y se crearon nuevos organismos. Todo era nuevo. También en el fútbol. A mediados de los años 50 se impulsó el proyecto de crear la Bundesliga, imitando las grandes ligas europeas. Hasta entonces, Alemania tenía ligas regionales. Y los campeones luchaban por ser el campeón estatal en un play-off, prueba de la importancia que tenían las identidades regionales en un país menos homogéneo de lo que parece. En 1963, el año que debía nacer la Bundesliga, el Eintracht de Braunschweig fue uno de los 46 clubes que pidió participar en la nueva Primera División. Y claro, no todos tenían su lugar. Los creadores de la liga decidieron dar tres plazas a los equipos del grupo regional del norte, la Oberliga Nord. Uno de ellos era el Hamburgo. Otro, el Werder Bremen. Así que los dos rivales de la Baja Sajonia se debían disputar la tercera plaza. Como habían ganado la liga en 1954 y tenían sede en una ciudad más grande, en Hannover asumieron que sería suya. ¿Ellos eran la capital de provincia, no? Pues no fue así. La plaza la ganó el Eintracht, con sus directivos demostrando mucha cintura en los despachos, defendiendo que les tocaba por haber finalizado terceros en su grupo de la temporada 62/63. Cuando nació la Bundesliga, el Eintracht estaba en Primera y el Hannover, en Segunda. Incluso millares de hinchas se manifestaron, dando aún más sentido a la rivalidad.

Imagen de la ciudad de Hannover, en Alemania. Foto: Pedelecs bajo licencia Creative Commons 3.0
Imagen de la ciudad de Hannover, en Alemania. Foto: Pedelecs bajo licencia Creative Commons 3.0

Y el Eintracht supo aprovechar esa oportunidad. En 1967, el equipo ganaría su único título de liga con Helmuth Johannsen como entrenador. El club se había convertido en una entidad moderna y valiente, aunque no se escapaba de cierto destino trágico. Si en 1949 había muerto Fähland, en 1969 perdería la vida en la carretera el delantero Jürgen Moll. Su muerte incluso provocó un amistoso histórico, pues los jugadores del Eintracht se unieron con esos del Hannover, el eterno rival, para enfrentarse a la selección alemana. El dinero recaudado se destino a los hijos de Moll.

En 1973, el Eintracht, siempre ambicioso, se convirtió en el primer club alemán con un patrocinador en su camiseta, provocando un escándalo. El licor Jägermeister pagó millones para aparecer en la camiseta del club, contrato que duraría hasta 1987, abriendo la puerta a otros patrocinios. Ambicioso y moderno como era, el Eintracht incluso debatió en una asamblea del 1983 bautizar equipo como Jägermeister Braunschweig. Los hinchas votaron en contra. Fueron buenos años, los 70 y los 80. El club gastaba el dinero de los patrocinios en jugadores como Paul Breitner, fichado del Real Madrid, o Lutz Eigendorf, el mejor jugador de la vecina RDA. Eigendorf había cruzado el muro escapando y recaló en Brunswick, donde perdería la vida en un accidente de tráfico en 1983 que después se supo fue un crimen: la Stasi, la policía secreta de la RDA, manipuló su vehículo. De nuevo, el destino trágico se cruzó en el camino del club. Poco después, en 1985, el Eintracht bajó a Segunda. Y ya nada fue lo mismo.

Estadio del Hannover, en Alemania. Foto: Tim Rademacher bajo licencia Creative Commons 4.0
Estadio del Hannover, en Alemania. Foto: Tim Rademacher bajo licencia Creative Commons 4.0

Durante esos años, el Hannover había sufrido. Pese a llegar a Primera a finales de los 60, se hundió afectado por problemas económicos, llegando a jugar en cuarta. El club fue un ascensor entre Segunda y cuarta, aunque fue capaz de ganar la copa siendo equipo de Segunda en 1992 ganando en los penaltis contra el Borussia Mönchengladbach. Curiosamente, en su debut europeo fue eliminado por el Werder Bremen, vigente campeón de la Recopa. Su primera aventura internacional se jugó a una hora en tren de Hannover.

Con el nuevo siglo, el Hannover por fin se asentó en Primera. Además, consiguió ser sede del Mundial del 2006 (España fue eliminada por Francia aquí), cosa que permitió remodelar el estadio. Fueron los mejores años del club, jugando dos años la Europa League. En 2012 llegaron hasta los cuartos de final, cuando el Atlético de Madrid puso fin a sus sueños. Tampoco el Hannover se escaparía de la desgracia, pues Robert Enke, su portero, se quitaría la vida afectado por una depresión en 2009. Fueron años sin derbi, pues el Eintracht andaba por Segunda y Tercera, viviendo del pasado. La racha se rompería en 2013, con el retorno a la Bundesliga después de 28 años en el desierto. El retorno fue breve, ya que bajaron a Segunda un año después, aunque ganaron un derbi 3-0 y empataron el otro, 0-0.

Los últimos años, los dos equipos se han visto las caras en Segunda y en Tercera. Allí andan, en Segunda, con el Eintracht sufriendo para salir de la cola de la tabla. Y el Hannover persiguiendo el ascenso para jugar en Primera un derbi menos sentido con el equipo que ahora manda en la Baja Sajonia, el Wolfsburgo. Aunque esa, es otra historia. La contamos aquí.

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Foto de portada: DNI Arena, estadio del Hannover. Foto: Tim Rademacher bajo licencia Creative Commons 4.0

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