Partido Polish Boyfriend: Noé vuelve al Monte Ararat en un campo de fútbol

Սէրուժ Ուրիշեան (Serouj Ourishian) - Licencia Creative Commons 4.0 Internacional mount_ararat_and_the_yerevan_skyline_in_spring_50mm

Yahvé observó que los hombres se estaban multiplicando sobre la faz de la Tierra y la violencia y la maldad crecía en ellos. De hecho, la violencia era tanta que, a los ojos de Yahvé o Jehová, la Tierra estaba arruinada, por lo que decidió destruir esa generación”. Aunque por suerte, existía un hombre justo. Noé. Uno se pone a leer la historia del Diluvio Universal en el ‘Génesis’ y empieza a mirar hacia el cielo, tal como tenemos el planeta en este año 2020. Castigado, contaminado, lleno de odio.

Cuando uno lee los textos religiosos, -puede creer que los hechos narrados existieron exactamente como se cuentan. O aceptar que se trata de una leyenda donde lo más importante es el mensaje que explica. Su moralidad, su ejemplaridad. Para muchos, el Diluvio Universal existió tal como se cuenta en el Génesis. Para otros, no. Aunque su mensaje sea tan potente que nos afecta a todos, tengamos fe o no. Para esos que creen tanto en el relato como en el mensaje, poder encontrar los escenarios de los hechos narrados ha sido un sueño, para poder tener un lugar de peregrinaje. Ya en los tiempos de la cruzadas, viajar al escenario de los relatos bíblicos y tener una reliquia se convirtió en una obsesión. Tanto, que más de un pillo hacía negocio vendiendo reliquias santas falsas. Si sumamos todos los dedos de algún santo, debería tener cinco manos, si todas son verdaderas.

¿Cómo hemos acabado hablando de esto en una web de fútbol? Todo tiene su sentido. Debemos entender la fe, la importancia de tener símbolos, en esta historia. La historia del Diluvio Universal es clave en el cristianismo. Para millones de personas, el escenario de los hechos sería la zona del Medio Oriente. Se cree que Noé vivía en la zona del actual Irak. Y que su arca, después de meses a la deriva, tocó tierra en la cima del monte Ararat, en la frontera entre Turquía y Armenia. Esta cima se convirtió en un lugar de peregrinaje para los cristianos. Aunque actualmente casi no se puede visitar, pues queda en la zona militar de frontera entre dos estados enfrentados. Y esta semana, en la liga de fútbol armenia, Noé se enfrenta al Monte Aratat. El FC Ararat, el club más histórico de Armenia, se enfrenta al FC Noé, uno de los más jóvenes. Sin la Biblia no se entiende como dos clubes han acabado bautizados así.

El Monte Ararat es más que un símbolo en Armenia. Foto: Marcadorint / Tomàs Martínez (todos los derechos reservados)
El Monte Ararat es más que un símbolo en Armenia. Foto: Marcadorint / Tomàs Martínez (todos los derechos reservados)

El FC Ararat fue fundado en 1935 como Spartak Yereván por jóvenes comunistas locales. Armenia era entonces un estado joven, integrado dentro de la URSS y levantado sobre las ruinas de una nación milenaria. Los armenios fueron uno de los primeros pueblos en asumir el cristianismo como religión oficial, ya en el año 301, controlando durante siglos un territorio bastante grande en la actual Armenia, Turquía y Siria. Y en el centro de su tierra se encontraba el Ararat, un viejo volcán muy importante en el imaginario de los cristianos de oriente. Aquí nació la leyenda de los Diez Mil Mártires del Monte Ararat, cuando centenares de soldados romanos que se convirtieron al cristianismo fueron crucificados en esta montaña por orden del emperador. El Monte donde el Arca había tocado tierra, donde corrió la sangre de mártires, se llenó de monasterios armenios durante siglos. Y allí siguieron, pese a que los armenios perdieron la independencia cuando se estableció el Imperio Otomano. Los armenios quedaron convertidos en una minoría dentro del Imperio, aunque seguían soñando con crear su estado. Y aprovechando que el viejo Imperio Otomano parecía caer en los primeros años del siglo XX, se movieron políticamente, incluso con acciones violentas. La respuesta turca fue uno de los primeros genocidios organizados del siglo XX, pese a que los turcos lo niegan. En Armenia, el genocidio se ha convertido en una pieza clave para entender un pueblo siempre rodeado de vecinos más numerosos. Gracias al apoyo soviético, los armenios pudieron crear una pequeña República en los años 20, que quedó integrado dentro de la URSS. Y aunque les duele, el Monte Ararat quedó fuera de sus fronteras. Aunque su silueta se puede ver desde Armenia, como nos contó Tomàs Martínez en su viaje. Está en todas partes, símbolo de un martirio, de un dolor y de su resistencia. El Ararat aparece en los billetes, en los sellos y en el fútbol.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el Spartak de Yereván fue bautizado como Ararat. El Monte ya no era solamente un símbolo religioso, era un símbolo armenio en general. Por eso, las autoridades comunistas usaron también el Monte como metáfora del pueblo armenio. Este club se convirtió en un buen equipo, apoyado por las autoridades locales. En 1973, llegó a ganar una liga soviética. Con un equipo lleno de jugadores locales y un estilo defensivo, conquistaron ese torneo y, en la siguiente Copa de Europa, llegaron a derrotar al Bayern por 1-0, aunque cayeron eliminados. Jugando delante más de 100.000 espectadores, se erigieron como el gran club armenio. Y el único que llegó a jugar en la Primera División soviética. En esos años, el FC Ararat era el orgullo de toda Armenia, aunque con la caída de la URSS y la independencia, la corrupción destrozó el fútbol local. Empresarios oscuros crearon clubes de la nada para ganar dinero y el FC Ararat se convirtió en una sombra del pasado. Pese a ser aún el club más amado, no gana títulos y ha sufrido bancarrotas. Hundido, el club fue comprado en 1999 por Vartan Sirmakes y Hrach Kaprielian, dos empresarios americanos hijos de armenios, que ahora viven en Suiza y no cuidan demasiado una institución que juega ante poca gente en el estadio Alashkert. En 15 años, solamente ha ganado una copa, en 2008.

Esta semana, el Ararat juega un partido de la fase final del campeonato armenio contra el FC Noé. Los dos clubes se han metido entre los seis primeros en la fase regular, cosa que les permite jugar el play-off final, donde el favorito es el FC Ararat-Yerevan, un club diferente del FC Ararat, como contamos en este artículo. ¿Y el FC Noé de donde sale? Pues de una guerra moderna. Este club se fundó en 2017 con el nombre de FC Artsakh. Y este año se ha rebautizado como Noé. De nuevo, el Diluvio Universal y el Monte Ararat como símbolo armenio.

Domingo 7 de junio, 17:00, Ararat – FC Noé

Si el Monte Ararat queda en la frontera oeste, aquella con los turcos, en la frontera este existe la región del Nagorno Karabaj, llamado Artsakh en armenio. Una zona disputada por azerís y armenios. Los azerís son un pueblo hermano del turco. O sea, los armenios se encuentran rodeados por enemigos y por eso necesitan del apoyo ruso. Si en el oeste la frontera recuerda el genocidio, en el este la frontera recuerda una guerra más moderna. En 1988, en el Nagorno Karabaj estalló la violencia. Esta región se encontraba dentro de Azerbaiyán, aunque era de población mayoritariamente armenia. En 1988 la población armenia de esta zona votó a favor de unirse a la república de Armenia. Los azeríes consideraron ese referéndum una farsa y lo boicotearon. Y la violencia estalló. Cuando la Unión Soviética desapareció, en el Karabaj ya llevaban tres años de guerra entre armenios y azeríes, con el componente religioso que añadía gasolina al fuego: cristianos contra musulmanes.

La guerra la ganaron los armenios, aunque nadie ha reconocido esta zona como estado independiente ni se ha permitido su unión con Armenia. O sea, es una agujero diplomático. Arstakh es un estado independiente no reconocido que sobrevive por el apoyo armenio. En ocasiones, se producen incidentes armados en las fronteras. La situación sigue igual, tensa, esperando una solución o una nueva guerra. Nadie quiere ceder. Lo vimos cuando Azerbaiyán organizó la final de la Europa League y no quiso permitir la entrada del jugador del Arsenal Mkhitaryan, pues éste ha visitado el territorio del Nagorno Karabaj. Como los azerís consideran que esa zona es suya, persiguen a las personas que la visitan sin su permiso. Un caso muy complejo que usa el fútbol como arma política.

Lectura recomendada: “Los embajadores con botas de Azerbaiyán“, sobre el Naborno Karabaj

Un escenario clave fue la ciudad de Agdam. En 1993, con la guerra llegando a su fin, los armenios, en plena ofensiva victoriosa, conquistaron esta urbe a pesar de que era una ciudad con pocos armenios. La ciudad era la base del ejército azerí, así que los armenios ocuparon la ciudad. La población civil local huyó como pudo. El equipo de fútbol local, el Qarabag, nunca había sido muy importante, aunque esos días empezó su nueva vida como club sin casa, sin ciudad. Su entrenador, Allahverdi Bagirov, falleció en los combates, cuando una mina estalló debajo de su coche. Los armenios dejaron la ciudad vacía, como zona de protección. Así sigue. Una ciudad fantasma. Con el apoyo del gobierno de Azerbaiyán, el Qarabag ha ganado ligas y competido en Europa, convertido en el club mártir con sede en Bakú. Los armenios decidieron hacer lo mismo: usar el fútbol. La primera idea fue crear una liga de Arstakh, aunque no fue reconocida por nadie y duró poco. La UEFA y la FIFA les recordaron la prohibición de organizar torneos en zonas marcadas por conflictos bélicos, así que no pudo ser. La otra solución fue intentar apuntar el principal club de esta zona a a liga armenia. Hacer trampa y afirmar que, en verdad, la sede legal del mejor club de esta zona, el FC Artkash, se encontraba en Ereván, la capital de Armenia. La Federación de Azerbaiyán presentó una queja a la FIFA y la UEFA afirmando que un equipo con sede legal en su territorio no podía jugar otra liga sin su aprobación.

En 2017, se decidió fundar un nuevo club, el FC Artkash, con sede en Yereván. Era un club fundado por un empresario armenio con raíces en el Nagorno-Karabag, Sevan Aslanyan, que pretendía que esta institución fuera el equivalente del Qarabag en el lado armenio. Con sede en Yereván, trabaja apoyando un club homónimo de Stepanakert y ascendió a Primera en un su primera temporada. Su idea era llegar a Europa. Aunque en 2019, el club no acabó de jugar bien. Así que fue vendido a Karen Abrahamyan, un militar que, hasta este año, era el Ministro de defensa de la República no reconocida de Artkash. Abrahamyan ha optado por usar el nombre de FC Noé, refundando una entidad que cuenta con el apoyo de muchos empresarios de la zona del Nagorno-Karabag con sede en Yereván.

Y así, Noé vuelve al Ararat, aunque sea en un terreno de juego. El club fundado como símbolo de una guerra moderna juega contra el club más grande de una nación que recuerda uno de los primeros genocidios de la historia.

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Foto de Portada: Serouj Ourishian – Licencia Creative Commons 4.0 Internacional

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3 comments

Es un placer leer este artículo cada Viernes. Gracias MI y señor Padilla. Sois muy grandes y el fútbol armenio da unas historias realmente fascinantes.

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