Partido Polish Boyfriend: una costa hermosa llorando por su fútbol

Dubrovnik Marcadorint/Willy

El verano del año 2011, el Hajduk Split pasó seis días concentrado en la ciudad de Dubrovnik. O sea, el club de la ciudad de la costa croata más importante, Split, concentrado en una ciudad llena de historia, orgullosa, convertida en un destino turístico por su belleza. El Hajduk fue recibido con honores. Pese a tratarse de dos ciudades históricas, a nivel futbolístico no existe ninguna rivalidad entre Split y Dubrovnik, pues la mayor parte de los habitantes de Dubrovnik aman al Hajduk. Ese verano del 2011, el Hajduk celebraba su centenario y centenares de habitantes de Dubrovnik lo festejaron encendiendo más de 300 bengalas encima de las famosas murallas del centro de la ciudad, de noche. La imagen era espectacular: una de las ciudades medievales más bellas de Europa, iluminada con bengalas alrededor de todo su perímetro.

El Hajduk visitó Dubrovnik porque el ayuntamiento había invitado al club. Y el Hajduk, consciente de que es amado en toda la costa dálmata, no falló. Visitó el cementerio local para dejar flores en las tumbas de los futbolistas de Dubrovnik que jugaron en el Hajduk, fue recibido por las autoridades, visitó escuelas y, finalmente, disputó un amistoso contra el modesto Dubrovnik 1919. Ganó por 0-9 delante centenares de hinchas del club del sur de Croacia, llegados de las islas cercanas, de los pueblos e incluso de la parte de mayoría croata de Bosnia. Fue una fiesta.

Amar al Hajduk forma parte de la identidad de toda Dalmacia. En Dubrovnik, te encuentras una y otra vez su escudo en los muros, en las calles, en los bares. Toca recordar que no toda la costa de Croacia se considera Dalmacia. La parte norte, donde se encuentra la península de Istria, no pertenece a esta región. Dalmacia empieza un poco más al sur, en la ciudad de Zadar, y llega hasta la frontera con Montenegro. O sea, la mayor parte de la costa croata es dálmata.

Dalmacia es una región con mucha personalidad. Es más, durante siglos existía una lengua dalmática. Una lengua romance, o sea, hija del latín, como el castellano. Este idioma tenía dos dialectos, uno en la zona de Split y otro en la zona de Dubrovnik. A finales del siglo XIX e inicios del XX, finalmente, esta lengua desapareció. Cuando en Croacia la gente habla hoy del “dalmático” se refiere al dialecto croata de la costa. O sea, una lengua eslava, aunque salpicada de palabras italianas. No se debe confundir el idioma, ya fallecido, con el dialecto, vivo, con su influencia italiana. Porque la presencia italiana en esta costa marcó la personalidad e historia de Dalmacia. Dubrovnik, por ejemplo, formó parte durante muchos años de la República de Venecia. Luego llegó a ser una República independiente durante muchos años bajo el nombre de República de Ragusa, el nombre en italiano de la ciudad. Esta costa, bella y estratégica, ha sido deseada por todos. Han pasado diferentes banderas e imperios. Hasta hoy, que es croata. Y Croacia tiene un ojo mirando hacia el centro de Europa, como Zagreb, una ciudad arquitectónica más vienesa. Y un ojo en el mediterráneo, como Split y Dubrovnik, con sus ruinas romanas, leones alados venecianos y su alma de mar.

Dubrovnik.
Dubrovnik no cuenta con un equipo de fútbol de primer nivel.

El Dinamo de Zagreb es el amo y señor y gana la liga (casi) cada año. Aunque en Dalmacia el Hajduk es el rey y el Dinamo cuenta con pocos hinchas. Una división clara. Pese a vivir atado a una crisis económica y deportiva sin fin, el Hajduk sigue siendo el orgullo de toda la costa de Dalmacia. No gana la liga desde el año 2005 y su último trofeo fue la Copa del año 2013. Ahora es sexto. O sea, es un drama. El único club dálmata en Primera, sexto. Desde que en 2014 el Zadar descendió a Segunda, no ha jugado en Primera ni un solo club de la costa dálmata que no sea de Split. Antes jugó el Sibenik, que este año va líder en Segunda. Y en 1994, por última vez, Dubrovnik vio fútbol de Primera en su ciudad, cuando el GOSK Dubrovnik jugó entre los mejores. Duró poco.

Y eso es significativo. Una región como Dalmacia solamente tiene en Primera un equipo, el Hajduk. Aunque este fin de semana, el principal equipo de Dubrovnik juega contra el último club que no ha sido el Hajduk que ha brillado. El problema es que se enfrentan en… Tercera División.

El RNK Split jugó finales de Copa y participó en la Europa League no hace tanto, aunque ahora anda en Tercera después de sufrir una bancarrota. Se trata de un club pequeño, aunque valiente. El club históricamente vivió siempre a la sombra del Hajduk. El Hajduk, fundado por chicos de buena cuna, fue siempre grande. El RNK, no. El Hajduk fue fundado en Praga en 1911 por un grupo de estudiantes croatas que se inspiraron en el Slavia de Praga. Y se bautizó así en honor a los bandidos croatas que luchaban contra el Imperio Austrohúngaro. Durante la Segunda Guerra Mundial, Split quedó bajo dominio italiano desde 1941. Los ustashas, los nacionalistas croatas de extrema derecha, consiguieron durante la Segunda Guerra Mundial la independencia de Croacia de Yugoslavia incorporando de paso a Bosnia a sus dominios gracias a Hitler. Aunque el precio que pagaron fue ceder la costa dálmata a la Italia de Mussolini, que quería esas tierras reivindicando la presencia de italianos desde hacía siglos. Eso marcó al Hajduk, ya que al final de la guerra todos los clubes croatas identificados con el nacionalismo de derechas fueron eliminados por el nuevo gobierno socialista de Tito. Todos excepto el Hajduk porque sus hinchas, enfadados con el régimen croata por permitir que los convirtiera en italianos, destacaron en la resistencia. También destacaron luchando contra Hitler, Mussolini y los ustashas los aficionados del Anarh, un club más pequeño. Este equipo, con los años, se pasó a llamar RNK Split.

Sábado 2 de marzo, 15:00h, RNK Split-GOSK Dubrovnik

Fundado en 1912 como Anarh, su nombre ya indicaba las simpatías anarquistas de sus primeros jugadores. Las tendencias políticas del club provocaron que en dos ocasiones las autoridades quisieran acabar con su existencia. La entidad incluso cambió de nombre varias veces para poder seguir jugando. Sus hinchas y jugadores, en los años 20, fueron encarcelados o agredidos. Incluso su sede fue quemada. Con el tiempo, el equipo empezó a dejar el anarquismo y se acercó al comunismo. Por eso decidió vestir de rojo. En 1936, organizó un reclutamiento entre sus socios para formar parte de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil, aunque no salió bien porque las autoridades monárquicas yugoslavas intervinieron antes. Con la Segunda Guerra Mundial, el RNK Split sufrió aún más y unos 120 socios fueron asesinados por los nazis por formar parte de la resistencia. Pese a tratarse de un club de izquierdas, con la victoria de Tito el futuro de la entidad no mejoró. Como el Hajduk, su vecino grande, también era un club mártir, fue este el que recibió ayudas para poder ser la gran institución deportiva de la ciudad. El RNK Split acabó en cuarta o quinta división, perdido.

Split.
El Hajduk se consolidó como el gran equipo de la ciudad de Split.

Con la independencia de Croacia, las reglas del juego se alteraron. Equipos de Tercera, de repente, eran clubes de Primera en las nuevas ligas creadas. Para el RNK Split se abrió la puerta de la segunda división croata cuando entonces era un club de la cuarta categoría yugoslava. Aunque no lo pasaron bien, pues la hinchada seguía siendo de izquierdas en esa nueva Croacia nacionalista, donde la derecha tenía más voz en años de guerra y dolor. Así pues, la mayor parte de gradas croatas se poblaron de grupos de extrema derecha. El RNK quedó casi como el único equipo con aficionados de izquierdas en las gradas junto al FC Zagreb. El RNK siguió sin funcionar y bajó hasta la cuarta división croata. No obstante, hace unos 15 años, llegó la revolución cuando Slaven Žužul alcanzó la presidencia y el club ascendió tres veces en cuatro años. De repente, Split tenía un derbi. En 2010, en su debut en Primera, el RNK Split acabó solamente dos puntos por detrás del Hajduk. Después se metió en la Europa League con menos de 2.000 personas en la grada de su pequeño estadio Park Mladeži, eliminando al Hajduk en las semifinales de Copa. Por primera vez, el Hajduk tenía un rival local, aunque siempre acabó por encima en la tabla. En dos ocasiones, por la diferencia de goles, pues acabaron empatados a puntos. Y eso pese a que los mismos hinchas del RNK Split admiten que no pueden odiar al Hajduk. Suelen desear que gane cuando juega contra el Dinamo.

Detrás del éxito estaba Slaven Žužul y su familia, propietarios de astilleros en la zona. Hombre de izquierdas, pagó de su bolsillo la reforma de monumentos a los partisanos comunistas dañados, convirtiendo al RNK Split en un club modélico… hasta la última temporada, cuando dejó de poner dinero y el club bajó. El propietario priorizó cuadrar números en sus empresas y la consecuencia fue que el club fue enviado de Primera a Tercera, pues no pudo obtener la licencia profesional para jugar en Segunda. Sin dinero, el club ha sido salvado, cómo no, por su gente. Los aficionados se mantienen fieles y aguantan firme la bandera de un club que lucha por no bajar a Cuarta.

El RNK Split, pues, juega en Tercera, como sucedió tantas veces en su historia, donde se ha encontrado al principal representante de Dubrovnik, el GOSK. El GOSK es producto de diferentes fusiones, la primera de ellas entre el club del barrio de Gruz, donde se encuentra el puerto moderno de la ciudad, y el Jug, un club formado por patriotas yugoslavos. Esa fue la primera de las 5 fusiones de la entidad, 4 de ellas en los últimos 30 años. Y todas con un equipo llamado Dubrovnik 1919. Cosas del fútbol moderno, en Dubrovnik se han ido creando, refundado y fusionando los dos clubes principales, el GOSK y el 1919. Cada vez que se unen, algunos socios mantienen vivo al equipo perdedor de la operación. Hasta otra nueva fusión. La última, hace dos temporadas.

El GOSK nunca llegó a la Primera División yugoslava, aunque se quedó en Segunda, donde disputó duelos contra el RNK Split en los años 50 y 70. Aunque, como el RNK, pasó más años en Tercera, hasta que con el inicio de la guerra y la independencia croata fue equipo fundador de la primera liga croata, jugando en Primera. El problema era que Dubrovnik, encajonada en un rincón croata cerca de Bosnia y Montenegro, fue asediada rápidamente por las tropas serbias, que bombardearon durante meses la ciudad. Por eso el GOSK no pudo jugar sus dos primeras temporadas en casa. El club vivió exiliado en sitios como Split o la preciosa isla de Korcula, consiguiendo la permanencia gracias al trabajo del entrenador Luka Bonacic. Finalmente, descendió en 1994. Y desde entonces ha sido refundado tres veces, mientras los habitantes de la ciudad prestan más atención al Hajduk Split y al turismo, la industria que ha llenado sus bolsillos. Porque la ciudad es preciosa. Aunque, como toda ciudad preciosa y pequeña, ahora ya no sabe si le gusta o no la invasión de miles de turistas. Cosas del progreso.

Fotografías: MarcadorInt.

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