Partido Polish Boyfriend: Universitarios contra soldadores

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En Belfast, los astilleros han sido durante años el centro de la ciudad. No físicamente, aunque sí en un sentido de identidad. Generaciones y generaciones de irlandeses del norte han trabajado en unos astilleros donde se han construido algunos de los barcos más famosos del mundo. Para la gente de Belfast cada noticia sobre victorias en batallas marítimas o rutas comerciales era una forma de recordar que habían sido sus manos las que habían construido esas naves. Y el astillero más grande siempre fue Harland and Wolff, fundada en 1861 por el inglés Edward James Harland y el alemán Gustav Wilhelm Wolff. Los dos llegaron a la ciudad cuando Belfast se convertía en uno de los centros industriales del Imperio Británico. Y como en Belfast los astilleros son poder, los dos acabaron con importantes cargos políticos.

Las raíces de la empresa son un pequeño astillero situado en Queen’s Island comprado por Harland en 1858. Harland levantó una empresa de éxito gracias a varias innovaciones, en particular la sustitución de la cubierta superior de madera por una de hierro con los que se logró aumentar la solidez de los buques. Cuando entró como socio Wolff, la empresa se convirtió en un gigante que firmó un contrato para dar a la compañía naviera White Star Line sus naves. Ya con Thomas Andrews, quien también sería una importante figura política conservadora, como presidente, nacieron las naves más famosas de los astilleros: el RMS Olympic, el HMHS Britannic, y, cómo no, el Titanic. Harland and Wolff se sumó al esfuerzo de guerra en la Primera y la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis bombardearon su sede. Una sede del astillero que fue cambiada en 1962, cuando la empresa optó por consolidar sus operaciones en Belfast.

El río Lagan discurre por la ciudad de Belfast. Foto: Ross bajo licencia Creative Commons 2.0 Generic
El río Lagan discurre por la ciudad de Belfast. Foto: Ross bajo licencia Creative Commons 2.0 Generic

Las últimas décadas, la empresa ha trabajado con petroleros, mientras ha llegado a ser nacionalizada por el Estado para salvar lugares de trabajo durante la crisis de los años 70. Después llegaron inversores noruegos, mientras Harland and Wolff buscaba un nuevo futuro en una tierra, Irlanda del Norte, que quiere dejar atrás años de violencia política. Siempre se ha considerado que los trabajadores de los astilleros eran protestantes y los católicos no encontraban trabajo aquí, en parte por discriminación, en parte por miedo de permitir la entrada del IRA para que pudiera sabotear una empresa gigante.

¿Y el fútbol? Bueno, pues la empresa tiene su equipo. El Harland & Wolff Welders F.C, fundado en 1965 por un grupo de soldadores. Welders quiere decir eso, soldadores. Un trabajo muy duro ese de soldar las grandes naves en condiciones complicadas. El club ha recibido poco apoyo de los empresarios de Harland and Wolff y durante muchos años no dejó de ser una forma de pasar el rato para los trabajadores. El equipo, de forma significativa, no nació hasta que los astilleros se trasladaron al este de Belfast dejando la isla de Queen’s, esa donde habían nacido la empresa. Al tener la sede cerca de la ciudad, jugar fue más fácil. Durante décadas, los jugadores eran los mismos soldadores. Aunque poco a poco, la entidad creció. Y estos últimos años ha llegado a la Segunda División, donde aspira al ascenso. Los jugadores ya no son trabajadores de los astilleros, aunque la masa social del club, que puede mover unos 5.000 hinchas, sigue formada por personas que han trabajado en Harland & Wolff. Ellos o un familiar cercano. El club viste de ámbar y negro, colores que identifican con los astilleros, con el proceso de soldado de las naves. Un club que crece, con un buen fútbol formativo y acuerdos con escuelas del este de Belfast. Y están terminando un nuevo moderno campo en la zona de Danny Blanchflower, al este de la ciudad, que se apto para jugar en primera. Si llega el ascenso, claro. Y este año seguramente no llegará. La idea es no bajar.

El gran rival del club es el Dundela, un club centenario del este de Belfast, donde no gustó que naciera una nueva entidad. Esta semana, el Harland & Wolff Welders F.C. juega otro derbi de Belfast contra un club con una historia totalmente diferente, el Queen’s University Belfast A.F.C. Fundado el 1910, este club nació gracias a la iniciativa de estudiantes de buena cuna de la Universidad local. Un derbi ente hijos de soldadores y de estudiantes, por tanto. Aunque el perfil de los jugadores de los dos clubes ha cambiado del todo, claro. Club centenario, el Queen’s University ocupa la última posición en Segunda, aunque en el pasado llegó a jugar en Primera, hace mucho. Incluso en 2020 eliminaron en la copa al equipo más grande de la zona, el Linfield, por 2-1. Tiene mérito, pues las normas del club dejan claro que el 75% de los jugadores deben ser estudiantes de la Universidad. O futbolistas que han pasado por sus aulas. Solamente el 25% restante pueden ser jugadores que no han estudiado en una Universidad que inauguró en 2011 un coqueto estadio para este equipo. El club de los universitarios, enfrentados en un tapete verde con los soldadores. Buena parte de la historia de Belfast, enfrentada en un partido.

El Titanic Belfast es un monumento y museo dedicado al RMS Titanic. Foto: Leslie Shaw bajo licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic
El Titanic Belfast es un monumento y museo dedicado al RMS Titanic. Foto: Leslie Shaw bajo licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic

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Foto de portada: Tomasz Kobiela bajo licencia Creative Commons Attribution-ShareAlike 2.5 Generic

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