Partido Polish Boyfriend: Zapateros contra mineros en la ciudad que fue una utopía

ZLIN. Foto: Radek Linner. Licencia Creative Commons  Attribution-Share Alike 3.0 Unported Link Autor  https://commons.wikimedia.org/wiki/User:Radek_Linner Link Foto: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Zlin_view_002.jpg

Los equipos de fútbol nos cuentan cómo son las ciudades. Y las ciudades tienen su personalidad. Pocas cosas más hermosas, en este mundo, que descubrir una ciudad que no deja de ser un nombre en un atlas. Descubrir cómo son sus gentes. Qué particularidad tienen. Una ciudad y, de paso, su club de fútbol pueden tener una personalidad forjada gracias a siglos de historia de una comunidad. Como sería el caso de Karviná. En otras ocasiones, una persona, sola, puede decidir el destino de miles de almas. Como sucede con Zlín. Y este fin de semana, los clubes de Karviná y Zlin debían luchar por evitar el descenso a la segunda división checa. Debían, pues ha estallado un brote de covid-19 en el Karviná y se ha suspendido el play-off de descenso a Segunda. Sí, hoy el texto es sobre un partido suspendido. Un partido que no se jugará. Un partido utópico.

Como Zlín. Zlín es una utopía. Bueno, no. Es una ciudad, aunque en su momento, fue un sueño. El sueño de Tomáš Bata, un zapatero. Por eso al Fastav Zlín, el club local, se les conoce como “los zapateros”. Los Sevci, en checo. Toda la ciudad se mira los pies, pues gracias a los zapatos, esta urbe vivió una historia casi única. ¿No conoces Zlín? Pues deberías.

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Zlín era un pueblo en una de esas zonas de frontera difusas del centro de Europa. Situado en Moravia, era un pueblo por donde pasaban checos, eslovacos, polacos, gitanos o húngaros. No era demasiado grande. Vivían del comercio de productos agrícolas, hasta que Tomáš Bata, el hijo del zapatero del pueblo, se fue a América para intentar encontrar una nueva vida. Y la consiguió, aunque con billete de vuelta. En Estados Unidos Bata trabajó en fábricas modernas, en cadenas de montaje, imaginando cómo sería si esos métodos modernos se pudieran adaptar al mundo de los zapatos. Y volvió a Zlín para crear una de las primeras fábricas de zapatos europea en 1894. El zapatero se convirtió en industrial. Y la historia de Zlín ya no fue la misma.

La fábrica de Bata no dejó de crecer. Firmando un acuerdo con las autoridades del Imperio austrohúngaro, empezaron a fabricar las botas de todo el ejército. Cada nuevo contrato permitía expandir la fábrica. La Bata necesitaba mano de obra y millares de personas elevaron la población de Zlín de los 3.000 a los 18.000 habitantes en 20 años. El pueblo dejo de ser un pueblo y Bata decidió que también sería su responsabilidad decidir cómo sería la ciudad. Elegido en 1923 alcalde de la ciudad cuando Checoslovaquia ya era independiente, dedicó los últimos años de su vida a convertir Zlín, en una utopía: una Ciudad Jardín, un movimiento iniciado por Ebenezer Howard que pretendía crear ciudades ordenadas y verdes. Y para asaltar esa idea, apostó por la arquitectura de Le Corbusier. Zlín se convirtió en una de las ciudades más modernas del mundo. Y aún hoy amantes de la arquitectura la visitan, pese a que los edificios, modernos hace un siglo, puedan parecer poco atractivos ahora.

La ciudad de Zlín tiene un diseño peculiar que bebe de Le Corbusier. Foto: Hugo, liberada al dominio público.
La ciudad de Zlín tiene un diseño peculiar que bebe de Le Corbusier. Foto: Hugo, liberada al dominio público.

Zlín tiene edificios con jardines que se ordenan alrededor de las fábricas de la marca Bata. Una idea ejecutada de forma simple y funcional, que en los años 20 de ese siglo fue una revolución, pues cada obrero tenía su piso, con baño, cuando en otras ciudades los jefes de las empresas no querían saber nada de los problemas de sus trabajadores en barrios creados sin planificación. El plan urbano de Zlín fue obra de František Lydie Gahura, un estudiante del taller parisino de Le Corbusier. Y dentro de los planes, existía un estadio de fútbol, cómo no, para dar a los trabajadores un espacio para practicar deporte y gozar del club local, que era propiedad, como no, de la Bata. Y así se llamaba, Bata Zlín. Fundado en 1919, poco a poco empezó a crecer, aunque no al mismo ritmo que la ciudad. Cuando Tomás Bata falleció en 1932, la ciudad tenía más de 35.000 habitantes. Y su hermano, Jan Antonin, se puso al mando de la fábrica, que no dejó de crecer, llegando a tener más de 100.000 trabajadores entre Zlín y las ciudades que la Bata fundó en medio mundo para fabricar zapatos por doquier. Los checos fundaron ciudades al estilo de Zlín en la India, Suiza, Francia o Estados Unidos. Tenían un Imperio que acabó con la Segunda Guerra Mundial.

Después de la invasión alemana de Checoslovaquia en 1939, los Bata se refugiaron en Canadá. Curiosamente, la ocupación nazi coincidió con los mejores años del club local. Como los alemanes dividieron el país y le dieron la independencia a los eslovacos, nació una nueva liga, el torneo de Bohemia-Moravia, jugado del 1939 al 1944. Esos años, el Bata Zlín jugó en Primera. Y en 1945, cuando volvió una liga checoslovaca unida con un gobierno socialista apoyado por los soviéticos, el Bata llegó a ser segundo en la tabla. Jamás voló tan alto. Pero en 1946, las autoridades comunistas decretaron que un club no podía formar parte de un conglomerado empresarial privado. El club fue expulsado y refundado justo cuando el régimen comunista nacionalizó los bienes de la empresa en el país. Aunque la Bata siguió viva en el extranjero, con sede en Canadá, en la ciudad nunca fue lo mismo. Para borrar el nombre del empresario capitalista responsable de casi todo, se modificó el nombre de la fábrica y el club. Incluso de la ciudad. En 1948, Zlín fue unido a varios pueblos circundantes para formar la ciudad de Gottwald, en honor al primer presidente comunista de Checoslovaquia, Klement Gottwald. Solamente en 1990 la ciudad recuperó el nombre de Zlín.

A partir de ese 1990 en que checos y eslovacos separaron sus caminos, el equipo de Zlín se ha convertido en un equipo ascensor entre Primera y Segunda. Además, ha ido usando diversos nombres en función del patrocinador. En la actualidad se llama Fastav, una empresa de construcción especializada en centros comerciales. El propietario es Zdeněk Červenka, un empresario local que tiene sus negocios en el mundo de la agricultura y las granjas de pollos. En 1989, el gobierno ofreció a la marca Bata la posibilidad de retornar a la ciudad, aunque las negociaciones para recuperar las fábricas, propiedad del estado y rebautizadas como Svit, no fructificaron. Svit acabó desapareciendo poco después y muchas de las fábricas de la ciudad se han convertido en edificios de oficinas. Bata tiene ahora su sede en Suiza. Los intentos de Cervenka de trabajar con ellos no llegaron a buen puerto, en parte porque Bata cada vez tiene más problemas económicos. La utopía de la ciudad de los zapatos acabó. Aunque en Zlín, exploran nuevos caminos en el sector de los servicios y las visitas turísticas a su ciudad. Todo ello, mientras el Fastav Zlín lucha por no bajar.

El MFK Karviná pertenece a una ciudad con una identidad muy diferente a la de Zlín. Foto: Darwinek, Creative Commons Genérica de Atribución/Compartir-Igual 3.0 Link Foto: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Karwina_7600.jpg
El MFK Karviná pertenece a una ciudad con una identidad muy diferente a la de Zlín. Foto: Darwinek, bajo licencia Creative Commons Genérica de Atribución/Compartir-Igual 3.0

Uno de sus rivales en esta lucha es el Karviná. Como sucede en el caso del Fastav Zlín, antes llamado Bata Zlín, el Karviná también tenía otro nombre antes: Polonia de Karviná. Pese a ser un club checo, los habitantes de la ciudad eran polacos. A diferencia de Zlín, aquí la historia no la ha escrito un empresario. Es la historia de una región, Silesia, con personalidad propia. Más de medio millón de personas de la región tiene como primera lengua el silesio, lengua según muchos, dialecto del polaco según otros. Silesia es una de esas regiones históricas que acabó dividida por las fronteras modernas del siglo XX. Silesia acabó con una parte en Polonia, otra en la República Checa y una pequeña parte en Alemania. Y como toda tierra de frontera, ha sido muy activa y muy disputada. Muchos silesios, incluso, no se consideran polacos ni checos, con un movimiento autonomista bastante fuerte con facciones que incluso piden la independencia silesia.

La ciudad de Karviná queda justo en la frontera de esta región disputada, pues tiene tesoros en forma de minas. El descubrimiento de carbón dio lugar a un rápido desarrollo de la ciudad y las aldeas circundantes. Si en Zlín eran los zapateros, en Karviná eran mineros. El problema era que la ciudad había quedado dentro de Checoslovaquia cuando casi toda la población, silesia, se sentía más polaca. Por eso el club de fútbol local fue bautizado Polonia de Karviná. Y jugaba con los colores de la bandera de Polonia. Entonces existían otros clubes en la ciudad. Uno de checos y otro de judíos. Éste segundo no volvió después de la Segunda Guerra Mundial pues los judíos locales fueron asesinados, mientras que los clubes checo y polaco se acabaron por fusionar.

Sábado 4 de julio, 17:00, Zlín – Karvina

El Karviná solamente ha llegado a Primera en los últimos años, convertido en símbolo de una ciudad que intenta tirar del turismo, ahora que muchas minas han cerrado. Y entre las minas que no han cerrado, como la mina de Darkov, han surgido caso de coronavirus. La zona es ideal para el turismo de montaña. Ir a Karviná es encontrar una ciudad de frontera con dos idiomas. Aunque la población se une alrededor del club, que usa los símbolos silesios para unir a los checos y los polacos de una ciudad que quiere seguir en Primera. El Karviná no deja de ser un pequeño milagro, pues se trata de un club modesto que ha demostrado que se puede llegar a Primera, cuando no hace tanto, el club jugaba en cuarta. Miloslav Vlk, mítico jugador en el Mundial de 1990 con un apellido sin vocales, es el director deportivo de un club que cada año ficha barato y vende más caro. Un ejemplo de buena gestión pese a no ser grandes, gracias a la unión de unos clubes que en su momento, eran eternos rivales. Todos los habitantes de la ciudad, todos silesios, unidos aunque se sientan checos, polacos…o solamente silesios.

En el duelo entre los mineros y los zapateros, ya no quedan ni mineros, ni zapateros. El Karviná ya no se llama Polonia ni el Zlín, Bata. El paso del tiempo moldea las ciudades y con ellas, a los clubes.

Foto de Portada: Radek Linner bajo Licencia Creative Commons  Attribution-Share Alike 3.0 Unported

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