Adaptarse para dominar la Premier

Jürgen Klopp reconoció que su equipo cometió errores importantes, pero afirmó haber disfrutado de lo sucedido sobre el césped. Foto: Martyn Haworth/Focus Images Ltd.

El Liverpool de Jürgen Klopp es un súper equipo. Hay muy pocos equipos en el mundo que dominen tantos registros tan bien como el cuadro ‘red’. Y esta Premier, conseguida siete jornadas antes del final con una diferencia de 23 puntos con respecto al segundo, es el triunfo de un elemento que su entrenador siempre ha considerado clave en su recetario: la constancia. El Liverpool, vigente campeón de la Champions League, ha vuelto a levantar una liga en Inglaterra 30 años después (que se dice pronto) fruto de una suma inmaculada de resultados: 28 victorias, apenas dos empates y una única derrota.

Es el cuarto título de Klopp en su quinta temporada en Liverpool. Y la superioridad ha sido abrumadora durante todo el curso. Pero para entender este dominio es necesario remontarnos unos cuantos meses en el tiempo. El año pasado el Liverpool se quedó a un solo punto de ganarle el pulso directo al Manchester City. El cuadro de Guardiola acabó coronándose campeón después de recortarle un buen puñado de puntos a su principal competidor, pero esa pelea tan directa con el técnico de Sampedor marcó un antes y un después en la carrera de Klopp. El alemán entendió que si quería competirle y ganarle una liga a su homólogo, su equipo debía hablar un idioma muy parecido al de su rival. Y para ello fue primordial que el Liverpool pasase también a dominar una fase del juego clave en aquella disputa pero más aún en la reciente consecución de esta Premier: el Liverpool aprendió a practicar un juego de posición realmente brillante. Dinámico, eficaz y eficiente.

Liverpool - Football tactics and formations

La pizarra de Jürgen Klopp siempre se ha caracterizado por ser extremadamente vertical y agresiva a través del espacio. Resulta obvio que el Liverpool es y ha sido todos estos años uno de los equipos que más y mejor ha contragolpeado en toda Europa, pero desde hace aproximadamente un año y medio también es un equipo difícilmente frenable en el espacio reducido. Por eso mismo, este es un buen momento para recordarlo, la victoria del Atlético de Madrid en Champions League tuvo tantísimo mérito. Porque en estos momentos no existe un plan que aleje al Liverpool de la victoria, y menos en su estadio. Hay un dato que representa bien todo esto que estamos comentando: entre la temporada 2017/18 y la actual el Liverpool ha incrementado en hasta cinco puntos su posesión de balón. Quiere la pelota y consigue tenerla, pero sobre todo sabe qué hacer con ella.

Este Liverpool es un buen equipo en lo individual y un fantástico bloque desde lo colectivo. Sin tanta calidad hombre por hombre como otros equipos punteros en Europa, como Real Madrid y FC Barcelona o el mismo Manchester City, la verdadera fortaleza de este equipo radica en su sistema. Si un sistema es un organismo siempre vivo compuesto por sinergias y automatismos entre todos sus futbolistas, el de Jürgen Klopp ha evolucionado con los años hasta rayar muy cerca de la perfección. Por supuesto el Liverpool tiene futbolistas que podrían ser perfectamente titulares en cualquier equipo, como es el caso de Virgil van Dijk, pero nuevamente ha de insistirse en la naturaleza tan colectiva de este equipo. No hay zona ni situación del juego en la que el Liverpool se sienta inferior a su rival. Y ese, sin duda, es el gran éxito de Jürgen Klopp en el banquillo de Anfield Road: el técnico alemán ha construido desde la pizarra una verdadera máquina trituradora.

Mohamed Salah ha sido clave como extremo organizador en este Liverpool / Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd
Mohamed Salah ha sido clave como extremo organizador en este Liverpool / Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd

Para ello Klopp ha seguido los mismos pasos que ya empleó en Dortmund, y en consecuencia no hay futbolista dentro de la primera plantilla del Liverpool que no parezca mucho mejor de lo que su potencial indica. Hay casos que sí son verdaderamente reales, porque son (y si no, están muy cerca de ser) los mejores en su posición, como el ya mencionado Virgil van Dijk o Alexander-Arnold, pero Roberto Firmino, Sadio Mané o el mismo Jordan Henderson llevan mucho tiempo de la mano de Jürgen Klopp rindiendo muy por encima de sus posibilidades objetivas. Ese también es el gran triunfo del alemán como entrenador del primer nivel: además de un gran estratega, siempre, allí por donde pasa, hace muchísimo mejores a todos sus futbolistas. Sin excepción.

Decíamos unas líneas más arriba que no hay zona ni situación del juego en la que el Liverpool se haya encontrado más incómodo a lo largo de esta Premier. El sistema ha conseguido desarrollar en los últimos meses un juego de posición sumamente eficaz y eficiente a través de la pelota y a partir del tiempo y el espacio. Esto en otras palabras quiere decir que el Liverpool ha aprendido a jugar sin tantos metros por delante del balón, y lo que hace un par de temporadas era su principal talón de Aquiles ahora, en fondo y forma, es otra certeza a nivel colectivo. Desde atrás, cuando inicia el juego desde su defensa, el Liverpool acostumbra a salir siempre con una ventaja manifiesta, tanto en número (ventaja numérica) como en demarcaciones (ventaja posicional). Si todos, salvo en puntuales episodios, nos imaginamos a este Liverpool sobre un claro sistema 4-3-3, con dos laterales largos, dos interiores de recorrido, dos extremos con funciones diferentes y un delantero muy móvil fuera del área, la explicación que ahora detallaremos será más representativa si este esquema lo transformamos en un 2-3-5. El dibujo con el que ataca.

Lee aquí los textos de nuestro especial sobre el Liverpool campeón de la Premier League 2019-20

Una máxima en el fútbol señala que según cómo ataque un equipo, así defenderá. Y el caso del Liverpool no iba a ser menos. Con un índice de posesión cercano al 63%, el cuadro de Jürgen Klopp concentra su grueso de recuperaciones en una zona media. Esto se debe principalmente a que sus rivales, condicionados en primer lugar por la peligrosísima transición ofensiva de los ‘reds’, ya no tienen elección como antes: ahora ya no pueden optar por replegar abajo para que el Liverpool no pueda correr a la espalda de sus defensores, sino que el propio dominio de los de Klopp obliga a ello. Ese es el ‘input’ que el Liverpool ha interiorizado de una temporada a otra. La mejora que convierte al Liverpool 2019/20 en un equipo prácticamente indefendible. Todos los movimientos dentro del sistema están ideados para que la posesión no se estanque en ninguna zona. La constante amplitud de los dos laterales, pinchados en las bandas, y el buen golpeo de balón del que ambos presumen, provocan que el Liverpool ataque siempre de manera muy ancha con los tres carriles ocupados. Además del centro al área, el cual no necesitan sacar desde línea de fondo sino que se bastan de una zona intermedia para poner la pelota en el área con una comba perfecta para la llegada (y no la presencia) de los rematadores en situación de remate, que es como siempre le ha gustado atacar a Klopp, los dos laterales (Trent Alexander-Arnold y Andrew Robertson) tienen un exquisito cambio de orientación en campo contrario: un recurso que gira, mueve y desordena al rival cerca de su portería. Los dos futbolistas necesitan pocas situaciones de ventaja para poner balones de verdadero provecho en el área, pero el Liverpool tiene muy automatizada una acción por derecha, su lado más fuerte dentro del sistema, que además de aclarar la zona de Alexander-Arnold le permite a su extremo, Mohamed Salah, poder acercarse a la zona donde mayor influencia ha ido adquiriendo con los años: el pico y la frontal del área contraria. Y esta nace del desmarque profundo, vertical y agresivo de ese interior: Jordan Henderson.

El dominio de Virgil van Dijk ha vuelto a ser total. Foto: Simon Moore/Focus Images Ltd.
El dominio de Virgil van Dijk ha vuelto a ser total. Foto: Simon Moore/Focus Images Ltd.

Juntarse por derecha, a través de estos movimientos, incluidos los acercamientos de Roberto Firmino, llevan al Liverpool a acelerar y atacar con ventaja (a pesar de que el repliegue rival conceda muy poco espacio) desde su costado izquierdo. Es ahí donde habitualmente rompe Sadio Mané, que a nivel de individual ha conseguido pulir (que no perfeccionar) sus controles y posteriores definiciones en carrera. De un lado a otro con muy pocos pases para ello, manteniendo siempre ocupados los intervalos que la defensa del equipo contrario concede entre sus piezas, el Liverpool es un equipo muy vertical y directo en todas sus posesiones sin renunciar por ello a su contragolpe cada vez que tiene ocasión. Incluso cuando transita con mucho espacio por delante, que también se ha dado esta temporada, Klopp es inflexible en la ocupación de los tres carriles por mucho que se muevan todos sus futbolistas desde su posición de partida a la zona de finalización. Este Liverpool es un equipo que acostumbra a finalizar (con peligro además) todos sus acercamientos al área rival, pero si por lo que sea la ocasión no puede ser acabada y la presión tras pérdida no logra ser eficaz, el triángulo entre Fabinho y los dos centrales es el cinturón de un equipo que aún así conserva un paracaídas de emergencia bajo palos (Alisson Becker). Defendiendo habitualmente de cara ante las salidas en largo del rival, como ocurrió sin ir más lejos hace un par de jornadas ante el Everton de Carlo Ancelotti, que no tiene otra opción que mandar a su(s) delantero(s) a la guerra a través de balones divididos hacia esta zona, tanto de cabeza como por piernas estos tres futbolistas han posibilitado todo lo que hasta ahora hemos analizado. Ellos son el principio y a la vez el final de ese 2-3-5.

La movilidad de Wijnaldum en los dos ejes, tanto para vivir cerca de Fabinho como para atacar el corazón del área, las apariciones de Keita en zona de tres cuartos o los momentos de Oxlade por dentro o desde la banda también han sido claves para este desenlace. Un título que encumbra aún más la figura de Jürgen Klopp en la máxima élite de fútbol y la de su equipo, el Liverpool FC, como uno de los mejores equipos del presente siglo y uno de los mejores, a su vez, de toda la historia en el fútbol británico. Como cantan sus aficionados en The Kop, ‘A team that we called Liverpool, To glory we will go!’.

Foto de Portada: Martyn Haworth/Focus Images Ltd.

Apoya los contenidos en MarcadorInt y conviértete en un mecenas del proyecto a través de Patreon. Puedes apuntarte aquí.

Related posts

2 comments

Felicidades Adrián, un análisis muy completo y certero del campeón de la Premier.
Klopp es un entrenador brutal, lo he seguido allá donde ha ido, aunque para ser sincero, viendo los problemas que tuvo los últimos años en Dormunt, le critiqué una mayor capacidad para abrir defensas cerradas. Es cierto que en Dormunt al final tuvo muchos problemas de lesiones y muchos de sus jugadores abandonaban el barco, pero no es menos cierto que el Dormunt tuvo dificultades cuando le negaban el espacio. Desde su llegada a Liverpool, la conquista de los títulos viene dada por un continuo perfeccionamiento del equipo en sus virtudes y la, casi inexistencia, de defectos. Como muy bien comentas, los reds han añadido un abanico de recursos con el que al final siempre encuentran la manera de abrir la defensa rival, aún en sus días menos inspirados. Y todo ello impulsado desde la pizarra de este genio que es Klopp.
Enhorabuena a este formidable equipo y a ti Adrián!

@Juanan

¡Muchísimas gracias, Juanan!

Tal cual. Es la perfecta definición de EQUIPO en su máxima expresión. No hay recurso que controlen y dominen. Con y sin balón. Y lo que han hecho esta temporada con la Premier es impresionante.

Nunca pensé que Guardiola “perdería” una liga por tantísima diferencia.

Deja un comentario

*