Brasil repite oro olímpico en Tokyo 2020

Ryan Bertrand of England and Dani Alves of Brazil in action during the International Friendly match at Wembley Stadium, London
Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267
14/11/2017

Brasil es medalla de oro en fútbol en los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020. La selección de André Jardine se coronó en la final ante España de manera merecida siendo superior en los 120 minutos que duró el encuentro. La Canarinha lo tuvo mucho más claro que el cuadro español en todo momento, con la pelota y sin ella, tanto en la presión como en la posterior transición ofensiva, y se impuso en las dos áreas (sobre todo en la de Unai Simón) con una contundencia superlativa a diferencia de España. Jardine recuperó de inicio a Matheus Cunha para este partido, suplente en la semifinal ante México, dando así forma a un 4-2-3-1 (4-4-2 en fase defensiva) bastante reconocible, con Claudinho (desde la izquierda) y Antony (derecha) en los costados, y consiguió algo muy importante ante la selección española y es que el encuentro se jugó la mayor parte del tiempo a lo que más le interesaba a Brasil. Algo evidentemente trascendental ante cualquier rival, y más en una final, pero que en este caso dejó huérfana a España de referencias (individuales) y situaciones (a través del juego) que le permitiesen hacer pie y coger algo de oxígeno en alguna de las cuatro esquinas del campo.

Brasil salió con el cuchillo entre los dientes desde el arranque. La selección canarinha presionó de una forma muy agresiva en el contacto desde el primer momento, metiendo el pie y yendo a la fricción (con Richarlison y Cunha en la primera línea del sistema) con la idea de persuadir el juego de España, y consiguió, desde ese bloque medio-alto, que el cuadro de Luis de la Fuente no encontrase líneas de pase seguras para superar, girar y progresar con comodidad su presión (4-4-2). Cierto es que España acusó en este tramo una excesiva rigidez posicional que no benefició en ningún caso a su juego, puesto que las posiciones tan abiertas de Dani Olmo (izquierda) y Marco Asensio (derecha) dejaron a España sin apenas posibilidad de crecer por dentro (toda vez que los dos laterales, Marc Cucurella y Óscar Gil, debían iniciar el juego muy atrás para asegurar líneas de pase sobre sus centrales); y las posiciones tan alzadas de los dos interiores al mismo tiempo, Pedri y Mikel Merino, eran rápidamente acosadas por los dos pivotes brasileños, Douglas Luiz y Bruno Guimaraes. Un escenario que dejó sin opciones de envío sencillas al pivote de España, Martin Zubimendi, que podía recibir a espaldas de Richarlison y Cunha, pero no combinar con los futbolistas que esperaban (abiertos) por delante de la línea de la pelota.

Brasil 2 (Cunha 45′, Malcom 108′)
España 1 (Oyarzabal 61′)

BRA-ESP vs Away team - Football tactics and formations

En este guion de partido, Brasil defendía cómoda. La Canarinha, a través de esa presión adelantada, comenzó a provocar algunas pérdidas muy sensibles en la salida de balón de España. Los dos puntas, muy pendientes de cerrar y desviar el pase de los centrales a Zubimendi, los extremos, atentos al salto sobre los laterales, y viceversa, los laterales, cuidadosos de no dejar recibir cómodos a los dos extremos de España, consiguieron que la selección de Luis de la Fuente comenzase a perder varias veces la pelota en muy malas condiciones pocos metros por delante de la portería de Unai Simón, y, por si esto fuera poco, Brasil detectó rápido que Unai Simón y Pau Torres volvieron a pecar de timidez en el área. España se mostró muy blandita en área propia durante toda la final, desde la mala salida de Unai Simón que se convierte en el penalti (que después fallaría Richalison) hasta la posterior acción del larguero del propio delantero del Everton, pasando, claro está, por la acción del 1-0 justo antes del descanso: una jugada que saca muy mal parada a toda la línea defensiva.

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Brasil no cedió metros con el marcador a su favor y apostó por mantener el plan que tan buen rédito le había dado en la primera parte. Luis de la Fuente sí tocó cosas al descanso e introdujo un doble cambio: Bryan Gil y Carlos Soler por Marco Asensio y Mikel Merino, y acertó con la decisión. El flamante fichaje del Tottenham Hotspur empezó a hacer lo que mejor sabe en banda izquierda, pegado a la cal, recibir, encarar y desbordar ante Dani Alves y el incansable esfuerzo de Antony, muy comprometido en el retorno, y esto cambió de lado a Dani Olmo, que pasó a actuar por derecha (donde había jugado en el primer tiempo Asensio), y esto implicó que también a perseguir en defensa las continuas subidas de Guilherme Arana en su costado; algo que no había hecho Asensio, y que quizá motivó la razón del cambio, y que le dio a Brasil la oportunidad de generar muchísimo peligro con las subidas por fuera del actual jugador de Atlético Mineiro. España mejoró con los cambios. La selección de Luis de la Fuente llegó antes al 1-1 que al juego, todo sea dicho, pero las sensaciones ya eran otras tras las sustituciones. De hecho, fue el mejor momento de España en el partido.

Richarlison fue una tortura para los dos centrales de España. Foto: Romena Fogliati/Focus Images Ltd
Richarlison fue una auténtica tortura para los centrales de España. Foto: Romena Fogliati/Focus Images Ltd

Ahora bien, ese empate llegó pocos minutos después de que Brasil hubiese tenido la oportunidad de ponerle el broche al partido con una gran transición ofensiva al espacio que Richarlison (y una gran intervención de Unai Simón) estrelló en el larguero. Brasil se reservó entonces la opción de hacer daño al contragolpe, sin importarle que esto fuese en realidad consecuencia de su pérdida de altura posicional ante la mayor insistencia de España en el juego (clave también con su entrada Soler, muy profundo y agresivo en sus movimientos sin balón para desmarcarse en el ataque), pero lo más llamativo es que la Canarinha aguantó hasta el minuto 91, ya en la prórroga, para hacer el primer cambio. España mandó dos balones al travesaño en la recta final del tiempo reglamentario, un centro envenenado de Óscar Gil y un remate poderosísimo desde el perfil derecho de Bryan Gil, pero ninguno de los dos acabó dentro, y pese a ello, a los puntos, conviene subrayar que Brasil fue también mejor selección en la segunda parte. Controló muchas más alturas, zonas y situaciones.

En la prórroga se produjeron dos movimientos que acabaron por desequilibrar el duelo. Luis de la Fuente debió retirar (por cansancio, se entiende) a los dos laterales titulares y en su lugar dio entrada a Jesús Vallejo (por derecha) y Juan Miranda (izquierda), lo cual emparejó al central del Real Madrid con Malcom, que entró al mismo tiempo desde el banquillo. Y el duelo fue desigual a más no poder desde el primer momento. El extremo del Zenit se impuso en todas sus acciones, tanto al pie como al espacio, tanto por arriba como por abajo, y suyo fue el gol de la victoria en la segunda parte de la prórroga tras un córner a favor de España mal botado por Carlos Soler. El contragolpe cogió muy mal parada a la selección y Malcom superó con creces a Vallejo en su duelo individual antes de batir a Unai Simón. Rafa Mir, que entró a pocos minutos del final (y poco antes del 2-1), aseguró presencia en el punto de penalti ante Nino y Diego Carlos, pero el partido, con mucho centro a la desesperada desde fuera, acabó muriendo lejos de sus dominios. Brasil, con esta victoria, celebró en Yokohama su segundo oro olímpico consecutivo en unos Juegos (tras imponerse también en Río 2016), y en lo individual: Dani Alves consiguió el penúltimo gran título que le falta en su palmarés. Tiene 43, y, aun faltándole uno (Mundial), es el jugador más laureado de la historia del fútbol.

Bryan Gil mejoró a España con su entrada en la segunda parte. Foto: Simon Moore/Focus Images Ltd
Bryan Gil mejoró a España con su entrada en la segunda parte. Foto: Simon Moore/Focus Images Ltd

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Foto de portada: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.

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