La Atalanta de Gasperini: el éxito del proceso

La Atalanta de Gian Piero Gasperini es un equipo de autor. Foto: Chesterton/Focus Images Ltd

La Atalanta de Gian Piero Gasperini es lo mejor que le ha pasado al fútbol italiano en los últimos años, solo por detrás del fichaje de Cristiano Ronaldo por la Juventus. El cuadro bergamasco ha vuelto a superarse esta temporada. Clasificada para cuartos de final en la Champions League, en una edición que será aún más impredecible si cabe que cualquier otra temporada, y tercera clasificada en la Serie A, igualando así su mejor marca histórica en cuanto a la posición y pulverizando los goles anotados (98) en una liga, la Atalanta se ha labrado un espacio de relumbrón en los anales del fútbol italiano. Un equipo vertical, muy directo en todas sus posiciones y caracterizado por una fase defensiva muy particular en estos años, el equipo de Gian Piero Gasperini, el “entrenador más duro” al que José Mourinho confesó en 2012 haberse enfrentado, se ha convertido en una visita al dentista para los otros 19 equipos de la Primera división italiana… Y desde hace unos años, prueba irrefutable de su exitoso modelo, ha exportado endodoncias por toda Europa.

En Zingonia, una pequeña localidad a unos kilómetros de Bérgamo, se encuentra el cuartel general de la Atalanta. Allí se localiza una de las canteras más prolíficas del fútbol europeo, una fábrica de talento que produce mucho y vende cada vez más caro. La presencia del equipo sub-19 en los octavos de final de la presente UEFA Youth League (donde cayó derrotado ante otra gran cantera como la del Olympique de Lyon) es el mejor reflejo de lo bien que se hacen las cosas en una zona donde apenas residen 4.234 habitantes. Los diez canteranos más caros que ha traspasado la Atalanta a lo largo de su historia pertenecen al siglo XXI, y ocho de estos diez futbolistas han abandonado Bérgamo en la última década. Es más, el último en hacer las maletas se ha acabado convirtiendo en el primero de esta honorable lista: Dejan Kulusevski cerró su traspaso a la Juventus hace unos meses por 35 millones, en un TOP-3 que completan Franck Kessié (32M€) y Alessandro Bastoni (31M€) a Milan e Inter, respectivamente. Y en los últimos tres años, desde la temporada 2017/18 a la actual 2019/20, el cuadro bergamasco ha ingresado 160 millones de euros con apenas cinco traspasos de sus canteranos.

Atalanta - Football tactics and formations

La maquinaria bergamasca es imparable. Esta misma temporada siete futbolistas con menos de 21 años han tenido minutos con Gian Piero Gasperini en la Serie A: Bosko Sutalo (el último en debutar, ante el Parma), Musa Barrow, Roberto Piccoli, Lennart Czyborra, Amad Traoré, Raoul Bellanova y Ebrima Colley. Un claro ejemplo de la productividad de Zingonia. Y de la importancia de tener un entrenador que confíe en los más jóvenes. Pero la eficacia bergamasca no es flor de un día. De la escuela del Atleti Azzurri d’Italia salieron hace ya muchos años otros viejos conocidos como Roberto Donadoni, Gaetano Scirea, Alessio Tacchinardi, Giacomo Bonaventura, Simone Zaza o el mítico Giampaolo Pazzini.

El capitán general de esta Atalanta es el Papu Gómez, que no es canterano pero esta es su sexta temporada seguida en el norte de Italia. La transformación física y táctica del argentino ha ido de la mano con la evolución del equipo. El propio Papu reconoció en una entrevista a el diario El País que él ha aprendido mucho fijándose en el árbitro. “¿Sabe lo que yo miro? Dónde está el árbitro. ¿Quién es el mejor posicionado en todo el campo? ¡El árbitro! Siempre está solo. Alejado de todo el quilombo. Casi siempre libre. Por eso yo suelo mirarlo, y me tiro donde está el árbitro. Haciendo cosas como esa fui perfeccionando mi nueva función”. A lo que el argentino se refiere con su nueva función es un desarrollo de su jerarquía e interpretación sobre el campo. El caso del Papu es tan curioso como significativo, puesto que a medida que ha ido perdiendo velocidad con los años ha conseguido abarcar cada vez más metros sobre el césped. Desde su aterrizaje en Bérgamo el Papu destacó por ser un futbolista muy escurridizo en el uno para uno, con desborde y cambio de ritmo en pocos metros, capaz de recibir en banda, generalmente a pie cambiado, para recortar hacia dentro y explorar zonas de disparo/centro. Pero con el tiempo ha ido extendiendo su influencia a todos los carriles y en multitud de alturas con un protagonismo gigantesco en las diferentes fases del juego de su equipo.

José Mourinho, en el año 2012: “Gasperini ha sido el entrenador más duro al que me he enfrentado. Es un Inter-Genoa cambié cinco veces de esquema para provocarle dificultades y otras tantas veces me contrarrestó cambiando su dibujo a los pocos minutos. Era como una batalla entre perros y gatos. Yo tenía que ganar a toda costa y él no debía perder. Fue un 0-0 espectacular para los que aman el fútbol”.

El Papu Gómez no solo se ofrece por delante de la línea del balón, entre intervalos y carriles, más abierto o más cerrado, habilitando líneas de pase con la astucia con la que siempre se ha fijado en los movimientos de los árbitros, sino que de un tiempo a esta parte también es un organizador extra en los primeros pases del equipo. Resulta muy común ver al argentino bajar hasta muy atrás para permitir a la Atalanta avanzar con la pelota y superar de cara (y no recibiendo siempre de espaldas, como antaño) las primeras líneas de presión rival, que en Italia, como ya hemos comentado otras veces, generalmente no se sitúan tan arriba como en España o Inglaterra. De hecho, no son pocas las ocasiones en que acude incluso más abajo que alguno de los dos pivotes para ofrecer una opción de pase a los centrales, siendo además el primero en compensar las conducciones o las rupturas de los centrales o los mediocentros cuando alguno de ellos se lanza a salir de su posición para agredir la estructura defensiva del rival, esta postura tan mes(s)iánica del Papu es una bendición para una Atalanta que, más allá del propio Papu, Ilicic y Zapata, sus tres atacantes más habituales, no presume de calidad diferencial en todas las líneas.

Pero Gasperini ha conseguido compensar en todo momento ese déficit creativo con su pizarra. El ataque posicional es la fase del juego que más se le atraganta a la Atalanta, como consecuencia de esas debilidades individuales en el espacio reducido, pero el sistema bergamasco tiene muy automatizados una serie de movimientos que, entre desmarques de apoyo y rupturas al espacio por sorpresa, logran oxigenar al equipo ante defensas muy compactas. Además de la versión organizadora del Papu, como destacábamos unas líneas más arriba, capaz de actuar incluso como regista en este tipo de escenarios más reducidos, la Atalanta consigue jugar bastante bien con sus centrales exteriores para que estos lleguen y aparezcan en el área de una forma verdaderamente descontrolada para sus rivales. La Atalanta ha conseguido hacer bastantes goles esta temporada involucrando a sus dos carrileros, centrando con uno por un lado y rematando con el otro desde el costado opuesto, y por lo general, ya desde los primeros años bajo las órdenes de Gasperini, todos sus ataques comparten un denominador común: la sobrepoblación del área.

Josip Ilicic es una de las piezas más diferenciales de la Atalanta. Foto: Matt Wilkinson/Focus Images Ltd
Josip Ilicic es una de las piezas más diferenciales de la Atalanta. Foto: Matt Wilkinson/Focus Images Ltd

La Atalanta ataca siempre con muchos efectivos. Ataque en pocos metros o corra al espacio en situaciones de transición ofensiva, el sistema de Gian Piero Gasperini tiene la capacidad de involucrar a un gran número de futbolistas en cada acercamiento con peligro. Ver atacar a la Atalanta es observar a una nube de seis, siete u ocho jugadores en el último tercio del campo. Y en esas, la habilidad individual del Papu Gómez no es solo su única arma. La calidad de Ilicic, que no por casualidad juega también siempre a pie cambiado para aprovechar su gran golpeo con la pierna izquierda, los recursos de Zapata de espaldas al área y su olfato en el punto de penalti, el recorrido incansable de los carrileros, los acercamientos de los pivotes (algo clave para, además de llegar y alimentar el volumen ofensivo, controlar la segunda jugada en la frontal del área) o la vehemencia con la que Malinovskiy acaba sus acciones desde lejos, siendo el jugador con más goles desde fuera del área esta temporada en las principales ligas europeas (5), hacen de la Atalanta un equipo peligrosamente impredecible para cualquier rival en cualquier situación del juego.

La Atalanta está muy lejos de la calidad y las posibilidades de los más grandes, como resulta evidente cada vez que debe defender en su propio campo y no a través de la presión (individual, hombre a hombre, en uno de los rasgos más característicos de la etapa de Gian Piero Gasperini en su banquillo), pero sí es muchísimo mejor equipo de lo que podría ser. Ese es el verdadero éxito de Gasperini. El atributo diferencial de los mejores entrenadores. Y el sello característico de una entidad que ha sabido integrar el proyecto dentro del proceso en el que lleva tantísimos años trabajando. El mayor secreto de la Atalanta está en su tierra, su gente, como reconoció su presidente, Antonio Percassi. Zingonia es tierra de soñadores.

Foto de Portada: Chesterton/Focus Images Ltd.

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2 comments

Me gustaría añadir que, en un par de partidos que les he visto pos confinamiento, la preparación física es alucinante. Siempre eran medio segundo más rápido que el rival.
Gran análisis. Un placer leer estos artículos

Yo apenas he visto jugar a este equipo, al menos, no tanto como me gustaría. Muchas gracias por este gran análisis Adrian! Un placer leerte.

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