Tuchel ha construido una máquina

Chelsea y Sevilla no han llegado finalmente a un acuerdo por Jules Koundé; se queda. Foto: Russell Hart/Focus Images Ltd

Thomas Tuchel ha construido en tiempo récord uno de los equipos más completos del momento. Desde su llegada al banquillo de Stamford Bridge, el Chelsea ha conseguido dejar su portería a cero en 18 partidos, incluyendo el 2-0 que le endosó anoche al Real Madrid en la capital británica. Este Chelsea es una máquina muy competitiva fabricada para pelear de tú a tú ante cualquiera, y ayer volvió a demostrarlo en un partido en el que fue infinitamente superior a los de Zinedine Zidane. En el cómputo global de esta eliminatoria, de hecho, el Chelsea ha sido mucho mejor que el Real Madrid, pero esa diferencia se acrecentó este miércoles en el Bridge en un partido en el que los chicos de Tuchel consiguieron dominar todas las situaciones del juego sin necesidad de tener el balón más tiempo que su rival; y en las dos únicas acciones en las que el Real Madrid consiguió imponerse, por puro talento, los dos remates de Karim Benzema entre palos, apareció un Edouard Mendy muy inspirado en cuanto a sus reflejos y despejes para no conceder ni media. El Chelsea fue superior, con y sin balón, y a lo largo del encuentro dio argumentos de sobra para avalar y justificar su presencia en la final del próximo día 29. El Chelsea de Tuchel es un equipo ya reconocible.

Chelsea 2 (Werner 28′, Mount 85′)
Real Madrid 0

CHE-RM vs Away team - Football tactics and formations

La propuesta del Real Madrid fue extraña desde el arranque. Zinedine Zidane volvió a emparejar su sistema con el del rival, manteniendo la defensa de tres centrales y dos carrileros que ya empleó en el encuentro de ida, situando a Vinícius como carrilero (a pie natural) en el sector derecho, y recuperando para la causa a activos tan relevantes como Sergio Ramos y Ferland Mendy. Pero el dibujo no cuajó y los gestos de estos dos futbolistas evidenciaron que no estaban completamente recuperados para el partido. El Chelsea, de hecho, se adueñó muy pronto del escenario a través de su coordinación defensiva para adaptarse a las muchas alturas que tiene trabajadas en su pizarra. Si en la presión, emparejando 3×3 a sus puntas con los centrales de Real Madrid, el cuadro de Thomas Tuchel volvió a provocar dudas en la salida en corto de los blancos, todas las respuestas que iba ofreciendo en consecuencia a su primer esfuerzo defensivo se correspondían con una serie de maniobras automatizadas que impidieron que el Real Madrid pudiese progresar con ventaja a través de sus posesiones. En este sentido es totalmente cierto, y compatible con la buena disposición de su rival, que la distribución que hizo el Madrid de sus fichas fue tan extraña como confusa en una gran cantidad de ocasiones. Al equipo blanco le costó una barbaridad progresar junto y atacar arriba la profundidad, pues apenas encontró pases seguros desde su salida de balón, la nula activación de referencias alejadas imposibilitó que el equipo pudiese intimidar la línea última línea defensiva, y la propia disposición del sistema tampoco ayudó a encontrar soluciones a un Vinícius que, si ya desde su forma para recibir se quitaba a sí mismo posibilidades, jamás encontró el modo de superar a Chilwell.

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Cada salida de balón del Real Madrid fue muy poco fructífera, primero insistiendo mucho en el perfil derecho (con Militao como tercer central en este sector y Vinícius constantemente abierto en el costado), y después retrasando a Casemiro a la misma altura que Sergio Ramos para que, precisamente, los dos centrales se abriesen mucho y ensanchasen así la primera línea de presión rival, y cada balón a banda, a uno u otro carrilero, lejos de ser una solución fue, en cambio, sinónimo de una desconexión muy preocupante a nivel táctico. Porque cada recepción de Vinícius en banda fue resuelta de la misma forma, siempre y cuando Chilwell no consiguiera quitarle directamente el esférico: balón atrás, hacia los centrales, para reiniciar el juego, o un recorte hacia dentro que, entre otras cosas, evidenció los problemas que tuvo el equipo en la colocación de sus piezas para completar la acción individual del futbolista brasileño. El Real Madrid, como decimos, jamás encontró sociedades desde las que crecer en sus primeros pases, solo arriba, y de manera esporádica, cuando Benzema y Hazard se encontraban cerca del área, y esa debilidad estructural, que primero, antes de entrar en lo físico, tuvo que ver claramente con el plano táctico, expuso demasiado a un Real Madrid que volvió a sufrir en exceso con cada pérdida en cualquiera de los tres carriles. El Chelsea robaba y salía automáticamente al espacio, transitando con todo el ancho bien ocupado, y solo la falta de acierto le privó de resolver antes de tiempo una eliminatoria que, pese a lo corto que era el resultado, a nivel de juego Tuchel la tenía donde quería.

Karim Benzema, como en la ida, volvió a ser el mejor del Real Madrid. Foto: Kristian Kane/Focus Images Ltd
Karim Benzema, como en la ida, volvió a ser el mejor del Real Madrid. Foto: Kristian Kane/Focus Images Ltd

La salida del Chelsea tras el descanso fue también mejor que la del Real Madrid. Kai Havertz, que fue la gran novedad en el once de los blues, estrelló un gran remate de cabeza en el larguero, y el escenario fue exactamente el mismo para los dos equipos. El Chelsea no renunció en ningún momento a presionar los primeros pases de su rival, consciente de las dificultades que estaba teniendo el Real Madrid para salir con orden desde la defensa, y cada balón al carril central, tratando de buscar el apoyo de Hazard/Benzema era automáticamente repelido por la constante vigilancia de unos centrales que defendieron en superioridad numérica (3X2) y posicional ante los puntas del Real Madrid. Esta fue una de las muchas claves que dejó el encuentro: la defensa de los centrales del Chelsea sobre las recepciones de los dos delanteros blancos. Christensen, Thiago Silva y Rüdiger impidieron en todo momento que Hazard y Benzema pudieran darse la vuelta tras recibir, y tal fue su empeño por impedir que eso sucediese que en más de una ocasión persiguieron al jugador belga hasta su propio campo para que no pudiese darse la vuelta y/o descargar la bola hacia un compañero en mejor situación. Una acción que Tuchel tenía bien trabajada en la pizarra.

Cierto también es que el Real Madrid, víctima de la impotencia y de la superioridad física de su rival, fue cayendo en una serie de precipitaciones que, como suele ocurrir, lejos de aclarar el escenario terminaron por ensuciarlo aún más. Esta precipitación ya hizo acto de presencia en la primera parte cuando, a fin de superar rápidamente esa presión adelantada, más de una vez los primeros pasadores del Real Madrid trataron de combinar con los potenciales receptores por delante de la línea del balón antes de que estos llegasen a ocupar la zona escogida para la entrega. Algo que generó varias pérdidas (no) forzadas en situaciones muy peligrosas que el Chelsea, claro está, no dudó en transformar en ocasiones en los metros finales del campo. Llegados a este punto hay que hablar de N’Golo Kanté. El futbolista francés volvió a estar muy activo en todas las fases del juego, tanto en la destrucción (cuerpo a cuerpo), como en la contención (privando al Real Madrid de progresar por las zonas controladas por su radio de acción), como, por supuesto, su faceta ofensiva (para incorporarse a cada ataque y rajar la transición/estructura defensiva rival como hizo en la acción del 1-0). Kanté volvió a estar en todo en todas las partes del campo. Y su presencia le garantizó al Chelsea la posibilidad de controlar el encuentro a partir de su posicionamiento sin la pelota. Por delante de él se movieron Werner, Havertz y Mount, bastante enchufados también para defender desde la presión y guiar las carreras del Chelsea, aunque a los dos primeros les faltó un punto extra de acierto en los últimos finales. Algo que no es nuevo.

N'Golo Kanté volvió a firmar otra gran actuación. Foto: Romena Fogliati/Focus Images Ltd
N’Golo Kanté volvió a firmar otra gran actuación en Champions. Foto: Romena Fogliati/Focus Images Ltd

Courtois paró todo lo que pudo, incluso hasta lo imposible, y tanto el belga como los postes de la portería de Stamford Bridge le dieron al Real Madrid la posibilidad de llegar vivo a los minutos finales del encuentro. La mejor noticia posible, sin duda, viendo el desarrollo del partido. Los cambios de Zidane apenas tuvieron impacto, pese a que Valverde le dio al equipo esa garra tan necesaria en este tipo de situaciones, ingresando al campo como (improvisado) lateral derecho, además de Asensio y Rodrygo, pero ese desgaste y la impotencia, una mezcla tan viscosa que se pegó a las entrañas del equipo impidiendo que pudiese sacar a relucir la grandeza de sus mejores futbolistas en algún momento de la eliminatoria, acabó por desarticular a un Real Madrid que nunca, en los 180’ que ha durado el cruce de semifinales, supo meterle mano a un Chelsea que, con todo el merecimiento del mundo, vuelve a una final de Champions ocho años después. Tuchel ha ideado en muy poco tiempo un equipo con una capacidad impropia (para la poca edad que tiene) para detectar debilidades, anular amenazas, potenciar sus fortalezas y explotar sus oportunidades. Lo que Tuchel ha hecho en poco más de tres meses es lo que muchos no han conseguido desde que iniciase la temporada. E incluso mucho no llegan a conseguirlo. Es un equipo de autor.

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Foto de portada: Russell Hart/Focus Images Ltd.

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6 comments

Fantástico análisis. Creo que resumir la eliminatoria, como hacen muchos medios, a la falta de energía del Madrid desluce los numerosos méritos de los londinenses. Adaptar las piezas nuevas, de enorme valor en el mercado veraniego de 2020, era el unto de grandeza que le faltaba a este equipo. En cuanto a la final, el calendario comprimido del Chelsea, comparado con la placidez que se le intuye al City, puede ser determinante. Esperemos que la final sea tan espectacular como se intuye.

Se escucha mucho hablar, para justificar la superioridad y casi de forma depreciativa, sobre la “exuberancia física” del Chelsea. Como bien has explicado, existen otras muchas razones que explican la incontestable victoria inglesa. Un equipo que tiene Ramos, Mendy (ayer tocados, sí), Valverde, Casemiro, Militao, es tan fuerte físicamente (o más) como cualquier otro en Europa.

Será una grandísima final!

Para mí el culpable de esta derrota tan clara es Zidane. Tácticamente fue superado claramente, no sólo por el buen hacer del Chelsea, sino sobre todo por las decisiones de Tuchel. Después del partido ante el Barcelona, dijo que el equipo estaba físicamente al límite, y tratar de ganarle a este Chelsea, con la misma disposición que ellos en el campo, me parece un gran error. Tenías a la pareja Militao-Nacho en un estado de forma impresionante, y los cambias para poner a Varane primero, y a Ramos después, viniendo de lesión ambos (Nacho en los dos partidos y Militao hoy, no se mostraron como en partidos anteriores). Y dejas el medio del campo (Toni, Luka y Casemiro cansadísimos) contra Jorginho, Kanté, y podríamos añadir a Mount y Havertz hoy, y Mount y Pulisic el otro día. Y hoy no se le ocurre la mejor idea que poner a Vinicius por la derecha, que no es capaz de desbordar como hace por la izquierda, y a Mendy que viene de lesión.
Se lo dejó muy fácil al Chelsea, que le bastó con hacer lo que viene haciendo desde que Tuchel cogió el equipo, que físicamente y tácticamente, está a años luz del Madrid ahora mismo.

Me acuerdo cuando Mourinho dijo que un equipo de 11 azpilicuetas ganaria la Champions. En cierto modo es lo que Tuchel ha conseguido. 11 Azpilicuetas, en cuanto a seriedad táctica y derroche físico. Azpilicueta es el capitán y el que da su espíritu a este Chelsea.

Una de las claves para leer la final es que es un Mount vs Foden. Dos chavales que ya saben dotar a sus equipos de todo su fútbol, y hacerlo en los escenarios más altos. Su personalidad es gigantesca. En clave de selección inglesa, deben evitar que les pase como a Lampard y Gerard, que nunca congeniaron o encajaron juntos en un once.

“Simeone se lo jugó todo a no encajar gol en la ida (para jugar con el valor doble marcando en el Bridge) y le salió mal. No digo que sea el favorito, pero que nadie menosprecie al Chelsea, porque como ya es mas que sabido tiene un equipazo, pero ahora también tiene entrenador especialmente para las grandes noches.”

No me equivoqué con el pronóstico tras el pase de los Blues a cuartos de final. Como bien comenta más arriba Víctor, encajar todas las piezas y que estas funcionasen era el principal reto de Lampard, cosa que no consiguió y que sí ha hecho Tuchel en muy pocos meses. La importancia de tener un buen (gran en este caso) entrenador vuelve a quedar más que evidente. Le ha comido claramente la tostada a Zidane, que venía de ser el gran vencedor de los banquillos en los cuartos.

En cuanto a la final le daría un 55%-45% a favor del Manchester City por el hecho de que tienen la Premier en el bolsillo y Guardiola podrá rotar para tener a los suyos más frescos. Aspecto del que no podrá gozar Tuchel, que se está jugando una plaza Champions y tiene un calendario exigente: City, Arsenal, Leicester por partida doble (una en la final de FA Cup) y el siempre guerrero Aston Villa.

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