Florenzi en el PSG: un autómata al servicio del sistema

Alessandro Florenzi of Italy in action during the UEFA Euro 2016 match at Stade Pierre-Mauroy, Lille
Picture by Anthony Stanley/Focus Images Ltd 07833 396363
22/06/2016

Alessandro Florenzi ha caído de pie en el Paris Saint-Germain. El futbolista italiano jugará cedido esta temporada en el club parisino, donde se ha hecho desde un primer momento con el lateral derecho tras la marcha de Thomas Meunier, después de una etapa en el Valencia CF que no estará entre las mejores de su carrera. Quizá por eso mismo sorprende lo rápido y lo bien que se ha adaptado el excapitán de la Roma al campeón del fútbol francés, rindiendo muy por encima de las expectativas desde el minuto uno y jugando con una determinación y una confianza que evocan a sus mejores años en la capital italiana. Florenzi, romano y romanista de nacimiento, aquel jovenzuelo que saltó a las gradas para dedicarle un gol a su propia abuela, aficionada al club de toda la vida, iba para capitán general del Olímpico tras las salidas de Francesco Totti y Daniele de Rossi, los dos últimos emperadores de la Roma, pero el fútbol y una mala relación (dicen las malas lenguas) con Paulo Fonseca, el actual técnico de la ‘Loba’, han provocado que el internacional italiano busque equipo lejos de casa por segundo año consecutivo. Florenzi, que volvió a la Selección en la última lista de Roberto Mancini para la UEFA Nations League diciendo sentirse muy orgulloso de volver a estar en “su hogar”, con sus colores, después de “la batalla que todos los italianos han afrontado [en referencia a la pandemia]”, se ha adaptado como un guante al sistema de Thomas Tuchel. Y lo hace con un rol clave.

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Thomas Tuchel se quejó en los últimos días de que el equipo necesitaba refuerzos, consciente del peligro que supone volver a llegar al tramo decisivo de la temporada con alguno de los tres ‘bichos’ lesionado, y Leonardo, de alguna manera, le ha hecho caso (en el último día de mercado llegaron Moise Kean, Danilo Pereira y Rafinha Alcántara), sino sin antes responder públicamente al entrenador con un mensaje en forma de dardo: “No me gustó lo que dijo [Tuchel] de que tenemos una plantilla corta; al club tampoco le ha gustado. Cuando alguien no está satisfecho, tiene que irse. Hay que respetar al club y a la dirección deportiva. Lo que tengamos que hablar Tuchel y yo lo haremos en privado. Hay que comprender la situación actual. Hemos perdido más de 100 millones de euros en ingresos”. Hasta el pasado lunes, el PSG, subcampeón de la Champions el curso pasado, ha tenido un verano muy tranquilo. Al margen de las compras definitivas de Mauro Icardi y Sergio Rico, por los cuales el club ha invertido una cantidad cercana a los 60 millones de euros, Alessandro Florenzi, cedido, fue el primero en llegar, y hasta el pasado domingo era el único. En el capítulo de salidas, la zona noble del Parque de los Príncipes tampoco ha sacado beneficio de las marchas de Thomas Meunier (Borussia Dortmund), Adil Aouchiche (Saint-Étienne), Thiago Silva (Chelsea), Alphonse Areola (Fulham) o Edinson Cavani (libre), por lo que el balance, en tiempos de pandemia, está claramente en números rojos tras las incorporaciones ya definitivas de Icardi y Rico. Pero no nos desviemos del tema.

Alessandro Florenzi siempre ha destacado por ser muy competitivo. Foto: Russell Hart/Focus Images Ltd
Alessandro Florenzi siempre ha destacado por ser muy competitivo. Foto: Russell Hart/Focus Images Ltd

Hablemos del encaje del italiano en el sistema parisino, porque la cosa tiene su miga. Establezcamos a modo de contexto que el PSG ha arrancado la temporada con Neymar y Mbappé en una misma zona del campo. El brasileño parte como mediapunta dentro del sistema que viene dibujando Tuchel, moviéndose y recibiendo siempre por delante de la línea del balón, actuando con la libertad y la jerarquía que se le presupone como epicentro de toda la maquinaria, mientras que el francés, a caballo entre la punta (la cual comparte muchas veces con Icardi de partida, sobre todo en situaciones de fase defensiva en las que el PSG dibuja un 4-4-2 y Neymar es quien se abre), y la banda, es otro que evidentemente se mueve por donde le viene en gana. Pero nuevamente lo está haciendo sobre este sector izquierdo; lo cual provoca que la relación entre ambos surja de un modo bastante natural cerca del pico del área. Neymar y Mbappé hacen y deshacen todo tipo de diabluras en la zona, con el brasileño moviéndose entre líneas y el francés actuando a pierna cambiada (siendo diestro en el sector izquierdo), pero con habilidad, autonomía y recursos para no privarse de ninguna salida; porque desde este sector Mbappé desborda hacia los dos perfiles: por dentro, para apoyarse en el propio Neymar y romper automáticamente (sin balón) hacia el área; pero también por fuera, utilizando las dos piernas, llegando hasta línea de fondo y consiguiendo, con ello, que el PSG sitie el área con 6-7 jugadores al mismo tiempo. Incluido Florenzi. Algo que evidentemente complica mucho al contrario.

El italiano es todo cuanto necesita el sistema de Tuchel en el día a día. Acostumbrado desde hace ya bastante tiempo a afrontar ataques muy posicionales dentro del fútbol francés ante la permisividad con la que buena parte de la liga le entrega la iniciativa, permite que se instale en su propia mitad del campo y repliega en pocos metros, el PSG necesita la presencia de un futbolista que estire el sistema desde el sector más alejado al de Neymar y Mbappé. Y ese está siendo Aleassandro Florenzi. Si Di María, Draxler o Sarabia, sea cual sea el extremo que parte desde la derecha, tiende a meterse hacia dentro, atacar en diagonal el área y alejarse, en definitiva, de su posición de partida, es fundamental que el lateral de este sector sujete el esquema desde este lado dando la amplitud necesaria para que el equipo contrario no pueda bascular su defensa única y exclusivamente al sector de Neymar y Mbappé; ya que esto restaría tiempo y espacio a las recepciones del brasileño y el francés, y posibilidades, en definitiva, al ataque posicional del PSG. Florenzi juega muchos minutos alejado de la zona del balón, sin intervenir directamente en la acción o en la circulación de su equipo, pero cumpliendo, de esta forma, con un rol muy necesario dentro del plan: siendo la amplitud y la profundidad desde el lado débil.

El PSG acabó incorporando en el último día de mercado a Moise Kean, Danilo Pereira y Rafinha Alcántara. Foto: EXPA Pictures/Focus Images Ltd
El PSG acabó incorporando en el último día de mercado a Moise Kean, Danilo Pereira y Rafinha Alcántara. Foto: EXPA Pictures/Focus Images Ltd

Técnica, táctica y hasta jerárquicamente, que en el PSG es tan importante como lo demás, Alessandro Florenzi ha encajado muy bien en los planes del equipo. Sabe cuál es su rol, ha entendido rápidamente para qué ha llegado y conoce cuáles son sus limites dentro del sistema. Florenzi no llega a París para ser un lateral que organice el juego ni nada por el estilo. Lo suyo es mucho más simple. Debe estar. Llegar, que es lo que más cuesta entre tantas carreras arriba y abajo, y hacer exactamente lo que le pide el equipo: fijar en banda, dar amplitud, corregir a campo abierto y aparecer cuando se le requiera en el último tercio para meter la pelota en el área; tanto para centrar, muchas veces en carrera y de forma casi acrobática, aprovechando el cambio de orientación de primeras para poner el balón de volea, como para chutar a puerta si lo ve claro. Del resto de cosas ya se encargan otros. Florenzi es un autómata. Y Tuchel lo ha programado para estirar el juego desde una posición elemental para el correcto funcionamiento del sistema; sobre todo en escenarios de mayor dominio posicional, para evitar así que el rival pueda concentrar sus esfuerzos en una única zona, no solo por Neymar y Mbappé, sino también por Icardi, puesto que el rival podría hacerle un sándwich con sus centrales al argentino, y para rellenar el área entre todas las formas que maneja. Ya vendrá la Champions, y con ella otros muchos retos para el PSG 2020-21, pero, por lo pronto, esta versión más maquinal de Florenzi ya es muy práctica para corregir tendencias y fortalecer mecanismos dentro del sistema.

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Foto de portada: Anthony Stanley/Focus Images Ltd.

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