Klopp olió la sangre del RB Leipzig

El Liverpool de Klopp encadena tres victorias consecutivas. Foto: Martyn Haworth/Focus Images Ltd

El Liverpool dio ayer un paso de gigante en Budapest. En el Puskás Arena de la capital húngara, ante un RB Leipzig que ejerció como local (a causa de las restricciones por la pandemia), el cuadro de Jürgen Klopp se impuso con claridad en el duelo de ida de los octavos de final. Dos goles en la segunda mitad, explotando dos errores muy groseros del RB Leipzig en el centro de su zaga, plasmaron la superioridad del Liverpool en este primer encuentro de la eliminatoria. Los fallos de los alemanes fueron graves y muy continuos a lo largo de todo el encuentro, especialmente en la primera parte, y de ellos se sirvió el Liverpool para girar la dirección del partido, en primer lugar, y firmar, después, los tantos de su victoria ante un RB Leipzig que se disparó varias veces (y no pocas) en el mismo pie.

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Jürgen Klopp olió la sangre en el ambiente y corrió a tirarse sobre el cuello de su rival para provocar una hemorragia en el sistema del RB Leipzig. Pero vayamos por partes. Lo cierto es que los alemanes, organizados en un sistema 3-1-4-2 en ambas fases del juego, comprometieron los primeros pases del Liverpool en el encuentro desde un posicionamiento intermedio en el que Haidara, a veces interior derecho, otras veces vértice superior de una especie de rombo en medio campo, saltaba sobre el interior de cada lado del Liverpool. En esos compases iniciales, puesto que Klopp quiso salir como de costumbre apoyándose en las recepciones exteriores de sus dos interiores (Thiago Alcántara y Curtis Jones), el futbolista maliense del RB Leipzig se centró especialmente en la defensa del perfil derecho (el izquierdo del Liverpool) ante la insistencia de los ingleses de salir todo el tiempo desde este costado, primero con Curtis Jones y luego, aunque de forma momentánea, con Thiago. En ese primer tramo del encuentro, con Angeliño (izquierda) y Adams (derecha) como carrileros, además de Kampl de pivote y Nkunku y Dani Olmo en la primera línea, el RB Leipzig provocó varias inconexiones en la fase de iniciación del Liverpool, robando y atacando en campo contrario, hasta tal punto que Klopp se vio obligado a reajustar varias cosas sobre la marcha. La primera fue la posición de su pivote, Wijnaldum, que pasó a jugar entre centrales en la fase de salida del equipo, y la segunda, en relación a la anterior, fueron los roles de los interiores, Thiago y Jones, que pasaron a repartirse las zonas mucho mejor.

RB Leipzig 0
Liverpool 2 (Salah 53′, Mané 58′)

RBL vs Away team - Football tactics and formations

No obstante, el cambio de Klopp encontró un mejor acomodo con los fallos que el RB Leipzig empezó a cometer desde muy pronto. Saliendo cada vez mejor desde tan atrás, rentabilizando esa primera superioridad numérica con la figura de Wijnaldum entre Kabak y Henderson, y buscando rápidamente que Curtis Jones y Thiago no recibiesen siempre a la misma altura, sino que el primero comenzó a adentrarse con mayor insistencia a la espalda de Sabitzer, el Liverpool igualó sus fuerzas sobre el tablero y esos errores (muchas veces no forzados) de los alemanes, sumados a la gran actuación individual de Firmino en la primera mitad, acabaron por provocar que el partido, aún dentro de la primera media hora, cambiase de dirección para que el Liverpool pasara a dominar la situación, con y sin balón. Esos fallos en la parcela defensiva del RB Leipzig vinieron motivados en muchos casos por la buena presión tras pérdida del Liverpool, que una vez instalado cómodamente en el encuentro detectó el eslabón más débil en la cadena de montaje de Julian Nagelsmann; pero muchos otros encontraron su explicación en una serie de comportamientos que se vieron claramente superados por múltiples factores. El rostro más visible (pero no el único) de este punto clave dentro del análisis fue el de Dayot Upamecano. El central francés fue haciéndose cada vez más pequeño como consecuencia de sus propios errores, primero con la pelota y después también sin ella, y al final llegó al descanso padeciendo una fragilidad que obviamente tuvo su impacto en la estructura colectiva del RB Leipzig.

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El cuadro de Nagelsmann, fruto de estos errores tan claros, continuos y dañinos en la línea más cercana a su portero, fue agujereando su propio plan, en fondo y forma, pues esos fallos fueron minando la cabeza de sus futbolistas, y con ello, lógicamente, todo el equipo dejó de reproducir las consignas que su técnico había preparado meticulosamente en su pizarra. Fue en ese momento, para colmo, cuando la figura de Roberto Firmino empezó a emerger en el perfil derecho del terreno de juego, recibiendo muchas veces muy abierto, como hacía especialmente antaño en las versiones más contragolpeadoras de su equipo, para picar la espalda de Angeliño, atraer consigo a Klostermann (central exterior del RB Leipzig) y liberar así, jugando fuera-dentro a pocos toques, la carrera de Salah en un uno para uno con el propio Upamecano. Ese tipo de situaciones que tan bien detecta y ejecuta el Liverpool, un equipo con una habilidad diferencial para distanciar las líneas del rival y disfrazar de transiciones situaciones que en realidad no lo son, fueron clave en una primera mitad en la que se jugaron dos partes, una por equipo, no de igual duración, pero sí diferenciadas.

Tras el descanso el escenario siguió siendo muy parecido. El Liverpool presionó muy bien sus pérdidas en el último tercio, forzando precisamente muchos de esos errores en la entrega que explotó como pequeños contragolpes en muy pocos metros, y, sobre todo, los reinicios del RB Leipzig cada vez que intentaba salir con el balón jugado. Para ello, ya que los de Nagelsmann disponían de tres centrales (Mukiele, Upamecano y Klostermann, de derecha a izquierda) Klopp organizó a sus futbolistas de tal forma que, para evitar que el RB Leipzig pudiese establecer alguna superioridad numérica y/o posicional en la zona de Thiago y Curtis Jones, decidió dejar completamente solo con balón al propio Upamecano para que este, cada vez más tocado por sus propios errores, debiese decidir qué hacer en una piscina de tiburones en la que la única salida era arriesgar con el pase, la conducción o el desplazamiento largo. Luego ya sí, una vez Upamecano asumía esa responsabilidad, el Liverpool reajustaba esa presión y saltaba (generalmente) con Firmino, su punta, sobre el hombre que ocupaba la posición central de la línea, el propio Upamecano.

Firmino, aun sin marcar, fue uno de los mejores del partido. Foto: Michael Sedgwick/Focus Images Ltd
Firmino, aun sin marcar, fue uno de los mejores del partido. Foto: Michael Sedgwick/Focus Images Ltd

Los goles llegaron en la segunda parte, y, como decimos, el guion fue muy parecido al del tramo final de la primera mitad. En una de esas presiones adelantadas, Sabitzer cometió un error en una entrega que dejó completamente solo a Salah delante de Gulácsi y el egipcio no falló para hacer el cero a uno. El siguiente, pocos minutos después, llegó de un balón largo de la defensa del Liverpool a la defensa del RB Leipzig en el que Mukiele, midiendo bastante mal su despeje, habilitó la presencia de Mané en campo contrario que tampoco desperdició su ocasión ante el guardameta húngaro. Ese segundo gol, como era de suponer, hizo bastante daño en un RB Leipzig que se entregó a los cambios de su entrenador, que decidió jugar con Poulsen arriba y Orban en defensa, para después meter a Hwang Hee-Chan por Kampl, pero el Liverpool tiró de experiencia y sentido de la responsabilidad para no caer en la tentación de tomarse un respiro, replegar en pocos metros y permitir así que el RB Leipzig pudiera volcarse sobre la portería de Alisson.

Todo lo contrario. El cuadro red continuó apretando muy arriba hasta el final, poniendo en apuros los primeros pases de los alemanes en cada reinicio de sus jugadas, y las entradas de Shaqiri y Oxlade-Chamberlain en punta y medio campo sirvieron para renovar las energías en relación a esos esfuerzos. Cierto es que el propio Hwang-Hee Chan acabó teniendo la última ocasión del encuentro en un mano a mano ante Alisson en el que, previamente, se desmarcó bien a la espalda de Henderson (central izquierdo del Liverpool), pero su disparo se marchó demasiado desviado y con ello la opción de que su equipo pudiese viajar a la vuelta con la puerta ciertamente entreabierta. Klopp, a pesar de las siete bajas (Van Dijk, Fabinho, Milner, Jota, Matip, Joe Gomez y Keita), volvió a darle todo cuanto necesitaba a su equipo para imponerse en un primer partido en el que el Liverpool le enseñó al RB Leipzig cuál es la norma no escrita que rige este torneo. No se puede fallar nunca.

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Foto de portada: Martyn Haworth/Focus Images Ltd.

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