La gran noche del PSG

El PSG jugará ante el Olympique de Marsella con importantes ausencias. Foto: Focus Images Ltd

El PSG está más cerca que nunca de conseguirlo. El cuadro parisino jugará su primera final de Champions en toda su historia. Lo hará tras derrotar al RB Leipzig en su duelo de semifinales, siendo muy superior a los de Julian Nagelsmann durante prácticamente todo el partido, exhibiendo calidad, recursos y una pizarra, esta vez sí, a la altura de las circunstancias. El proyecto de Nasser Al-Khelaifi está a un solo partido de alcanzar el que siempre ha sido su verdadero objetivo. Nueve años después y tras centenares de millones invertidos, el equipo del empresario catarí tiene ante sí la oportunidad de cerrar un circulo histórico con una plantilla de leyenda. El PSG peleará el próximo domingo en Lisboa por su primera Copa de Europa. Y lo hará, a diferencia del partido ante la Atalanta, después de mostrar una versión muy autoritaria en el día en el que no podía fallar.

El PSG fue dueño y señor del partido durante los primeros 45 minutos. Thomas Tuchel planteó desde el arranque un 4-3-3 en el que Mauro Icardi fue suplente y su lugar en el once lo ocupó Kylian Mbappé, con Marquinhos, Leandro Paredes y Ander Herrera en medio campo. De esta forma, sin Marco Verratti (tocado; entró en la segunda parte) ni Idrissa Gueye (lesionado), el PSG dispuso desde el inicio un medio campo configurado a tres alturas bien diferenciadas. Al menos sobre el papel, Marquinhos fue el pivote, Paredes el interior derecho y Herrera el izquierdo, pero el comportamiento de los tres futbolistas da para un análisis más profundo. Tuchel le ganó claramente la partida a su homólogo, Julian Nagelsmann, y empezó a hacerlo precisamente desde sus primeros pases. Ante un RB Leipzig que optó por esperar a media altura, sin abalanzarse directamente sobre los centrales parisinos, el PSG dispuso de un doble mecanismo en su salida de balón. El reparto espacial fue fundamental para Tuchel, como quedó claramente probado a todas las alturas en todo el campo, y en la parte más baja de su sistema no iba a ser menos. Cuando Marquinhos se situaba en una zona intermedia a sus centrales, permitiendo que estos (Thiago Silva y Kimpembe) pudiesen jugar más separados y, por tanto, ocupar un espacio mayor también a lo ancho, tanto Paredes como Ander Herrera tenían la obligación de situarse por delante garantizándole otro escalón más al dibujo de Tuchel; cuando Paredes bajaba a recibir por izquierda, siempre como interior, Marquinhos era entonces quien rompía por delante (sin balón) para situarse por detrás del único punta del Leipzig (Poulsen). Un movimiento que el PSG repitió concienzudamente durante la primera mitad, y que le garantizó una primera superioridad numérica y posicional clave en su juego.

RB Leipzig 0
PSG 3 (Marquinhos 13′, Di María 42′, Bernat 56′)

RB vs Away team - Football tactics and formations

De esta forma, el PSG empezó a escarbar en la debilidad estructural del RB Leipzig. El sistema de Nagelsmann sufrió para sacar rédito de su posicionamiento intermedio, tanto sin el balón, puesto que se rompió desde muy pronto en una zona bastante delicada, como con él, ya que, sin posibilidad de robar a buena altura, fue incapaz de transitar con cierta continuidad al espacio desde tan lejos de Sergio Rico. El intervalo entre Marcel Sabitzer (interior derecho) y Konrad (Laimer) empezó a agrietarse por la excesiva voluntariedad del primero, que saltaba siempre mal y muy tarde sobre la recepción de Paredes, y las dudas del segundo, que, en consecuencia, se quedó en tierra de nadie entre Bernat (lateral), Neymar y Mbappé. Por ahí empezó a colarse el PSG con bastante dinamismo y verticalidad. Paredes encontró varias veces a Neymar entre líneas con un pase tenso y muy directo al desmarque de apoyo del brasileño, un especialista a la hora de flotar en el espacio y girar en pocos metros. Pero ese envío no hubiese sido posible, o al menos no hubiese sido tan eficaz, sin la constante amplitud de los dos laterales. Juan Bernat, por izquierda, y Thilo Kehrer, por derecha, jugaron constantemente muy abiertos en sus costados, pinchados a la cal, garantizándole así al sistema del PSG una amplitud muy valiosa para ensanchar y abrir el posicionamiento defensivo del RB Leipzig. Así, a modo de resumen, el PSG salía desde atrás siempre con ventaja, contaba con la amplitud de sus laterales para ensanchar el campo y explotaba todos los espacios intermedios por dentro gracias, por un lado, a la propia disposición del sistema, y, por otro, al talento sideral de futbolistas como Neymar Jr., Ángel Di María o Leandro Paredes. Pero ahí no acaba todo.

Por si fuera poco, la profundidad en el último tercio también fue muy constante. Desde la calidad infinita de Neymar, de nuevo superlativo en todo lo que no tiene que ver con la finalización (donde de nuevo volvió a fallar, como ante la Atalanta, incluyendo dos balones a la madera), desbordando por dentro y apareciendo en cualquier zona para sacar de sitio (y de quicio) a todos los rivales que salían al paso; desde el pie de Di María, exquisito en todos sus contactos con balón y muy decisivo en el resultado, con un tanto y dos asistencias; y la verticalidad de Mbappé, capaz de transformar en aparentes transiciones ataques meramente posicionales. Jugaba y atacaba tan bien posicionado el PSG, siempre escalonado, con una distribución del espacio coherente y bien compensada, siendo ancho y a la vez profundo, acabando todas sus posesiones siempre muy arriba, que la presión tras pérdida fue, en efecto, tan eficaz como eficiente. En esta fase del juego, a la hora de saltar, encimar al rival y bloquear su giro para robar y reiniciar rápido todos los ataques, fue primordial la lectura y el arrojo de Ander Herrera. Un verdadero especialista defensivo.

El PSG jugará el próximo domingo su primera final de Champions. Foto: Kristian Kane/Focus Images Ltd
El PSG jugará el próximo domingo su primera final de Champions. Foto: Kristian Kane/Focus Images Ltd

La primera mitad del PSG fue muy seria. Muy sólida y convincente. Superando a su rival y anulando cualquier respuesta. Y ese dominio obligó a intervenir a Nageslmann antes incluso del descanso. Dado lo mucho que estaba sufriendo el RB Leipzig en ese perfil derecho, en ese desajuste entre Sabitzer y Laimer, el técnico alemán decidió mover al segundo para que la decisión repercutiese indirectamente en el primero. Laimer abandonó la banda derecha, donde había empezado el partido, para pasar a cerrar por dentro en fase defensiva, en paralelo a Kevin Kampl (el otro pivote), con lo que Sabitzer se ocupó del costado en el 4-5-1 desde el que defendía el RB Leipzig, y ya no pudo saltar tanto.

La segunda mitad fue muy diferente. El RB Leipzig introdujo dos cambios al descanso. Prescindió de Dani Olmo (que apenas lució en la primera parte, corriendo siempre detrás de la pelota y no por delante de ella) y Christopher Nkunku para dar entrada a Patrik Schick y Emil Forsberg. Y la reacción fue otra. El equipo alemán adoptó una actitud más proactiva, con y sin balón, apretando más arriba y acercándose con más continuidad a la portería de Sergio Rico. Pero en esas, en una nueva recuperación muy adelantada, como en el gol de Di María (0-2), el PSG anotó el tercero y dio carpetazo al encuentro. Todo lo que sucedió desde entonces es difícilmente ponderable entre el resultado y las circunstancias tan excepcionales, más allá de puntuales exquisiteces técnicas, especialmente de un Ángel Di María arrollador en la noche de ayer, que sigue dominando a su antojo aunque ahora desde una versión más cerebral y pausada, pero los primeros 45’ de los parisinos sí sirven para testar en qué punto (técnico, táctico, físico y emocional) llegan a su primera gran final. Cada partido es un mundo, como nos recuerda siempre el tópico, pero el PSG, a la espera de conocer su rival, ya ha golpeado primero con un mensaje claro, breve y muy conciso.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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2 comments

Dónde perdía y recuperaba el balón el RB Leipzig. Ahí estuvo una de las claves principales del partido. Sin opción a dar un golpe pero siendo el saco perfecto para los de Tuchel. Y todo, como dice Adrián, a partir del gran posicionamiento del PSG anoche.

Demasiada diferencia de calidad entre ambos equipos. Nagelsmann cambió el dibujo como un loco intentando encontrar la tecla pero esa tecla era Timo Werner, el único jugador con nivel suficiente para ser titular en el equipo rival.

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