Palmeiras resiste ante la jerarquía de River

Foto de portada: Leonef bajo licencia Creative Commons 4.0

Palmeiras vuelve a una final de la Copa Libertadores 20 años después. El cuadro brasileño, jugando en casa, en el Estadio Allianz Parque de Sao Paulo, sufrió mucho más de lo previsto para defender la ventaja cosechada en Avellaneda (0-3). Palmeiras se vio superadísimo ante un River que hizo el partido que debía hacer para darle la vuelta a la eliminatoria, y la semifinal se quedó a un tercer tanto de los millonarios (3-2) de haberse resuelto en la tanda de penaltis. Con esta clasificación, a la espera de conocer mañana quién será su rival en Maracaná el próximo sábado 30 de enero, Palmeiras vuelve dos décadas después a una final del gran torneo de clubes de Sudamérica. La última vez que Palmeiras conquistó la Copa Libertadores fue en el año 1999, ante Deportivo Cali, tras derrotar en semifinales, curiosamente, a River Plate. La historia parece repetirse.

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Al partido de River no se le puede poner un solo pero. La expulsión por doble amarilla (en poco más de 10 minutos) de Robert Rojas, autor del primer tanto millonario en el partido, aunque también señalado en la ida por su fallo defensivo ante Luiz Adriano, fue, seguramente, la única mancha en el partido de los de Marcelo Gallardo. River salió a por todas desde el arranque, como solo podía hacer si quería tener alguna opción de remontar el resultado de la semana anterior en Avellaneda, y el plan llevado a cabo por Gallardo fue coherente y consecuente al mismo tiempo con las necesidades del equipo y las circunstancias de la eliminatoria. El River Plate entrenado por Marcelo Gallardo ha conseguido dominar la Copa Libertadores en los últimos años imponiendo una jerarquía futbolística, anímica y mental inigualable por ningún otro equipo en todo el continente. River no solo lleva tiempo jugando mucho mejor que sus rivales, sino que esos resultados han servido para construir un relato asumido por la competición, y, lo que es aún más importante, fuertemente interiorizado por sus propios protagonistas. Nadie anoche en Sao Paulo confiaba en la remontada de River salvo el propio River, que se lo creyó desde un primer momento, pero cuando Robert Rojas hizo el cero a uno, rematando un córner que parecía cabeceado por toda la hinchada millonaria, el miedo hizo temblar hasta los cimientos del Allianz Parque de Sao Paulo. Marcelo Gallardo ya tenía el encuentro donde quería. 

Palmeiras 0
River Plate 2 (Rojas 29′, Borré 44′)

palmeiras vs Away team - Football tactics and formations

River salió de inicio con un sistema de tres centrales y dos carrileros. Sin Carrascal, expulsado en el encuentro de ida, Gallardo optó por cambiar su 4-3-3 habitual para ordenar a su equipo sobre un 3-5-2 (en fase ofensiva) en el que Angileri (izquierda), otra de las novedades con respecto al primer partido, y Montiel (derecha) actuaron como carrileros, con Matías Suárez y Rafael Santos Borré como delanteros. El nombre de este último futbolista merece la pena destacarlo en un apartado dentro del análisis porque exteriorizó mejor que nadie desde un inicio las ganas y la convicción con las que River afrontó este partido. Marcelo Gallardo quiso que anoche en Sao Paulo sucediesen muchas cosas desde muy pronto, y para ello, escudado en ese 3-5-2, ordenó a sus futbolistas que todas las circulaciones fuesen directas y verticales hacia el área de Palmeiras, y que, tras pérdida, el equipo fuese agresivo en la presión. Y el plan dio rápidamente sus frutos. Volviendo a Borré, que lideró la ofensiva de River desde la línea más adelantada del sistema, este se mostró muy activo y participativo en todas las acciones de su equipo, con y sin balón, dentro y fuera del área, para amenazar en la zona de remate y acelerar el juego a través de sus apoyos. Borré es un futbolista que no destaca especialmente por su sensibilidad técnica, puesto que su extrema dependencia de su pierna más hábil, en este caso la derecha, le resta eficiencia (y en muchos casos eficacia) a sus acciones, pero su fútbol es tan pasional como su lenguaje no verbal, y anoche, dadas las circunstancias, cualquier matiz por pulir dentro de su juego le compensaba a su equipo. River quería el balón para atacar. Lo hacía. Y el cero a dos del propio Borré, aprovechando un nuevo despiste defensivo de Palmeiras, prendió la mecha y fundió los plomos paulistas. La remontada era inevitable.

Ahora bien, el partido de River dejó otros nombres propios que no merecerían ser obviados. Nicolás de la Cruz, Nacho Fernández, Matías Suárez, Enzo Pérez y Gonzalo Montiel bordaron sus actuaciones. El lateral derecho argentino, que anoche actuó como carrilero, completó una auténtica exhibición en su perfil yendo y viniendo, apareciendo en el ataque de su equipo y decidiendo con absoluta determinación en el último tercio con la cabeza siempre levantada. Montiel cargó el área desde su costado, por arriba y por abajo, e incluso llegó a ver portería en la segunda mitad, aunque el gol fue anulado por el videoarbitraje (en la jugada más polémica de todo el encuentro), pero su actuación también englobó conducciones, asociaciones cortas y movimientos sin balón que además de permitirle a River atacar más y mejor, sirvieron para volver a demostrar por qué este futbolista, a sus 24 años, está muy cerca de dar un gran salto. Los movimientos de los dos interiores, Nacho Fernández y Nicolás de la Cruz, atacando la espalda de los dos pivotes de Palmeiras, Danilo y Zé Rafael (hoy sin Patrick de Paula), que no se mostraron tan compactos como la semana pasada en la ida, le aseguraron a River una profundidad muy necesaria para progresar con la pelota, conectar con los apoyos de sus puntas y adueñarse de una segunda jugada que siempre (o casi siempre) benefició a los chicos de Marcelo Gallardo. River fue mejor durante todo el encuentro y se quedó a las puertas de una remontada histórica.

Al menos hasta el tanto anulado al propio Montiel, que ocurrió poco después del descanso y River acusó el efecto psicológico del tanto que no sube finalmente al marcador. Palmeiras, en la recta final del primer tiempo, y poco antes del gol de Borré, debió sustituir a Gustavo Gómez por lesión y en su lugar entró Luan, que se perdió el primer partido por lesión y en este, aún convaleciente de sus problemas físicos, inició el encuentro desde el banquillo. Tras todo ello, Palmeiras consiguió cortar el flujo ofensivo de River, cosa que no había hecho en la primera mitad (pese a que River tenga una transición ataque-defensa ciertamente mejorable), y a partir de ese instante se fueron sucediendo los episodios clásicos de una eliminatoria de este calibre. Rojas, como decíamos, se marchó expulsado por una doble amarilla justo cuando peor estaba su equipo, y River sufrió otro mazazo más cuando el penalti señalado en un primer momento sobre Matías Suárez no llegó a lanzarse. El equipo de Gallardo se volcó con todo en los minutos finales, apretando con todo lo que tenía sobre el campo, e incluso sumando a Milton Casco, Julián Álvarez y Federico Girotti en los compases finales, pero Palmeiras resistió con un Luan imperial dentro del área. La gestión de Palmeiras de sus últimas salidas al espacio fue tan decepcionante como su partido en líneas generales, porque nada de lo mostrado en la ida se vio anoche en su propio campo, con una ventaja de tres goles en el resultado, pero la diferencia acabó siendo demasiado grande. Una muestra del dominio del River Plate de Marcelo Gallardo en esta competición es que esta se convirtió anoche en la cuarta eliminatoria que ha perdido en la Libertadores de las 19 que ha disputado hasta ahora tras su llegada al banquillo millonario.

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Foto de portada: Leonef bajo licencia Creative Commons 4.0

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