El acordeón de Rúben Amorim

Sporting Clube de Portugal fans before the UEFA Champions League match at Stamford Bridge, London
Picture by David Horn/Focus Images Ltd +44 7545 970036
10/12/2014

El Sporting Club de Portugal de Rúben Amorim es una de las grandes sensaciones de la temporada en el fútbol europeo. El cuadro lisboeta es líder en solitario actualmente de la Primeira Liga portugesa, habiéndose enfrentado ya a Porto (2-2) y SC Braga (2-0) en esta primera vuelta, y además llega de celebrar esta misma semana su primer título oficial del curso 2020-21: la Taça de la Liga. Rúben Amorim aterrizó en el banquillo del Sporting CP el pasado mes de marzo, justo antes del confinamiento, relevando en el cargo a Silas, y durante este tiempo ha construido un equipo altamente competitivo en (casi) todas las fases. Es cierto que el Sporting CP no pudo superar la última ronda de clasificación para la presente UEFA Europa League, cayendo goleado por el LASK (1-4), y que en este mismo mes de enero ha quedado eliminado de la Copa en octavos por el Marítimo, pero aun así el trabajo de Rúben Amorim en este Sporting CP, entendiéndolo como un proceso y no tanto como un proyecto, importante esto, merece una muy buena nota. El sistema está funcionando.

Dejando a un lado a los dos colosos del país, el último equipo que levantó la liga portuguesa fue el propio Sporting CP en la temporada 2001-02, es decir, hace casi 20 años. Desde entonces, el duopolio formado por el Porto (11) y el Benfica (7) se ha repartido todos los títulos de la Primeira Liga. Un dato que refleja a las claras la complejidad del reto. Nadie durante este tiempo ha conseguido mover de sus sillas a los dos grandes dominadores históricos del fútbol portugués, que en lo que va de siglo no han hecho más que poner cada vez más tierra de por medio, así que, lo acabe consiguiendo o no este Sporting CP, el tiempo dirá, es justo reconocer el mérito de haber llegado hasta aquí, ganando y convenciendo, en una liga que lleva años sin una oposición tan sólida y decidida frente a su bipartidismo.

El Estadio José Alvalade de Lisboa. Foto: Jaume Naveira/MarcadorInt (Todos los derechos reservados)
El Estadio José Alvalade de Lisboa. Foto: Jaume Naveira/MarcadorInt (Todos los derechos reservados)

En 2016, hace más de cuatro años, el Sporting Club de Portugal se quedó a dos puntos (del Benfica) de dar el campanazo con el título de Liga. Es el precedente más cercano en una competición que se disputa a 34 jornadas. Pero dejemos todos estos números a un lado y centrémonos en el análisis de este Sporting CP, porque la ocasión lo merece. Rúben Amorim ha construido un equipo sólido. El cuadro lisboeta viene ordenándose sobre un 3-4-3 que se va adaptando en función del escenario y las circunstancias de cada encuentro, y esa flexibilidad permite ver al equipo iniciar el juego con los tres centrales abajo y los dos carrileros bien abiertos, presionar con tres puntas o replegar en un 5-4-1 en el que esos mismos extremos se sitúan a la misma altura que los dos centrocampistas. El sistema funciona como un acordeón. El dibujo va cambiando según la fase, la situación o el momento más concreto, pero el fondo está perfectamente definido en el discurso de Amorim: quiere un equipo sólido, directo y muy vertical. Y eso está siendo este Sporting Club de Portugal: un equipo que quiere el balón para hacer daño, buscando relaciones rápidas que le hagan atacar llegando y no estando, y que funciona de memoria entre la profundidad de los carrileros, el apoyo de su punta y los movimientos de los extremos. Rúben Amorim es un entrenador bastante meticuloso en la pizarra, y se nota. El equipo está bien trabajado.

En los últimos meses de la temporada pasada, ya tras el confinamiento, el Sporting CP se topó con bastantes problemas en su fase de iniciación ante presiones medio-altas. Para resolverlo, Amorim fue tocando ciertas cosas en su pizarra, como la posición del actual sevillista Marcos Acuña, que pasó de la banda a jugar como central exterior en su perfil natural (izquierdo), y el equipo, de algún modo, consiguió dar respuesta a esas situaciones enormemente comprometidas en su día a día. Este, seguramente, sigue siendo el principal punto a mejorar por un Sporting que, a pesar de sus tres centrales, no siempre consigue imponer la primera superioridad numérica que le viene dada por su sistema. Esta temporada, sin ir más lejos, estamos viendo cómo Rúben Amorim está probando a acercar a Nuno Mendes, su carrilero izquierdo, a este tipo de situaciones, pero el Sporting CP, por un lado, sigue siendo presa de esa debilidad estructural, y por otro, que no por ello menos importante, de la celeridad con la que quiere transportar la pelota al último tercio del campo. En este sentido, el mapa de pases del equipo esta temporada es bastante revelador: un 43% de los ataques del Sporting CP llegan por el sector derecho, un 33% lo hacen por el izquierdo y solo un 25% se generan por dentro. Los carrileros del equipo, Nuno Mendes y Pedro Porro, tienen una importancia capital. Con y sin balón. Para atacar y para defender.

La afición del Sporting CP durante un partido. Foto: Focus Images Ltd.
La afición del Sporting CP durante un partido. Foto: Focus Images Ltd.

De hecho, es bastante común ver cómo los dos (teóricos) extremos del sistema, Pedro Gonçalves (máximo goleador del equipo esta temporada) y Jovane Cabral, ocupan posiciones intermedias (con y sin balón) en campo contrario, y por delante de la línea del balón, para intervenir muchas veces como aceleradores del juego limpiando un espacio, en este caso por fuera, que aclara y despeja completamente los dos costados para las incorporaciones de ambos carrileros. Así, sin ir más lejos, llegó el gol de Pedro Porro en la final de la Taça de la Liga ante el SC Braga. Y así, de esta forma, el Sporting CP consigue ser un equipo ancho, profundo y bastante agresivo al mismo tiempo con dos carrileros que, impulsados por el propio sistema, consiguen llegar con claridad a los metros finales para poner el centro desde el costado o incluso atacar directamente el área irrumpiendo desde el pico y encontrando situaciones de disparo a portería con mucho peligro.

El jovencísimo Tiago Tomas, de tan solo 18 años de edad, es un recurso muy útil dentro de toda esta maquinaria para descargar muchos balones largos, siendo el punto más alejado de los primeros pases en fase de salida, y conectar con sus compañeros más cercanos o intermedios para garantizarle una profundidad muy necesaria al sistema, mientras que otros futbolistas, como por ejemplo Nuno Santos, son más verticales en sus acciones y movimientos. En resumidas cuentas, este Sporting Club de Portugal es un equipo que aún se encuentra en plena construcción. La obra de Rúben Amorim no está terminada, ni mucho menos, y esa, posiblemente, sea la mejor noticia que llevarse a la boca a estas alturas de la temporada. A mitad de enero, con el primer título ya en la vitrina y un margen de mejora bastante amplio, el equipo está ganando, marcando mucho y encajando muy poco. Y en el fútbol, como en cualquier otro deporte, no hay mejor elemento para seguir creciendo, dándole tiempo al tiempo, que las victorias. Y este Sporting CP va por muy buen camino.

Apoya los contenidos en MarcadorInt y conviértete en un mecenas del proyecto a través de Patreon. Puedes apuntarte aquí.

Foto de portada: David Horn/Focus Images Ltd.

Related posts

1 comments

Estuve en Lisboa en el puente diciembre del 2019 y pude acudir al Alvalade a ver un Sporting CP – Moreirense. El partido fue bastante aburrido (acabó 1-0) y lo mejor sin duda fue ver en directo a un Bruno Fernandes que estaba disputando sus últimos partidos con los Leones. Recuerdo que la tripleta atacante aquella tarde fue Jesé-Bolasie-Vietto, como ha cambiado para bien el equipo de la mano de Amorim.

Deja un comentario

*