Un Tottenham con el sello de José Mourinho

Mourinho sabe que las aspiraciones pasan por ganar al Manchester United. Foto: Alan Stanford/Focus Images Ltd

José Mourinho vuelve a encontrarse muy a gusto en el banquillo. Se nota. Es una sensación palpable. El entrenador portugués ha recuperado la energía y los gestos en la banda, que nada tienen que ver con los de su última etapa en el Manchester United o incluso con los de sus primeros meses de vuelta en la ciudad de Londres, y esa actitud tan suya que le lleva a levantarse como un resorte del asiento cuando sucede algo sobre el campo que no le gusta, sumada a la escenografía que ha recuperado después de sus mejores victorias y a la grandilocuencia con la que está compartiendo su experiencia en el Tottenham a través de las redes sociales invitan a pensar que José Mourinho ha vuelto a avivar su propio fuego sobre unas brasas que ardieron muchos años sin descanso. Su Tottenham es actualmente uno de los mejores equipos de Inglaterra. Así los dicen los números con los que ha arrancado el equipo la presente temporada, y lo corrobora una serie de certezas e impresiones que no acompañaban a los equipos de Mourinho desde hacía mucho tiempo. El Tottenham 2020-21 es un muy buen equipo. El club está obteniendo resultados, la plantilla cree firmemente en el mensaje y el portugués se siente fuerte. Las notas obviamente se recogerán en mayo, y enero volverá a poner su termómetro tras la vuelta de Navidades, pero lo que sí podemos confirmar a estas alturas es que el Tottenham es un equipo de Mourinho (y no el equipo donde está ahora entrenando, como pudo sentirse en sus últimos meses en el Manchester United, entiéndase esa diferencia), y ese sello, tan preciado, es una pequeña gran distinción que invita al optimismo con lo que está por llegar.

El Tottenham entiende perfectamente cuál es su cometido. La idea ha calado dentro del vestuario y el terreno fue concienzudamente abonado por el entrenador portugués tras su llegada en noviembre de 2019. Los ‘Spurs’ están siendo un equipo reconocible sobre el césped. La plantilla sabe a lo que juega y la tensión competitiva es máxima de principio a fin en cada encuentro. Esa, sin duda, es la primera gran victoria del técnico luso en el banquillo del Tottenham: ganarse a un vestuario muy afectado tras la salida de Mauricio Pochettino, finalista de la UEFA Champions League 2019, y hacerle creer que la última página de su historia aún no está escrita. Un liderazgo que llevó al propio José Mourinho a ser el mejor en su día, un talento diferencial a la hora de crear narrativas e impregnar al equipo con ellas, que ahora, tras un parón necesario, se ha vuelto a convertir en la base de una obra en la que su autor ha querido dejar escritas sus iniciales antes de terminarla.

Harry Kane es una pieza fundamental en la idea de Mourinho. Foto: Daniel Hambury/Focus Images Ltd
Harry Kane es una pieza fundamental en la idea de José Mourinho. Foto: Daniel Hambury/Focus Images Ltd

José Mourinho ha querido empezar a construir su Tottenham desde abajo. El equipo está compitiendo esta temporada desde una inferioridad ciertamente racional y bien entendida. El Tottenham 2020-21 está siendo un dolor de muelas para cualquiera, y esa virtud encuentra su explicación en la pizarra del técnico luso, así que vayamos por partes. El equipo viene actuando sobre el clásico 4-2-3-1 de José Mourinho que en el fondo, dada su propia naturaleza, pasa más tiempo sobre la figura de un 4-4-2 que otra cosa. Este Tottenham viene moviéndose en índices de posesión bajos, a lo sumo podría decirse quizá divididos en según qué partidos, en los cuales la prioridad es la correcta ocupación de los espacios. Simplificando mucho el análisis podríamos decir que el Tottenham es un equipo básicamente reactivo, pero esa reducción, en cambio, podría llevarnos a incurrir en una falacia que no haría justicia alguna al gran trabajo (táctico, técnico y mental) que tiene este equipo detrás. El Tottenham no defiende sin más y ya está, sino que lo hace bajo una serie de actitudes y aptitudes realmente condicionantes para el equipo contrario. De hecho, el Tottenham no sale a esperar su momento cerca de su propia portería, sino que el equipo busca influir sobre el juego desde una presión perfectamente regulada con un sistema de tres líneas (4-4-2) muy bien identificadas en su fase defensiva. Los futbolistas más adelantados del dibujo, Harry Kane y Tanguy Ndombélé, actúan como los primeros defensas cuando el equipo no tiene el balón en su posesión, y los otros nueve jugadores (incluyendo aquí al portero) actúan con la instrucción de acompañar esos primeros esfuerzos en la presión como un único bloque bien armado. La presión del Tottenham está ideada para persuadir la circulación del equipo rival, y los movimientos circulares de sus dos puntas, los saltos en la basculación de sus dos extremos o la anticipación de sus dos pivotes vienen a corroborar, de hecho, que realmente existe proactividad en dicho trabajo defensivo.

Como decíamos unas líneas más arriba, Mourinho ha conseguido que el compromiso de todo el equipo sea máximo durante los 90 minutos. Los dos extremos, Son Heung-min y Steven Bergwijn, se pasan largas fases de los encuentros defendiendo solo unos metros por delante de sus dos laterales, y ese grado de responsabilidad, extendido por todas las piezas del dibujo, aporta un valor incalculable para el éxito de la propuesta. El equipo ha aprendido calibrar la altura (y por ende, también los esfuerzos) en la presión y eso es clave porque a este Tottenham no le pesa defender durante muchos minutos por detrás de la divisoria. El equipo no viene cometiendo errores no forzados dentro de su propio campo fruto del estrés o incluso del cansancio, pero en este punto exacto del análisis conviene señalar que el Tottenham únicamente alcanza una eficiencia total en su trabajo defensivo en campo propio si la eficacia de su trabajo (con y sin balón) en suelo rival también es máxima. Ante el Crystal Palace, sin ir más lejos, quedó altamente demostrado que el equipo no puede ser tan firme ni resistente si previamente no ha logrado que la entrada del rival en su propia mitad no se haya visto condicionada por la utilidad defensiva de sus piezas en primera línea.

José Mourinho cogió el banquillo del Tottenham el pasado mes de noviembre. Foto: Andrew Timms/Focus Images Ltd
José Mourinho cogió el banquillo del Tottenham en noviembre del 2019. Foto: Andrew Timms/Focus Images Ltd

Ante el Manchester City, por poner otro ejemplo más concreto, José Mourinho utilizó a Son Heung-min como extremo derecho, a pie natural, y su máxima a nivel defensivo fue obstaculizar, ensuciar y negar las relaciones de los jugadores rivales en un intervalo especialmente atractivo para los planteamientos de Guardiola: entre el costado que él mismo ocupaba (en este caso, por derecha) y el pivote de su lado, que actuaba como cortafuegos por delante de la defensa de manera inteligentemente escalonada, para después, claro está, martillear al espacio en transición tras cada recuperación en su propio campo. Lo normal, eso sí, es estar viendo esta temporada a Son en el costado izquierdo, a pie cambiado, y a Bergwijn en la derecha, por delante de Serge Aurier, y esa fórmula está siendo de gran éxito en la pizarra del de Setúbal. José Mourinho está bastante obsesionado (en el buen sentido) con la idea de que su equipo trabaje junto en todo momento, y ese deseo es perfectamente palpable en las distancias de relación (las distancias entre futbolistas y líneas) en las que viene actuando este Tottenham. Un factor relevante en la idiosincrasia del técnico portugués, revelador sobre la salud (mental) del vestuario, puesto que nace de la cabeza más que de las piernas, y que la plantilla viene respetando en todas las fases del juego.

Hay unos cuantos futbolistas de este Tottenham que posiblemente mereciesen un texto aparte de este análisis, y uno de ellos, sin duda alguna, sería Pierre-Emile Hojbjerg. El centrocampista danés es un futbolista hecho a imagen y semejanza de José Mourinho, y esa idoneidad se está haciendo notar en absolutamente todas las alturas, momentos y escenarios posibles. Hojbjerg, acompañado por Sissoko en medio campo (el cual, por cierto, queda representado en el documental All or Nothing como un verdadero líder dentro del vestuario), está cumpliendo con multitud de funciones dentro del sistema. El danés, que también fue entrenado por Guardiola en el Bayern Múnich, está siendo el pivote organizador de este Tottenham desde sus primeros pases, capaz de meterse varias veces por encuentro entre sus centrales para darle así al equipo situaciones de superioridad numérica y posicional en fase de salida; una tarea que además compagina con sus cambios de orientación, en los cuales viene promediando un porcentaje de éxito bastante positivo; sus incorporaciones al área rival, especialmente en ataques más posicionales, donde suma en la frontal un potente disparo con su pie derecho, y, por supuesto, su trabajo sin balón, una faceta en la que viene destacando claramente como destructor en el cuerpo a cuerpo, en duelos directos, y también en juego aéreo, donde se impone por lectura y físico.

Son Heung-min es clave en la transición ofensiva. Foto: MarcadorInt/Tomàs Martínez (Todos los derechos reservados)
Son es clave en la transición ofensiva. Foto: MarcadorInt/Tomàs Martínez (Todos los derechos reservados)

De hecho, Hojbjerg es responsable activo del buen funcionamiento de este equipo. El Tottenham tiene una capacidad de resistencia (física, táctica y mental) inigualable en estos momentos por ningún otro equipo esta temporada. El equipo funciona bien bajo presión, no se parte ni se deshace (tan) fácilmente por alto e intenso que sea el estrés provocado por el ataque (generalmente posicional) del equipo rival, y esa cualidad es muy preciada para el equipo que quiere construir Mourinho en Londres. Pero todo esto que hemos analizado hasta aquí, evidentemente, carecería de sentido, o estaría huérfano, si no fuese acompañado por una transición defensa-ataque verdaderamente demoledora. El Tottenham corre mucho, pero ante todo corre muy bien. Lo hace con sentido. Es un equipo coherente. Consecuente consigo mismo, con el momento en el que se encuentra y las posibilidades del equipo contrario. Y todo eso, en una coctelera en la que José Mourinho ya se encarga de introducir las gotas mágicas (mensaje), ofrece una combinación hecha única y exclusivamente para competir ganando partidos. Ese es el verdadero sello de su autor.

Con Harry Kane dentro del carril central, ejerciendo como nexo entre las diferentes partes y posiciones del sistema, bastante activo e implicado en las dos fases del juego (porque defiende como uno más), este Tottenham está atacando los espacios desde su transición con una maldad perfectamente estudiada y trabajada dentro de la pizarra. Los contragolpes del Tottenham son larguísimos, pues a menudo, si el rival ha logrado superar su presión y conseguir que los de Mourinho defiendan en su propio campo, las recuperaciones se producen a 60 o 70 metros de la portería contraria. Activan a varios futbolistas al mismo tiempo. Y a su vez, he aquí la verdadera clave, son muy anchos. El Tottenham 2020-21 está corriendo al espacio con los tres carriles siempre ocupados. La intención es innegociable en cada salida en transición, como queda demostrado en cada encuentro, y las dimensiones de cada contragolpe (por amplitud y profundidad) son difícilmente manejables por cualquier defensa. En este sentido, el Tottenham de José Mourinho tiene muy bien trabajada la activación constante del hombre libre en este tipo de situaciones, y para ello es tan importante la precisión técnica de sus mejores hombres, que la tienen, como la ocupación que hagan todos los futbolistas del espacio libre para salir en tromba y no pisarse nunca entre sí. Con Kane lanzando, que es en quien se apoya el equipo en cada transición defensa-ataque ofreciéndose de espadas, ganando la posición con el cuerpo y girando para poner el balón en el lugar y el momento adecuado, y Son, Bergwijn, Ndombélé, Reguilón y Aurier acompañado y atacando a campo abierto, el Tottenham 2020-21 ha ideado una lanzadera mortal tras robo capaz de amenazar a muchos metros de distancia a pocos toques y de finalizar en el último tercio con una claridad y una determinación asombrosas por la calidad de los remates, y, sobre todo, por la eficacia de los mismos sobre el número de veces que sale. Porque con poco está haciendo mucho daño.

El Tottenham de José Mourinho ya es un equipo muy reconocible. Foto: Simon Dael/Focus Images Ltd.
El Tottenham de José Mourinho ya es un equipo muy reconocible. Foto: Simon Dael/Focus Images Ltd.

Pero retomemos nuevamente el ejemplo anteriormente destacado del encuentro ante el Palace para señalar un punto especialmente positivo, y de alguna manera también optimista, con el futuro a medio-largo plazo de este Tottenham. Lo normal, dado el éxito que están teniendo sus planteamientos, es que cada vez más equipos traten de cambiarle las cartas del juego a los de José Mourinho en los próximos meses. Esto es que, teniendo en cuenta que a este Tottenham le está funcionando muy bien su plan de presión, repliegue y contragolpe, cada vez más técnicos tratarán de condicionar el plan original de José Mourinho anticipándose premeditadamente con un repliegue que exija al Tottenham afrontar escenarios de ataque posicional puro y duro, como ocurrió en Selhurst Park.

Esta fase del juego evidentemente aún no se encuentra tan desarrollada, pulida e integrada en la pizarra de los ‘Spurs’ por una simple cuestión de tiempo, porque el equipo, hasta el momento, ha tenido suficiente con perfeccionar aquello que mejor está sabiendo hacer, y de ahí que lo esté bordando; pero aún así el equipo dio suficientes muestras y argumentos en la primera media de partido ante un Crystal Palace replegado en muy pocos metros cerca de su área como para pensar que el equipo tiene la calidad (técnica y táctica) y los recursos (físicos y mentales) óptimos para afrontar este tipo de escenarios (generalmente, hasta que encuentre el marcador a favor, para así pasarle la patata caliente al equipo contrario) sin que se le atraganten. Los apoyos intermedios de Kane, los desmarques en el último tercio del campo de Son y Ndombélé, los movimientos interiores de los pivotes (escalonados), la profundidad de los laterales y un compendio de recursos técnicos como los cambios de orientación, los disparos de media-larga distancia, los regates y ofrecimientos, con la tensión justa para saltar tras pérdida con tal de abortar cuanto antes la transición defensiva, invitan a pensar que este Tottenham, pese a no ser todavía perfecto, ni mucho menos, tiene un potencial mucho más alto del que se le presuponía al principio de curso. Hacía tiempo que un equipo no era tan de José Mourinho como este Tottenham.

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Foto de portada: Alan Stanford/Focus Images Ltd.

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